La saga de Crepúsculo pertenece a Setephanie Meyer.
Mi hermanastro
Resumen:
Tengo grabada su cara de fastidio en mi cabeza en el momento en que me vio. Realmente era un tipo frío y apartado de la sociedad, pero para mi mala suerte, era el hombre más guapo que había visto en mi vida; Mi hermanastro.
Dulce visita
Cinco minutos faltaban para que llegara la hora del almuerzo, y yo me iría, pero no pasaban. Parecía que la manecita del reloj se había quedado parada en el mismo lugar, y jamás tocara el timbre. El profesor parecía hablar más lento que de costumbre, y mis manos iban a poco a poco. Esos minutos parecían eternos, quería salir ya. La risa ahogada de Tony, me ponía más nerviosa, y las constantes miradas que me daba el profesor me molestaban aún más.
- Bella, tranquila, solo quedan unos minutos o así – giré mi vista para fijarla en los ojos de Tony, que hasta entonces, no me había fijado que los tenía azules. No sé cuanto tiempo estuve embalsada mirando sus orbes, hasta que sentí el carraspeo de alguien delante de mí.
- Parece que se aburre en mi clase señorita Swan – vi al hombre mayor que tenía de profesor fruncir el ceño.
Fue a abrir la boca, pero el timbre lo calló de golpe. ¡Al fin había sonado! Me levanté, haciendo tambalear la silla, y metí todo mis cosas en la mochila, sin fijarme bien si se arrugaba o no alguna cosa. El profesor aún me miraba enfadado, pero, para mí, en ese momento, solo tenía una prioridad.
- Señorita Swan, ¿Se piensa que se va a ir de rositas? – le miré, parándome enfrente de él, con la mochila colgada en mi hombro – se a pasado más de media clase estudiando las musarañas – dijo, aún con su mirada enfadada.
- Yo… Lo siento, es que…
- No – alzó una mano, para indicar que me callara – quiero mañana que me traiga un trabajo sobre las musarañas de diez hojas, manuscritas, así aprenderá a no despistarse en mis clases, ¿Entendido? – dijo, antes de darse la vuelta e irse de la clase.
Miré enfadada por donde se había marchado el profesor, y solté un largo suspiro, mientras mis dos dedos apretaban el puente de mi nariz. Genial, mañana tengo un trabajo extra, y mira que ese día nos habíamos salvado de hacer deberes.
- Bella, vamos – cogió mi mano suavemente y tiró de mí hacía la puerta – te llevo a casa, realmente estás preocupada por tu hermano – el tono que había utilizado para decir la palabra "hermano" no me había parecido del todo conforme.
- ¿Insinúas algo? – pregunté, antes de abrir la puerta del copiloto y entrar en el coche.
- ¿Yo? Que va – el sarcasmo se hizo notar en su voz, a la vez que daba marcha atrás y salía del aparcamiento.
Rodé los ojos y fijé mí vista a fuera de la ventana, los árboles pasaban a forma increíble, a causa de la velocidad en la que íbamos. Parecía que quien quería llegar a casa era Tony y no yo. Reí en silencio, ante tal conclusión, no se de dónde sacaba esas tonterías.
- ¿Puedes contarme el chiste privado? – no me había dado cuenta de la sonrisa que se instaló en mis labios, y los ojos entrecerrados de Tony que me miraban unos segundos para fijarlos en la carretera.
- Es una tontería… - al no recibir respuesta, me di cuenta de que él quería saber esa tontería – verás, por la velocidad que vamos parece que el que quiere llegar a mí casa eres tu y no yo – iba a reírme cuando sus manos aferraron el volante con fuerza, y su cara estaba descompuesta. Fruncí el ceño ligeramente, inclinándome a delante para observarle mejor.
- Vaya cosas pasan por tu cabeza, Bella – dijo, en un intento de sonar gracioso, pero lo único que salió de su voz fue algo de amargura y tensión, pero ya tendría tiempo de preguntar, mi mente estaba demasiado ocupada en el estado en el que estaba Edward. Me mordí el labio, reconociendo el paisaje que estaba al lado de la casa; ya habíamos llegado.
- ¿Quieres entrar? – pregunté, quitándome el cinturón y dejando la puerta entre abierta, con medio cuerpo mío dentro.
- No creo que sea buena idea – la tensión que se respiraba en aquel ambiente, podía haber roto la barrera de la calma.
- Vamos, seguro que tienes hambre. Entra y te preparo algo, mi hermanastro estará demasiado ocupado con la fiebre. Al fin y al cabo tú me has traído. Por faaa – dije alargando la a, en un intento de convencerle, que al parecer, funcionó.
Cuando entramos a la casa, me dirigí al comedor, seguida a una distancia prudente de mí por Tony. Cuando llegué al sofá, vi a Edward descansando, dormido, en aquel instante una extraña sensación recorrió todo mi cuerpo. El verle ahí, dormido, sin esa máscara que parecía verle como un viejo cascarrabias, deseé que olvidara lo que le hacía daño de su pasado, y sonriera como en la foto.
Me arrodillé en el sofá y le quité el paño húmedo de la frente, para, después, hundirlo en agua fría, volviéndolo a su sitio donde se hallaba antes. Le toqué la cara y aún estaba algo caliente, pero no tanto. Me levanté sin hacer ruido y me acerqué a Tony, llevándomelo conmigo a la cocina.
- ¿Qué tal esta tu hermano? – preguntó intentando parecer despreocupado.
- Le ha bajado algo la fiebre, aunque todavía tiene un poco – dije y comencé a preparar cualquier cosa.
- Lo mejor sea que me vaya para casa – Tony intentó escapar, pero negué automáticamente su invitación a irse. Me parecía mal.
- No seas cabezota. Te quedas y punto. O al menos hasta que acabes de comer – repuse como una niña pequeña, sabiendo que era un comportamiento tonto e infantil por mi parte. Le escuché suspirar, y luego la silla, arrastrarse por el suelo.
Después de preparar la comida y comérnosla, estuvimos hablando una gran parte de tiempo sobre cosas sin importancia. Hasta que él se levantó y decidió que ya se tenía que ir, esta vez acepté. Ya no me sentía tan mal como antes por haberle causado tantas molestias.
- ¿Mañana te paso a buscar? – preguntó girándose antes de traspasar el umbral de la puerta. Me lo pensé un momento, sin saber si Edward podría llevarme o no.
- Te llamo mañana por la mañana y te digo algo – asintió y luego se dirigió a su coche. Cerré la puerta, subí las escaleras rápidamente, sin correr, y entré en mi habitación. Cogí el portátil de encima del escritorio, y bajé al comedor para hacer allí los deberes, para no dejar a Edward solo.
- Estúpido trabajo de las musarañas… - murmuré, buscando cosas por Internet para llenar las diez hojas, a mano, que el profesor me había indicado que hiciera obligatoriamente. Ese profesor me tenía manía, sino, ¿Por qué debería mandarme tales deberes? Era una estupidez.
Cuando acabé mis deberes personales, moví la mano, con lentitud, sintiéndola engarrotada a cada movimiento que hacía. Guardé todo, en su sitio, y me fijé en la hora las siete de la tarde, y Edward aún dormía. Me encogí de hombros al momento en que me sentaba en el sillón y encendía la televisión. Puse un canal donde echaban una serie, que parecía interesante. Me restregué los ojos, dejando escapar un bostezo al tiempo que me desperezaba, para no dormirme.
- ¿Qué hora es? – la voz ronca de Edward, causó que diera un pequeño bote en el sillón, y agradecí que el no lo viera.
- Son las diez y poco, has estado durmiendo toda la tarde – me levanté y me arrodillé junto al sofá, en frente de él - ¿Qué tal te encuentras? – Le quité el trapo, y acerqué mi frente a la suya para tomar la temperatura – parece que ya no tienes fiebre – sonreí.
- Solo me duele un poco la cabeza – dijo, incorporándose levemente en el sofá. Miró la hora, seguramente pensando si le había engañado o no – Por cierto, - comenzó, cuando sus ojos se fijaron en los míos - ¿Quién era la persona que picaba molestosamente esta mañana?
Callé durante unos segundos, en los cuales me dio tiempo a pensar si decirle la verdad o no. No sabía si decirle mi conversación con su representante, o decirle que era un tipo llamado Mark que quería hablar con él. No sería del todo mentira, solo omitiría una gran parte con algo de importancia.
- Un tal Mark que decía ser tu representante, le dije que no estabas disponible y se fue – dije, intentando sonar segura, con un encogimiento de hombros cuando acabé de hablar. Edward asintió, y no preguntó nada más.
- Es mejor que te vayas a dormir, mañana tienes universidad – dijo al tiempo en que se levantaba del sofá y se dirigía a la cocina. Le imité y le seguí, pisándole los talones.
- Pero, ¿Ya estás bien? Si quieres puedo quedarme contigo hasta que te duermas por si te sube la fiebre o algo – realmente, no quería irme a dormir, en ese momento, en mis preferencias solo estaba estar con él, observar su rostro dormir sin esa máscara de amargado y antisocial que le costaba mucho llevar.
- Estoy bien – repuso con calma – he dormido toda la tarde y parte de mañana, no tengo sueño. Vete a dormir – dijo mirando al interior de la nevera, buscando algo de comer.
- Pero… - al parecer aún le molestaba mi presencia, y un nudo en mi garganta se formó, sabía pero no quería admitir que me estaba pasando. Me acerqué a él de manera inconsciente, quería volver a darle un beso en la mejilla aunque fuera la última vez. Pero, cuando estuve a su lado, mi voluntad y fuerza huyó de mí, y me quedé congelada en el sitio con Edward arqueando una ceja.
- ¿Estás bien? – preguntó extrañado.
- ¿Eh? Y-Yo… - balbuceé sin sentido, haciendo que una diminuta sonrisa se formara en los labios de Edward – Estás sonriendo – afirmé algo incrédula, fijando, mejor, mi vista en él.
- No – contestó, y se dio la vuelta para ir a otro lugar de la cocina.
- Vamos que no. Te he visto – dije, encabezonada en ello.
- No – volvió a decir, aún de espaldas a mí, preparando algo de comer – para de decir tonterías.
- No son tonterías. Vuelve a sonreír – dije colándome a su lado, en el espacio pequeño que había, apoyando mi espalda con la encimera, y mirando su perfil, con las cejas fruncidas.
- Cabezota – dijo, y fijó sus ojos esmeraldas en mí.
- Lo sé – dije con seguridad – pero va, ¿Por qué no sonríes? – pregunté interesada. Si había una oportunidad de acercarme y saber de él, era esa, y por supuesto, no la iba a desaprovechar.
- Porque no, y a parte, ¿Qué más te da? – preguntó, aún con sus ojos fijos en mí, y para que negarlo más, estaba comenzando a ponerme nerviosa.
- Mucho – dije apoyando mis manos en el borde de la encimera, apretándola con fuerza, en un intento de controlar mi nerviosismo.
- Vete a dormir – dejó lo que estaba haciendo y se dirigió, de nuevo, a la nevera. Y haciendo gala de mi mala suerte, apoyé mi palma de la mano en la encimera, sin fijarme que allí, había un cuchillo. Un dolor recorrió toda mi mano y la aparté de golpe fijando el corte que tenía en mi mano, no pude ahogar un grito, cuando el olor a sangre inundó mis sentidos, obligándome a respirar lo justo - ¿Qué pasa? – preguntó Edward, de espaldas a mí, tirando no se qué al cubo de la basura.
- Me he cortado – dije, haciendo graves esfuerzos por no desmayarse. Sentí una mano fría, y a la vez, cálida, que cogió mi muñeca y me condujo al lavabo donde me obligó a sentarme en la taza del váter.
Sentí el mínimo dolor del yodo sobre la herida, después como Edward sopló en esta, y acto seguido me la vendó.
- No es para tanto – dije, algo mareada.
- ¿Estás bien? – preguntó, haciendo caso omiso a lo que había dicho, la verdad, no sé si fue mi imaginación o qué, pero su voz se notaba un toque de preocupación.
- Si… - contesté, inspirando y expirando por la boca varias veces – solo estoy algo mareada por el olor de la sangre – dije, restándole importancia.
- Esta bien – contestó no muy seguro – ¿Puedes caminar? – asentí, y me levanté tambaleándome un poco al hacerlo. Puso los ojos en blanco, y me llevo a mi habitación con su mano sujeta firmemente en la cintura, mientras mis manos aferraban su camisa - ¿Te llevo hasta la cama o vas sola? – preguntó, con un tono divertido.
- Puedo sola, creo – dije no muy segura. Fijé mis ojos en los suyos, y sentí algo extraño, en sus orbes había algo de tristeza y nostalgia. Mi vista, inconscientemente, bailaba de sus labios a sus orbes, vi acercar su rostro al mío, con mi corazón latiendo frenéticamente contra mi pecho. Cerré los ojos esperando sus labios en los míos con ansias, pero no sucedió.
- No – susurró lo bastante alto para que pudiera oírlo, abrí los ojos confusa, pero él no me devolvía la mirada – buenas noches – dijo, y huyó a su habitación, dejándome como una pasmarote, ahí parada.
La tristeza estuvo presente, desde que Edward se fue, hasta que mi cuerpo tocó el colchón y me dormí, haciendo, en mis sueños, realidad el beso que no me había dado. Desperté quince minutos antes de que el despertador sonara, a causa de un gran embrollo que se sentía en el piso de a bajo. Tenía deseos de bajar y ver que pasaba, pero sabía, que si bajaba y veía a Edward, el recuerdo de ayer volvería a mí.
Después de unos minutos de pensar, me vestí con unos jeans, una camiseta de tirantes azul, con una sudadera encima blanca, y unas converse. Me agarré mi pelo en una coleta y bajé las escaleras cuando me quedé parada a mitad de las escaleras, con la sorpresa en mi cuerpo. ¿Qué diablos…?
- ¡Cariño! – gritó mi madre, subiendo las escaleras y haciéndome prisionera en sus brazos.
- Ma-Mamá… - logré articular aún algo aturdida - ¿Qué haces aquí? ¿Y Carlilse? – pregunté, cuando mi madre me dejó libre.
- Se ha quedado en casa ya que tiene mucho trabajo, y te echaba mucho de menos, me quedaré un par de días. Lo siento por no haber avisado, pero fue todo muy repentino – explicó Renée, dirigiendo su mirada a Edward que parecía también, asombrado.
- Si, claro, mamá, te puedes quedar, pero deberías pedirle permiso a Edward, al fin y al cabo, es su casa – las últimas palabras me salieron con cierto rencor y con veneno, que solo mi hermanastro logró captar, ya que Renée le había ido a pedir permiso.
- Bella, hija, ¿Hoy no tienes clases? – preguntó desinteresadamente.
- Si, llamaré a Tony para que me venga a buscar.
- No es necesario, te puedo llevar yo – comentó Edward, intentando parecer amable, pero, en estos momentos, no me apetecía estar a solas con él.
- No importa. Tú quédate con Renée, no la vamos a dejar sola – dije, y me di la vuelta, sbuiendo las escaleras, para hacer una llamada.
Cuando llegué a mi habitación, agradecí mentalmente la dulce visita de Renée, así no pasaría tanto tiempo a solas con él, aunque solo fuesen un par de días con eso yo me conformaba, y podría borrar el accidente que sucedió de ayer.
Holaaaa!
Antes de todo, quería aclarar una pequeña cosa, que una persona me dejó un review diciendo que el fic era un copia, y pues lo quiero aclarar. Para empezar mi fic no es una copia, porque la idea me vino gracias a una amiga, porque mi amiga su madre se a casado otra vez y ahora tiene hermanastros y ahí un de ellos que le cae terriblemente mal porque se comporta muy mal con ella y le habla mal y todo, y un día me di cuenta de que siempre me hablaba de él, y le pregunté si le gustaba, estuvo unos días sin hablarme, hasta que me perdonó xD. Pero ese no es el asunto, el asunto es que de ahí me vino la idea, y cuando se lo comenté a mi amiga me dijo: "Haz que vivan solos que es más morboso", mi amiga tiene una mente pervertida, demasiado, y siempre dice cosas como esas y pues eso me pareció bien, y ahora ella me pregunta que tal me va el fic, y si ya han acabado en la cama (no miento mi amiga es muy pervertida), y cabe decir que ella a dicho algunas ideas, de forma inconsciente, para este fic xD. Solo quería aclararlo, porque no quiero que hayan malentendidos. Realmente no sé si esa persona leera esto o no, pero así me siento mejor, aclarándolo.
Parece que me he extendido un poco, pero bueno era de suma importancia, o al menos para mí, aclarar eso.
Y ahora volviendo al capítulo, ¿Qué les pareció? Tenía pensado actualizar antes, pero todo ese rollo del instituto se me quitan las ganas de hacer cosas, hasta ayer, que dije, va que es viernes y ya es fin de semana, hagamos el capítulo xD. Solo espero que os haya gustado, y agradezco, como siempre, a las personas que dejan comentarios, de veras :)
Y ahora sin entreteneros más os dejo :)
Cuidenseeee.!
Marinilla14
