La saga de Crepúsculo pertenece a Stephanie Meyer.

Mi hermanastro

Resumen:

Tengo grabada su cara de fastidio en mi cabeza en el momento en que me vio. Realmente era un tipo frío y apartado de la sociedad, pero para mi mala suerte, era el hombre más guapo que había visto en mi vida; Mi hermanastro.


Preocupación y ternura

Después de volver a tocar el suelo con mis pies, me abracé a Rosalie, que me correspondió algo frío; tal y como la recordaba, y luego a Jasper, que como en mi mente respecta, él siempre me había dado una gran paz, y estar cerca de él, me era imposible ponerme nerviosa, tenía un aura algo especial.

- Os dije que ahora estaba mucho más bonita – dijo con orgullo Alice, lo que me hizo sonrojar.

- Y no te lo negamos – susurró Jasper, al oído de su novia. Alice sonrió, mientras pasábamos al salón-comedor, donde nos sentamos, y comenzó a preguntarme sobre mi primer día en la universidad.

- ¿Cómo te ha ido? ¿Hay algún chico que te guste? – preguntó, con sus ojos brillando, esperando mis respuestas.

- Bueno, me ha ido bien – me rasqué la frente, y pasé mi vista por todas las personas que estaban allí – y he conocido a un chico, pero no me gusta – aclaré lo más rápido posible, mientras Emmett, al otro lado del sofá, hacía ruiditos con la boca.

- ¿Y cómo se llama? – preguntó, esta vez, Rosalie.

- T-Tony – me estaba sintiendo un poco nerviosa, teniendo todos los ojos sobre mí, poniendo máxima atención en mis palabras.

- Tony y Bella, queda bien – murmuró Rosalie para si misma, mientras le fruncía el ceño, descontenta.

- ¿Y cómo es? ¿Alto? ¿Guapo? ¿Delgado? ¿Musculoso? – preguntó, sin respirar, Alice, poniéndose al filo del sofá.

- Eh… - ¿Qué debía responder yo? Tony era guapo, no lo negaba, pero en cuanto lo diga, Emmett y su hermana me acorralarían con sus preguntas, y con un poquito de suerte Rosalie se acoplaría a ellos – Es bajito, regordete, y con gafas – apreté los dientes, recordando a Tony, que era todo lo opuesto a lo que había dicho.

Alice soltó un sonoro suspiro, y se apoyó en el respaldo del sofá, murmurando cosas sin sentido.

Después de ese pequeño "interrogatorio", estuvimos hablando sobre cómo les iban las cosas en su trabajo, su vida, y todo, en los último años que no habíamos hablado, ni si quiera un poco. Cuando oscureció un poco, mis hermanastros decidieron que era hora de irse, me despedí de ellos con un abrazo y un "Nos veremos pronto".

La casa había estado, hace unos segundos, en ruido total, y ahora, lo único que podía escuchar era mi respiración. Antes de acostarme, cené alguna cosa, para no ir con el estómago vacío a la cama.

Cuando estaba limpiando los cubiertos y el plato que había utilizado, apareció Edward en la cocina, buscando algo en la nevera. Cabe decir, que sentía mi corazón latir rápidamente dentro de mi pecho. ¿Para que crearon las camisetas? Mi querido hermanastro, iba enseñando su torso, lo que me hizo ponerme más torpe de costumbre, y tuve que pensar en frío, y no mienten cuando dicen que sirve mucho pensar en frío. Salí disparada de la cocina, murmurando un "Buenas noches" que dudo que lo hubiera oído. Y me encerré en mi cuarto. Dormir eso era lo que debía hacer, y dejar de pensar en hermanastros guapos y con torsos perfectos y… Basta, a dormir. Me eché en mi cama, tapándome hasta la cabeza.

Los siguientes días, no habían variado, él me llevaba a la universidad, sin decir palabra, me encontraba con Tony, el cual se ponía cada vez nervioso que veía el Volvo de Edward, y jamás me contestaba el por qué `ya lo sabrás me decía´ y yo le creía. Con quien más contacto tenía era con Alice, que me obligaba a salir con ella, Jasper de vez en cuando venía con su novia a casa de Edward. Emmett se pasaba algunos días para hacerme visita y que no me sintiera "sola" al estar con alguien que que te ignoraba todo el tiempo. Y Rosalie, algunas veces, hacía salidas conmigo y Alice al centro comercial.

Había pasado casi un mes desde que llegué, y la frase más larga que había surcado, desde entonces, de los labios de Edward, había sido, "Llama a tu madre, que necesitaba hablar contigo. Dijo que era urgente", sabía que no era muy amigo de las palabras y conversaciones con la gente, pero lo suyo era demasiado.

Me estiré en la cama, contenta, ya que ayer por la tarde estuve trabajando en un proyecto y lo tenía casi listo. Hoy, las dos últimas horas, no las dejaban libres para continuar allí el proyecto. Me duché y, luego, me vestí en mi habitación, por si mi hermanastro quería utilizar el baño. Repasé el interior de mi mochila por si se me olvidaba algo, cuando escuché el timbre sonar de repente, no le presté atenció, hasta que me di cuenta de nadie abría.

Cogí mi mochila, colgándola en un hombro y abrí la puerta de mi habitación, descendí lentamente las escaleras, Edward no estaba en la puerta. Cuando mi vista se fijó en el cuerpo que yacía en el sofá, durmiendo. Me quedé a los pies de la escalera, pero su cuerpo no se movía. Suspiré con algo de cansancio, me había prohibido abrir la puerta sin su permiso, pero, me daba lastima despertarle. Dejé mi mochila en el suelo y me acerqué a la puerta.

La abrí con lentitud, fijándome en la verja que estaba abierta, ¿A Edward se le a olvidado cerrarla? Imposible, estaba algo aturdida, cuando el hombre, que rondaba los cuarenta años, carraspeó y estiró su mano, presentándose.

- Hola, soy Mark Greix – estiré mi mano, y la estreché con la suya.

- Bella Cullen – Le respondí. Aunque pasaran más años, jamás me acostumbraría a ese apellido, antes de que mi madre se casara con Carlisle mi apellido era Swan y me gustaba, pero cuando se casó, mi apellido también cambió, no me agradaba la idea, pero no me opuse - ¿Desea algo? – pregunté, volviendo mi mano al picaporte de la puerta, ésta estaba mínimamente abierta, solamente para que mi cuerpo se viera, ocultando el interior de la casa.

- ¿Esta el Sr. Cullen? – preguntó, alzándose las gafas.

- Eh… En este momento no está disponible – fijé mi vista en sus ojos escondidos tras las gafas - ¿Quiere que le deje algún recado?

- Muy amable, señorita, pero no. Comprendo porque el Sr. Cullen no quiera ir – dijo, estudiándome con la mirada.

- ¿Disculpe? – pregunté algo molesta con su mirada sobre mi cuerpo.

- ¿No se lo ha contado? – Me encogí de hombros – Soy su representante, y le ofrecieron un puesto de trabajo fuera de Forks, pagándole todos los lujos, y multiplicándole el salario, pero se negó – se volvió a subir las gafas – dijo que ahora no le interesaba, que quizá más adelante. Y ya veo su por qué… - dijo, aflojándose el nudo de la corbata.

- Oh - no entendí muy bien lo que me quiso decir ese hombre, solo quería que se fuera ya, ese hombre. Su mirada en mi cuerpo no me agradaba en lo más mínimo - esta bien. Le diré que ha estado aquí. Hasta luego.

- Que pase un buen día, señorita – cerré la puerta en sus narices, sintiendo como el tal Mark cerraba la verja y, supuse, que se iba. Me resultó algo extraño que ese hombre viniera tan temprano a su casa, en fin, quizá no tenía otra cosa que hacer el representante de Edward.

Suspiré, Ahora me reñirá por haber abierto la puerta sin su permiso, y volverá a ignorarme, más aún, pensé con desagrado. Me dirigí al salón-comedor, donde el sofá más grande estaba ocupado por él, en su camisa tenía los dos botones de arriba abiertos, sus piernas cubiertas con una manta ocupando casi todo el sofá, un brazo reposaba en su frente, cubriendo parte de su rostro, mientras el otro reposaba en su barriga.

Me arrodillé, acercándome más a él, y hasta entonces no me di cuenta, que su respiración era irregular, y lo único visible de su rostro, estaba surcado en sudor, mientras su boca estaba entre abierta cogiendo y expulsando aire. Posicioné mis manos en su cuerpo y lo balanceé levemente.

- Edward, Edward, ¿Estás despierto? – me incliné sobre él. Mientras soltaba un gruñido, y bajaba el brazo de su rostro, para fijarse en mí, con los ojos entrecerrados – tienes un aspecto horrible – supuse que quiso decir algún sarcasmo, pero sus fuerzas lo habían abandonado.

Coloqué mi frente en la suya, comprobando que si tenía fiebre.

- Estás ardiendo – dije, algo alarmada.

Fui a la cocina, cogí un paño, llené un cubo de agua fría, y cogí unas pastillas que reconocí, como las que me tomaba yo cuando tenía fiebre. Regresé, dejé el cubo a su lado, la pastilla en la mesita, y hundí el paño en el agua fría, y lo puse en su frente. Hizo un gesto de alivio al notar algo frío en su caliente cuerpo. Volví a la cocina a por un vaso de agua, para que pudiera tomarse la pastilla.

- Has de tomarte esta pastilla – dije una vez llegué, y le entregué el vaso y la pastilla. A regañadientes se tomó la pastilla y se volvió a echar.

- ¿No vas a la universidad? – dijo en un susurro, con voz ronca.

- Me voy a quedar, est…

- Ves. Yo estoy bien. Voy a dormir toda la mañana – dijo, en un pequeño susurro – no quiero que te quedes – dijo, cerrando los ojos.

- Como quieras. Pero a la hora del almuerzo voy a volver. Las dos últimas horas no tengo clases, así que no importa si me quedo allí o no – no era una mentira, solo había modificado "seguir con el proyecto" por "no hay clases". Le escuché gruñir y decir algo, pero le ignoré – voy a llamar a Tony para que me venga a buscar – busqué su número y le llamé.

- ¿Diga? – contestó su voz, al otro lado de la línea.

- Tony, soy Bella. ¿Me puedes venir a buscar? Si no es mucha molestia – dije con algo de esperanza de que dijera si, aunque por otro lado me gustaría escuchar un no, y poder quedarme con Edward, me sentía mal por dejarle allí.

- Claro, en seguida voy. Estate en la puerta, que llego en un periquete.

- Si, gracias – colgué, y me volví para mirar a Edward – Me voy, estaré aquí pronto, no te muevas del sofá, si necesitas algo, llama -cogí el teléfono inalámbrico y lo puse cerca de él - ¿Entendido? – un pequeño gruñido fue todo lo que escuché de su parte. Le quité el paño de la frente y volví a mojarlo, para colocarlo en su lugar de antes.

No sé cómo ni por qué. Pero, mi rostro se acercó al suyo y deposité un pequeño beso en su mejilla. Me sonrojé violentamente, y agradecí de que el tuviera los ojos cerrados. Salí disparada, cogiendo la mochila por el camino y las llaves –sin permiso de Edward- para poder entrar cuando volviera. Cerré la puerta de entrada y fui hasta la calle, cerrando la verja con llave, para que nadie se pudiera colar, como había echo Mark, el representante de Edward.

POV Edward

El sonido del timbre, sonando, ruidosamente, se metió en mis oídos, haciendo de ello una tortura en mi cabeza. Tenía frío y la fiebre no me bajaba en absoluto. Intenté levantarme, pero las fuerzas parecían haberme abandonado en el momento en que más las necesitaba.

Hice caso omiso al timbre, y me volví a dormir, quizá el cansancio de media noche sin dormir, surtía efecto. Me desperté a los pocos minutos, cuando sentí mi cuerpo balancearse suavemente, y escuchar la voz de Bella, preocupada.

- Edward, Edward, ¿Estás despierto? – dijo con ternura y un toque de preocupación. Solté un pequeño gruñido y dejé caer mi brazo de la frente para mirarle con los ojos entrecerrados – tienes un aspecto horrible – quise contestarle con algún comentario indiferente y frío, pero mi boca no me respondía.

Se acercó a mí y puso su frente en la mía, sentí calor en mis mejillas, y no precisamente por la fiebre. Algo extraño se produjo en mi estómago, que no supe descifrar.

- Estás ardiendo – gritó alarmada. Levantándose y yéndose de allí. Cuando regresó tenía entre manos, un cubo un paño y una pastilla. Hundió el paño en el interior del cubo, y acto seguido, lo colocó en mi frente, el frío del paño, me alivió un poco el ardor que sentía en esos momentos. Volvió a irse y regresar a los minutos.

- Has de tomarte esta pastilla – dijo entregándome el vaso y la pastilla. A regañadientes me incorporé y me tomé la pastilla, y volví a dejar caer mi peso en el sofá.

- ¿No vas a la universidad? – dije en un susurro. Al ver que no se movía de mi lado, y me miraba con preocupación.

- Me voy a quedar, est…

- Ves. Yo estoy bien. Voy a dormir toda la mañana – no quería que se quedara, y perdiera clase, yo la había tratado algo mal, y ella, ahora, solo mostraba preocupación – no quiero que te quedes – dije, cerrando los ojos, en un intento de que se lo tomara a mal y se fuera.

- Como quieras - me alegré al saber que había ganado - pero a la hora del almuerzo voy a volver. Las dos últimas horas no tengo clases, así que no importa si me quedo allí o no – gruñí un poco, dándome cuenta de lo cabezota que era esa muchacha – voy a llamar a Tony para que me venga a buscar – la escuché decir para si misma, buscó el número y estuvo hablando con él. No presté atención a lo que decían, porque, poco me importaba.

- Si, gracias – la escuché decir al tiempo que colgaba – Me voy, estaré aquí pronto, no te muevas del sofá, si necesitas algo, llama - cogió el teléfono y lo dejó cerca mío - ¿Entendido? – di otro pequeño gruñido, al notar todas sus exigencias. Me quitó el paño de la frente y volvió a mojarlo, para volverlo a poner en donde había estado segundos antes.

Me frustraba que se comportara así de preocupada y tierna conmigo, cuando yo me había comportado como un cascarrabias que no soportan a una mujer en sus vidas, y ella lo sabía y aún así no decía ni mu. Y entonces, en medio de mis pensamientos, sentí los labios de Bella en mi mejilla, depositando un pequeño beso, se levantó y salió corriendo, cerrando con un portazo la puerta.

Sentí mis mejillas calientes, y mi corazón latiendo a mayor velocidad. Fruncí el ceño, y apreté los dientes. Por eso odiaba a las mujeres como ella. Entraban en tu vida, confundiéndote y cambiando todo a su paso, derribando en un segundo los muros que has tardado en construir años, como si no le importase.

Pero lo que más odiaba, era que Bella, mi hermanastra, haya sido la única que en cinco años, pudiera con todas las barreras. Sabía que ella intentaba hablar conmigo, conocerme, pero yo la odiaba por tener ese extraño poder sobre mí. La evitaba a toda costa, o sino, le decía comentarios cortos y algo hirientes. La debía alejar de mí, lo antes posible. Y cuando pensaba que había conseguido que se rindiera, viene con su ternura y preocupación hacía mí. Y me hace sentir cosas que, realmente, había olvidado como se sentía uno, había experimentado algo con lo que se siente perfectamente bien, pero, luego venía el dolor, y por eso la odiaba, e intentaba destruir aquellos sentimientos, que al parecer, eran fuertes...

Basta, ¿En qué estaba pensando? Bella era de mi familia, mi hermanastra, no podía sentir cosas extrañas en el estómago, o que mi corazón latiera frenéticamente con un simple roce. Debía parar esto. Bella era algo prohibido, lo sabía, y nada iba a cambiar. Y aparte, yo era alguien que le gustaba la soledad, la disfrutaba. Cuando estás solo nadie puede herirte, y es mucho mejor así.

¿Quién necesita compañía cuando tienes a la soledad?

Porque la soledad era algo que no te podía herir, por eso la disfrutaba tanto. Y esa chica, parecía, que quería distorsionarme.

Y lo peor era que, lo estaba consiguiendo.


Hasta aquí el capítulo, espero que os haya gustado, ya que a mi me gustó escribirlo xD. Estoy intentando no tardarme mucho con el fic, ya que a veces pienso que hace poco que subí un capítulo y luego me doy cuenta de que no, y estoy haciendo un esfuerzo xD

Y como siempre, sabéis que agradezco a todas las personas que dejan comentarios y leen mi fic :)

Reviewss,,!

Cuidensee.!

Marinilla14