La saga de Crepúsculo pertenece a Setephanie Meyer.

Mi hermanastro

Resumen:

Tengo grabada su cara de fastidio en mi cabeza en el momento en que me vio. Realmente era un tipo frío y apartado de la sociedad, pero para mi mala suerte, era el hombre más guapo que había visto en mi vida; Mi hermanastro.


Antisocial y famoso

Nunca juzgues a un libro por su cubierta.

POV Edward

Suspiré derrotado, dejándome caer sobre mi cama. Eran más de las doce de la noche y aún no conseguía conciliar el sueño.

Todo era muy extraño, había aceptado la propuesta de Carlise, no sé por qué, yo era más feliz viviendo solo, no con otra persona yendo de aquí para allí, sin saber qué hacer o qué tocar.

Esa chica me ponía de los nervios, y lo peor de todo era, que no la podía dejar sola.

- Llévala a dónde ella te diga – me había dicho por teléfono y yo acepté, sin saber que eso era un gran problema.

Aún pensaba en Bella como la niña de trece años que conocí; una niña que necesitaba ser protegida, y que carecía de abrazos. Pero hoy al verla en el umbral de mi casa, había crecido, y ya no tenía apariencia de niña débil, parecía tener una fuerte barrera que la protegía de todo mal.

¿Sería cierto que ahora se protegía si misma?

Me moví, enfadado, en la cama mirando contra la pared, intentando dormir un poco; mañana debería llevar a mi nueva compañera de compras. Suspiré con enfado y me dejé llevar al mundo de los sueños.

Desperté maldiciéndome, por no haber bajado la persiana de mi habitación. El primer rayo de sol que había entrado, se había dirigido directamente a mi cara.

Me vestí, rápidamente, a sabiendas que dentro de poco tendría que llevar a Bella de compras.

Bajé a la cocina, y grata fue mi sorpresa, viéndola en pijama, charlando animadamente con Alice… ¿Alice? Que hacía ella aquí, en mi casa.

- ¡Edward! – bramó, poniéndose en pie.

- Alice, ¿Qué haces aquí? – pregunté confundido. Ella nunca viene a mi casa, sin avisar antes. Fruncí el ceño, al verla sonreír de forma angelical, algo me daba muy mala espina.

- Verás, hermanito – comenzó, sonriendo inocentemente – He llamado de buena mañana, y ha dado la casualidad que se a puesto Bella al teléfono, he preguntado por ti y me ha dicho que estabas durmiendo, y le he preguntado si tenía algo pensado que hacer y me a dicho que iría de compras contigo a Portland, ya que necesitaba no se qué para la universidad y…

- Si, que te quieres venir de compras, ¿Cierto? – pregunté, dejándola a mitad de su explicación.

- Que listo eres, Edward – dijo acercándose a mí, dando saltitos

- No vas a venir – vi por el rabillo del ojo, como Bella me miraba con confusión, y como Alice me miraba ceñuda.

- Tienes que dejarme ir – dijo dramáticamente.

- Si vienes con nosotros tardaremos todo el día en volver, y no me apetece ir de tienda e tienda para complacer tus caprichos.

Alice colocó sus manos en su rostro, tapándoselo, y dejó escapar un sollozo. Bella arrastró la silla, para levantarse e ir junto a ella, pero hablé antes de que ella cumpliera su acción.

- Esta bien, ven, pero deja de hacer el paripé – dije entre dientes.

Mi hermana, sacó sus manos de su rostro y se colgó de mi cuello, diciéndome cosas como "Eres el mejor, Edward" o "No estaremos mucho rato". Por supuesto que no íbamos a estar mucho rato, más siendo yo quien conducía.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Resoplé, al ver como Alice, cogía un montón de camisetas, vestidos y demás, y se lo pasaba a Bella que estaba dentro del vestidor, muriéndose de la vergüenza, al probarse cosas como aquellas.

- Usted, ¿Es Edward Cullen? – giré mi vista, y me encontré con tres chicas no más de quince años, sonriendo y con las mejillas sonrosadas.

- Si – contesté con sequedad, mientras me entregaban un bloc de hojas en blanco.

- Queremos su autógrafo, por favor – dijo la chica del medio, que parecía tener menos vergüenza que las otras dos.

Eso era lo que odiaba de mi trabajo, firmar autógrafos, día si, día también. Por eso a veces, prefería quedarme en casa.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

POV Bella

No podía ser cierto, me estaba probando un montón de ropa, y lo peor era que algunas prendas me gustaban como se apegaban a mi cuerpo. No se cómo, pero Alice tenía algo que me daba confianza a mi misma.

- Toma, Bella, pruébate esto también – dijo metiendo su cabeza en el vestidor y entregarme un vestido.

- A-Alice, creo que con esto bastara… - dije, algo cansada.

- P-Pero… - frunció los labios, y me miró con ojos cristalinos.

- Por hoy es suficiente, mejor, venimos otro día, ¿Si? – dije, intentando convencer a la pequeña Cullen.

Me entregó una gratificante sonrisa, y asintió con fuerza.

- Te tomo la palabra, Bella. Luego no me digas que no me dijiste nada – sonrió cogiendo todo lo que me iba a quedar – Voy a pagar – quise pararla antes de que pagara todo lo que iba a ser para mi, pero había desaparecido rápidamente.

Salimos de aquella tienda, con bastantes bolsas a cada mano, y las dos solas. Busqué con la mirada a Edward, ya que no lo veía por ninguna parte, y Alice pareció darse cuenta.

- ¿A quién buscas, Bella? – preguntó pícara.

- No, es que… ¿Dónde esta Edward? Pensé que vendría con nosotras – dije, volviendo mi vista al frente.

- Lo han llamado del trabajo. Tiene cosas que hacer. ¿Qué te parece si vamos a esa cafetería? – dijo señalando la pequeña cafetería que se veía al fondo del todo.

- Esta bien.

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POV Edward

Aparqué en mi plaza de siempre, dándome cuenta de que casi ningún coche había. Lo que me daba a entender, que aún casi todos los de la agencia aún estaban de vacaciones. Algo que yo también debería estar.

Solo es una urgencia, me dije, con tal de no volverme a meter en mi coche y huir de allí.

No odiaba mi trabajo, es más, tenía sus cosas buenas. Pero, si eran vacaciones, eran vacaciones, y no había más que hablar. Eso era algo que la gente parecía no entender.

Resoplé con resignación, antes de abrir la gran puerta de aquel gran edificio, el cual me tendrían preso durante bastantes horas.

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POV Bella

- ¡¿QUÉ?! – Grité alarmada – Trabaja de… ¿De modelo?

- De modelo, modelo, no. Hace algunos trabajillos de modelo en la televisión, y a veces promociona ropa o algún tipo de comida. Ah, y algunas veces, que son muy escasas sale en las pasarelas de modelos – acabó, mientras daba otro sorbo a su café.

- ¿Y Carlise lo sabe? Es decir nunca lo había comentado…

- Si que lo sabe. Y Renée creo que también – vaya, a si que era la única que no estaba enterada, me sentía totalmente absurda.

Realmente eso de que Renée no me contara nada me lo creía, porque era verdad. Lo que me dejaba aturdida era, ¿Cómo es que Edward, era famoso y muy querido por todos? Es decir, él era un maldito amargado, ¿Cómo podía ser famoso?

- ¿Te pasa algo, Bella? – preguntó, de repente, Alice, sacándome de mis pensamientos.

- ¿Eh? No es solo que no me lo esperaba, quiero decir Edward es… - no sabía con exactitud que palabra tenía que decir, ya que Alice era su hermana.

- ¿Amargado, no? No creo que Edward sea amargado. Quizá lo aparenta un poco pero…

- Alice, es un tipo realmente extraño, no quiero ofenderte porque sea tu hermano ni nada, pero, es una persona realmente… - comencé a buscar las palabras correctas, cuando la voz musical de Alice, hizo parara de buscar.

- ¿Tu cómo definirías a mi hermano? – preguntó colocando ambas manos debajo de su barbilla.

Me quedé mirando su bello rostro. ¿Cómo definiría a Edward…? Respiré hondo, y fijé mi vista en sus ojos.

- Yo lo definiría como alguien antisocial y famoso – mi hermanastra parpadeó varias veces seguidas, esos dos adjetivos eran opuestos, pero eran los que mejor le quedaban a Edward.

Justo cuando Alice iba a abrir la boca, su móvil sonó.

- ¿Si? Vale, vale, ahora salimos… Si… Hasta ahora – colgó su teléfono y me miró – Bella, mi hermano esta esperando a fuera con el coche, quiere que salgamos, que ya ha acabado de trabajar – asentí con la cabeza.

Pagamos la cuenta y nos fuimos de la cafetería. Salimos del centro comercial y vimos el Volvo de Edward delante de la entrada. Antes de que Alice abriera la puerta, me miró muy seria y pronunció, con el ceño ligeramente fruncido.

- Nunca juzgues a un libro por su cubierta, luego puedes lamentarte por el resto de tu vida. Piénsalo – y se introdujo en el asiento de atrás del coche.

Imité su acción, aturdida, sentándome en el asiento del copiloto. La frase de Alice sonaba en mi cabeza como un eco, mientras miraba sin ver el paisaje que se hallaba detrás de la ventana.

Cuando me quise dar cuenta, la casa de Edward se veía a lo lejos. Cuando llegamos, bajé del coche, y acto seguido bajó Alice.

- ¡Yo me voy para casa! – Bramó Alice, antes de que Edward pudiera abrir la puerta - ¡Nos vemos pronto, Bella! – Me abrazó y se acercó a mi oído – piensa en lo que te he dicho, ¿Si? – se separó de mi y me sonrió, guiñándome un ojo.

- Si – le aseguré, con otra sonrisa.

- ¡Adiós Edward! Nos vemos pronto – gritó antes de irse dando saltos hacía su coche.

Entré en casa, y cerré la puerta detrás de mi. Vi a Edward subir las escaleras y perderse por el pasillo, fruncí el ceño, definitivamente él era un antisocial, no había duda. Y de repente, la frase de Alice me vino a la cabeza como un rayo.

Nunca juzgues a un libro por su cubierta, luego puedes lamentarte por el resto de tu vida. Piénsalo.

¿Qué me había querido decir con esa frase? ¿Qué Edward no era ningún antisocial? ¿Qué podía sonreír? ¿Y por qué me tenía que lamentar toda mi vida por juzgar?

Esa frase no tenía ni pies ni cabeza, yo conocía a Edward y era un amargado antisocial, sin preocupaciones en la vida, ¡Y encima era famoso! ¿Cómo podía ser eso? Resoplé y subí las escaleras para dirigirme a mi habitación.

No se por qué, pero sentía que esa frase no me iba a traer nada bueno.


¡Hasta aquí el capítulo! Nada, espero que les haya gustado, y agradecer a las personas que me comentan, leen mi fic y lo ponen en alertas :)

Nos leemos en el próximo capítulo!

Reviews,,!!

Cuidenseee.!

Marinilla14