La saga de Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer

Mi hermanastro

Resumen:

Su extremada arrogancia e individualismo hacían de él un ser amargado y apartado de la sociedad. Y a pesar de todo, algo sentía en mi interior, por él, por mi hermanastro. Porque él no es lo que aparenta, o eso quería creer.

ExB


Confesiones

Sentía mis ojos cansados, aún habiendo dormido parte de la tarde y casi toda la noche. La noticia de Jacob –recibida por parte de Renée– me había golpeado mucho más fuerte de lo que me pude llegar a imaginar. Ahora, que había sentido lo que era enamorarse de verdad, sentir mariposas en el estómago cuando lo veía, y el placer que se sentía cuando su olor te embriagaba, o simplemente cuando te miraba por un momento. En ese momento me di cuenta de que, poco me importaba que Jacob hubiese vuelto, que estuviese en Forks, porque a mí, él, no me interesaba. Y aún así, me incomodaba verlo, el tenerlo cerca, tenía miedo de que aún me gustara, aunque solo fuese un poco, sentía pánico.

Edward se movió en mi cama, para abrazarme más fuerte, acción que hizo que mi estúpido corazón latiera más fuerte. Cuando, el día anterior, vi entrar a Edward a mi habitación, quise que se fuera, no quería que viera la imagen derrotada y débil que tanto me costaba ocultar, pero se quedó, y, al parecer, toda la noche. Y, aunque él solo me viese como una hermana –ya lo había demostrado cuando fui a su habitación en una toalla, gracias a la idea de su hermana–, al menos sabía que se preocupaba, y eso, en cierto modo, me alegraba.

Dejé reposar mi cabeza en el pecho de Edward, mientras mi mano jugaba con el borde de su camisa. Moví mi cabeza para poder ver mi reloj reposar en mi escritorio, suspiré, tenía tiempo de sobras para llegar a la universidad. En una parte de mí, estaba deseosa de que se hubiese pasado la hora, pero, al parecer, el destino jugaba en mi contra. Miré al chico que se hallaba durmiendo conmigo, y me dio pena despertarle, estaba tan bien, tan... dormido. Intenté deshacerme de su protector abrazo, pero lo único que conseguí fuera que me apretara más contra él.

Debería despertarlo.

Moví su cuerpo con mis temblorosas manos, consiguiendo un gruñido por su parte, y una pregunta vino a mi mente, ¿Cómo podría levantarse cada mañana, con lo resistente que es durmiendo? Quién sabe.

- Edward – susurré, mientras seguía moviendo su cuerpo -. Edward – dije un poco más fuerte. Lo sentí coger aire por sus fosas nasales, y luego abrió sus hermosos ojos verdes, para posarlos en mí.

- Bella – dijo con voz ronca, sin poder abrir bien sus ojos a causa de la luz del sol -. ¿Estás mejor? – mi corazón, como bien iluso que es, comenzó a bombear fuertemente.

- S-Si – bajé la mirada apenada -. L-Lo siento, por… lo de anoche – comenté sintiéndome estúpida.

- No pasa nada. Todos tenemos días malos – levanté la mirada y le sonreí.

- ¿Hoy vas a la universidad, no? – preguntó desviando su mirada al reloj.

- Si – contesté queriendo no separarme de él, nunca.

- Será mejor que te arregles, sino quieres llegar tarde – dijo al tiempo que nos incorporábamos en la cama, y él se levantaba de aquella manera tan grácil, que le hacía ver más perfecto de lo que ya era -. Nos vemos a bajo – susurró, para después depositar un beso en mi frente. Pude sentir el calor subirme a las mejillas, mientras el se daba la vuelta y se marchaba.

Toqué con mis manos frías mi cara, en un intento vano de bajar la temperatura. ¿Cómo alguien podía causarme tales cosas? Me levanté con pesadez, me di una ducha rápida, y luego bajé, ya vestida a la cocina, donde se encontraba Edward, totalmente arreglado, preparando café.

- Buenos días – saludé, retirando la silla y ocupar lugar en ella.

- Buenos días – me devolvió el saludo, pero se mantuvo de pie. Estuve incitada a preguntar, pero me callé, tenía cosas más urgentes en las que pensar, como por ejemplo; podría ver a Jacob en cualquier parte de Forks, y este pueblo no es muy grande para mantenernos los dos. Al parecer mi tristeza inmediata fue observada por Edward, que se sentó en la silla contigua a la mía, y apoyó su mano en mi mejilla, obligándome a mirarlo -. ¿Estás bien? – preguntó con su hermoso rostro preocupado.

Asentí sin mucho éxito, mis ojos traicioneros se llenaron de agua, y solo pude bajar mi mirada, ¿Otra vez me vería llora? ¿Qué pensaría de mí? Unos brazos se acomodaron a alrededor de mi cuerpo, y me estrecharon contra un cuerpo bien formado. Dejé escapar mis silenciosas lágrimas, y mis pequeños sollozos, mientras arrugaba con mis manos su camiseta.

- ¿Quieres quedarte en casa? – su mano bajaba y subía cariñosamente por mi espalda. Asentí contra su pecho, aferrándome más a él.

Edward me puso de pie junto a él, y caminamos hasta el comedor, donde sus brazos no dejaron ningún momento mi cuerpo, cuando sentí el mullido sofá bajo de mí, me abracé más a mi hermanastro, y seguí llorando, sin reparar en mi dolor de cabeza tiempo después.

- ¿Y si… Y si él ha venido a… buscarme? – los brazos de Edward me apretujaron más a su cuerpo, y yo no me opuse.

- ¿Es lo que te prometió, no? – asentí quedamente, y tuve miedo de que él me animara ha hablar con Jacob -. ¿Y tú quieres…hablar con él?

- No, pero… Renée me ha dicho que haga un esfuerzo y hable con él – el cuerpo de Edward se tensó, y no supe muy bien por qué -. ¿Tu que opinas? – me incorporé para verle su cara, pero sus ojos estaban tristes, y parecía estar muy lejos de aquí, pero me equivoqué, cuando me miró, y suspiró cerrando los ojos.

- Yo puedo opinar todo lo que tú quieras, Bella. Pero no me pidas que te diga lo que pienso sobre este tema – fruncí el ceño ante mi confusión, ¿A qué se refería?

- No entiendo, Edward – mis ojos se fijaban en los suyos sin brillo, opacos, tristes.

Dio un gran suspiro, y acarició mi mejilla con suavidad.

- Es mejor así – se deshizo sin dificultad del agarre, y se levantó con rapidez y en silencio, que dudé por varios segundos si aún seguía o no sentado a mi lado.

Subió las escaleras, y por inercia, le seguí a trompicones, ¿A qué se refería con eso? Cuando llegué al segundo piso, lo pude ver a punto de abrir la puerta de su habitación, me acerqué a él, quedando a menos de un metro de distancia.

- Edward, ¿Qué quieres decir? – pregunté sintiendo como la confusión aumentaba por momentos.

- Pues que… - me miró, y pude ver, claramente, que algo tenía en mente, debatiéndose en si decirlo o no. Cerró los ojos y meditó -. Bella – se acercó a mí, y acarició lentamente mi mejilla, de nuevo –. No quiero que hables con él, es más, no quiero ni si quiera que le veas, que él te mire, y pueda descifrar en tu mirada que aún sientas algo por Jacob, porque… no podría soportarlo. No quiero ver como… besas a otro, porque si yo no soy ese otro, no quiero pensar que alguien besa tus labios.

Mi boca se encontraba entreabierta, y mi mirada era una mezcla de confusión y algo de alegría, significaba eso que, ¿Edward correspondía mis sentimientos? Su mano, la cual aún estaba en mi mejilla, se deslizó y dejó de hacer contacto conmigo. Sus ojos no perdían contacto con los míos, quería hablar con él, decirle algo coherente, pero, a decir verdad, es mucho más fácil ver las escenas románticas en la televisión que vivirlas en tu propia piel.

- Bella – su voz me sacó de mis profundos pensamientos –. Lo siento por lo que te acab…

- N-No – negué con la cabeza –. No lo sientas.

Me apoyé en mis puntas de los pies, y rocé mis labios con los suyos, cerré mis ojos ante el pequeño contacto, disfrutando la corriente eléctrica que sentía en ese momento. Edward apoyó una mano en mi cadera, mientras la otra la llevaba a mi rostro, atrayéndome a él. Sus labios se acomodaron a los míos, cerré los ojos sintiendo como mi corazón no dejaba de bombear a cada momento. Mis brazos rodearon su cuello, y mis manos se hundieron en su desordenado pelo. Nos fuimos separando lentamente, tras haber tocado el paraíso con mis dedos, abrí los ojos lentamente, y mi mirada chocó contra la de Edward. Su frente estaba apoyada en la mía, mientras intentábamos regular nuestras respiraciones.

- Bella – comenzó, sin embargo no continuó hablando. Mi corazón seguí bombeando a un ritmo escandaloso, y yo solamente me perdía en sus hermosos ojos verdes.

- E-Edward… No pienso besar a Jacob, y, te aseguro, que no siento nada por él. No al menos, desde que tú apareciste… - susurré mientras en su perfecto rostro se dibujaba una sonrisa. Alcé mi temblorosa mano y acaricié su mejilla, sintiendo relajantes y placenteros choques eléctricos por todo mi cuerpo.

Edward volvió a acercarse a mí, y beso mis labios con dulzura, que, poco a poco, se fue transformando en pasión descontrolada. Mi espalda chocó contra la pared, obligándome a soltar un pequeño gemido, que fue acallado por la boca de mi acompañante. Sus manos se introdujeron dentro de mi camisa, repasando y acariciando cada parte de mi piel. Hasta que el timbre de la puerta sonó, dejamos que pequeño aparatito dejara de sonar, sin embargo, no paró, cada vez más insistente.

Edward se separó de mí a regañadientes, a medida que depositaba pequeños besos en mis labios.

- Voy a ver quien es, y ahora vuelvo – decía entre beso y beso. Asentí, mientras dejaba mis labios, y se encaminaba a la puerta. Moví mis piernas débiles, y me senté tras la barandilla de las escaleras, quedando oculta a cualquier visión.

Mi felicidad rebosaba por todo mi ser, tenía una tonta y estúpida sonrisa de enamorada pintada en mi boca, mi rostro enrojecido furiosamente, y el olor embriagador de Edward aún podía respirarse entorno a mi cuerpo, y deseé que siempre estuviera impregnado a mí, ese tan maravilloso y espectacular olor. Mi burbuja se rompió, al tiempo que mi pequeño aparatito llamado móvil sonó, sacándome, malhumorada, de mi pensamientos. Lo saqué con cierta dificultad de mi bolsillo, y me lo llevé a la oreja, sin reparar en el nombre que ponía la pantallita.

- ¿Diga? – pregunté, apoyando mi espalda a los barrotes, dándole la espalda a Edward, quien yacía aún allí a bajo, sin saber quien era la persona que llamaba al timbre estrepitosamente.

- ¿Bella? ¿Eres tú? – mi sangre se me heló, y fruncí los labios, haciéndome mal – No sabes cuanto me ha costado localizarte.

- ¿Qué quieres, Jacob? – pregunté con toda la frialdad que pude acumular en mi voz.

- He venido, tal y como prometí – bufé exasperada y solté una risa irónica.

- ¿Después de cuánto? ¿Tres años? – me levanté con la furia invadiendo mi cuerpo, y empecé a caminar por el pasillo – ¿Esperabas que te fuera a esperar tanto tiempo?

- Pero, tu dijiste que si – repuso con tranquilidad. Mi rabia aumentó y apreté mi mano, convirtiéndola en un puño.

- ¡Tenía dieciséis años! Jamás pensé que fueras a irte tanto tiempo. Y el tiempo a pasado, Jake, nada es como antes.

- ¿Q-Qué quieres decir? – la tranquilidad que antes poseía se había ido disminuyendo, conforme había dicho mi anterior frase.

- Pues eso. Ya no te quiero – me quedé mirando la pared del fondo, perdida en el pasado.

- ¿Quién es él? – fruncí el ceño.

- ¿Qué importa que haya alguien o no? – pregunté con la ira temblando en mi voz – Es por mí. Puede ser que haya alguien más en mi vida, pero, no tenía pensado esperarte tanto tiempo, sentada en una silla, ¿No creías eso, verdad? Yo también tenía sueños y quería vivir mi propia vida, mi felicidad, no vivir a costa de la tuya – su risa irónica, produjo en mí la intención de estampar el móvil contra el suelo, sin embargo me controlé. No quería perder mi estimado móvil.

- Eso solo son excusas. Te aseguro de que volverás a enamorar de mí. Lo juro – apreté mis dientes, mientras la impotencia y rabia cubría toda parte de sentimiento bonito, que pude sentir una vez por él.

- ¡Puedes jurar todo lo que quieras! ¡Puedes intentar conquistarme las veces que te venga en gana! ¡Me da igual lo que hagas! ¡Ahora soy feliz y no pienso renunciar a esa felicidad! – colgué mi móvil, y me llevé una mano a mi rostro, mientras apoyaba el costado de mi cuerpo en la pared.

- ¿Estás bien? – su aterciopelada voz resonó en mis oídos, y alcé la cabeza, sin voltearme, aún.

- Si – contesté, dejando escapar un suspiro pesado – ¿Quién era?

- Nadie – dijo entre dientes. Giré mi cabeza, y me posicioné delante de él, pudiendo observar sus ojos verdes.

- ¿Era Tanya? – pregunté con el corazón en un puño, él asintió lentamente, y todo el aire contenido en mis pulmones escapó de repente, y mi semblante se volvió triste.

- Solo quería saber si la persona a quien quiero, me corresponde y soy feliz, no he podido hacer nada más que afirmarlo – levanté mi rostro iluminada, dejando escapar una sonrisa.

Mis brazos rodearon su cintura, hundiendo mi cabeza en su bien formado pecho, ahogando un suspiro contra él. Sus brazos me encarcelaron junto a él, apretándome con fuerza, y no me quejé. Nada me hacía más feliz que poder estar entre sus musculosos brazos. Depositó un beso en mi pelo, y cerré mis ojos sintiendo volar.

- No me dejes, nunca – susurré, pero sabía que él lo había escuchado.

- Lo prometo – murmuró contra mi cabeza.

Estuvimos largo rato así, disfrutando del calor que el otro emanaba, hasta que fuimos interrumpidos por el sonido de mi móvil sonar dentro del bolsillo. Me separé levemente de él, y saqué el aparato, y miré sorprendida la pantalla, al ver el nombre que marcaba.

- ¿Tony? – pregunté con sorpresa – ¿No deberías estar aún en la universidad?

- Oh, si, debería – su voz despreocupada, me hizo soltar una risa – y tú también deberías estar allí.

- Tú lo has dicho, debería. Pero un día de fiesta no hace mal a nadie – Edward tenía el ceño fruncido, cada vez que reía, o nombraba a Tony.

- Había pensado en salir y me preguntaba si querías venir, ya sabes, necesito algunas cositas que comprar.

- ¿Salir? – pregunté a propósito, mirando la reacción de Edward, la cual no fue mi grata, gruñó notablemente, y me apretó más a su cuerpo – Me encantaría, Tony, pero, tengo asuntos que atender…

- ¿Asuntos? – su voz sonó confusa y pícara.

- Si, he escuchado a algo o alguien gruñir y voy a ver a que se debe – antes de que pudiera hablar y acosarme con sus infinitas preguntas, me adelanté – Así que nos vemos mañana, ¿Vale?

- Vale, pero que sepas que no te salvas. Adiós – se despidió con una risa y colgó.

Me separé lentamente mi móvil de la oreja, mientras Edward tenía una de sus perfectas cejas elevadas, mirándome con su única sonrisa enmarcada en el rostro.

- ¿Así que tienes asuntos que resolver, no? – preguntó cogiendo un mechón de mi pelo para colocarlo tras mi oreja, mi débil corazón comenzó a latir con fuerza, al sentir su cálido aliento chocar sin remordimientos contra mi rostro. Asentí con la poca cordura que me quedaba, gesto que le hizo gracia a Edward.

- Es un asunto muy importante – las palabras salieron atropellándose las unas con las otras, y mi acompañante puso mi sonrisa favorita. Se acercó, de nuevo, para besar mis labios, cuando estábamos a centímetros de besarnos, el estúpido timbre interrumpió, posiblemente, el mejor momento de mi vida.

Edward gruñó notablemente, y algo de alegría inundó mi ser, al comprender que él estaba tan molesto como yo. Me soltó de su agarre, no sin antes darme un pequeño beso en lo labios –suficiente por el momento–, se dio la vuelto y con su andar grácil bajó las escaleras, con la acción de abrir la puerta. Me apoyé en la pared e intenté controlarme, y recuperar lo poco de cordialidad que me quedaba. Mis dedos se apretaron a mis sienes, controlando los latidos de mi mortificado corazón.

- Esta arriba – escuché la voz dubitativa de Edward, dirigiéndose a la persona que había llamado. El pánico inundó mi ser, ¿Y si era Jacob? Él no sabía que aspecto tenía mi exnovio. Mi corazón comenzó a latir fuertemente, ante el pensamiento de verlo, tenía miedo.

Sentí unos pasos calmados pero rápidos, y luego la pequeña figura de Alice, apareció en lo alto de las escaleras. Todo el miedo que había conseguido acumular se fue nada más ver a mi pequeña cómplice –ella había ideado todos los planes de llamar la atención de Edward.

- ¿Alice? – pregunté confusa, tenía entendido que ella este día lo tenía ocupado y no quería recibir llamadas, había quedado con su querido Jasper.

- Bella – su mano cogió mi muñeca y nos adentramos en mi habitación, automáticamente le dije adiós al plan que se había montado de estar a solas todo el día con Edward – ¿Has hablado ya con ese amigo extraño tuyo? – su ceño ligeramente fruncido al darme cuenta de a quien se refería.

- ¿Jacob? – asintió con los ojos achinadillos y se inclinó para mí, queriendo escuchar toda mi conversación con él, hasta el más mínimo detalle.

Cuando le expliqué, esos minutos de mi vida hablando con él por teléfono, con pelos y señales. Pareció satisfecha y puso su sonrisa pícara, una que me estaba comenzando a producir miedo inexplicable.

- ¿Qué quieres saber ahora, Alice? – entrecerré los ojos, y su sonrisa se ensanchó más.

- ¿Qué ha pasado con Edward? – un sonrojo notable se apoderó de mis mejillas, y Ali sacó sus propias conclusiones – Dime que lo que estoy pensando es verdad – asentí con mis orejas quemándome.

- Si… - un chillido ahogado surgió de la garganta de Alice, y una mini sonrisa se produjo en mis labios.

- ¿Y qué estabais haciendo antes de que yo llegara? – su curiosidad era bastante visible, al observar sus pequeños ojos brillando de sobreexcitación.

- Pues seguramente ahora estaríamos con nuestros cuerpos sudorosos en mitad del pasillo – Alice abrió sus ojos por la sorpresa y su boca se abrió ligeramente – Es mentira – aclaré cuando ella soltó un suspiro de alivio.

- ¿Tienes precaución? – en su rostro no había ningún toque de diversión, todo lo que había era seriedad, una seriedad que me causó escalofríos.

- A-Alice, ¿Hablas en serio? – pude balbucear tras varios minutos en silencio.

- Me lo temía – abrió su bolso, y sacó unos cuantos preservativos, mi rostro estaba furiosamente enrojecido, cosa que sorprendió a Alice – Tampoco hay que avergonzarse, Jazz y yo los utilizamos a menudo – contuve aire dentro de mis pulmones, no me apetecía hablar sobre sexo seguro con mi hermanastra – No me digas que… ¿Eres virgen?

La pregunté me desencajó completamente, y me puse de pie de un salto, abandonando mi cama.

- ¡Ya esta bien, Alice! Basta por hoy – abrí la puerta de mi habitación, huyendo de aquel pequeño diablos, con respuestas para todo. Bajé las escaleras con ella a unos dos metros atrás que yo.

- ¡Yo me voy ya! – anunció, provocando que Edward saliese de la cocina, ante su noticia – Hasta luego, hermanito – le dio un pequeño beso en la mejilla, y se volteó hacía mí – He dejado eso que tu y yo sabemos, en el cajón de tu mesita de noche, sé que lo necesitarás – me sonrojé furiosamente, mientras Alice decía un "adiós" entre risas, y Edward nos miraba confuso.

Cuando Alice desapareció por la puerta, solté un suspiro cansado, ¿Cómo podía traerme eso? Edward lo podría ver y pensaría que soy una obsesa al sexo. Unos brazos musculosos atraparon mi cintura y mi espalda chocó contra un bien formado pecho.

- ¿Por qué tanto secretito entre Alice y tu? – tragué saliva con los nervios a flor de piel, y reí tontamente.

- Cosas de chicas – estúpida excusa, y estúpida influencia que tiene él sobre mí. Su barbilla reposó en mi hombro, mientras sus ojos estaban alzados mirando lo que podía de mi rostro, y como buena cobarde que soy, no le devolví la mirada.

- ¿Cosas… de chicas? – repitió conteniendo una risa – Es la peor excusa que he escuchado en mi vida.

Giré mi rostro en un intento de estar enfadado, pero los roces de sus labios contra mi piel expuesta del cuello, hizo que mi piernas temblaran y toda cordura y noción se escapara. Depositó un pequeño beso en mi piel, y luego me deshizo su abrazo. Me giré confusa, y lo entendí, él no quería llegar demasiado lejos en menos de unas horas que nos habíamos confesado.

- ¿Quieres… Quieres ver una… película? – pregunté con un temblor notorio en mi voz, pero la sonrisa que se extendió por su rostro me tranquilizó.

Justo cuando Edward me abrazó –sentados ya en el sofá– y la película estaba por comenzar, mi móvil volvió a sonar dentro de mi bolsillo, y el suspiro exasperado que se escapó por la garganta de él, supe que estaba molesto, y la pregunta aquí sería, ¿Y quién no? Fruncí el ceño, mientras cogía mi móvil, destapé la tapa de la parte de atrás del aparato, y quité la batería, sin molestarme a colgar primero ni a apagarlo.

Esa iba a ser mi tarde con Edward, y nada lo iba a estropear.

Dejé el móvil, junto la batería sacada sobre la mesa de cristal en frente del sofá, y volví a acomodarme entre los brazos de Edward.

- Ya no nos volverán a molestar más – comenté con una sonrisa en mi cara, mirándolo directamente a los ojos.

- Mejor – repuso antes de volver a juntar nuestros labios en un beso cálido y perfecto.

¿Qué más podía pedirle a la vida?

Solo que el cuento de hadas no se acabe. Y haría todo lo posible para que así fuese.


Me encantó el capítulo xD. Perdón por tardarme tanto, pero estoy enganchada a un juego de la play 2, lo trajo un día mi hermano a casa, y yo estaba obedientemente haciendo este capítulo, pero fue ver el juego, y hasta ahora no he acabado los últimos arreglos del capítulo. Quise subirlo ayer, pero irme de compras con unas amigas que le encantan meterse en tiendas, y provocan que me guste ropa y no la pueda comprar, por su culpa, llegué a casa, cené y metí en mi cama. Con el pensamiento de subirlo hoy. Cosa que he cumplido :)

Espero que os haya agradado este capítulo, tanto como a mí esciribirlo :P

Agradezco como siempre a todos vuestros reviews, y a todas las alertas y favoritos, de veras :)

Nos leemos pronto.

Cuidenseee.!

Marinilla14