Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto
Hola, gracias por entrar n.n
El presente es mi capítulo favorito. Y por si no han reparado aún en el detalle, la próxima actualización será el miércoles 1 de abril. Quienes seguimos solteras -o sueltas XD- tenemos una semana para ir predisponiendo nuestro corazón. Tal vez este sea nuestro abril y podamos enamorarnos.
Y después de esta cursilería, paso a saludar y agradecer a los anónimos Dark Amy-chan, falta poco y se termina, ¡echaremos de menos tanta cita! XD lizeth uchiha, el asunto con Shino es que, aunque conozca personas, ¡las personas no lo conocen a él! XD mariavictoriasa, me alegra que te haya gustado, sos muy afectuosa y amable, espero que la lectura te depare lindos momentos n.n Julia, coincido, Shino es un personaje muy querible precisamente por este rasgo de sus relaciones sociales XD Tampoco puedo creer que se esté por terminar :'(
Gracias a todos por leer y por seguir leyendo, por comentar una o muchas veces o por leer desde las sombras. Disculpen por los fallos que puedan encontrar :D
27 de abril
Suigetsu
Otro chico extraño y van… Hinata suspiró con resignación cuando lo vio entrar por la puerta del café de evidente malhumor, cuando corrió la silla de forma brusca y se sentó a escrutar su rostro con muy poco disimulo.
-¿Eres Hinata? –le preguntó después de unos interminables instantes de desconcierto-. No eres tan bonita como en la fotografía que me envió Ino.
Lo primero que pasó por la mente de Hinata, antes de ofenderse por su descaro, fue reclamarle a su amiga por esa inapropiada difusión de su imagen, la cual nunca autorizó. Precisamente por eso era que no tenía Facebook todavía, recordó.
-¿Eres Suigetsu? –replicó, tratando de no dejarse amilanar.
-El mismo. ¿Quieres ordenar algo? A mí me da igual.
Hinata no lo podía creer.
-Entonces a mí t-también –repuso, entre estupefacta e indignada por esa insólita forma de ser.
Sasuke podía sentirse afortunado, el sujeto le resultó francamente espeluznante. Suigetsu no sólo era descarado, sino también frívolo, desagradable y muy poco amable. Lo lógico hubiese sido que se presente de forma espontánea y educada, pero seguía examinándola como si fuese un bicho en exposición.
-Habla –le pidió él, aunque más parecía una orden.
La joven se le quedó mirando con perplejidad. Después, haciendo un esfuerzo, procuró disimular su azoramiento balbuceando algunos datos sobre su vida, aquellos que consideró más triviales y menos comprometedores. Suigetsu no le inspiraba ni pizca de confianza, y como en otras ocasiones, empezó a pensar en una excusa para liberarse pronto del compromiso.
Después de escucharla, el tipo bufó.
-No eres tan interesante.
-¿D-Disculpa?
-Eres insulsa –se quejó él, visiblemente decepcionado.
-¿C-C…?
-Y para nada bonita –se impuso Suigetsu, que no le tenía mucha tolerancia a la tartamudez-. Ino nunca me ha presentado una chica que valiese la pena.
Ese grosero, ese desvergonzado, ¡ese irrespetuoso bocón de mirada alienada y malos modales se atrevía a decirle en la cara y sin comedimientos que no era ni interesante ni bonita! ¿Podía ser posible? ¿Podía ocurrir que la tortilla se diese vuelta en el aire y que ahora fuese ella la rara para una persona… una persona que no era Sasuke? Por una vez a lo largo de esa serie de heterogéneas citas, ¿podía ser ella la que generase una mala impresión?
Suigetsu la miraba como si fuera un prospecto defectuoso de mujer. Hinata se sintió herida en su amor propio. Sasuke venía haciendo un gran trabajo con su autoestima, un trabajo de hormiga, y de repente un advenedizo maleducado caído de cualquier parte, ¡pregonaba que era insulsa! Hinata empezó a recorrer el nefasto derrotero de la depresión.
El otro se quedó un rato tamborileando los dedos sobre la mesa, impaciente. Era evidente que esa cita no iba a ninguna parte y pronto tomó la iniciativa de despedirse.
-Bueno, supongo que es un adiós –dijo encogiéndose de hombros. Y luego se marchó.
A Hinata se le arrugó la cara por el esfuerzo que hizo para evitar lagrimear. Había sido rechazada.
-o-
Muy poca gente circulaba por la calle, el pasaje lucía inusualmente silencioso. El único ruido que se escuchaba era el indefinible sonido de las herramientas con las que el mecánico estaba operando en ese momento desde su taller y Hinata, en medio de su vapuleado estado de ánimo, se sintió reconfortada con aquella familiaridad.
Antes de que pudiese entender lo que hacía, se vio golpeando la persiana metálica para que le abriera. El taller estaba cerrado, pero él trabajaba igual.
-¿No tenías una cita? –le preguntó Sasuke una vez que entró.
-La tuve –corroboró Hinata.
-¿Y cómo te ha ido?
Hinata se le echó al cuello con dramatismo.
-¡Fui rechazada! –exclamó con desconsuelo.
Sasuke quedó perplejo. ¿Quién sería el desgraciado que se atrevía a rechazar a su novia? Luego, más centrado, no supo si reírse de ello, regañarla, ofrecerle un consuelo –en este punto se sintió bastante estúpido- o ir a buscar al sujeto que desdeñó a la chica que amaba para romperle la cara por idiota.
Al final se decidió por… aprovecharse. La estrechó con fuerza, contento de verla, interiormente aliviado por ese nuevo fracaso amoroso.
-No sabe de lo que se pierde –terminó por decir.
-Tampoco le importaba –gimoteó ella con la cara enterrada en el hueco de su cuello.
-¿Debería darle una paliza? -Hinata negó con la cabeza-. ¿Deberíamos simplemente tachar el día y olvidar al sujeto? –Ahora Hinata asintió con lentitud-. Esa es mi chica.
Esas pocas palabras bastaron para rescatar a Hinata de la fosa derrotista en la que había caído. Le impresionó la facilidad con la que Sasuke podía hacerle sentir mejor y el acierto con el que juzgaba siempre la situación, y rogó por conservarlo a su lado durante un largo tiempo.
Jamás lo había pensado desde el punto de vista contrario detenidamente, el hecho de que podía ser ella quien resultase insuficiente para alguien, o poco atrayente, o directamente impensable. Las palabras de Suigetsu le recordaron que de por sí no tenía nada especial ni era mejor que nadie, sino que era una mujer vulgar y silvestre.
Sólo la mirada de Sasuke la había hecho especial. Que la busque, que la vea, que la elija y que la reciba con los brazos abiertos la volvía única, mejor y necesaria, la convertía en alguien importante para él y a él en alguien importante para ella. A nadie te pareces desde que yo te amo, decía un verso de Neruda, y ahora podía entender la idea en su cabal dimensión.
Para Suigetsu siempre sería una de tantas, pero para Sasuke siempre sería Hinata.
-¿Quieres que te prepare un plato de espagueti? –le preguntó él luego de unos instantes al ver que persistía en su melancolía.
Hinata emergió de las sombras con la cara transformada.
-¿Con salsa boloñesa? –se ilusionó.
-Con salsa boloñesa –accedió Sasuke, quien sospechó que ahora se aprovechaban de él.
La joven accedió encantada. Después de cerrar el taller, cruzaron hasta el apartamento para preparar la cena y disfrutarla con mayor comodidad.
Lo dicho: mi cita favorita. Es la HISTORIA DE MI VIDA jajajajajaj! Nah, no es para tanto.
