Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto

Hola, gracias por entrar n.n

Parece mentira pero después de éste sólo quedan cuatro capítulos más y se termina. Como decía hacia el final del capítulo anterior, el tiempo hace de las suyas y no hay modo de frenarlo.

Tal y como señalé la vez pasada, vuelvo a actualizar los miércoles por una cuestión de disponibilidad. Y por una cuestión de continuidad con respecto al final del anterior, el capi de hoy se presentará en orden inverso. ¿Creían que las citas se habían terminado? Pues nop, esto sigue hasta el 29, y debo confesar que me divertí mucho.

Quiero saludar a los anónimos kds, la lista de pretendientes continúa pero está por agotarse, gracias por seguir ahí! Julia, por lo visto sos de mi generación jejejeje. Sí, el capítulo salió bastante romántico, ya era hora de que todo quede perfectamente claro entre ellos. Muchas gracias por todas tus hermosas palabras y por el afecto de siempre n.n lizeth uchiha, me alegra que te haya gustado la historia. Sasuke salió muy perfectito comparado con la realidad, lo sé, pero soñar no cuesta nada XD Gracias por leer y comentar, espero que sigas disfrutándolo.

Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D


26 de abril

Shino


Hinata se removió en la cama, se desperezó y miró a su lado. Sasuke dormía. La embargó una serie de sentimientos indescriptibles, se tomó unos instantes para contemplarlo y saberlo cerca, para creer que un milagro de ese tipo había sido posible.

Luego miró la hora. Era media mañana y se preguntó si no debería despertarlo, ella no trabajaba los sábados pero el mecánico sí. Lo pensó mientras lo observaba y de nuevo se distrajo en la ensoñación de ese rostro adusto ahora dormido, pacífico, hasta que él mismo abrió los ojos de par en par.

-¿No pensabas despertarme? –preguntó, aún más despierto que ella-. ¿Pretendes retenerme en tu cama todo el día?

-¿D-Desde cuándo estás…?

-Desde hace un buen rato –confesó él, interiormente divertido por la culpable turbación de ella-. No eres la única fisgona por aquí.

-¡Sasuke-kun! –exclamó Hinata, más avergonzada que nunca, cubriéndose instintivamente hasta el mentón-. ¿Has estado e-espiándome?

-Ni que hubiera algo tan interesante para ver –la pinchó Sasuke al verla reaccionar de ese modo, y dio resultado, porque olvidando el pudor Hinata le clavó los ojos con inquina.

-P-Pues entonces vete –le dijo, irritada, y para dar el ejemplo, salió de la cama y comenzó a vestirse mientras Sasuke la miraba con las cejas levantadas-. Tú t-tienes que trabajar y yo t-tengo una cita esta tarde.

-¿Otra cita? –Sasuke, de mala gana, empezó a vestirse también. El buen humor con el que había amanecido se escapó por la ventana-. ¿Quién lo hubiera dicho? Eres la mujer más requerida que he conocido y justo he venido a enamorarme de ti –masculló mientras batallaba por desarrugar la camisa-. Eres como el personaje que tenía instalados a sus pretendientes en su propia casa… mientras su marido regresaba de la guerra… y tejía y destejía para distraerlos… maldita sea.

-Penélope.

-Ésa.

-A Penélope le tomó años deshacerse de sus pretendientes, Sasuke-kun.

-¿Debo considerarme afortunado por demorar un mes? –ironizó él.

Hinata no le hizo caso, su vanidad se inflamó deliciosamente gracias a los celos ajenos y era una sensación tan infrecuente que la disfrutó hasta el último segundo. Después agasajó a su invitado con un buen desayuno.

Mientras comían, en cómodo silencio, llegó el mensaje de texto de Ino con los datos de la cita nueva. Hinata leyó, respondió, recibió nuevos datos y finalmente envió la confirmación, todo ante la aparentemente despreocupada mirada de Sasuke, que en realidad no perdió detalle del intercambio. Porque aunque no los leyera, un enamorado que se precie de conocer hasta el dedillo los asuntos de su amada puede captar el contenido de sus mensajes con los rayos láser de sus meticulosos ojos mentales.

De todas formas se moría por saber más, por sonsacar, por disparar una ironía y por boicotear redondamente esa absurda salida –incluso pensó en decirle algo que le provoque tartamudear por el resto del día de modo que el tipo que se reúna con ella se desencante rápido y desista-, pero al final se obligó a mantenerse digno. Era una de las últimas citas, por lo que prefirió contenerse y masticar su tostada como si nada ocurriera, aunque por dentro estuviese cortando clavos.

-o-

Shino era demasiado… enigmático. Llevaba gafas oscuras, un gorro que le cubría hasta las orejas y un abrigo de cuello tan alto que Hinata apenas lograba visualizar algún que otro rasgo de su rostro cuando gesticulaba al hablar, si es que lo hacía. Una de dos: o era un agente secreto encubierto o era el criminal más buscado del mundo.

-¿Mi forma de vestir te incomoda? –le preguntó de pronto él, preocupado.

-No, para nada, Shino-kun –se apresuró a aclarar ella sonriendo con nerviosismo.

-La gente suele asustarse, o sospechar… si es que me registra.

-¿A qué te refieres?

Shino suspiró tristemente antes de responder.

-Soy una persona de bajo perfil.

-¿Y qué tiene eso de malo?

-Que los demás suelen olvidarme.

Entonces empezó el desahogo. Shino era el eterno postergado, el relegado, el que existía sin que nadie se diese por enterado de la novedad. Como el último alumno de la fila, cómo el último oficinista del piso, como el último orejón del tarro, Shino se consideraba un proscrito dentro de su propia ciudad.

Asombrada, y un poco apenada por él, Hinata trató de sustraerlo de ese tipo de pensamientos. Sin embargo, fracasó estrepitosamente. Shino creía que las personas lo miraban sin verlo, lo oían sin escucharlo y lo trataban sin saber quién era en realidad, ignorantes de su rol en la tierra. En su móvil, la reducida agenda contaba apenas con los números telefónicos de su padre, su hermano, un primo, su jefe y la señora de la limpieza.

-Ino es la única chica que me aceptó entre sus amistades –terminó por decir, sombrío.

A Hinata no le sorprendió ni medio, y a continuación sintió remordimientos por pensar así. Shino era un chico muy sensible y tal vez mereciera ese codiciado "like" de Facebook más que nadie.

-A Ino le encanta hacer amigos.

-¿Tienes Facebook?

-En realidad no –confesó ella, cohibida como cada vez que se lo preguntaban-. P-Pero podría abrir una cuenta pronto.

-Tal vez me recuerdes y quieras aceptarme también.

-Seguro que sí –dijo ella con dulzura, porque en ese momento Shino le pareció un niño solitario necesitado de afecto… y de que alguien lo perciba.

En parte Hinata se identificó con él al recordar sus años mozos en la escuela, cuando nadie la invitaba a jugar. Hubiera querido rescatarlo de esas zozobras existenciales, pero era la menos indicada para hacerlo, en parte porque ya lo había superado y en parte porque el chico, a pesar de la espontánea confesión del constante desaire colectivo que padecía, parecía ciertamente resignado.

Durante el tiempo que duró la cita, procuró hacerlo sentir interesante, simpático y especial. Y también le pidió su número telefónico, para que cuando vuelva a sentirse un desterrado la llamase y así poder ofrecerle con su atención el pase que lo devuelva al universo social.