Diculpas, reclamaciones, agradecimientos y demás, para el día de mañana (domingo) donde seguirá la segunda parte de este capitulo. XP

Se que este es un capitulo algo corto, pero les aseguro que vale la pena que lo sea porque el siguiente es el que tiene todo lo interesante.

Ocaso eterno

Capitulo 7

"Promesas"

Azul.

Me gustaba el azul. Era uno de los pocos colores que le quedaban bien a mi piel albina. El azul de este vestido era lindo.

Pero el vestido no.

Me cubría el cuello, los brazos y me llegaba hasta muy por debajo de mis piernas. Parecía como si hubiese regresado treinta años atrás con esta ropa. O como si una monja confundida me hubiese vestido.

Era de mi tía Charlotte. Y era perfecto para cubrir todos los moretones y golpes que aun seguían de un insano color purpúreo sobre mi piel albina.

Pero lo que en verdad me molestaba era el corset que mi tía amarraba a mis espaldas. No solo apretaba mis costillas y mis pulmones sino que también hacia escocer mis recientes golpes.

-Duele –gemí cuando ya no pude soportarlo mas- ¿De verdad no puedo utilizar otra cosa? El corset es… ughn… demasiado.

-Calla, mocosa, esto estaba de moda cuando yo lo utilice en mi juventud. Es francés –me reprendió tia Charlotte, con su cabeza alta y su moño apretado; mientras tensaba mas los cordones de la monstruosa pieza de tortura.

-No me importa si fuese holandés; el vestido de todas formas sigue siendo horrible –sollocé en medio de mi dolor.

En verdad que el día de hoy estaba totalmente antipática e impertinente; probablemente era debido a la presión de conocer a mi próximo prometido y verdugo. Ese tipo de cosas hacían que el resto de tus comentarios y acciones careciesen de importancia hasta para una misma.

O tal vez era porque era conciente de que sin importar cualquier tipo de barbaridad que dijese, mis tutoras no podrían golpearme. No sin exponer al ojo publico su comportamiento salvaje.

-Mocosa malagradecida -siseo y apretó aun mas el corset contra mis moretones. Encontrando otra forma de castigarme a falta de una de sus buenas bofetadas.

-No se siquiera para que me esta arreglando –rezongue aun molesta- de todas formas ya han decidido con quien me voy a casar ¿no es así?

Creí que si tal vez lo decía en voz alta el hecho no seria tan doloroso y me podría resignar mas fácilmente. Pero solo resulto peor.

-Si. Pero siempre es bueno tener más opciones. Por eso es que le has prometido un baile al Sr. Newton y al Sr. Yorkie. Los dos también tienen una buena fortuna con la cual defenderse. Si alguno de ellos te pidiese matrimonio, pues, tal vez lograrías que tu abuela reconsidere su posición –se trabo al final de su pequeño discurso, como si acabase de decir algo prohibido.

Me volteé precipitadamente a verla.

-¿Les prometí? –pregunte incrédula.

-En tus cartas –contesto casual.

Claro, en mis cartas que no escribí.

-¿Y eso no molestara a mi "prometido"? –desdeñe ¿O es que todavía no han terminado de sellar el "negocio"? –pregunte.

-Esto deberías de tomarlo como una buena oportunidad para zafarte de comprometerte con un viejo que no puede ni pararse solo, en vez de andarte indignando por ello –dijo con voz fría.

Por mi parte yo levante una ceja sorprendida. Sinceramente nunca creí que le importase tanto a mi tía como para darme este tipo de consejos. Y aunque esta no era la mejor forma de demostrarme su apoyo, si agradecía que al menos que le preocupase el hecho de que podría terminar casada con un hombre que me triplicaba mi edad.

-Si tengo mas opciones que el Sr. Rogers… ¿Por qué tanta insistencia en desposarme con él? –pregunte aprovechando su pequeño momento de debilidad.

Y ella parecía a punto de contestarme, por la forma en que su boca se abrió como tomando una gran bocanada de aire, cuando una voz mas arrastrada y chillona nos interrumpió por detrás.

-Porque la familia Rogers posee la mas cuantiosa y abundante cantidad de tierras de todo Forks –hizo una pausa y rio con sarcasmo- me atrevería a decir que poseen, todo Forks. Y no solo es una lastima, sino que seria una imprudencia dejar que las escrituras pasen al estado cuando el Señor William Rogers muera sin un heredero.

-Entonces todo esto es en verdad un negocio para usted… -No podía creerlo a pesar de haberlo escuchado. Esto sumía en todo un nuevo nivel de maldad a mi abuela. Era simplemente demasiado mezquino creer que alguien con mi misma sangre pudiese hacer esas cosas.

-Isabella –escupio mi nombre como si fuese una palabrota- no se si te has dado cuenta, pero nuestra familia esta en la quiebra. Esta es la única forma en la que puedes contribuir para algo después de todo lo que te hemos dado.

-Puedo trabajar –ofrecí vencida.

-¡Harás lo que te digo! –golpeo impaciente su baston contra el suelo- El sr. Rogers es un hombre chapado a la antigua. –siguió con su mismo tono monótono- Las cosas no han sido totalmente arregladas entre nosotros; él prefiere pedirte tu mano en persona. Así que cuando él te pida un momento a solas. Tú dirás que si a todo.

-¿Y si digo que no? –pregunte con desidia, dejando que la sangre me hirviese lo suficiente como para olvidarme del miedo, bien infundado por sus golpes, que esa mujer me daba.

Ella sonrio perversamente y se acerco a mi.

-¿Qué te hace pensar que puedes decir que no?

Por un momento su sonrisa fría me volvió a petrificar, pero tragando saliva me le encare dando un paso hacia delante por mi misma.

-No soy una niña.

Ella rió.

-No, ya no lo eres, ¿Pero crees que eres una mujer digna por tu edad o tu cuerpo? ¿por irte una temporada fuera de casa? ¿O por escaparte bajo mis narices con un enamorado?

Abrí mucho los ojos ofendida y horrorizada por lo que ella pensaba.

-¡El Sr. Cullen y yo…!

-A mi no me importa lo que el Sr. Cullen y tu hicieron. Y para el caso no creo que al Sr. Rogers le importe después de la boda. Él pobre lleva tanto tiempo viudo que ya se le debió de olvidar como es una doncella.

-No me puede obligar. Este se supone es mi futuro. Y yo ya no soy una niña a la que puede asustar –aunque en verdad estaba temblando en mi lugar.

Mi tía veía la escena con curiosidad, disfrutando como siempre que ella no fuese la responsable de la ira de la anciana.

-Tal vez ya no seas una niña asustadiza, pero eres una mujer débil, y eso es aun peor. Sino ¿Por qué seguirías aquí? –me acusó con ese aire tan despectivo suyo.

Yo quede en silencio, ya que no tenia respuesta alguna… ¿Por qué había vuelto a Forks? Esa era una buena pregunta.

¿Para estar en compañía de un padre al que casi nunca veía?

¿Para cuidar e un par de mujeres a las que les ofrecía una mano y tomaban mas de lo que tenia?

Y la respuesta me llego en su mirada fría que me resumía su anterior frase. Porque era débil, y yo lo sabia.

Solo una persona débil podría estar permitiendo este tipo de tratos. Solo una persona débil no diría la verdad cuando la tiene en la boca. Solo una persona débil se rendiría antes de pelear,

¿Pero por que queria pelear? ¿Qué es lo que queria de la vida?

Y repentinamente el recuerdo de Edward volvio a mi mente. Pero no fue cualquier recuerdo. Sino que ese primero que tengo de su persona. Aquel de ese angel guardian, cotrastado con la luna detrás de el y la sangre en sus ojos.

Me estremeci al reconocer mi anhelo… y lo imposible de él.

-Locura estacional o no se que le habrá pegado a Edward Cullen para fijarse en ti. Eres lenta, tonta; y tu cuerpo es larguirucho y pálido, sin atractivo alguno. Y tu mas que nadie sabes que no hay nada en ti que pueda mantenerlo a tu lado una vez que se haya aburrido de ti. Así que no dejaré que enlodes el nombre de esta familia, por los caprichos de un joven mimado.

En ese momento hubiese preferido cualquier golpe o grito antes que esas palabras. Tan hirientes y... tan ciertas. Parecía que me leyó la mente... o mi corazón. Porque dentro de mi sabia que era verdad, que no había nada que pudiese atraer a Edward Cullen.

Una voz dentro de mi, peleo por desmentirme... preguntandome que si eso era así entonces ¿Por qué se había acercadoa a mi en primer lugar sino había nada que él pudiese desear de mi? Pero casi al mismo tiempo otra voz la rebatió recordandome su rostro enfadao la tarde anterior cuando me dijo que ya no nos deberiamos de ver.

Todo era cierto. Absolutamente todo lo que la anciana Charlotte me dijo era cierto.

-No se debería de preocupar tanto. Le aseguro que el sr. Cullen nunca ha tenido intenciones o las tendrá de enlodar el nombre de nuestra familia. No cuando él mismo me pidió que no verle más.

Abuela charlotte levantó una ceja con suspicacia.

-Tanto mejor, eso me evita un problema más -Y salio de la habitación sin dedicarme ni una mirada mas, seguida por mi tía, quien iba con la cabeza gacha, sumisa y diligente detrás de ella.

Yo seguí parada ahí sin decir nada. Hasta que al final mi cuerpo se movió para terminar de vestirme y maquillarme, de forma inercica.

Cuando tuve que estirarme para tomar mi polvera senti debajo de mis yemas el libro que el Dr. Cullen me presto. El libro de Edwar. Y un par de amargas lagrimas cayeron por mis palidas mejillas.

Porque esta noche ni ninguna otra me podía permitir volver a ver a Edward Cullen.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

La casa de la familia Maloy era mucho mas grande de lo que recordaba. El salón estaba predispuesto para ese tipo de ocasión especial, lleno de candelabros, luces, flores y listones dorados y plateados. Todo hermosamente arreglado y... exagerado. Supuse que la mano de Lauren tenía que ver cuando vi a los pavorreales en el jardín.

Suspire, algunas personas cuando tienen dinero en la bolsa pueden hacer lo que quieran.

-¿Te sientes bien, Bella? –Pregunto mi padre detrás de mí- Todavía sigo en desacuerdo de que hayas venido al baile. Apenas te estas recuperando de tu caída. No es que tampoco sea algo tan inusual, pero igual debes de cuidarte.

Una caida de las escaleras. Fue la amable excusa que el Dr. Cullen invento a mi padre caundo ni mi abuela ni mi tia demostraron el menor decoro o importancia en ocultar la verdad acerca de mis heridas. Y para mi padre fue tampoco demasiado difícil creerlo, porque como el dijo, no era nada inusual.

Mire nerviosa a mi alrededor. Mi abuela y mi tia estaban hablando con las ancianas las tías de Lauren en la distancia.

Si quería un momento para descubrir la verdad. Este era el único que tendría.

La pregunta era ¿él me creería? Todavía puedo recordar la ultima vez que hice un escándalo para hacerle saber que mi abuela me había golpeado por permitirle a Ana comer conmigo en el gran dormitorio. Pero no se de que forma ella fue tan astuta como para voltear las cosas como para que mi padre me gritase, por calumniar a una mujer mayor, y me prohibiese acercarme al comedor por un mes.

-Estoy bien, solo un poco cansada –mentí sabiendo que de todas formas mi padre no lo descubriría. Nunca lo descubría.

Una extraña expresión cruzo el rostro serio de mi padre y al final hablo con voz dubitativa.

-eh, Bella –me llamo tomandome del brazo –solo te quiero decir que lo siento.

-¿Eh? –pregunte confusa.

-Quiero decir por todo. Es solo que, siempre te he dejado de lado. Hace tan poco que acabas de llegar de Londres y ¿Cuánto nos hemos visto? ¿Cinco días?

-En realidad han sido cuatro y dos horas, papa.

-Si, bueno, eso es lo que quería decir –balbuceo.

Eso en verdad me había tomado por sorpresa. Nunca espere que Charles sintiese culpa por no estar a mi lado. Siempre me dio la impresión de que a decir verdad el me evitaba a propósito.

-Esta bien, entiendo que tengas mucho trabajo. Solamente cuidate mas. Anoche nos asustaste mucho -le intente excusar.

Recorde la noche anterior o cuando mi padre llego con barro en la ropa y la lluvia calándole hasta los huesos. Y titiritando y todo venia detrás de el Richie Harries otro de sus hombres de confianza.

Ambos venian blancos como la cal y tan pronto entraron en el calor de la casa se tiraron sobre los sillones sin importarles la cara de pocos amigos que puso mi tía, mientras yo le ayude a servir un poco de café y traer mantas limpias a los hombres

Ya con un poco de mas color en la piel, gracias al calor, empezaron a relatarnos los pormenores de la semana, sobre su encuentro con el Dr. Cullen; y como hacia unas horas decidieron ir a cazar cerca de sus tierras.

Y fue ahí cerca de sus tierras y antes de que cayera ese diluvio que puse mas atención en la historia.

-Estábamos siguiendo a un gran venado. Tenia unas astas hermosas y quería colgarlas aquí frente a la chimenea –comento el, con la mirada perdida en la chimenea, y sin ver la mueca de disgusto que hice ante la mención de colgar una parte muerta de un animal en la casa- cuando la vi. Era una humareda enorme, pero se veía a leguas que el fuego se debió haber apagado hace mucho. Aun así nos acercamos y en el fuego había...

Se quedo en vilo, dejando la frase incompleta. Probablemente solo fueron diez segundos, pero igual mi curiosidad me gano.

-¿Qué había? -pregunte demasiado interesada como para mi propio bien.

-...un venado –respondió Richie, al fin.

Me les quede viendo con cara de incredulidad.

-¿todo ese misterio por un venado... ?

-...No era solo uno –continuo mi padre- eran veinte.

Un escalofrio me recorrio la espalda.

-Tal vez varios cazadores se pusieron de acuerdo y decidieron quemar las sobras en un solo lugar –tartamudee Tía Charlotte.

-Pues nosotros conocemos a todos los cazadores de la región y no vimos a ninguno. Además esas no eran sobras tampoco –aseguro Charles en tono neutro y viendo hacia la fogata.

-Cualquier buen cazador podía darse cuenta de que a pesar de que eran casi solo los huesos lo que quedaba, esos animales habían sido quemados con todo y su carne –inquirió perturbado Richie.

-Además... –agrego mi padre- la fogata parecía recién apagada, de solo unos minutos... y un fuego de esa magnitud debería haber tomado horas para terminarse... ¿Quién demonios pudo haber hecho eso? Cazar una veintena de animales, para luego dejarlos intactos y quemarlos en tiempo record. Esto debió haber sido lo mas raro que he visto en mi vida.

Un escalofrió recorrió mi espalda. Pero no era por el hecho de lo extraño de los sucesos, sino porque estos ocurrieron cerca de las tierras de los Cullen.

-Le sigo en esa, jefe. Aunque también esta esa bailarina manca en Washington... –dijo Richie.

-Si, también esta esa –le secundo mi padre. Después de eso ambos se pusieron a recordar sus tiempos de gloria cuando fueron a la capital de nuestro estado. Y yo preferí salir de la habitación antes de que la cosa se pusiera aun peor.

Sacudí mi cabeza, enojada conmigo misma. Se suponía que de ahora en adelante sacaría a los Cullen de mi mente... y de mi corazón, antes de que las cosas se pusieran peor para mi.

Mi padre me apretó la mano que tenia sobre su brazo.

-¿Qué te parece si la siguiente primavera vamos una temporada a Washington?

-Nunca hemos viajado juntos a ninguna parte... –objete sin pensar, estaba demasiado sorprendida.

-Bueno –balbuceo mi padre- Creo que es un buen momento para cambiar eso... ademas se te nota que extrañas un poco la ciudad y a mi también me haría bien un poco de descanso. Ya estoy algo viejo para esto. –intento encubrir con su segunda excusa la primera.

-Vaya ¿Por qué el sheriff de Forks esta tan melancólico hoy? –le pregunte en forma de juego.

Para mi suerte el pareció seguir de muy buen humor y sonrió.

-No lo se, tal vez sea el ambiente. Viendo que una jovencita tan joven como la Srita. Maloy se casa, siento que dentro de poco tu también terminaras haciendo lo mismo. Repentinamente ya no nos esta quedando tiempo, bella.

Lo mire con ojos abiertos... ¿me creería? Una pequeña brecha de esperanza se abrió ante mi.. y decidí tomarla.

-Papá... hay algo que tengo que decirte...

-¿Si? –su rostro mostraba curiosidad.

-Papá... yo...

-Isabella –una voz me interrumpió. Mi corazón se encogió cuando sentí el agarre de tía Charlotte sobre mi brazo- La Srita. Maloy no ha parado de preguntar por ti. Seria una total falta de descortesía si no vas a felicitarle siquiera.

-Deberías ir. Después me dirás lo que tengas que decirme –me alentó mi padre con una sonrisa.

Baje mis hombros rendida. Y sentí que iba a llorar en cualquier momento.

-Si, debería... –acepte con mucha desgana, mientras mi tía casi me llevaba a rastras hacia al otro lado del salón.

-No pongas esa cara. Si empiezas a llorar arruinaras tu maquillaje –me regaño mi tía cuando nos hubimos alejado lo suficiente de mi padre. Al cabo de un rato nos detuvimos cerca de las escaleras.

-Jessica no me ha llamado ¿no es cierto?

-No –como me lo suponía.

Mi tía no pareció interesarle mi tono apático y siguió buscando con la mirada a algo en el salón.

De repente me sentí sofocada, como si no hubiese suficiente espacio en este salón.

Y sin desearlo, les vi entrar por el salón.

Todos eran tan hermosos como siempre, pero ninguno se acercaba a la perfección de Edward. Vestía un traje negro que contrastaba con su piel blanca y su cabello cobrizo; se veía tan elegante como un príncipe exótico. Su belleza era tal que me dolía.

Le vi girar la cabeza en varias direcciones, hasta que lentamente me dirigió su par de orbes doradas. Una sonrisa instintiva curvo sus labios. Desee devolvérsela, pero en cambio baje mi mirada, incapaz de no verlo y llorar.

-Oh, ahí vienen –exclamo mi tia.

Levante la cabeza de forma violenta, y vi con paso lento como se acercaban mi abuela con un hombre calvo y de mirada severa, hacia nuestra dirección. Temblé en mi lugar.

-Creí que me iban a dar la oportunidad de ver al sr. Newton o al sr. Yorkie, al menos.

-Sabes que cuando algo se le mete en la cabeza a mi madre, no se le puede sacar. –fue la fría respuesta de mi tía.

Queria correr, debia hacerlo. Pero mis piernas no me respondían.

Hice lo mejor que pude para sostener las lagrimas, pero no pude hacer nada para componer mi rostro que parecía muerto esa noche.

Al final, mi abuela llego junto al sr. Rogers. A pesar de tener su edad se veía un poco mas joven que ella. Su rostro también era de piedra, pero había algo en su mirada de ojos negros que azules que me molestaba. Era como si me mirase de forma desenfocada. Como si no me estuviese viendo realmente a mi sino otra cosa. No mi rostro sino mas abajo.

Súbitamente me cruzo por la cabeza el pensamiento de que este vestido no estaba lo suficientemente tapado para mi gusto.

-Isabella, justamente estaba hablado de ti con el Sr. Rogers –dijo mi abuela con su pantomima bien arreglada.

Me incline y lo salude con solo la cordialidad necesaria.

-Muy buenas noches, Isabella. Veo que te has convertido en una joven aun mas hermosa de lo que tu abuela me ha presumido.

Su vista siempre en mi, pero no en mi rostro. Sus ojos me hacían sentir sucia y con deseos de escapar.

¿Pero ha donde?

Mi padre como siempre se encontraba dando vueltas y resolviendo los asuntos de los demás, mientras me dejaba con mis este par de lobos con piel de cordero. Empecé a hiperventilar de temor, y mi piernas temblaron. No sabia si era el temor o este maldito corset que me cortaba la respiración. Me mantuve ausente toda la conversación hasta que una funestas palabras volvieron a traer mi atención.

-Tu abuela y tu tia, me han insistido de sobremanera que tu tienes un cierto interés sobre mi. ¿No es así? –alcance a escuchar que él pregunto.

Me hubiese gustado gritarle en la cara "Por supuesto que no". Pero solamente cerré los ojos preparándome no para el purgatorio, sino que para el infierno completo.

-Asi es –contesto mi abuela- Isabella es una jovencita sensata. Y ella sabe bien que la juventud no es rival para la experiencia. Ella cree que un hombre mayor podrá encargarse mas de sus necesidades que cualquiera de los niños de este pueblo.

El sr. Rogers y mi abuela me miraron con gesto expectante. Este era el momento para seguir o echarme para atrás. Si descubria a mi abuela, entonces sabía el infierno que viviría mientras siguiese viviendo bajo el mismo techo que ella; pero si le seguía su juego, entonces tendría que vivir por el resto de mi vida (o la de él) junto a un hombre al que no amaba... y del cual sus intenciones y la forma en que me miraba cada vez me iban asustando mas y mas.

Senti como mis piernas se me doblaban. Como el corset me apretaba tortuosamente mis pulmones y como mi garganta se me cerraba entre balbuceos incoherentes. Y entonces empece a caer.

Unas manos gentiles, pero fuertes me tomaron por la cintura.

-¿Se siente bien, srita. Swan? –me pregunto la voz mas hermosa. La cual me acompañaba en mis sueños y mis pesadillas desde hacia dos largos años.

Me gire con rapidez y tuve la extraña sensación de que mi alma volvía a mi cuerpo al ver de nuevo ese par de hermosos ojos dorados. Que aunque en algún tiempo habían sido rojos cual rubí, nunca perdieron esa expresión que alejaba mis temores y me llenaba por dentro.