La saga de Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer
Mi hermanastro
Resumen:
Su extremada arrogancia e individualismo hacían de él un ser amargado y apartado de la sociedad. Y a pesar de todo, algo sentía en mi interior, por él, por mi hermanastro. Porque él no es lo que aparenta, o eso quería creer.
ExB
Descubrimiento
Verle al despertar es un regalo que no podrá ser.
- ¿Por qué? - susurró su aterciopelada voz, a centímetros de mi cara, un escalofrio agradable recorrió mi columna vertebral, y tuve el impulso de besarle.
- Edward, yo... - desvié mi mirada -. Jamás salí con Tony... - murmuré.
- ¿Entonces...? - preguntó, cuando su mano suave y fría se colocó en mi mejilla, sintiendo mariposas en el estómago.
- Te quiero - dije sin arrepentirme, a lo que sabía que podría llevarme a muchos problemas.
Edward pareció más que sorprendido, y entonces me sonrió. Me sentí radiar de felicidad cuando sus labios hicieron contactaron con los míos, en un pequeño roce, cerré los ojos, pero... sus labios se movían en los míos, pero, ¿Cómo se sentía? No podía sentirme feliz, ya que, no sabía como sabían sus labios, ¿Qué diablos...?
Abrí los ojos mínimamente, con la luz del sol golepando duramente mi cara, cuando suspiré.
- Un sueño... - susurré, enfadada. Me acomodé mejor en mi cama, tal vez si me duermo ahora, quizá pille el hilo de mis sueños, cerré fuertemente los párpados, agradeciendo de que fuese sábado, y no había ningún inconveniente, excepto...
- ¡Isabella Marie Swan!
Renée.
- ¿Qué quieres, mamá? - pregunté sin abrir los ojos, es que no se podría dormir en paz en aquella casa.
- ¡Hoy me voy! - abrí los ojos y me incorporé, quedando sentada, en la cama, ¿Había olvidado el día en que mi madre se iba? ¿Dónde tendría la cabeza? En Edward. Gruñí en mi interior, y salí de un salto de la cama, enrrollándome con mis propias sábanas, recibiendo un impacto doloroso contra el suelo -. Bella, ¡¿Estás bien?! - preguntó mi madre, agachándose para verme mejor.
- Si - sentí ganas de llorar, cuando me di cuenta que si me dolían las piernas, y me costaba caminar, estúpido suelo por estar tan duro. Sabía perfectamente que no era su culpa, pero aún así, se la echaba.
- Mira que eres torpe. En fin, dúchate y vístete, que sino, perderé mi avión, y Carlilse vendrá aquí para traerme de vuelta a Phoenix - dijo, sonriendo.
Asentí, y la vi salir por la puerta, con una sonrisa tonta en su cara. Una punzada de envidia, llegó a mi estómago, ¿Por qué todos encontraban lo que querían menos yo? Suspiré, en mi caso, lo había encontrado, pero no era correspondido. Y, eso, hacía que te sintieras terriblemente mal.
Y haciendo lo que mi madre me había dicho, me duché y vestí, lo más rápida que pude. Una vez acabé, bajé las escaleras a toda prisa, viendo a mi madre zapatear el suelo con impaciencia, y mirar el reloj de su muñeca con el ceño fruncido.
- Ya estoy, mamá - dije algo confusa, ¿Me había tardado tanto?
- Bella, cariño, puedes subir al cuarto de Edward y decirle que estamos preparadas - me fui a oponer, pero me arrpentí al último momento; no era bueno dar señales de que algo se cocía, y para eso, mi madre, era buena.
- En seguida - subí las escaleras, dirigiéndome, con los nervios a flor de piel, a la habitación de Edward.
Picas, le dices que baje y te vas. Picas, le dices que baje y te vas. Picas le dices que baje y te vas.
Asentí a mi misma, cuando estuve parada en frente de la puerta. Cogí y solté aire. Alcé la mano, y paré mi acción antes de realizarla. Él no había picado el día anterior a la puerta, ¿Por qué debería hacerlo yo? Bajé mi mano al picaporte, y cuando estuve a punto de abrir oí su voz, irritada, proveniente del interior del cuarto.
- Te dije exactamente hace cinco años que no me llamaras... No... No, no te he podido olvidar... Eh.. No, no me refiero a eso, pero... ¿Quieres escucharme? No lo diré... Fuiste tu la que quisiste que me fuera de tu vi..., ¡No! Mira, Tanya, será mejor que cuelgue. Ya te llamaré más tarde... Yo quizá también... He dicho quizá, no que te ame de verdad.
Miré la puerta de Edward, y un conocido escozor comenzó en mis ojos, no podía, ahora no. Debería hacer como si yo no hubiera escuchado nada, como si Edward no amase a esa tal Tanya, ¡Iba a ser muy complicado! La puerta se abrió al instante, y mi corazón se heló para latir rápidamente, alcé, poco a poco, mi vista, encontrándome con unos ojos esmeraldas llenos de ira y odio. Sentí mi mente en blanco, y mis ojos escocerse cada vez más. Definitivamente odiaba llorar.
- ¿Qué haces aquí? - su voz sonaba fría, dura, distante -. ¿Estabas escuchando? - permanecí en silencio, queriendo huir, pero, mis piernas, por un extraño motivo, no funcionaban. Mi boca se abrió para decir algo, sin conseguir que la voz saliera de ella.
- Y-Yo, no e-estaba escuchando - titubeé, consgiuiendo que la voz no se me quebrara en el último momento.
- ¿No? ¿Y qué hacías aquí? Plantada delante de mi puerta como una estatua, ¿Observar la madera o qué? - la miré sorprendida, contení la respiración, y fruncí los labios. Quise gritarle, pegarle y odiarle, pero, lo único que conseguí fue, que una estúpida y traidora lágrima saliera de mis ojos. Edward suspiró con fustración, y alzó la mano para tocarme, a lo que yo me rehusé con brusquedad.
Retrocedí dos pasos, y huí. Si, huí. Era una completa cobarde, salí disparada escaleras a bajo, escuchando a mi madre hablar -gritar- por teléfono, al menos no se daría cuenta de mi repentino vacío. Me apoyé en la baranda de la escalera, con la mirada fija en el suelo. ¿Sería tan malo si me fuera con mi madre a Phoenix? Total, no sería la primera vez que huyo de mis problemas, ¿Debería ser diferente esta vez? Todos estaríamos mejor; Renée no se preocuparía, Carlilse estaría más feliz de ver a mi madre sonreír, sin estar pegada al móvil, yo estaría en alguna universidad de por allí, y Edward... Edward estaría mejor con esa tal Tanya.
¿Sería de tan cobarde huír?
Fijé mi vista en la maleta de mi madre. Y ansié poder ir a mi habitación de Phoenix, taparme hasta arriba, sin necesidad de ser molestada, y llorar, llorar toda la noche.
Sentí a Edward, colocarse a una cierta distancia de mí; sabía que no tenía escapatoria, tarde o temprano, me preguntaría. Y yo caería ante sus ojos esmeraldas. Cerré los ojos e intenté concentrarme en mi hogar, un hogar calentito y con vida. Mi adoraba habitación, en la cual me perdía parte del tiempo, ¿Habría cambiado algo mi madre? O... ¿Estaría todo igual?
- ¡Venga, Bella! ¡No te quedes ahí plantada! - la miré en la puerta, con Edward detrás, y me sentí terriblemente mal. Sabía que no volvería a ver a mi madre en mucho tiempo, pero, la situación lo imploraba.
Corrí hacía ella -sin tropezarme por el camino- y la abracé.
- Lo siento por no poder irme a despedir al aeropuerto, pero... - me acerqué a su oído -. Me duele mucho la barriga, por la... menstruación - Renée me correspondió el abrazo.
- No pasa nada. Cuídate mucho, hija. Te quiero. No dudes en llamar, si pasara algo - susurró contra mi cuello.
- Por supuesto que no. Yo también te quiero - se separó de mí. Y antes de marcharse, me regaló una sonrisa, y se fue junto a Edward, que, por cierto, me miraba preocupado.
Pero antes de poder cerrar la puerta Renée volvió a aparecer, esta vez, sin Edward detrás, y me sonrió, algo así, como, pícara. Se acercó a mi oído, y su aliento chocó sin miramientos contra mi oreja.
- Jamás pongas barreras a lo que sientes. No dudes en el amor. No tienes nada que perder, cariño - dicho esto, desapareció, cerrando la puerta tras de si. Dejándome en blanco en el recibidor, ¿Renée sabría sobre mis... sentimientos? ¿Sabría las mariposas que sentía cuando veía a Edward... o quizá estuviera hablando de Tony? Lo que me resultaba poco probrable. Renée le habría dicho algo a Edward, ¿Él sabría lo que siento? Mi mente estaba hecha un caos, y las palabras de mi madre, no ayudaban.
Pero... por mucho que ella lo supiera, y, de cierto modo, estuviera a mi lado. Había un pequeño problema. Edward no me quiere.
Sentí en mis ojos, de nuevo, ese estúpido escozor, no recuerdo la última vez que haya llorado tanto, ni con Jacob lloré de esta manera, ¿Eso significaría algo? Lágrimas silenciosas caían por mi rostro, sin permiso, mientras abría la puerta, y me iba. Pasear me sentará bien.
Pensé en llamar a Tony, pero, quería estar sola. Me senté en un bano, del parque, y me quedé con la mirada fija en los niños jugar, caerse, llorar y volver a correr. Críos, al fin y al cabo. Estuve largo tiempo, allí sentada. A estas horas, Edward debería haber llegado ya a casa, y aún no tenía ni ganas ni fuerzas para enfrentarme a él. Seguí caminando, sin rumbo, por las pequeñas calles de Forks. El sol ya se había puesto, dando lugar a la noche. Metí mis manos en los bolsllos y hundí mi cabeza en la chaqueta, en un intento de aportarme calor. Solo serían unos minutos y llegaría a su casa, con un poquito de suerte, mi hermanastro no me diría nada, y podría huir a mi habitación. Cuando abrí la verja, sentí voces desde el interior de la casa, así que, me acerqué con paso decidido, y abrí la puerta principal con sumo cuidado de no hacer ruido, y al parecer lo conseguí.
- Tanya, por favor, vete - mi corazón se encogió al escuchar ese nombre. Me acerqué al salón-comedor, lugar proveniente de las voces. Y allí estaba la chica rubia con reflejos rojizos de la foto, era más hermosa al natural que en fotografía. Me senté en el suelo, escondida en el hueco que dejaba el paraguero y la pared, por si decidían salir, que no fuera visible.
- Edward, mi amor, todo fue un error, si me dej...
- Tanya - la ruda voz de Edward, me hizo abrazarme a mi misma -. Vete, no quiero estar contigo, ¿Qué no lo entiendes?
- ¿Qué piensas ser un amargado toda tu vida? - preguntó mordazmente -. Conmigo no ser...
- No estoy amargado, al menos, ahora, no.
- ¿Has encontrado un nuevo pasatiempo? - preguntó Tanya con burla en su voz.
- No, Tanya. No es ningún pasatiempo, esa chica a llegado más a fondo de lo que tu jamás llegarías.
Bajé la vista a mis manos, Edward no estaba con Tanya, lo cual era un alivio, sin embargo si que había encontrado a otra, sentí mis mejillas humedecerse. Había descubierto que Edward estaba enamorado, y, eso, realmente, me hacía un dolor terrible en mi ya, destrozado corazón.
- ¿T-Te has enamorado? - la voz de Tanya sonaba quebrada, y la comprendía. Si yo estuviera en su situación, estaría igual o peor.
- Quizá - la voz de Edward no dudaba en contestar, casi me imaginé su rostro impasible e indestructible -. Encuentra a alguien que te quiera, y no entres en heridas del pasado, hazlo por ti... y por mi - su voz se suavizó, y en ese instante me sentí relajada.
Escuché un sollozo -por parte de Tanya-, y luego pasos extremadamente agitados, vi su figura pasar por en frente mío, y cerrar estrepistosamente la puerta. Me sequé todo rastro humedecido de las lágrimas, pero ni siquiera me moví un centímetro, realmente, no tenía fuerzas. Seguí mirando mis manos, luchar entre ellas, sin deternerme a pensar que a metros de mí Edward podía pillarme, y casi como si hubiera rezado por ello, sucedió.
- ¿Qué haces ahí sentada? - preguntó desde lo alto, sin pizca de alegría. No me sorprendí en oírle, una parte de mí quería que me viera, y hablara. Al fin y al cabo, yo ya no podía hacer nada con él; era mi hermano y estaba enamorado, ¿Algo más para agregar?
Me encogí de hombros, sin levantar la vista. Quitó el paraguero de mi lado, y ocupó su lugar. No me molestó; esa sería toda la cercanía a la que podía estar con él. Estuvimos por largo rato en silencio, uno al lado del otro. Sentí suspirar a Edward, y pasearse su mano por su desordenado pelo. De un momento a otro, se levantó, y me ofreció, caballerosamente, su mano. La miré dudosa, y acabé aceptando. Me alzó en un movimiento elegante y vivaz, que hice de él lo peor; mis pies tropezaron -con ellos mismos-, y choqué contra su pecho, agarrándome con mis manos a los costados de su ceñida camisa. Me sonrojé violentamente y alcé la cabeza.
- Lo siento - musité perdiéndome en sus ojos verdes. Desvié la mirada, acordándome que él era mi hermano, mi familia, de la persona que me había enamorado, sinceramente, a la suerte no le caía bien.
- No pasa nada - su aterciopelada voz, resonó en aquel espacio. Su mano, sujeta firmemente a la mía, transmitiéndome corrientes eléctricas y mariposas volar en mi estómago, las miré, estaban entrelazadas, y me imaginé a Edward, conmigo, pasenado por el parque, cogidos de la mano. Pero, en seguida ese pensamiento lo deshice, y sentí un vacío en mi estómago. Y una frase se volvió a repetir en mi cabeza.
Él esta enamorado. Y, no era, precisamente de mí.
- Lo siento - dijo, soltándome velozmente, al darse cuenta que miraba mis manos tristemente. Se proclamó el silencio, y solo se escuchaba el vaivén de nuestras respiraciones, hasta que él me rodeó los hombros, y me obligó a caminar -. Vamos a dormir - comentó, mientras subíamos las escaleras.
Me acerqué un poco a él, disimuladamente, y respiré su olor, en un intento de que se me quedara grabado en la cabeza. Simplemente, ese olor, le quedaba perfecto. Me acompañó hasta la puerta de mi habitación, quedándonos plantados delante de la puerta marrón, sentí como deslizaba, suavemente, su brazo, dejándolo caer, y me volví a sentir vacía, en el momento en que su cuerpo dejó de hacer contacto con el mío. Elevé la mirada, armándome de valor, iba a saber de quien estaba enamorado, y lo iba a saber ahora.
- Edward... - comencé en un susurro, llamándole la atención -. ¿De...? ¿Quién era esa chica?
Me golpeé mentalmente, al darme cuenta de lo cobarde que era, y lo estúpida que había sido, había perdido una oportunidad, en la cual, supuse, que él me diría la verdad, ya que no tenía esa máscara de amargado y soledad. Ahora, mostraba sus auténticos sentimientos, los cuales, no eran muy animados.
Él suspiró, y me atrajo en un abrazo, apretándome contra su pecho, se sentía estar en el cielo. Apoyó su cabeza en la mía, obligándome a no levantarla y no poder mirar su rostro, el cual me imaginé frustrado. Su mano estaba en la parte trasera de mi cabeza, descansando, mientras la otra, estaba apoyada en la espalda. Quizá fuera el único momento, en el que él me abrazara cariñosamente, y no lo iba a desaprovechar. Alcé mis brazos y los enrrollé entorno a su cintura, mientras hundía mi cabeza en su cuello, y volvía a expirar su olor, con más tranquilidad.
- Ella es alguien del pasado... un pasado enterrado - me estrechó más fuerte entre sus brazos, y no me quejé, podría pasarme la vida así, sin echar de menos nada. Todo era perfecto cuando estaba junto a él. Y las palabras de Renée flotaron en mi mente.
Jamás pongas barreras a lo que sientes. No dudes en el amor. No tienes nada que perder. Las alejé lo máximo que pude de mi mente, quizá no tuviera nada que perder, ya que, ante la confesión involuntaria de Edward había perdido mis esperanzas y todo. Era mejor dejar todo como estaba, que las cosas marcharan a su ritmo, sin necesidad de empeorarlo. Por eso mis sentimientos se iban a guardar en mi corazón, y él no sabría de ellos.
Si, él no me quería, pero yo, en ese momento, me sentía volar entre sus brazos.
¡Hasta aquí! ¿Qué les pareció? No, la verdad, es que aún, por lo que a mí presenta, no habrá beso xD. Algo habrá que esperarse. A mí, sinceramente este capítulo me gustó, tiene algo que me gusta xD. ¿Qué os parece?
Leí en algunos reviews, que querías un capítulo con POV EDWARD. Primero, pensé, hago este capítulo así, pero luego preferí que no y decidí que el siguiente capítulo sería POV EDWARD.
Agradezco a todas las personas que dejaron review :)
Cuidensee y nos leemos pronto!
Marinilla14
