Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto
Hola, gracias por entrar n.n
Seguimos transitando los tramos finales de esta historia, aunque si lo pensamos todavía faltan dos meses para que termine. Y si mis cálculos no me fallan, concluirá casualmente en abril. Si lo hubiera planificado, jamás me hubiera salido tan redondo XD
Cariños para los anónimos kds, Omoi es un dulce jejeje En orden alfabético era lo más fácil para organizarse, muchas gracias por seguir acompañando el fic n.n Dark Amy-chan, me alegra que Sasuke siga siendo de tu gusto, no ha sido fácil sostener el personaje y creo que he errado algunas veces, gracias n.n Hyuuga Hina, aquí la conti, muchas gracias :)
Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D
22 de abril
Sai
Sai no sólo pintaba cuadros, oficio por demás bohemio en las épocas que corren, sino que era un chico muy culto en lo referente a las artes plásticas. Tal afinidad artística a Hinata no podía menos que maravillarla y disfrutó de su cita como pocas veces lo había hecho.
-Mis favoritos son los impresionistas –comentó emocionada-, tengo algunas reproducciones de Monet en las paredes de mi sala y siempre que las veo me transportan.
-Sin duda los impresionistas han calado hondo en nuestra sensibilidad –repuso él.
-También disfruto de la obra de muchos otros: Van Gogh, Degas, Velázquez…
-Veo que el arte está muy presente en nuestras vidas.
-El arte puede salvarte la vida –aseguró Hinata.
-No me cabe la menor duda –ratificó Sai, sonriente.
Aunque tenía su atractivo, a Hinata le desconcertaba un poco su semblante inusualmente pálido, tanto que podría haber sido el de un vampiro. Sin embargo, a pesar de cierta impavidez –rasgo con el que ya estaba acostumbrada a lidiar-, Sai le pareció un chico dulce y misterioso, sereno y sencillo. Y eso le gustaba.
-Me encantaría ver tus dibujos –admitió con timidez.
-Actualmente estoy dibujando con negro sobre blanco, bien simple, pero me permite explorar las alternativas centrándome en una única técnica.
-Parece interesante.
-¿Tan interesante como la literatura?
Hinata sonrió, ruborizándose. Una sombra pasó por la acera y, a través del cristal, la lóbrega presencia pilló su atolondrado sobrecogimiento. La fulminó con la mirada y siguió de largo sin que nadie se hubiera percatado.
Después los jóvenes departieron alegremente sobre libros y escritores, sobre las coincidencias entre ambas manifestaciones artísticas y, al final, sumaron también la música. Sai opinaba con comedimiento, tanto que por momentos parecía desapasionarse, pero el profundo conocimiento que demostraba poseer sobre períodos históricos y principales exponentes corregía de inmediato aquella primera impresión.
Después de Iruka, Kiba, Kakashi y Lee este también había ganado pronto un lugarcito en el podio de su corazón. Por supuesto, Naruto brillaba por encima de todos, pero como lo veía a menudo estaba en otro nivel, al igual que Sasuke, aunque todavía no podía decidir exactamente en cuál. Uno importante, sin duda, ¿pero en cuál?
Al pensar en eso se sintió culpable. El pobre chico venía peleando por ella desde hacía tiempo, toleraba sus encuentros diarios con desconocidos de todas clases, se atrasaba en su trabajo sólo para verla, y lo único que podía hacer para retribuírselo era relegarlo incluso mentalmente. Era la peor enamorada del mundo.
Se obligó a prestar atención a su compañero, porque si seguía haciendo ese tipo de balances de seguro su cerebro se freiría. Con sólo pensar en el mecánico, no obstante, empezó a sentir una creciente necesidad de verlo, y apenas soportó la ansiedad durante el resto de la reunión.
-o-
De nuevo tuvo que apersonarse hasta el taller para verlo, pues el muy orgulloso no haría nada para buscarla. Y aunque entendía su postura, por cuestiones de dignidad femenina tenía que insistir en pensar que era un testarudo... ¿no?
Lo halló de nuevo debajo de un automóvil sobre ese singular artefacto cuyo nombre desconocía. Se acercó sin hacer ruido, divertida con la idea de sorprenderlo, entonces advirtió que tenía las agujetas de las zapatillas desatadas y se agachó para corregir el defecto.
Ni bien lo sintió, Sasuke se deslizó abruptamente hacia afuera, temiendo que se trate de algún intruso. Cuando vio que se trataba de Hinata, masculló un par de palabras ininteligibles.
-Por el amor del cielo, muchacha, ¡qué susto me diste! –tradujo luego.
-Tenías las agujetas desatadas –explicó ella con inocencia.
-La próxima vez avísame.
-Pues átalas tú mismo.
El joven, gruñendo todavía, se puso a hacer lo que le pedían. Hinata le notó el semblante tenso, demasiado para tratarse de un simple susto.
-¿Sucede algo? –indagó.
-¿Algo como qué? –le respondió él de mala gana mientras se recostaba de nuevo sobre aquel artefacto y desaparecía debajo del automóvil.
A Hinata le contrarió su indiferencia, había creído que su resentimiento del día anterior ya se había esfumado. Sin embargo, pronto entrevió que ya no se trataba de eso. A esas alturas leía mejor en su fisonomía, había aprendido a detectar pequeños y significativos signos que Sasuke, por más aplomado que fuese, no podía controlar. Estaba irritado, molesto, y se dispuso a averiguar la razón.
-¿Qué te ocurre? –le preguntó, incómoda por el armatoste de metal que había en medio, un compacto color gris.
-Nada –bufó él.
-¿Nada?
-Nada.
-¿Y por qué estás tan enojado entonces?
Durante algunos segundos Sasuke se mantuvo en silencio. Luego, despechado, se deslizó hacia afuera, se puso de pie y la obligó a hacer lo mismo tomándola por los hombros. Hinata se sorprendió.
-Te vi con el sujeto de hoy. –Hinata ahora lo miró con estupor-. Te gustó, ¿verdad?
La joven titubeó, sin saber qué responder. Al verla reaccionar de ese modo, Sasuke sintió que la sangre le hervía aún más que cuando la viera sonrojarse con alguien que no era él.
Quería decirle muchas cosas, demostrarle otras tantas y exigirle otras más, los celos le carcomían y no estaba dispuesto a perder lo que a duras penas había conseguido. Quería resistir, parecer genial e incluso fingir indiferencia, pero ese día, evidentemente, no lo lograría.
Al final, haciendo un esfuerzo supremo, logró contenerse.
-Sólo niégalo, Hyuuga –pidió.
Desde que la vio en la tarde venía contando los segundos para preguntarle, y desde el día en que supo de las citas venía arañando el almanaque con desesperación. Por una vez, por una maldita vez en la vida, necesitaba exteriorizarlo.
Y algo de su angustia y de su tácita súplica alcanzó a tocar la conciencia de Hinata, porque sonrió con dulzura.
-Era un buen chico, pero no me interesa.
Recién entonces el mecánico respiró. Algo avergonzado, se esforzó por recobrar su compostura habitual. Hinata se apiadó de él, se acercó y lo abrazó sin pudores.
-En adelante sólo te miraré a ti –musitó.
Sasuke se dejó reconfortar, aliviado.
-Más te vale.
