La saga de Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer
Mi hermanastro
Resumen:
Su extremada arrogancia e individualismo hacían de él un ser amargado y apartado de la sociedad. Y a pesar de todo, algo sentía en mi interior, por él, por mi hermanastro. Porque él no es lo que aparenta, o eso quería creer.
ExB
Aclaración
Somos esclavos de lo que decimos, y dueños de lo que callamos.
Cuando acabé de llamar a Tony, bajé las escaleras, y vi hablando a Edward con Renée, sobre Carlilse, entrecerré los ojos, a caso, ¿Solo se comportaba así conmigo? Sentí cierto rencor hacía mi hermanastro, que decidí calmar antes de que mi madre se diera cuenta, y comenzará con sus acosadoras preguntas.
- ¿Y quién te va a llevar a la escuela? – preguntó mi madre, extrañamente interesada.
- Un amigo – la desconfianza se apoderó de mi voz, en el momento en que Renée sonrió pícara.
- Te gusta – más que una pregunta, lo afirmaba.
- ¿Qué tonterías dices? – pasé por al lado de mi madre, intentando llegar a la puerta, antes de que nadie se diera cuenta de mi sonrojo.
- ¡Yo lo quiero conocer! – Exclamó mi madre repentinamente emocionada - ¿Por qué no nos lo presentas? – me quedé helada en el umbral de la puerta. ¿Había escuchado bien? Nos, juntaba a Edward y a ella en un mismo paquete, debía salir de allí antes de que fuera demasiado tarde.
- Mamá, me voy – dije, con unas ganas inmensas de llegar a la universidad, y salir de ese escombro.
- Dile hola de mi parte – me giré para negar con la cabeza, pero la sonrisa burlona de mi madre me hizo fruncir el ceño –. Más vale una bofetada a tiempo, que un vestido premamá – bien, eso era el colmo, sentí mi rostro arder y salí de allí corriendo, por primera vez, sin importarme que pudiera acabar en el suelo.
Mi madre se había vuelto completamente loca, cómo se le ocurría decir eso, y encima delante de Edward, no era que me importara, por supuesto que no, simplemente no me gustaba que me dejara en ridículo delante de la gente, y menos si este era un hermanastro completamente arrogante y antisocial, del cual sientes un gran rencor de origen desconocido.
Pero, como a mi mala suerte le caigo divinamente, las dos últimas horas de la universidad se suspendieron y nos dejaron marcharnos a casa, el mundo, definitivamente, estaba en mi contra. Y en ese momento, sentía la mirada fija de Tony sobre mí, seguramente, preguntándose por qué no me bajaba de su coche, al estar en frente de mi casa.
- Eh… Bella, ya hemos llegado – dijo con inseguridad en su voz.
- Ya… - alcé la cabeza, para contemplar sus orbes azules, los cuales brillaban con intensidad – es que no quiero entrar aún…
- ¿Por qué? – susurró, inclinándose levemente hacía mí.
- Mi madre esta de visita, y parece que le gusta dejarme en ridículo delante de… Edward – no pretendía que mi voz fallara en decir su nombre, pero lo hizo, y me sentí completamente absurda.
- Bella – le miré, por segunda vez, y me fijé en los pocos centímetros que nos separaban - ¿Qué sientes por tu hermano? – preguntó, entrecerrando los ojos.
El corazón por unos segundos se me paró, para comenzar a latir rápidamente, al tiempo que miles imágenes -vividas y no- pasaban por mi mente descontroladamente, en las cuales todas, estábamos Edward y yo, yo y Edward, tocando por primera vez, y no la última, sus labios, a la vez que me preguntaba cómo sería probarlos, ¿Serían tan apetitosos como lo aparentan?
Al momento de darme cuenta en lo que estaba pensando, me obligué a apartar esas imágenes de mi mente, porque eso era algo prohibido, o eso debía suponer.
- N-No siento nada – dije con los nervios a flor de piel. El sentido de esas palabras se apoderaron de mi ser, al darme cuenta de la mentira que había dicho, por mucho que intentara negarlo, y convencerme a mí misma de Edward como parte de la familia, no podía. Inconscientemente algo había crecido en mi interior, pero eso, era algo, que debía guardar en lo más profundo de mi ser.
- Entonces, ¿No te importa que me quede yo con él? - parpadeé varias veces, antes de que la información recibida se pusiera en orden, y mi boca se abriera sin emitir sonido, el rostro de Tony estaba serio, y no podía ver rastro de broma en ello. Hasta que un chillido aflojado salió de mi garganta, y las carcajadas de mi amigo se hicieron presente.
- Y-Yo... Esto... Eh... C-creo... - balbuceé sin sentido coherente en mis frases.
- Lo que me temía - me miró y sonrió como solo él sabe hacer -. Le quieres más de lo que aparenta.
- N-No... Él... es mi familia... Yo no puedo... - dije, sintiendo un extraño vacío en mi interior, a sabiendas de que la única persona que podía llenarlo, era algo así como mi hermano.
- Solo es un estúpido papel, Bella - le miré y negué, eso no estaba bien. ¿Qué pensarían Renée y Carlilse?
- No, Tony - le miré, extrañadamente seria -. Él es mi hermano y no me gusta, es más, a penas hablamos, ¿Cómo quieres que me guste? - le sonreí de forma diversa, antes de abrir la puerta del copiloto.
- Pero, Bella... - le oí decir antes de que cerrara la puerta. Le despedí con la mano, y me adentré a la casa.
Si seguía escuchando a mi amigo, acabaría más confusa. Era mejor así, Edward por un lado y yo por el otro. Total, cuando acabase la universidad me iría a Phoenix, de nuevo. Él sería parte de un pasado lejano, pero presente. Debía matar todos los sentimientos que se estaban creando, sin mi permiso. Y cuanto antes fuera, mejor.
- ¿Ese coche es el de tu amigo? - la voz de mi madre, resonó por todo el recibidor, proveniente del salón-comedor. Me acerqué con pasos temerosos, para ver como se había apoderado de la televisión, y Edward sonreía burlón.
- ¿Has estado espiando? - en un intento de que mi voz sonara tranquila, sonó irritante ¡Nunca puedes adivinar lo que Renée esta pensando!
- Un poco - se encogió de hombros -. Nos lo hemos pasado bien, ¿Eh? - miró de reojo a Edward, haciendo que éste sonriera torcidamente.
Despreciables, hipócritas, estúpidos, traidores, arrogante, antisocial, egocéntrico, descaradamente guapo. ¡Ag! Esto era subrealista, mi madre y mi hermanastro, Renée y Edward, metiche y arrogante, ¿Dónde estaba el qué de la situación? Eran carácters incompatibles, ¿Cómo podían llevarse la mar de bien? Realmente, algo iba mal en mi vida.
- ¿Besa bien? - me puse tensa al escuchar la pregunta en su aterciopelada voz. Si, definitivamente mi vida iba algo mal. La pregunta de Edward me había dejado sin palabras, y el tono de rencor que había utlizado, ni que hubiese sido yo la que no le quise besar. Pero, ahora, no se lo podía echar en cara -ni en situaciones normales tampoco-, ya que estaba mi madre.
- Bella, hija, ¿No le piensas contestar? - preguntó del modo más casual, que su carácter de cotilla le dejó.
Apreté los dientes, y traté de tranquilizarme, se iban a enterar de quien era yo. Aunque fuese del modo más ruín y arrastrado...
- Claro... - susurré -. Besa super bien, te hace tocar el cielo con las manos, sus labios son una mezcla de dulzura y cariño, incomparables, y lo más importante... no se echa atrás en el último momento - la expresión de Edward en decir la última frase era digna de ver, sus labios fuertemente fruncidos, y su frente poblada de arrugas, con una mezcla de dolor y rencor en el rostro, que me hizo sentir algo mal, a la porra empezó él.
- ¿E-Estás saliendo con él? - miré a mi madre, y le sonreí de forma alternativa. Me di la vuelta y subí a trompicones las escaleras, deseando llegar a mi habitación.
Había dicho la más grande de las mentiras a mi madre y a Edward -el cual su rostro no me abandonaba ni un momento-, quizá ahora pensaba que era una cualquiera por casi besarle a él, y después a Tony, y en estos momentos me odiara, y...
El sonido de la puerta abrirse, hizo que diera un pequeño bote en la cama y mirara en su dirección, aguanté la respiración en mis pulmones, al ver al hombre más sexy que en mi vida hubiera visto -muy a mi pesar-, su mirada fría y distante, me abrieron un hueco en mi interior, su rostro indiferente y rencoroso, fue como otro puñal. Entrecerró los ojos, y luego soltó el aire por la boca en un pequeño suspiro, que hizo que hiciera entrar más aire a mi pulmones del que había.
- Tu... novio te ha llamado al móvil - el tono de dolor que hizo en nombrar la palabra `novio´ hizo que me sintiera terriblemente culpable y herida.
- ¿Tony? - pregunté con voz más alegre de la que quise, y una mueca se produjo en el rostro de Edward. Él asintió y me lanzó el móvil en el cual había una llamada perdida -. Edward - dije, levantándome torpemente.
Él no se giró, no me miró, no emitió ningún sonido, simplemente se quedó parado de espaldas a mí.
- ¿Quieres algo? - preguntó fría y duramente, al notar mi silencio. Tragué pesadamente, y abrí la boca.
- Y-Yo... - ¿Qué se supone que debía decirle? Sabía que debía arreglar, pero qué -. T-Tony no es...
- Me da igual - dijo, irritado, dándose la vuelta para encararme. Retení aire en mis pulmones, expulsándolo lentamente.
- E-Edward... - odiaba que ese chico me pusiera así de nerviosa, eso era un error y lo sabía.
- ¿Por qué no le llamas? Tu novio esta esperando a recibir una llamada por tu parte... seguramente quieras besarle, como él besa tan bien - sino fuera porque era imposible, hubiese jurado que en su voz habían algo de celos, pero eso era tristemente improbable.
Fruncí el ceño, y grité lo que había callado desde el día anterior, y debía, quería, aclararlo.
- ¡Si tu me hubieras besado nada de esto hubiese pasado! - escupí, quitándome esta carga de encima, y poniéndome otra más pesante. Me llevé directamente las manos a la boca, y cerré los ojos, apretando fuertemente los parpados, en un intento de no ver su expresión.
- Bella... - su voz arrepentida me hizo abrir los ojos con temor, a lo que pudiera escuchar.
- Edward, por favor, haz como... - colocó un dedo sobre mis labios, y le miré directamente a sus preciosos ojos verdes, los cuales me hipnotizaron hasta que su perfecta voz, rompió su conexión.
- Lo siento, pero no intenté besarte. Solo quería ver una cosa, y tu te imaginaste cosas que no son...
¿No intentó besarme? Así que me había echo ilusiones como una patética y estúpida ilusa, él jamás había intentado darme un beso, pero, ¿En qué estaba pensando? Él era un chico perfecto, de los que ya no quedan, cuerpo perfecto, ojos hermosos, voz preciosa, guapo..., qué tendría yo para gustarle: nada. En canvio, yo, era un chica completamente normal, con más defectos que virtudes, y era descaradamente torpe.
Sentí mis ojos un escozor reconocido, y sabía que iba a venir: el llanto. No y no, no iba a llorar delante de él, sería caer demasiado bajo. Fruncí los labios, y me aguanté las lágrimas como si mi vida dependiera de ella.
- Seguro que Tony quiere que le llame, ¿Te importaría? - dije al tiempo que me daba la vuelta en un intento desesperado de que no viera las lágrimas que amenazaban con salir.
- Pero, estás bien, Bella - su voz sonaba a centímetros en mi espalda, pero él estaba a quilómetros de mí.
- Estoy perfectamente - dijo con voz quebrada, y me insulté por fallar de esta manera.
- Como quieras - susurró, y sentí la puerta cerrarse.
Me mordí el labio, dejándome caer sentada en mi cama, y miraba la puerta, esperando algo que no llegaría nunca. Me estiré en el mullido colchón, y ahogué mi cabeza en la almohada, hundiendo mis sollozos en ella. Fruncí los labios en un intento de controlar mis lágrimas, en vano. Sabía que era una tontería llorar, pero era algo, que no podía evitar.
Porque me había enamorado inconscientemente, y Edward jamás lo sabría.
¡Hasta aquí el capítulo! Tenía pensado subirlo antes, pero entre todo el rollo del instituto y exámenes de por medio, nada que ayer cogí el ordenador muy poco.
Quería decirles una cosita xD, veréis he subido otra nueva historia "Seis meses" y me gustaría que la leyesen (si, hago un poco de publicidad), y me den su opinión :)
Intentaré subir el próximo capítulo, cuanto antes!
Reviews,!
Cuidenseee.!
