Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto

Hola, gracias por entrar n.n

Quería publicarlo antes pero bueno, la vida real es complicada. Además me emocioné mucho recorriendo la serie El mentalista, recién terminé de verla y ahora no sé cómo continuar con mi vida. Saben cómo son estas friki-cosas :'(

Advertencias: mucho fluf, clichés, idealización de galán, situaciones novelescas, melosidad, más fluf todavía...

Otra advertencia: vuelvo a los miércoles como día de publicación. Cuestión de reajustes laborales.

Abrazo a la distancia a los anónimos Julia, interpretás muy bien a los personajes, qué bueno que te sigue gustando la historia. También estoy con más trabajo ahora y se complica para organizarse, me alegra que puedas encontrar un hueco y disfrutar un rato de la lectura. Gracias por seguir ahí n.n Guest, jajaja, es verdad, Hinata ha tenido citas peores, y todavía le quedan algunas más. Veremos qué sucede en la cita de hoy. Gracias! kds, Shikamaru es un vago y sí, en la vida real un chico así incomodaría bastante. Gracias y saludos! Dark Amy-chan, jajaja, y todavía le quedan algunas más! Creo que ya lo tienen naturalizado (?) Gracias! kislev, me alegra que te haya gustado el fic y que lo estés disfrutando. Sasuke es un milagro jejejej, Gracias y saludos! Hinata H, muchas gracias, espero que sigas disfrutándolo n.n

Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer n.n


25 de abril

¿Sasuke V? ¿El retorno de Sasuke?


La calidez de abril resulta más nostálgica que la de los días de verano, el sol alumbra suave y confortablemente. Mientras dure el beneplácito de la naturaleza habría que disfrutarlo, así que Hinata volvió de la escuela a todo galope, agradecida por la ventaja climatológica que venía teniendo desde la primera cita con él.

Llegó a su casa agitada y sudorosa. Tenía poco tiempo para prepararse, Sasuke le avisó que llegaría temprano y todavía necesitó emplear algunos minutos para tratar con Ino la postergación de la cita para el día siguiente, porque en la mañana lo había olvidado. Sorteó lo mejor que pudo su pedido de explicaciones –aunque Ino no era ninguna tonta y hacía tiempo que sospechaba que algo raro sucedía- y luego de colgar se metió en la ducha.

Cuando salió, secó y peinó su pelo con cuidado, se pasó crema hidratante por el cuerpo y se miró al espejo con asombro. ¿Desde cuándo se ponía crema después del baño? Luego extendió sobre la cama las posibles prendas que vestiría. ¿Desde cuándo demoraba una hora en elegir la ropa?

Casi no lo podía creer, de un día para el otro se había convertido en una… ¡mujer! Precisamente por eso era que nunca quería ponerse de novia y rociaba repelente de insectos sobre cualquier pretendiente que la circundase. ¿Podía tardarse una hora para elegir un atuendo? Era de locos.

Tampoco se había tenido que preocupar nunca por la humectación de su piel, por la prolijidad de su cabello y por lo femenino de sus prendas, ni qué decir de la bijouterie, el maquillaje y el perfume. Ella siempre fue una joven limpia y prolija, e incluso atenta a la moda, pero su forma de vestir era más bien práctica porque nunca había considerado que tuviera algo que demostrar, mucho menos aparentar. Ella iba a diario a trabajar, no a lucirse.

Jamás había tenido inconvenientes con eso, en todo caso le ayudaba a ahorrar tiempo y dinero. Pero de repente ahora había un chico que le gustaba y debía ponerse en guardia, pendiente de resolver cada una de esas enrevesadas cuestiones estéticas. Y eran demasiados frentes... Ni qué hablar de la depilación, aunque por fortuna se había ocupado de eso días atrás.

Así recordó una de las razones fundamentales por las que había decidido abrazar el celibato. El mundo femenino, lo referido a la estética, le importaba poco y nada y hasta el momento había vivido en paz con ello, porque en la vida había asuntos muchos más importantes que atender. Sin embargo ese día, al borde de la hora en que Sasuke tocaría el timbre, casi colapsaba el reparar en las deficiencias de algunos detalles.

Se sintió ridícula, tonta y terriblemente sacudida en su trabajada autoconvicción de chica simple e independiente, se maldijo por haber caído en ese cliché de joven enamorada que tanto relegaba de su agenda. Aun así, recién se conformó con el sexto conjunto de blusa y falda que se probó, con el cuarto par de sandalias y con el último conjunto de pulseras, aretes y anillos. Con el perfume fue más fácil porque tenía sólo uno de calidad y con el maquillaje se las ingenió manipulando los tres o cuatro cosméticos que poseía.

Al final, frente al espejo, suspiró con resignación. Había hecho lo mejor que pudo.

El timbre sonó y bajó más entusiasmada de lo que recordaba haber estado alguna vez. Se sintió extraña llevando un bolso, acostumbrada a la maleta del trabajo o a algún morral circunstancial, por eso tuvo que chequear varias veces para asegurarse de que llevaba lo necesario. Cuando abrió la puerta trató de parecer tranquila.

Aparentemente, Sasuke había atravesado por una zozobra similar a la suya. Lucía más apuesto que nunca, con un jean azul oscuro, camisa negra y una chaqueta al tono con las mangas apenas arremangadas según el uso actual. Parecía un maldito galán de telenovela.

Él saludó y ella, de la tensión acumulada, prorrumpió en una risa incontenible.

-¿Hyuuga? –se extrañó Sasuke.

La miró sin comprender ese repentino estallido. Hinata pensó que parecían dos muñequitos de pastel en extremo elegantes para ser creíbles, y la risa le ayudó a desahogar la ansiedad que venía reuniendo inconcientemente. Y durante un buen rato no pudo parar.

Sasuke se inspeccionó por si tenía algo inapropiado, pero no encontró nada fuera de lugar. Trató de imaginar qué podría haber suscitado ese ataque de risa, si él o los dos juntos, y en este punto intuyó que se trataba de la situación. Ninguna de sus citas anteriores había comenzado con tanta solemnidad y de seguro eso la incomodó. Diablos, a él también lo incomodaba.

-Es… demasiado… raro –dijo entrecortadamente ella, cubriéndose la boca para controlarse, sin mucho éxito en realidad.

-Supongo que es extraño –admitió Sasuke, ceñudo.

-Nunca… te vi… así…

-Yo tampoco te he visto así nunca, y más que graciosa creo que luces estupenda. –Por fin Hinata se detuvo, acalorada al oír semejante observación-. Ya me has visto sucio de grasa y ya te he visto calzando esas absurdas pantuflas-conejo –continuó él-, ¿de qué tendríamos que asustarnos?

-Eso fue muy tierno, Sasuke-kun.

-¿Tierno?

-Tierno.

-No fue mi intención.

-Estoy segura de que no, p-pero lo fue.

-¿Lista? –le preguntó él entonces para dar por finalizada la cuestión. Mientras más rápido se adaptasen, mejor-. Iremos al cine.

Hinata se emocionó ante la perspectiva, hacía mucho que no veía ninguna película en el cine y así se lo transmitió. Sasuke, satisfecho, la guió hasta la motocicleta que los esperaba en la calle.

Sin embargo, cuando la joven la divisó, se puso visiblemente tensa. Observó la motocicleta como si se tratase de un gigantesco insecto metálico, el enemigo declarado de las muchachas con falda, la contracultura de la comodidad burguesa. Sasuke reparó en su cara lívida de estupor y reconoció la desconfianza propia de las personas que no suelen andar en esos vehículos.

-¿Tienes miedo? –inquirió.

-M-Mucho –declaró Hinata, que no tenía ningún interés en negarlo.

-¿Nunca te has montado en una motocicleta?

-Una vez –dijo ella en voz baja, como si también temiese hablar de ello-, de p-pequeña, mi tío me llevó a pa-pasear en la Harley que se había c-comprado.

-¿Y no fue divertido?

-Recuerdo haber llegado sana y s-salva –repuso ella con sencillez. Luego lo miró con un gracioso gesto de timidez-. ¿Tendría que haberme di-divertido?

-No se trata de que sea divertido, sino que es el vehículo más práctico para un hombre soltero.

-Entiendo –repuso Hinata, que todavía contemplaba la motocicleta como si fuese la criatura más peligrosa del universo.

Sasuke tamborileó los dedos sobre el casco que sostenía entre sus manos pensando en un modo de abordar la situación. Era un imprevisto que no había considerado antes, estaba demasiado acostumbrado a desplazarse de esa manera y, tuvo que admitirlo, había descuidado el detalle de que tal vez a ella le disgustase. Lo último que pretendía era que la chica pasase un mal rato, pero tampoco quería avalar ese temor innecesario.

¿Qué haría una profesora con un alumno que teme no poder resolver el ejercicio? Explicárselo. Sasuke, entonces, se lanzó a una descripción puntillosa del artefacto, los detalles aerodinámicos, las ventajas, los atributos del motor, la seguridad de que conduciéndola como correspondía, aun con dos personas a bordo, llegarían de una sola pieza a su destino.

La chica lo escuchó con atenta predisposición, pero cuando llegó a esa parte recordó fugazmente las fatídicas elucubraciones de Omoi y empezó a morderse el labio con nerviosismo. Sasuke lo notó y decidió enfocarse en lo más práctico, asegurándole que conduciría despacio y que había traído cascos para los dos.

-¿Y mi f-falda? ¿Debería c-cambiarme?

-No –se apresuró a decir él, que por nada del mundo lo permitiría. Pocas veces la había visto tan bonita y preferiría reducir su motocicleta a un cubo de hojalata antes que privarse de verla así-. Te sentarás de lado y te sujetarás de mí.

Por más dulce y prometedor que sonase eso, Hinata lo miró sin mucha convicción aún.

-Siempre te lo hago di-difícil, ¿verdad? –preguntó, algo avergonzada.

Ahora el que se sintió sobrecogido fue él.

-¿Y tú sabes que me gustas demasiado?

Hinata se ruborizó intensamente. En su interior, no obstante, tuvo que admitir que no sólo lo sabía, sino que lo había comprobado a lo largo de los últimos días. Sin importar qué hiciera o dijera Sasuke perseveraba, insistía, se mantenía firme. ¿Cómo haría para retribuirle ese entusiasmo, esa dedicación? Ningún hombre se había comportado así con ella antes, absolutamente ninguno, Sasuke era como un regalo caído del cielo que aún la desconcertaba, insegura de merecerlo realmente.

Se sentía tonta por empezar a depender de eso, por empezar a necesitarlo y por añorarlo cuando no lo tenía, porque siempre se había bastado para todo por sí misma y esa repentina debilidad la desestabilizaba. Pero Sasuke estaba allí, concreto, y ya había decidido que quería aprender a aceptarlo.

Volvió a enfocarse en la motocicleta. Sus pensamientos giraron en torno a afirmaciones del tipo "yo no te agrado y tú no me agradas", entre otras consideraciones y películas de terror sobre vehículos feminizados enamorados de sus dueños y asesinos de la chica que los acompañase. Pero se armó de valor y al final cedió. Sasuke se lo había ganado.

Sin decir palabra extendió las manos hacia el casco, el cual le fue entregado con una complacida semisonrisa. Sasuke se sintió orgulloso de su valentía y dejó que ella misma se arregle mientras él se ponía su casco también y montaba. Hinata se acomodó detrás.

-Bienvenida, Hyuuga.

-Gracias… su-supongo.

-Sujétate bien.

-Ni-Ni que lo digas.

-¿Todavía estás asustada?

-Sí, lo siento.

-¿Piensas disculparte por cada cosa que digas o hagas?

-Y t-también por lo que deje de hacer.

Sasuke meneó la cabeza sonriendo a medias sin que ella lo notase. Lo que para cualquier otro hombre pudiese resultar un carácter fatigoso o complicado, a él le divertía enormemente y cada día que pasaba le gustaba más estar con ella. Nada mejor que una fortaleza inexpugnable para un sujeto de su apático temperamento, ni nada más recreativo para su rutinario acontecer.

Y por fin partieron.

-o-

La primera sorpresa que Hinata se llevaría a lo largo de esa cita memorable se produjo cuando llegó al cine y advirtió que era día de reposiciones. Es decir, proyectarían una película clásica o representativa de alguna década, género o director, y ese detalle le sumó a Sasuke varios puntos en el tanteador de su cariño. La segunda sorpresa fue el título de la película que irradiaba en la gran marquesina.

-La historia sin fin –murmuró con los ojos abiertos de par de par.

-¿Recuerdas a Gaara? –Hinata afirmó aunque lo miró sin comprender-. Él es el dueño del cine.

-¿D-De veras? Es fantástico.

-¿Tanto te gusta eso? –indagó él con mala cara-. Menos mal que omitió decirlo en tu cita.

-Para eso están los amigos –repuso ella con ironía, entendiendo al fin por qué Gaara los había dejado solos aquella vez-. Bien, tu amigo tiene un cine. ¿Y entonces?

-Le pedí un favor.

Mientras entraban, la joven tuvo tiempo suficiente para comprender la verdadera índole de ese favor: la película estaba basada en una de sus novelas favoritas, La historia interminable, y todo comenzó a tener sentido. Seguro que Sasuke la había leído también.

Abrió la boca para preguntarle, pero él fue más rápido y la guió hasta la sala sin dejar que lo hiciera. De todas formas ya sabía la respuesta, el muy ladino había pensado en todo.

-¿Quieres palomitas?

-No me gusta comer mientras miro una pe-película.

-Pues ya somos dos.

Apenas si tuvo tiempo de apagar su móvil antes de ingresar al recinto. Llegaron prácticamente sobre la hora, por lo que ni bien se acomodaron en sus butacas las luces se apagaron y comenzó la proyección. A Hinata no sólo le faltó tiempo para preguntar, sino que todavía trataba de reponerse de los distintos grados de asombro que seguía padeciendo junto a él. O por causa suya.

Para las personas que bordean los treinta esa película forma parte de los recuerdos de la niñez. Cuando Hinata, de adolescente, descubrió el libro en la biblioteca de su escuela, experimentó la clase de emoción que sólo esos inesperados hallazgos deparan. Ni siquiera podía recordar cuántas veces lo había leído. La dicha que brinda la lectura de un libro a esa edad se repite pocas veces durante la adultez, por eso el plan de Sasuke impactó directamente en su corazón.

Allí, entonces, revivió la soledad del protagonista y la consecuente pasión por la lectura, el único consuelo de su infancia. Revivió también el encuentro con el libro mágico, la misión de Atreyu, su viaje, sus aventuras, el personaje de Falcon –Fújur en el libro-, el peligro que corría Fantasía y tantos otros detalles inolvidables… Por supuesto, lloró con la escena de Ártax en el Pantano de la Tristeza y sonrió emocionada con el maravilloso desenlace.

A lo último simplemente lloró y ya no sabía por qué razón, quizá por nada en particular o quizá por todo: por su propia y solitaria niñez, por el alivio de los libros, por la búsqueda de conexión con su padre y por el amor de Sasuke, a quien apenas conocía, pero que parecía conocerla a ella de un modo tan cabal que no hacía más que preguntarse si un chico así era real.

En fin, lloró porque la película le brindó la excusa perfecta para desahogarse. Cuando terminó la proyección y salieron de la sala, recién entonces Sasuke reparó en su rostro cubierto de lágrimas.

Cómicamente perplejo, la miró con creciente desconcierto y aprensión.

-¿Estás llorando?

-Eso p-parece –dijo Hinata, entre llorosa y estúpidamente risueña.

-Oh, no me hagas esto, Hyuuga.

-Lo-Lo siento.

Sasuke se encontró de pronto frente a uno de los inconvenientes más escabrosos de su vida: el llanto abrupto, inmarcesible e incomprensible de una mujer. Que un rayo lo parta... Se le pusieron los pelos de punta, el corazón se le subió a la garganta y se sintió absolutamente desorientado.

-No entiendo… ¿Por qué?

-No lo sé –reconoció ella, encogiéndose de hombros.

-¿Cómo que no lo sabes?

-P-Pues no lo sé –replicó ella con obviedad, las lágrimas cayendo rauda y escandalosamente por sus mejillas.

-No lo sabes –murmuró él, despavorido ante aquel incontenible manantial. Las mujeres y sus… cosas-. Por todos los cielos…

Con torpeza intentó Hinata enjugarse el rostro, pero ahora que el mecánico se había percatado de su debilidad se sintió más vulnerable y siguió llorando, haciendo infructuosos sus intentos. Sasuke, aturdido con la novedad, no supo si debía consolarla de lo que sea que la estuviera entristeciendo, pedir socorro a voz en cuello o ponerse a llorar también. Aunque ya no recordaba cómo hacer esto último.

Forzándose a recuperar la compostura, finalmente atinó a apartarla del camino del resto de los espectadores que salía de la sala y la ayudó a ocultar su cara de las miradas indiscretas. Era la escena más insólita que hubiesen protagonizado, y eso que ya habían pasado por varias.

-¿Tienes un pañuelo? –indagó. Una vez admitido en su fuero interno que para esas "cosas" era un completo inútil, o un simple mortal, le pareció ver la luz al final del camino del sentido común.

-No lo creo –balbuceó Hinata llorando aún, gangosa a causa de la obstrucción de su nariz.

-Revisa en tu bolso.

-No c-creo que tenga –repitió ella. En una cita se atora y en otra llora como condenada, ¡vaya heroína que estaba hecha! Abrió el bolso y le mostró con pesar su escueto contenido: la billetera, las llaves y el móvil.

-¿Desde cuándo una mujer lleva sólo tres cosas en su bolso? –Hinata, entre sollozo y sollozo, se alzó de hombros otra vez. Sasuke sabía que era sencilla y práctica, pero en ese momento hubiera deseado que sea la típica mujer coqueta con una cartera rebosante de artilugios misteriosos, inservibles y netamente femeninos. Resignado, buscó en sus bolsillos hasta dar con el tradicional pañuelo de tela y se lo tendió-. Toma, suénate la nariz.

Hinata miró el pañuelo casi-casi con el mismo estupor con el que contempló la motocicleta.

-¿Por qué llevas pañuelo?

Sasuke escuchó bor gue ievas bañuelo, e hizo un esfuerzo para no sonreír.

-Cosas de mi madre –respondió.

-¿Y yo soy la rara?

-¿Lo quieres o no?

-Ni siquiera mi madre me da pañuelos.

Ni siguieda bi badre be da bañuelos, entendió él, y ahora se impacientó.

-Sólo sécate –dijo con hosquedad para ocultar su bochorno, y se puso a secarle el rostro.

Como fue brusco Hinata lo apartó y terminó de secarse sola, se sonó con fuerza y poco a poco dejó de llorar. Los hombres, por lo general, no saben qué hacer con el llanto, suelen oscilar entre la torpeza, la indiferencia y la grosería sin lograr resolver el asunto. Que Sasuke al final haya conseguido mantenerse aplomado a Hinata le sirvió.

Bastante avergonzada se sentía como para tener que lidiar también con la incomodidad ajena. Una vez más complicaba las cosas y una vez más Sasuke se comportaba a la altura de la situación. Jamás esperó que alguien pudiese soportar con paciencia el costado melancólico de su carácter.

Quizás otra mujer hubiera preferido una reacción más emocional, pero Hinata lo conocía y sabía que nunca demostraría nada más que lo preciso ni sería innecesariamente afectuoso. De todos modos le gustó mucho verlo alterado al principio, tal confusión le dio más valor a su serenidad posterior. Y, para qué negarlo, le divirtió bastante descubrirle esa flaqueza.

Así era Sasuke, así lo había conocido y así sería suficiente.

-Gracias –terminó por decir, y esta vez la palabra sonó como debía-. Te lo devolveré limpio la próxima vez.

Sasuke esbozó una semisonrisa, interiormente aliviado al verla restablecida.

-Yo pensaba obsequiártelo, pero si quieres utilizarlo como excusa para volver a salir conmigo…

-¡Sasuke-kun!

-Como digas –se atajó él.

Después se dirigieron hasta el pequeño buffet y tomaron asiento en una de las escasas mesas libres. Estaban rodeados de familias de todo tipo, de parejas que como ellos quisieron ver una película de sus años mozos y de padres que pretendían pasarles la antorcha de los recuerdos a sus pequeños hijos, todos ruidosos, todos entusiasmados. Semejante cambio de ambiente fue duro al principio, pero a la larga les vino de maravillas para recargarse de energía. La proximidad del fin de semana se hacía sentir y todo el mundo se hallaba más que relajado y dispuesto a divertirse.

Aun así, como cualquier pareja de enamorados, conformaron un universo aparte. Ordenaron una merienda suculenta y durante un buen rato, superado el lacrimógeno trance anterior, se abocaron a rendir debida cuenta de la comida sin hacer otra cosa más que observar en derredor y admirarse de las alegres extravagancias de los chicos, haciendo esporádicas observaciones intrascendentes.

Cuando terminaron de comer el silencio se prolongó un rato más. Afuera empezaba a anochecer y se entretuvieron entonces contemplando el movimiento de los transeúntes a través de los grandes ventanales, disfrutando de su mutua compañía. Ninguno de los dos tenía prisa, ninguno esperaba que sucediera nada en especial y por eso pudieron dedicarse a gozar del momento durante el tiempo que el espíritu les demandó.

Después, al pensar en el origen de esa salida, fue Hinata la primera en hablar.

-¿Me lo dirás ahora?

-¿Qué cosa?

-Si leíste La historia interminable.

-Lo leí.

-Si te pidiera que leyeras En busca del tiempo perdido, ¿también lo harías?

-¿Es esa historia larga de un escritor francés?

-Esa misma –corroboró Hinata, gratamente sorprendida por su conocimiento del asunto.

-Por supuesto que no –afirmó Sasuke con descaro.

-¿Entonces por qué lees los que…?

-Sabes muy bien por qué los leo, Hyuuga.

La mirada de Sasuke fue más elocuente que sus palabras, y Hinata sintió que el corazón se le salía del pecho. Debería estar más acostumbrada a la franqueza del mecánico, pero la verdad era que siempre lograba conmocionarla.

Si pudiera tener ese pedacito de felicidad unos segundos al día de allí hasta su muerte, estimó que sería tan afortunada que ya nada podría deprimirla o desanimarla. Lo único que necesitaba para afrontar las dificultades, las presiones y el estrés cotidiano era un instante de esa mirada y unas pocas palabras ambiguas cuyo significado sólo ella pudiese dilucidar.

-Durante mi adolescencia fue uno de mis libros favoritos –le contó, nostálgica-. Cada lectura se transformaba en un viaje, me convertía en un personaje y me refugiaba en la historia.

-¿Hasta el final?

-Hasta el final.

-¿Y luego qué? A Bastián le cuesta mucho volver a la realidad.

Hinata agradeció el detalle de que utilizara el nombre original del protagonista.

-En ese entonces no me molestaba. Al contrario, lo deseaba. –Hizo una pausa, reflexiva-. Recién ahora puedo comprender a qué te refieres con eso, y reconozco que en varias ocasiones me ha dolido mucho terminar una lectura, salirme de la ficción para volver al mundo real.

-Sin embargo, es éste el mundo en el que vives.

-Lo sé, lo he aceptado –le aseguró ella-. Me basta con saber que puedo revivir esas aventuras cada vez que lo necesite.

-¿Por eso llorabas?

Hinata desvió la vista.

-Sí, quizá… Y por otras cosas también. Cuando empiezo a llorar nunca sé en qué momento voy a terminar –bromeó. Luego, dándose cuenta de lo que había dicho, se apresuró a aclarar-: Pe-Pero no creas que soy una llorona, Sasuke-kun, no soy de las que se q-quiebran tan fácil.

El chico deseó creerle, en verdad lo deseó, pero la conocía lo suficiente para percibir la verdad.

-La historia me gustó, aunque me pareció una lectura para gente más joven –comentó volviendo al tema central. Hinata asintió con la cabeza, atenta a sus observaciones-. Casi no recordaba la película, por eso quise verla y le pedí a Gaara el favor de que la proyecte. He notado que sólo abarca la mitad del libro.

-Así es. Hay una segunda y una tercera parte donde se desarrolla el resto de la historia, pero no llegan a ser tan buenas como la que vimos hoy, mucho más fiel al libro que aquéllas.

-Me gustó la estética del libro, el texto a dos colores y la primera letra de cada capítulo en orden alfabético. Por lo demás, la historia no me resultó muy interesante hasta que Bastián recuerda que debe volver a su casa.

-T-También es la parte más triste.

-La parte que te entristece a ti.

Hinata suspiró con resignación.

-Lo admito.

Durante unos instantes Sasuke la observó con atención. Pensó en cuán diferentes eran, mucho más de lo que había creído. Las coincidencias, desde luego, aparecían: ambos eran personas sencillas, honestas, independientes, satisfechos con sus logros, luchadores sin ser ambiciosos. Ninguno de los dos se lamentaba por trivialidades, por cosas que no podían tener o por lo que sus ingresos no les podían permitir, sino que procuraban vivir agradecidos valiéndose del esfuerzo propio. En eso estaban parejos, en eso podían entenderse.

No obstante, también había disparidades. Eran sensibles, por ejemplo, pero en distinto grado. Eran testarudos, pero cada quien por sus propios motivos. Él era más realista, más conciente de las cosas, más resolutivo y determinado, sobre todo cuando tenía un objetivo en mente. Ella, en cambio, necesitaba pensar, analizar y luego armonizar eso con sus sentimientos, lo cual le llevaba tiempo y por eso, a pesar de verse continuamente, seguían dando vueltas sin concretar.

Después de leer esa historia Sasuke comprendió que ella apreciaba mucho más el mundo de los libros que el que los rodeaba, que allí había encontrado un refugio donde guarecerse del mundo real. Pero era justamente allí, en el mundo real, donde estaba él, donde la había conocido y donde la aguardaba, el lugar donde se había enamorado. Tenía que demostrarle que él podía ser un refugio mucho mejor, que él sería el único refugio que necesitase y que a su lado la realidad podía volverse menos ingrata.

-¿Entonces es eso lo que buscas: transformarte en un personaje de papel para vivir la vida que te hubiera gustado y no la que debes pelear cada día para poder sobrevivir?

-Sasuke-kun…

-¿Crees que así serás más feliz? ¿Crees que si de vez en cuando, leyendo, te olvidas de quién eres, todo será mucho más soportable?

-P-Por supuesto que no –dijo ella, ceñuda.

-¿Entonces?

-Los libros son el único lugar donde he encontrado algo bueno, es todo.

-¿Acaso no hay nada, pero nada bueno a tu alrededor? –replicó Sasuke, molesto-. ¿No ves a los niños divirtiéndose con sus padres, no ves la gente paseando, no acabas de disfrutar de una buena comida? ¿No puedes verme a mí?

Hinata se turbó. Lo que había empezado como una simple conversación de pronto se había transfigurado en una especie de acto de confesión, discusión y terapia que la sumió en un nuevo estado de conmoción. Entendía perfectamente lo que él decía, sobre todo lo que insinuaba, pero ese nuevo y abrupto blanqueo de sus intenciones la descolocó.

-¿Po-Podríamos hablar de esto d-después?

-No, lo haremos ahora –determinó Sasuke a pesar de la inconveniencia de las circunstancias-, creo que tengo algún derecho.

-Es difícil.

-Así lo ha sido desde el principio, ¿no? Puedo lidiar con ello.

-Es demasiado… ¿Por qué ahora? ¿Por qué aquí?

-Si no lo hablamos ahora más tarde será peor.

-¿T-Tiene que ser siempre en tus términos? –se indignó ella.

-Pues en los tuyos sólo damos vueltas en el mismo lugar.

Ahora los dos se miraban ofuscados. El clima se había enrarecido, el corazón de Hinata se había acelerado y empezó a sentirse terriblemente desencajada. Sin decir palabra se levantó, tomó su bolso y enfiló hacia la salida.

Sasuke maldijo por lo bajo. Permaneció algunos segundos sentado, dubitativo, irritado, hasta que al final se decidió a ir tras ella bajo el juramento mental de hacerlo por última vez. Aunque al igual que otras veces, desconfió de la credibilidad de ese compromiso.

La alcanzó frente a la vidriera de un comercio cercano.

-Lo siento –le dijo una vez que obtuvo su atención-, intentémoslo de nuevo pero sin discutir.

Hinata desvió la vista, afectada por la situación. Sin embargo, al notarlo más tranquilo, comenzó a sosegarse también. La gente trajinaba a su alrededor, por lo que caminaron un poco hasta hallar un sitio menos transitado para hablar. Lo último que quería era enemistarse con él.

-No lo has entendido, Sasuke-kun, no se trata sólo de los libros –empezó por aclarar.

-Explícamelo entonces.

-Es mi vida –dijo Hinata-, se trata del modo como he vivido hasta antes de conocerte. Hoy mismo, mientras me preparaba para salir contigo, me sentía una tonta por esforzarme tanto.

-¿Por qué?

-¡Porque nunca antes había necesitado ser así! Has aparecido tan de repente… Desde que me gradué nunca necesité de nadie, nunca me apoyé en nadie ni dependí de nadie más que de mí, ¿entiendes? En cambio ahora, si pasa un día sin que te vea… Porque no es que no te vea

Sin poder hallar palabras, Hinata se dio por vencida. Pero ya lo había dicho, lo dijo por fin, había logrado formular la verdadera índole de su vacilación.

Sasuke no necesitó más para entender y se sintió un idiota por haber olvidado lo fundamental. No era que fuese indecisa o desconfiada, tampoco se reducía todo a su miedo o a su inseguridad con respecto al futuro, sino que simplemente, y más allá de sus carencias, había estado viviendo por sí misma sin depender de nadie hasta el punto de desestimar cualquier búsqueda de pareja. Y allí radicaba el problema.

Lo supo hace tiempo, sólo que se concentró en otras cuestiones y relegó con negligencia la verdadera importancia del desafío: Hinata no lo necesitaba. Ella nunca buscó enamorarse, siempre tuvo otros intereses y conseguía concretarlos dentro de sus posibilidades sin pedir nada ni esperar el socorro ajeno. Era feliz con lo que tenía, sea poco o mucho, porque lo había conseguido por sí misma y en ese sentido era una mujer realizada.

¿Qué lugar podría ocupar un hombre en la vida de una mujer que había logrado sobrellevar su vida sin depender material ni afectivamente de nadie? Hinata no necesitaba nada ni lo necesitaba a él, hasta que se cruzó en su camino. Sin saberlo ni pretenderlo, al pasar a su lado rozó el tablero que venía confeccionando por sí misma y había hecho tambalear las piezas que con esfuerzo había logrado reunir. Sasuke era una mera contingencia en su acontecer.

Cierto, tal vez fuese el convidado de piedra… Sin embargo ese conocimiento, lejos de doblegarlo, hacía que la joven creciera en su admiración. Que Hinata no lo necesite lo enamoraba aún más, echaba luz en su camino y lo impelía a ir tras ella con mayor resolución todavía, porque no hacía más que confirmar la clase de mujer que era, la clase de mujer con la que se moría por estar.

Ahora venía lo más difícil: tenía que convencerla de que con él estaría aún mejor.

-Tú tampoco lo has entendido, Hyuuga –le dijo con resolución-. No preciso eso de ti ni pretendo que seas alguien más. Sólo quiero que seas tú. Si odias arreglarte, ¿para qué diablos lo hiciste?

Hinata guardó silencio, asombrada. A pesar de ser poco demostrativo Sasuke era una persona realmente noble, sin dobleces, y por eso lo escuchó segura de su sinceridad.

-No quiero que cambies, no quiero que seas una maldita heroína ni quiero que te transformes en un personaje de papel –continuó él-. Te he conocido en el mundo real y es en el mundo real donde quiero tener una relación contigo, por más desesperante y arduo que se torne a veces. Lo único que quiero es que me hagas un lugar en tu vida, en la vida que ya tienes, con la persona que ya eres. Me gustas desde antes de conocerte y conocerte sólo ha hecho que me gustes aún más.

Hinata lo miró con la boca abierta. Nunca nadie había sido tan franco, tan demoledoramente franco. Le estaban diciendo las cosas más bellas y honestas que le hubiesen dicho jamás, por un momento creyó que sucumbiría al llanto nuevamente debido a la presión que sentía en el corazón, aunque supo dominarse y soportarlo. Porque a veces lo bueno es lo más duro de asimilar.

También tendría que aprender a hacer eso entonces. Estaba demasiado emocionada para responder como debía, no obstante sus labios se movieron al proferir unas palabras que no supo contener ni de las que fue muy conciente. Pero Sasuke, pese al ruidoso trajín de la ciudad, había llegado a oírlas. Sólo al ver la alteración de su por lo general impertérrito semblante Hinata cayó en la cuenta de lo que había dicho: le confesó que lo amaba.

-o-

Más tarde, amparados en la penumbra del taller, se permitieron desahogar las emociones del día con besos vehementes, interminables. Cuando llegaron Hinata le preguntó evasivamente por una serie de tonterías y Sasuke fue lo suficientemente astuto para responderle que después de decir lo que dijera en plena calle ni soñase con salir ilesa. Entonces la arrinconó y la besó.

Le hizo el amor sobre la mesa antes que el tiempo hiciera de las suyas. Hinata le correspondió ya sin dudas, dichosa, desechando para siempre los recelos, dejándose envolver por una clase de amor que jamás creyó que pudiese conocer. Descubrió la calidez de Sasuke, su entrega, se permitió entrar en su mundo y ya no quiso alejarse de él.

Era el viernes 25 de abril, un día cálido a punto de llegar a su fin. No hay nada más atemorizante que la incertidumbre de lo por venir, y, por el contrario, nada más reconfortante que poseer una certeza, por más pequeña que sea. Cuando Hinata supo que lo amaba también supo que su vida podía ser mejor.