Bien, chicos, chicas y compañeros lectores; ya va buen tiempo desde que actualizo esta historia.
Se que había dicho que atualizaría esta historia mas seguido, pero en medio de unos periodos escolares mas tensionantes de mi vida, la posibilidad de actualizar pronto o terminar esta historia se ven cada vez mas y mas lejanos, pese a que sigo teniendo los giros argumentales y el final muy presentes en mi cabeza.
Así que para los que aun quieran saber como termina esta historia les propongo dos opciones:
1. Seguir continuando la historia como hasta ahora, en capitulos probablemente no tan seguidos pero completos.
2. Realizar un super resumen de los siguientes arcos argumentales que iba a recorrer esta historia y del final al que iba a llegar.
Ok, les dejo la posiblidad de comentar sobre estas posibilidades y dependiendo de la mayoría de las reacciones, tomaré una desición definitiva sobre el rumbo de este fic. aun así aquí les dejo el capitulo siguiente n.n Es el premio que se merecen por su constancia y preocupación! Y en especial quiero agradecer a dos lectores el primero es Daniel (sorry, no me dejaste tu nick uou) y el segundo es Blackmoonfairy, quienes me siguieron hasta a mi correo (que tampoco es un gran secreto XD cualquiera lo puede ver en mi profile) para exigirme una respuesta por mi retraso XD jajaja ya, no fue tan así, pero si me hicieron recordar a todos los buenos lectores preocupados por la continuidad de este fic.
Gracias a todos n.n y creanme que comprendo su preocupación. Yo misma tambien soy una lectora empedernida de Fanfiction y de tantas otras buenas novelas
Que disfruten este cap n.n
Ocaso Eterno
Capitulo 10
"Promesas II"
No podía traerme a mi misma a que mi importase que mi abuela, o mi tía, o que el mismísimo Sr. Rogers me estuviesen viendo; ni tampoco que estuviese a un paso de romper la promesa que me había hecho esta mañana.
Lo único que me interesaba es que él estaba aquí. Y por primera vez en todo el día volví a ser conciente que dentro de mi pecho palpitaba un corazón.
-Mi padre y mi madre están bastante preocupados por usted –me dijo con su voz aterciopelada aunque tenia la mandíbula tensa y los ojos detrás de mi. Vigilantes- además mi hermana desea mucho el hablar con usted. Si no le incomoda a su familia, ellos adorarían verla además de que me sentiría honrado si me concede una pieza de baile.
-Isabela esta ocu... –empezó mi tía.
-Claro que le acompañaré –le respondí a Edward en un tartamudeo rápido, ignorándola por completo. No iba a desperdiciar esta oportunidad.
Me di la vuelta para inclinarme en señal de despedida y por un segundo tuve una vista total de la graciosa expresión sorprendida de mi abuela; y del rostro del Sr. Rogers, pálido de la furia. Probablemente lo único que le detenía de protestar ante el descaro de Edward, era la mirada iracunda que este le dirigía.
-Seria descortés sino fuese a agradecerle al Dr. Cullen por todo lo que hizo por mi. –dije atropellando mis palabras y tomando la mano enguantada de Edward- Así que con permiso. No tardaré mucho -Si dos mil años no eran demasiado tiempo.
Edward se posiciono a mi lado de forma protectora, sin perder la mirada que tenia puesta sobre el Sr. Rogers. Como una serpiente que hipnotizaba con sus ojos antes de atacar. Y me tomo la mano con delicadeza para ponerla debajo de su brazo.
Pero cuando nos dimos la vuelta pude ve como poco a poco sus labios temblaban conteniendo una risa.
-Ese hombre me aborrece –dijo muy pagado de si mismo.
-No puede saberlo –le espete, por fin liberando el aire de mis pulmones. Aunque me pregunte si, si podría saberlo.
-Oh, solo necesita verle el rostro para saberlo –dijo de nuevo altanero.
-Ugnh, acabo de firmar mi sentencia de muerte –me di cuenta. Mi abuela no acabaría conmigo esta noche.
-¿Preferiría haberse quedado? –pregunto sinceramente preocupado.
-¡No! –susurre con fuerza, y ahora si se permitió una pequeña carcajada.
Vi a su familia, hermosa y pálida, hasta le otro lado de la estancia, ¿Cómo no hacerlo si prácticamente brillaban sobre los demás rostros normales? Y viendo las enormes resemblanzas que tenían entre todos (piel blanca como el marfil, ojos centellantes como soles), me pregunte también si eran tan especiales como Edward… si podían hacer las cosas que le vi a él hacer aquella noche.
Esme y Alice me dirigían unas sonrisas emocionadas. Intente regresarles la sonrisa pero todavía seguía bastante nerviosa, así que no salió muy convincente.
Note que en vez de acercarnos a ellos nos alejábamos ligeramente.
-¿No iremos con ellos? –pregunte contrariada.
-Primero me debe un baile ¿recuerda? –me sonrío de forma torcida. Y yo como una mosca tonta que ve la luz, me anonadade con la boca abierta, hasta que procese sus palabras.
-Ay, no. ¿Estaba hablando en serio?
-Por supuesto ¿Cuándo no lo he hecho?
-Siempre –le regañe- No, no. Sr. Cullen no creo que sea buena idea eso del baile.
-¿Y eso seria…? –pregunto con un poco de desilusión y una ceja en alto.
-Porque bailando soy un Apocalipsis con patas y porque tengo dos pies izquierdos... –susurre apenada y con el rostro rojo como tomate. Mas aun cuando el se empezó a reír.
-¡No se ría! –le exigí de nuevo.
-Lo siento. Pero yo no veo que sus adorables pies sean ambos izquierdos –rió con la vista fija en mis pies, buscando alguna anomalía. Me ruborice de nuevo y le di un golpe en el brazo, que ni le inmuto ni le dolió, para mi pena. Solo le saco otra risotada, que casi atrae las miradas del resto de las parejas de baile.
-Deje de burlarse de mi –le advertí.
-Ya, lo lamento –se disculpo inclinándose- pero creo que deseo arriesgarme con sus dos pies izquierdos.
Suspire.
-No diga que no le advertí de que pudiese terminar muerto.
El se rio.
-Créame necesita mas de unos cuantos pasos de baile para matarme –dijo deteniéndose conmigo en medio de la pista.
Él me soltó de su brazo, pero al mismo tiempo me tendió una mano para invitarme a bailar. No sabia mucho de atuendos de hombres pero él en verdad que se veía bien en el suyo. Manos enguantadas, traje pulcro; aunque todavía con su cabello ligeramente desarreglado. Lo cual me gustaba. Nunca antes su porte tan mortalmente pálido y hermoso se asemejo tanto al de un ángel como ahora lo hizo.
-¿Empezamos? –pregunto de forma involuntariamente seductora.
-¿Esta seguro? –volví a preguntar esperanzada de que hubiese cambiado de opinión.
El suspiro y rodó sus ojos.
-Mi padre le dijo que no vinieses estando enferma. Máxime diría yo si no sabes bailar. Pero ya que esta aquí al menos me asegurare que no corra riesgos en la pista.
-Hablo en serio. No te convendría bailar con alguien tan patosa como yo. –recordé todas las veces que mi padre me intento enseñar a bailar y como en cada una de ellas fallo rotundamente y termino con mas de un dedo del pie hinchado.
-Bueno, eso tiene arreglo. Además creo que si no sabes bailar te convengo más yo como pareja que cualquiera de tus otros admiradores. –me susurro levantando ligeramente la cabeza a mi espalda- parecen estar en verdad molestos porque te he secuestrado.
Siguiendo su mirada pude ver desde varios ángulos diferentes, a Mike, Eric y al Sr. Rogers, quienes nos miraban a su vez con sentido odio.
-¡En verdad me detestan! –exclamo emocionado de nuevo. Como si ganarse el odio de los hombres fuese alguna retorcida afición suya.
-En serio ¿no lees mentes? –le pregunte distraídamente mientras me acomodaba en la posición correcta para bailar. Él se puso ligeramente tieso con una de sus manos en mi cintura y la otra tomando la mía.
-¿Leer mentes? ¡Que imaginación la tuya! –me acusó en un carraspeo incomodo.
-¿Cuánto tiempo mas piensas seguir jugando conmigo? –le pregunte de pasada porque en esos momentos me encontraba mas ocupada recordando como se bailaba con un hombre. Recordaba algo sobre poner una mano en el hombro y otra en la cintura ¿o era al revés?
Edward rió por lo bajo ante mi predicamento.
-Déjame a mí. –susurro y con maestría puso una de mis temblorosas manos en su hombro mientras tomaba la otra entre las suyas. Al final puso su mano derecha y ahora libre en mi cintura y se acerco a mi oído de una forma que hizo que se me acelerase el pulso.
- Ponga sus pies sobre los míos -ordeno con dulzura.
-¿Disculpe? – le pregunte alejándome para ver su expresión de burla en la cara. Pero solo me encontré con una sonrisa sincera que me enrojeció el rostro.
-Ya me oyó. Por suerte su vestido es largo y hará el truco.
-Tiene que estar de broma, peso bastante como para que me tenga sobre sus pies así como así.
-Tonterías. Solo confíe –me pidió con una sonrisa torcida, que me desarmo por completo
Suspire de nuevo, y confié.
Para mi sorpresa Edward ni se inmuto cuando le pise sus pies y en cambio empezó a moverse con gracia arrastrándome consigo mismo.
-Lo ve, no es tan difícil –dijo demasiado cerca de mi como para el gusto de mi corazón.
Desee soltarle alguna sarcasmo, pero no pude dejar de quedarme viendo de forma embelesada su rostro. Era tan hermoso que me dolía el mirarlo por demasiado rato. Era como ver el sol. Tan inalcanzable.
-¿Cómo supo que me caí? Porque su padre me dijo que usted lo había enviado –pregunte ya no logrando acallar esa duda. Su mano se crispo ligeramente sobre la mía.
-Usted no se cayó, Bella –me acuso.
-Eso no esta en discusión…
-¡Claro que lo esta! No sabe la rabia que me da el pensar que… -no termino de decir lo que ya me imaginaba, apretando los dientes.
-No tiene remedio… déjelo ya.
-Todo tiene remedio en esta vida, Bella -aclaró de forma sombría que me dio un escozor en la espalda y me hizo recordar por un momento aquella misma voz en un callejón oscuro amenazando a cuatro maleantes. Aleje el pensamiento de mi cabeza.
-No importa, no me ha respondido mi pregunta –le contravine para cambiar de tema.
Suspiró rendido.
-Te lo diré si me dejas terminar por completo.... he notado que tienes la manía de interrumpir constantemente.
-¡Que atrevido! –fruncí el ceño fingiendo indignación.
-¿Y bien? –pregunto él con una sonrisa.
Hice un ademán con la mano para simular que cerraba mi boca con llave.
-Bien, a pesar de lo que te dije, fui a la librería con la esperanza de encontrarte y hablar una vez más contigo. No me agrado la despedida que tuvimos aquella tarde… no me pareció correcta. Pero cuando entre y vi algunos libros tirados me preocupe, porque tu no eres exactamente el tipo de chica que deja cosas sin cumplir.
Ay, no. ¡Los libros!
-¡Edward! Cuanto lo siento, no fue mi intención...
-Shhh. ¿Qué no me habías dicho que no me interrumpirías?
Apreté con fuerza los dientes y aferre bien su mano para no intenta nada.
-Sigue, por favor.
Sonrió con displicencia y rodó los ojos.
-Además también había indicios de que habías tenido un accidente. Y eso me termino convenciendo de que algo en verdad malo te había pasado. Y como veo no estoy tan equivocado –bajo cada vez mas la voz.
Su mirada era intensa sobre mí. No de la misma forma que la del Sr. Rogers, sino que esta era preocupada y torturada... no imaginándose que no traería debajo del vestido, sino que más tendría... me ruborice y agache la vista.
-Gracias por todo –le dije al tiempo que me bajaba de sus pies y me inclinaba frente a él cuando la pieza acabo. Pero él noto mi tambaleo, al dejar caer demasiado peso en mi pierna adolorida.
Rápidamente me tomo de la cintura y me ayudo a levantarme.
-¡Bella! ¿Estas...?
-¿No deberíamos de ir a ver a tu familia? –dije para cortarlo, y porque de nuevo la intensidad de su acercamiento me dejo deslumbrada. Además de que sentía los ojos de todo el salón sobre nosotros.
Con un suspiro resignado acepto. Y me llevo del brazo hasta donde estaba su familia, quienes parecían hablar muy animadamente.
Alice y Esme fueron las primeras en saludarme con un par de efusivos "Buenas noches", e inclusive el grandote, cuyo nombre era Emmett, y el delgado, que en la otra fiesta se había alterado y que se llama Jasper me respondieron con un educado "buenas noches", al igual que el Dr. Cullen. La única que no hablo, y solo se limito a mirarme de arriba a abajo fue la hermosa Rosalie, esposa de Emmett. Probablemente se preguntaba lo mismo que yo. ¿Qué hacia su perfecto cuñado con una mujer tan simple como yo?
Escuche un gruñido bajo que emitió Edward con la vista fija en la bella rubia. Y cada vez se me hacia menos extraña mi hipótesis sobre el lector de mentes.
-¿Qué? -pregunto haciéndose la inocente- Creí que ya no teníamos que fingir frente a ella. A final de cuentas a estas alturas ha de tener una muy buena idea de "quienes" somos.
-Calla, Rosalie –le regaño Alice con un gesto asesino que nunca le hubiese creído ver.
Lo que me estremeció no fue la forma insidiosa en la que Rosalie transpiraba su desagrado hacia mi. Sino que la forma en la que no le importaba romper ciertos esquemas invisibles que tenían hacia mi. Como si quisiera cruzar una barrera invisible entre ella y yo, con el fin de despedazarme.
La idea que había tenido cuando vi a su familia entrar al salón (sobre que tanta similitud compartían Edward y su familia, respecto a las habilidades que había demostrado aquella noche en Londres) me volvió a atacar con mayor intensidad, y ahora hasta me hizo tragar saliva involuntariamente.
-Rosalie, empiezas a moderar tu comportamiento o esta es la ultima vez que vienes con nosotros a un baile –le amenazo Esme mas seria que nunca.
Rosalie abrió y cerro la boca como un pez, indignada hasta lo mas hondo, y atrás de ella su esposo se aguantaba la risa que no tardaría en explotar. Pero en un segundo la rubia despampanante recupero su compostura y se irguió orgullosa.
-Como si me importase venir a estas festejillos de pueblerinos –despotrico debajo de su aliento.
-Srita. Swan ¡me alegra tanto que este mejor! –dijo el Dr. Cullen cambiando rápidamente de tema y de animo. Inclusive Jasper me sonrió tímida pero contagiosamente, y me sentí bastante relajada.
-Si, gracias a usted.
El Dr. Cullen negó con la cabeza.
-Si quiere agradecerle a alguien, que sea a mi hijo.
Una risa de arpa se oyó detrás de Emmet y Rosalie salió al frente con una sonrisa burlona.
-Si, haría bien en agradecerle mejor a mi querido hermano y su afición por rescatar damiselas en peligro. Es su hobby favorito.
-Rosalie… -siseó Edward de forma amenazadora, pero le apreté tímidamente el brazo para que no soltará ningún tipo de injuria contra su hermana.
Él había hecho tanto por mi, y yo se lo pagaba causando discordia en su familia. Podía ver a la Sra. Y el Sr. Cullen indignados; a Jasper y Alice, uno incomodo y la otra a punto de soltar alguna palabrota; a Emmett confundido en medio de la contienda de miradas amenazadoras entre su esposa y su hermano. Y a Edward… quien si alguna vez tuvo algún rastro de cariño fraternal por su hermana, este había desaparecido.
-Yo… creo que es hora de irme -susurre con voz timida y pequeña, por eso me sorprendió cuando todos los Cullen presente voltearon al unisonó a verme con cierto interés.
-Bella… -empezó Edward con ojos ansiosos.
-No… es algo tarde. Yo te agradezco mucho la pieza y tus atenciones conmigo; y también a ustedes Sr. Y Sra. Cullen; pero… -baje la vista incapaz de sostener la mirada de siete pares de ojos brillantes- hay algunos compromisos que debo cumplir… y… -mi voz se quebró cuando levante la mirada para ver a la Sra. Cullen- creo que ya no podré ir a su tienda. En verdad tenia deseos de decírselo personalmente, ya que usted ha sido muy buena conmigo… pero supongo que Edward ya se lo habría comentado…
-No él… -quiso desmentirme de forma confundida ella.
-Muchas gracias por todo, buenas noches –dije rápidamente mientras hacia una pequeña reverencia con la falda de mi vestido y por milímetros me escape del brazo de Edward para escabullirme finalmente entre la multitud… no sin antes, tropezarme dos veces por culpa de mi estúpido pie adolorido.
XXXXXXXXXXXXXXX
Creo que por una hora me logre esconder de los avizores ojos de mi abuela, o de la silueta de algún Cullen.
Yo les había dicho que tenia deberes que cumplir… pero al estarme sola y recordar la visión de aquel pervertido sujeto, no pude ordenar a mis pies llevarme de nuevo con mi tía y mi abuela; y antes de ser descubierta inconscientemente termine buscando un escondite.
Y tal y como en la primera fiesta donde conocí a los Cullen ahora me encontraba detrás de otra cortina, rezándole al cielo porque nadie me hubiese visto. Pero tal y como en la otra ocasión, parecía que mi suerte no pegaba una.
No vi a Edward al principio. No es que realmente una vea o se de cuenta que un Cullen esta ahí, es algo que había descubierto estando con ellos, una simplemente percibía que estaban ahí. Y a la mayoría de las personas eso era suficiente para quitarse de su camino… pero en mi sentía esa atracción como un iman que me jalaba mas y mas a ellos. Lo quisiera o no.
-Usted es una muy mala mentirosa –dijo desde las sombras del pequeño cuarto.
-Y usted pésimo para entender que es la privacidad –le contrapunte.
-¿Cuánto tiempo mas piensa esconderse de sus problemas? –me pregunto aun serio.
-Y en todo caso ¿Cuál es su problema con todo eso? –dije molesta, pero el seguía de pie viéndome desde las sombras con sus ojos de gato sobre un raton. Baje la mirada, sonrojada- No lo entiendo... ni cuando me aleja, ni cuando me ayuda… su amabilidad y su frialdad… yo simplemente ya no lo entiendo.
-¿Eso suena como que se da por vencida? –pregunto él con una ceja en alto.
-Ni me doy por vencida ni continuo, no tengo derecho para ninguna de las dos cosas. Eso es lo que significa
Él se acerco a mi tanto que su nariz roso levemente la mi, y cuando lo hizo me di cuenta de algo sobrecogedor: no respiraba. Podía sentir mi propia hiperventilación pero ni siquiera un leve suspiro de él.
-¿Quién eres realmente?
Él sonrió divertido.
-Creo que ambos sabemos que usted ya conoces la respuesta.
-Solo una vaga idea…
-Eso le basta para sobrevivir por ahora…
Sus dorados ojos me miraban con una intensidad diferente que en la pista de baile… parecían saturados de mi, buscando hasta el mínimo detalle de mi persona, no de forma lasciva sino… asombrada. Como si yo pudiese asombrar a alguien.
Me sonroje y baje el rostro.
-Aire –dijo al fin- ¿no le gustaría tomar un poco?
Asentí, pero me pregunte si el realmente lo necesitaría.
El me tomo de la mano y nos movimos con el sigilo de un par de ladrones al jardín trasero de la mansión Maloy. Estaba precioso, adornado de gala y con bellos arbustos de flores recortados, creo que inclusive había uno que otro pavorreal corriendo a sus anchas por las partes posteriores de las fuentes. Pero todo sonido pareció morir cuando irrumpimos en la oscuridad del jardín solitario.
Había una idea en mi cabeza que me decía que estar a solas y en la oscuridad con Edward era algo sumamente peligroso. Pero tanto mi consciencia como el resto de mis sentidos parecían entumecerse ante su presencia y no hice ningún esfuerzo por intentar darle credibilidad a mis miedos primarios; pese a que en cierta forma sabia que eran ciertos.
Él carraspeo ligeramente para atraer mi atención.
-¿En que pensaba? –pregunto con timidez. Otra feceta que no conocía de él.
-En que no entiendo muchas cosas cuando estoy a su lado.
-Después de todo este tiempo y todo lo que ha visto de mi, cualquiera pensaría que ya esta a mitad de camino de descubrir mis mas oscuros secretos…
-Si no fuese tan críptico probablemente si –le dije con un puchero.
Él me miro con cierto sarcasmo y dejo escapar un suspiro mientras negaba con la cabeza.
-Pero en verdad... yo ya no le entiendo Sr. Cullen.
-Por favor, dígame Edward. Y no comprendo en que podría estar confundiéndola
Le mire con los ojos entrecerrados por la furia, para que comprendiese la fuerza de mi enojo. Pero en ves de eso pareció divertirle mas.
-Bien, Edward... –pronunciar su nombre me dio un escalofrió que odie- lo que no entiendo es porque una persona que hasta hace unos días actuaba como si me odiase o me quisiera totalmente lejos, repentinamente se comporta como un príncipe en su caballo blanco que desea salvarme.
-Yo no deseo comportarme como un príncipe –retruco serio—pero yo no la odio, al contrario.
-Creo que usted es un joven listo, Edward. Podrá explicarse mejor.
-Bueno, yo simplemente le dije que no deberíamos ser amigos. No que no quería que lo fuésemos.
-¿Hay alguna diferencia? –inquirí cada vez mas molesta por sus cripticismos.
-Definitivamente –me detuvo tomándome del brazo y obligándome a caer de nuevo en el hechizo de sus ojos dorados.
Baje la cabeza cuando me sentí hiperventilar de nuevo.
-Además, también esta "ese" otro asunto –dije para cambiar de tema.
-¿otro asunto? –pregunto él con la cara mas inocente que pudo hacer.
De nuevo le mire con furia. Y de nuevo el contuvo la risa.
-¿Vamos a jugar de nuevo a esto? ¿Y mas aun después de que y lo habías aceptado?
-Yo solamente he aceptado que vivi una temporada en Londres...
-Ugh... –bufe molesta.
Pero entonces me percate de que la mirada de Edward se desviaba a un punto atrás de mi persona después volvía a mi. Me gire con mucha brusquedad y vi a otra pareja cerca de los arbustos besándose. Me sonroje al instante y mas porque al segundo Edward capto mi reacción y se rio.
-Creo que por aquí esta un poco concurrido.
-Creo que si –dijo con una sonrisa que ni el se aguantaba- ¿Qué le parece si vamos al jardin cercano a la fuente?
-Me parece una esplendida idea dije colocando mi mano debajo del brazo que me ofrecía y utilizando todas mis fuerzas para ignorar cualquier sonido que viniese del arbusto.
Ambos caminamos incómodos uno al lado del otro por la vereda. Sentía como si mis labios me picasen, y una serie de extraños pensamientos que me pusieron un poco mas acalorada pasaron por mi cabeza. Los aleje al instante; pero aun asi me era imposible volver a ver a Edward.
Ya un poco mas alejados de la lujuriosa pareja, y con mi piel otra vez en un color normal (aunque como seguía al lado de Edward nunca dejaría de estar un poco ruborizada) me permití volver a hablarle.
-¿Qué le parece un juego de hipotesismos? –busque su reacción con el rabillo del ojo, y me saco una sonrisa ver que el hacia lo mismo. Sopeso unos segundos mas mi pregunta antes de responder.
-Me parece bien, mientras solo sea hipotético.
-¡Oh! Claro que lo es –le sonreí con picardía- digamos que hipotéticamente hay una chica que conoce a un chico –Edward se rio sin disimular ante mi intento de sacarle la verdad- ¡vamos! No se ria.
-Lo lamento –se disculpo sinceramente al ver la forma en que fruncía el ceño- entonces usted me decía de un chico y una chica...
-Si. Y digamos que se conocen en circunstancias totalmente inusuales, cuando el hacia cosas que nadie mas podría –baje cada vez mas la voz, hasta convertirla en un murmullo; y Edward perdió todo rastro de alegría- y no se vuelen a encontrar sino hasta dos años después, dejando como único rastro de su anterior encuentro el hecho de que la chica sepa un secreto muy oscuro que ni el quiere reconocer. Hipotéticamente ¿Por qué haria eso el chico?
-¿Hipotéticamente?
-Claro
-Hipotéticamente, él lo haría para proteger a la chica de cualquier mal. Y porque ese secreto pondría en peligro a la familia del muchacho. Así que como la chica ha encontrado de nuevo al chico y con él a su familia; entonces hipotéticamente el chico le pediría a la chica que guarde el secreto por ellos.
Vaya, si que le gustaba enredarme. Podría ver su sonrisa picara y traviesa asomándose debajo de su imperturbable rostro de belleza. Magnifica. Me envare y me le acerque un poco.
-Entonces la chica le tendría que decir hipotéticamente al chico: que ella guardaría el secreto; pero no por su familia, ni por miedo al mal; sino que por él. Porque se lo ha pedido.
Mi respuesta pareció tomarlo por sorpresa y la sonrisa se fue desapareciendo mientras su mirada se suavizaba sobre mi y se llenaba de un sentimiento indescifrable… ¿curiosidad? ¿confusión? ¿afecto? O tal vez sobre una realización tan importante que no sabia como expresarla en este momento.
Al final despego los labios y con su voz tan suave y casi en un susurro me dijo.
-E hipotéticamente hablando el chico tendría que preguntarle a ella porque lo ha decidido así. ¿por que se volvió a acercar a él después del secreto del cual se entero?
Era una buena pregunta. Pero lamentablemente su curiosidad se quedaría insatisfecha.
-No creo que la chica tenga una respuesta para eso. Ni hipotéticamente –dije capturada de nuevo por sus ojos dorados, brillando como un pr de lunas que me atraían cada vez mas y mas, mientras que ya podía sentir su aliento sobre mi cara.
-¿Puedo hacer una ultima pregunta hipotética? –inquirí casi sin voz.
-Claro –me respondió condescendiente, pero sin alejarse ni un milímetro.
-¿Qué es lo que va a hacer el chico ahora? ¿le dira la verdad a la chica? ¿se quedará?
-No lo se. Pero la chica debe de saber que el joven no se ira hasta que la vea completamente feliz y segura. Porque ya se le ha hecho imposible el alejarse de ella –dijo en un susurro voluptuoso que me lleno por completo de su aliento frio… aun mas que el ambiente en el que nos encontrábamos.
Me sonreí de medio lado.
-El chico debería de saber que la chica nunca hallara la felicidad o la seguridad si él no se encuentra a su lado.
-Entonces ¿Qué deberían de hacer?
Me encogí de hombros.
-Tu dímelo.
Nuestra extraña charla quedo en el aire cuando todo el salón estallo en aplausos y gritos de felicidad. El anuncio del compromiso de Lauren debía de haber sido dado. Y me importaba menos que el estar consciente que mi abuela debía de seguir haciendo berrinches adentro.
Supongo que debió haber habido algo en mi mirada que decía que mis pensamientos rondaban con mi familia, o será que en verdad Edward podía leer mentes, pero después de un minuto de silencio en el que escuchamos con desinterés los vitorees él pregunto.
-¿Por qué lo soportas? –me pregunto olvidándose de nuevo de las formalidades
-¿Eh? –todavía seguía medio ida en mis pensamientos.
-Todo lo que te hace tu familia. ¿Fue acaso tu padre el que te…? –su cara estaba contraída en el más puro odio pensando en los probables castigos que pude haber padecido.
-¡No! –Me apure decir antes de que sus conjeturas se fuesen más lejos- No, él no sabe nada…
-Entonces… ¿esas mujeres? ¿Por qué Bella? ¿Por qué dejas que te traten de esa forma? Eres joven, fuerte, inteligente… hermosa.
Me ruborice de tal forma que ya no hubo duda de que no tuviese calor en medio de ese frio invernal. Él espero paciente a que mi vergüenza se sosegara y agachando mi cabeza le respondí.
-Pero estoy sola… no hay ningún lugar al que pueda ir. Siempre he estado dividida… ¿Qué es lo que quiero? ¿Qué es lo que tengo? Toda mi vida he vivido como una señorita recatada y que ellas acepten… pero nunca ha sido suficiente… y cuando me fui a Londres mi mene se abrió de tal forma que ya nunca podría volver a ser la misma niña que ellas controlaban. Y más sin embargo tampoco soy lo demasiado fuerte como para irme… no creas que no lo he pensado. No creas que no note la injusticia. Pero no se qué hacer, y mi tiempo se me está acabando…
-¿Qué quieres decir? –preguntó Edward sin poder mantener por un segundo más el silencio que tan políticamente había estado guardando.
-Antes de la primavera…. Mi abuela me quiere comprometida. Y no hay excusas. –dije sin poder verle a su cara.
-¡Que ultraje! ¡¿Cómo se atreven a decidir?! Fue acaso… ¿por lo de la librería? –pregunto atónito y con un tono de culpa.
¿Lo fue? Dentro de mi sabia que no, que la verdadera razón venia de mucho tiempo atrás.
-Porque pueden, siempre ha sido así. Eso es un capricho de mi abuela porque sigue ofendida de que me haya ido a Londres con mi tía…. Todos sus tratos son un castigo por eso. Ella odiaba a esa mujer… y fue una ofensa directa que yo también me fuese. Supongo que temía que nunca fuese a volver… no estaba tan equivocada, con un poco mas de tiempo lo habría logrado.
-¿Y tu padre que dice de todo esto?
-Él no lo sabe… el no sabe mucho de su propia familia, pero no creo que pueda crear muchas verdades que yo le diga.
-¿Por qué no habría? Eres su hija.
-Pero también la hija de mi madre. Y mi voz, mi cabello, mis ojos se lo recuerdan. Y le recuerdan también la forma que le engaño…
-No puedes seguir soportando esto.
-¿Y que debo hacer?
-Dame tiempo…
-¿A ti? ¿por que habría…?
-Te he dicho que te quiero ayudar y proteger. Y no he mentido. Encontrare una solución a tu problema, lo juro. –parecía dividido como sin saber lo que diría a continuación- Pero mi familia y yo tenemos que viajar lejos por una semana… necesito saber que estarás segura. Que podrás soportar.
¿Tan comprometido se sentía conmigo para temer por mi? ¡O era simplemente la obviedad de que sufriría un buen escarmiento tan pronto su silueta se alejase de mi y me encontrase sola con mi abuela y mi tía?
-He soportado por todos los años que llevo de vida, podre hacerlo una semana mas –dije con firmeza, pero por dentro no estaba tan segura… ¿una semana sin verle?-¿Pero qué es lo que harás?
-Todavía no estoy seguro… -dijo resintiendo no encontrar la solución en este preciso momento- pero confía en mi.
¿Podría creer en él? Si ¿Pero era adecuado hacerlo? Por alguna razón lo adecuado, no encajaba cuando se estaba con Edward… había algo en él que lo hacía sobresalir de entre todos los demás; y que lo ponía por encima de las reglas de etiqueta de la mayoría.
Después de eso ambos nos quedamos en completo silencio, pero no era incomodo. Simplemente las palabras no bastaban para decir lo que nuestros ojos cargados de demasiadas expresiones decían. Y sin previo aviso alguno levanto muy lentamente su mano, ahora sin guate y recorrió el camino desde mi sien, a través de mi mejilla y hasta mi barbilla. Su tacto resultaba mas frio que cualquier cosas que nunca hubiese tocado antes, pero no me importo… porque de alguna forma llenaba de calor mi interior.
Suspiro cuando acaba.
-Es mucho mas fácil estar a tu lado si paso mucho tiempo conmigo.
Parecía ser una conjetura interna, que no iba realmente dirigida hacia mi, pero no pude evitar preguntar.
-¿Entonces no me vas a soportar mucho lla
-Me han de estar esperando…
-Quisiera poder retenerte para que nunca tuvieses que volver a pasar por todo lo que ellos te hacen.
-En este momento es imposible.
-Te juro que encontrare la forma de…
-No jures, por favor Edward –y un escalofrió me recorrió al decir su nombre- no jures. Pero confió en ti.
-Gracias, es mas de lo que me merezco.
Sin darnos cuenta desde que anunciamos que sería tarde nos fuimos acercando mas y mas a la puerta del jardín que daba de entrada al inmenso salón y en un entendimiento silencioso aceptamos que lo mejor es que cada quien fuese con su respectiva familia de la forma mas sigilosa posible. Ya no había tantas personas y era más fácil distinguirse los unos a los otros. A pesar de haber bailado juntos, hubiese sido un escándalo que alguien nos viese aun juntos después de tantas horas. Aun la gente de alcurnia adoraba los cotilleos.
Con una ultima mirada ansiosa que el me respondió, nos despedimos y me interne en el oscuro salón, donde me esperaban todavía muchos obstáculos mas… pero por primera vez en mi vida, la fe me ayudaba a soportarlos.
