La saga de Crepúsculo pertenece a Stephanie Meyer.
Mi hermanastro
Resumen:
Tengo grabada su cara de fastidio en mi cabeza en el momento en que me vio. Realmente era un tipo frío y apartado de la sociedad, pero para mi mala suerte, era el hombre más guapo que había visto en mi vida; Mi hermanastro.
Ignorada
Atiende a las cosas pequeñas, a veces pueden ser una gran pista.
Varios días antes de empezar la universidad, observaba a Edward e intentaba leer sus ojos, que en ellos, lo único que se podía descifrar, era indiferencia. Llevaba días ignorándome por completo; podría desaparecer y él ni si quiera se daría cuenta. Y eso de alguna u otra manera, me frustraba.
La frase que me había dicho Alice, resonaba en mi cabeza, como un reloj, cada vez que pensaba que Edward era un total amargado. Y quizá la curiosidad o alguna otra cosa, me obligaba a saber cosas de él.
Suspiré por quinta vez, cambiando de canal, en el mismo momento en que sentía la puerta de la entrada cerrarse, y a los minutos escuchar el rugido de su coche. Me asomé a la ventana del comedor y lo vi perderse por la calle, luciendo su Volvo. Sonreí, esta era mi oportunidad.
Y como sabía que Edward no me contaría nada voluntariamente, a no ser que le metiera pastillas en el café, y eso no estaba en mis planes. Sé que estaba mal, pero la curiosidad me estaba matando, necesitaba saber que rondaba por su cabeza.
Abrí con cuidado, la puerta de su habitación, y me quedé maravillada, jamás la hubiese imaginado así; estaba muy iluminada, tenía una cama al lado de la ventana, un gran escritorio, ordenado, un armario, ocupando casi toda una pared, y varias fotos en los estantes. Entré caminando lentamente, y deslicé un dedo por su escritorio. Observé, alucinada, su habitación.
Abrí los pequeños cajones del escritorio de Edward, viéndolos completamente ordenados. Rebusqué con la mirada, y me dirigí a su armario, cuando lo abrí, me quedé con la boca semiabierta. Tenía bastante ropa, de hombre y de mujer. Entrecerré mis ojos, ¿Qué significaba…? A caso, Edward tendría otra vida, la cual todos desconocíamos… Negué con la cabeza, eso era algo imposible. ¡Por Dios! ¿Edward de mujer? Cerré el armario, apartando esas absurdas ideas de mi cabeza.
Mi vista se dirigió a donde se hallaban todas las fotos, y las observé con cuidado, cuando una en especial me llamó la atención, estiré el brazo, haciendo gala de mi torpeza, que cuando cogí la foto tiré otra que no estaba al alcance de la vista. Me agaché y la cogí, mis labios se separaron levemente, al ver a Edward sonriendo, sonriendo de verdad, con una mujer rubia con el pelo rojizo a su lado, abrazándolo. ¿Por qué esta foto no esta enmarcada cómo las demás?, la observé con más detenimiento, esa chica era hermosa, ¿Sería su novia? Quizá toda la ropa del armario sea de ella... Esa teoría era más lógica que la segunda vida de Edward como mujer.
Y entonces, sacándome de mi trance, alguien me cogió del brazo y me alzó, ya que aún estaba inclinada con la foto entre mis manos. Mi corazón se aceleró y cerré los ojos con miedo, esperando a que Edward me gritara y me dijera de todo, pero no escuché nada, solo un pequeño suspiro.
- Bella, ¿Qué haces en la habitación de Edward? – preguntó suavemente, cogiendo la foto de entre mis manos que apretaba fuertemente.
Me alivió cuando escuché la voz de Alice, llegar a mis oídos, y abrí los ojos confusa, ¿Qué hacía ella allí? Fijé mis ojos en la cara de mi hermanastra que, ahora, miraban la foto de Edward y la mujer. Suspiró y frunció el ceño. Para fijar su vista en mí.
- ¿Y bien? – preguntó, con cierto sentimiento de tristeza en sus ojos.
- L-Lo siento… Es que… Lo que me dijiste el otro día, me llevaba bastante tiempo rondando por la cabeza, y como sabía que Edward no me diría nada, pensé en… - no pude acabar, ya que ella la completó por mi.
- Pensaste en mirar por su habitación, haber si encontrabas algo, ¿No? – Alzó la foto y la puso delante de mí – Y tal parece, que lo has encontrado… - dijo con su frente poblada de arrugas.
Bajé la vista al suelo y murmuré un "Lo siento". Suspiró, cogiéndome de la muñeca y sacándome de la habitación, cerrando la puerta tras nosotras.
- Bella, no vuelvas a entrar en su habitación, si te llegara a pillar… - no terminó la frase, pero supuse que algo terrible me pasaría. No conocía la furia de Edward, y tampoco me apetecía tentarla. Asentí quedamente, dando mi palabra de que no entraría en ella nunca más.
- Pero, ¿Cómo voy a saber cosas de él, si se dedica a ignorarme? Me siento ignorada – expuse algo frustrada, y con el ceño levemente fruncido. Alice soltó una pequeña risita y se acercó a mí.
- Tranquila, ya lo sabrás – mi frente se pobló de arrugas, e hice un mohín de enfado. Lo que le causó más gracia.
- Por cierto, Alice, ¿Quién es la chica de la foto? – pregunté, la vi ponerse un poco tensa, y al momento comenzó a bajar las escaleras, conmigo pisándole los talones.
- Yo en realidad, había venido porque Edward me había pedido que le cogiera unos papeles que estaban en la cocina… - entró en la cocina, dándome cuenta de que no me diría nada.
- Lo he pillado Alice, no me vas a contar nada – dije alzando la mano y dirigiéndome otra vez al sofá.
- No es por qué yo quiera, pero no soy la más indicada. Es decir, no es un tema en el que se centre en mi, técnicamente - la miré un momento y ella me sonrió - ¿Mañana empiezas la universidad, no? – Asentí – Que te vaya bien – me dio un abrazo, y desapareció por la puerta.
Me dejé caer en el sofá, apoyé mi cabeza en el reposa brazos, estirándome, cogí la manta y me tapé con ella, mirando sin ver la televisión.
Cada vez el misterio que envolvía a Edward me traía con más ansias de saber la verdad, y sabía que iba a ser muy difícil, pero la curiosidad me ganaba cada vez que pensaba en ello. Y poco a poco, con la imagen de Edward en mi cabeza, me dormí en el sofá con la televisión encendida.
En el momento en que mi sueño, se había tornado una pesadilla, en el que corría por las calles de Phoenix, viendo como a lo lejos, tirado en el suelo, el cuerpo de Edward, cuando lo alcancé me coloqué a su lado mientras lloraba en su pecho, diciendo repetidamente "Es culpa mía". Comencé a sentir que alguien me zarandeaba, y decía mi nombre varias veces.
- Bella… Bella… - abrí los ojos, y vi el rostro, indiferente, de Edward a centímetros del mío, con el ceño levemente fruncido – Es solo un sueño.
Me incorporé en el sofá, viendo a Edward, aún, levemente inclinado hacia mí. Y en un momento desesperado, lo abracé.
- ¡Estás vivo! – Exclamé, pude sentir como su cuerpo se tensaba al momento, y apartaba los brazos de su cuerpo y los dejaba volando, lejos de mi cuerpo. Al instante de darme cuenta de lo que hacia me separé, sonrojándome violentamente - ¡Lo siento! Es que…
- No importa – dijo, levantándose del todo, y yéndose del comedor con el ceño fruncido.
Respiré varias veces, y puse una mano en mi acelerado corazón. No sabía si era por la pesadilla, que había pasado mucho miedo o por haberle abrazado, y aunque me costase admitirlo, las dos cosas estaban alrededor de Edward.
Esa noche no dormí mucho, y cuando mi despertador sonó, me insulté a mi misma, ya que, era mi primer día de universidad e iría con unas marcadas ojeras, lo que me obligó a ponerme maquillaje, muy a mi pesar.
Cuando entré en la cocina, el desayuno estaba puesto, y Edward estaba sentado en la mesa desayunando, fijando su vista en la televisión. Me senté enfrente de él, y comencé a untarme una tostada con mantequilla, algo nerviosa.
- Cuando estés lista, me avisas, te llevaré a la universidad – escuchar su voz me sobresaltó y le miré, aunque él no tuviera sus ojos verdes fijos en mi, podía escuchar mi corazón latiendo frenéticamente.
- De acuerdo – murmuré, mientras me acababa mi tostada.
Diez minutos después, el Volvo arrancaba del garaje, mientras lo único que podía escuchar era mi corazón. Mis manos estaban fijas en mis rodillas, y mis ojos estaban mirando mi regazo, obligándome a mi misma por recobrar la compostura.
- ¿C-Cuánto se tarda en llegar a la… universidad? – pregunté, alzando, valientemente, los ojos de mi regazo y poniéndolos en su hermoso rostro.
Pareció meditar su respuesta durante un rato, para luego relajar su cara, y mirarme por el rabillo del ojo.
- Unos veinte minutos más o menos – dijo, queriendo cortar la conversación, ¿Qué le había echo, yo a Edward Cullen para que me tratara de esta manera? Fijé mi vista al exterior de la ventanilla, apoyando mi cabeza en el asiento, y observando a la gente andar, con sus bolsos o maletines.
Cuando aturó el coche, delante de una gran explanada, donde a lo lejos se veía un gran edificio, que parecía bastante grande.
- ¿A qué hora sales? – preguntó, sin fijar su vista en mi.
- A las dos y media – dije, desabrochándome el cinturón, y abriendo la puerta del coche.
- Estaré aquí a esa hora – escuché decir, mientras arrancaba, sin darme tiempo a responderle. Estúpido, pensé, dándome la vuelta y yendo a la pequeña oficina para que me indicara a dónde tenía que ir.
Entré en la clase que me habían asignado, y me puse en el único sitio que había libre, al lado de un chico, que parecía muy entretenido leyendo un libro, me dediqué un momento para observarlo, es guapo, pero no tanto como Edward. Me abofeteé mentalmente ante tal pensamiento, ¿Qué diablos me pasaba? Es solo mi hermanastro, ¡Familia!, no sé que expresión debía tener en ese momento ya que el chico que estaba a mi lado, levantó la mirada de su libro y, estuvo largo rato mirándome, interesado.
- Hola – me saludó, haciéndome dar un pequeño bote, mi compañero ahogo una risa, ante mi reacción – soy Tony – se presentó, regalándome una sonrisa.
- Yo soy Bella – le dije, devolviéndole la sonrisa.
- ¿Eres nueva? – se aventuró a preguntar.
- ¿Tanto se nota? – respondí, con otra pregunta, desviando la mirada.
- Un poco… - dijo, cuando iba a agregar algo más, el profesor entró por la puerta, y clavamos su mirada en él.
El primer día, todos los profesores se dedicaron a hablar sobre como será el programa del curso, y más cosas de las que no estuve muy atenta. No nos mandaron nada de deberes, por ser el primer día, y entablé amistad con Tony, que era bastante simpático. La profesora que teníamos a última hora, parecía bastante amable, y nos dejó salir diez minutos antes.
Salí de la universidad junto con Tony, que no paraba de hablar sobre su familia, estudios, su vida; haciéndome reír sobre algunas tonterías que decía. Me paré, apoyándome contra una farola, mientras mi nuevo amigo me miraba con una ceja levantada.
- ¿No te vas? – preguntó, extrañado.
- He de esperar a que venga mi hermanastro a buscarme – le expliqué.
- Oh, entonces me quedo contigo. Total tengo mi coche aparcado a cerca – me intenté negar a que se esperara conmigo, pero él insistió – y dime, ¿Cómo que no tienes coche? – Le sonreí, y le comencé a explicar que yo no era de aquí y que vivía temporalmente con Edward y mi coche se había quedado en Phoenix.
- ¿Y te cae bien tu hermanastro? – preguntó con una sonrisa, pintada en los labios.
- La verdad, nunca lo he pensado… Tiene un carácter demasiado suyo. Y parece que tenga un mundo personal, y prohíba entrar a gente nueva en él… - le expliqué con la vista en el suelo.
Estuvimos un rato en silencio, cuando la bocina de un coche nos alertó, alcé la vista y vi el Volvo plateado aparcado en la cera.
- Bueno, ya han venido a buscarme, nos vemos mañana, ¿Si? – Tony asintió, mientras se despedía de mí con la mano. Y yo me dirigía al coche.
Cuando estuve dentro del coche, dejé mi mochila, en mis pies, colocándome el cinturón de seguridad, mientras contemplaba por la ventana el paisaje. Iba un poco más contenta que esta mañana, se me hacía muy difícil hacer amigos, pero con Tony había sido sencillo, y me alegraba por ello.
- ¿Has salido antes? – la voz de Edward, me hizo dar un pequeño bote. Y dirigí mi vista a él.
- Si… - contesté contemplando su expresión, que era, indiferente. Volví mi vista al paisaje de a fuera, sintiendo, otra vez, mi estúpido corazón latir.
Miré a Edward de reojo, y me acordé de la foto, él sonriendo, una sonrisa de verdad. Una sonrisa que, por supuesto, yo no había visto nunca. Realmente, ¿Él podía sonreír? Y esa chica, ¿Sería su novia? ¿Sería de muy cotilla preguntarle?, quizá solo se pasaría otra semana ignorándome por la dichosa pregunta. Abrí la boca, y la cerré inmediatamente, apretándola fuertemente, y volví mi vista a la ventanilla. No me apetecía estar otra semana, sintiéndome ignorada, y como una intrusa en su casa.
Cuando llegamos a su casa, y aparcó el coche. Mientras me estaba quitando el cinturón, su voz aterciopelada, habló.
- Hay visita en casa, supongo que estarás contenta… - dijo, algo confuso, como si no supiera que palabra escoger, ¿Qué sé yo? ¡Se me hacía muy difícil saber que pensaba Edward Cullen!
- ¿Vas a bajar del coche? – preguntó, algo molesto, desde fuera del coche. Bajé rápidamente, siguiéndole un paso por detrás. Nada más abrir la puerta de la casa, vi a cuatro personas esperando en el recibidor.
- ¡Bella! – y un gran abrazo de oso recibí.
¡Oh, si! Sabía perfectamente quien había de visita en la casa de Edward.
Hasta aquí el capítulo. Lo quise subir ayer, pero tuve problemas; tenía que arreglar un par de coss del capítulo, y mi hermano apagó el ordenador y me prohibió encenderlo. El próximo capítulo intentaré subirlo antes!
Y agradezco a todas las personas que me dejan sus comentarios y, pierden su tiempo leyendo mi fic :)
Reviews,,!
Cuidensee.!
Marinilla14
