La saga de Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer
Mi hermanastro
Resumen:
Su extremada arrogancia e individualismo hacían de él un ser amargado y apartado de la sociedad. Y a pesar de todo, algo sentía en mi interior, por él, por mi hermanastro. Porque él no es lo que aparenta, o eso quería creer.
ExB
TODO PRINCIPIO TIENE UN FINAL
- ¡¿Qué?! – pregunté con el rostro sonrojado.
- No me digas que no te habías dado cuenta – repuso con diversión – Pensé que era más lista.
- Pero… Pero creí que lo que me dijiste era una tapadera para que me diera cuenta… y… - dejé la frase inacabada, mientras ataba cabos sueltos, con una mano debajo de mi mentón.
Los labios de Tony estaban fruncidos, aguantándose por todos los medios no reírse. Estábamos, como siempre, esperando a que Edward llegara para recogerme, habíamos salido antes de clases, y mi amigo se había decidido a acompañarme hasta que mi hermanastro viniera.
Había pasado dos meses desde que Edward y yo nos habíamos confesado, y éramos algo así como novios, ninguno de los dos lo habíamos hablado, sin embargo no me importaba –bueno, quizá un poco–, sabía que si él estaba a mi lado, ya fuera mi novio o cualquier cosa, podría seguir caminando sin tropezarme.
- ¿Qué le tienes fatiga o algo por el estilo a los gays? – Tony me sacó de mis pensamientos, con esa pregunta, y mi cabeza se movió de lado a lado frenéticamente, era extraño que el pudiera decir la palabra con tal facilidad, cuando a mi me costaba minutos decir esa palabrita de tres letras.
- Es solo que no me lo esperaba – murmuré, apoyándome contra la farola, mientras sentía la risa ahogada de mi compañero de universidad.
- Debías haberte visto la cara… Lo llego a saber y te grabo en video – giré el rostro indignada, con los ojos cerrados.
- Eres malo – musité, pero, entonces, me di cuenta de algo obvio – Entonces, si yo aquel día en el coche te hubiese dicho que no me importaba Edward, ¿Hubieras atacado? – pregunté incrédula.
- Bella, soy gay, no un tigre – fruncí el ceño, ¿Qué más daba eso? Solo quería saber si a él le gustaba algo que era mío – Lo más probable es que no hubiese echo nada, pero si me lo llego a encontrar en un callejón oscuro, no respondo de mis actos. No puedo negar que tu hermanastro esta como quiere – dijo con una sonrisa extraña, entrecerré mis ojos, amenazándole con la mirada.
- Ni le mires – una carcajada salió de sus labios, y pronto me uní a él.
- No pensé que fueras tan celosa – apoyó su mano en mi cabeza y revoloteó mis cabellos.
- ¿Celosa, yo? – pregunté con inocencia – Que va. Solo odio que toquen algo que es mío, nada personal – asentí con la cabeza, afirmando lo que acababa de decir.
- Entonces, ¿Sois novios? – mi mirada decayó, y se quedó fija en el suelo. Edward no me había dicho en ningún momento si quería que yo fuera su novia, aunque, durante toda la tarde de ayer, estuvo diciéndome al oído cada poco rato que me quería, ¿Qué importaba sino fuéramos novios? Él me quería y yo a él.
- Bueno… No me ha dicho que seamos novios, pero eso no importa, ¿No? – levanté la mirada, y me encontré con Tony algo serio.
- Supongo que no – suspiró frustrado, y desvió la mirada a la carretera – Ya viene ahí tu príncipe azul – giré mi cabeza a tiempo que veía aparcar su Volvo, y esperaba a que yo llegara.
- Bueno, me voy. Nos vemos mañana – me despedí con un beso en la mejilla. Y me encaminé hacía el coche, provocando, así, que las mariposas se hicieran presentes y mi nerviosismo aumentara descontroladamente.
¿Cómo alguien podía provocarme algo así?
Me metí en el coche con cierta torpeza, y nada más cerrar la puerta y mirar su rostro, me encontré con sus labios. Llevé mis manos a su desordenado pelo, profundizando el beso, no me había dado cuenta, pero había echado de menos sus besos, y el último encuentro con sus labios había sido esa mañana, no quería ni pensar en cuando estuviera un día lejos de él. Nos separamos lentamente, y pude sentir como mi rostro estaba sonrojado.
- Me encanta cuando te sonrojas – susurró chocando su aliento contra mi rostro. Levantó su mano y acarició mi mejilla, lentamente. Cerré los ojos ante ese pequeño contacto, y suspiré como una tonta enamorada.
Gracias a su loca conducción llegamos a su casa en cuestión de pocos minutos. Edward, muy a mi pesar, tuvo que marcharse por una urgencia en su trabajo, no obstante, sus intensos besos me daban a entender lo contrario, y de una forma u otra, me gustaba.
- Tengo que irme – murmuró contra mis labios. Sonreí, sin embargo seguí besándole.
- ¿Volverás pronto? – pregunté en un susurro, en el momento en que nos separamos con las respiraciones agitadas.
- Cuando pueda estaré aquí, no tardaré – volvió a acomodar sus labios en los míos, moviéndolos suave e intensamente, como si no hubiera un mañana.
Muy a mi pesar, tuvo que irse, y yo entré a la casa con cansancio plasmado. Hoy que no tenía deberes ni exámenes ni nada por el estilo, él tenía que trabajar. Me tumbé en el sofá, sin ganas de nada, y me tapé con la pequeña manta que adornaba siempre el sofá. Simplemente dormiría hasta que él llegase.
Cerré los ojos, y me relajé. Sin embargo el estrepitoso sonido del teléfono de mi móvil, guardado en mi bolsillo, provocó que frunciera el ceño, enfadada. Cogí el pequeño aparato y me lo llevé a la oreja, no sin antes mirar el número de la pantalla.
- ¿Qué pasa, mamá? – pregunté aburridamente.
La risa escandalosa de mi madre al otro lado del teléfono, infundó un gran enfado, ¿Se atrevía a cortar mi momento de sueño para reírse sin sentido?
- Bella, cariño, sé que Edward te roba mucho de tu tiempo, pero podrías tener un poco de reconsideración a tu madre – su voz era despreocupada, y relajante. Rodé los ojos y bufé exasperada.
- Me encantaría decirte que estoy con Edward, pero, lamentablemente se ha ido a trabajar – fui bajando el tono de voz, hasta quedar en silencio, procesando la información que Renée había dicho, ¿Ella sabía…? ¿Cómo? Abrí los ojos de par en par, y me incorporé en el sofá, escandalizada – ¡¿Cómo sabes eso?!
Su risa pausada y divertida, se volvió a oír a través del teléfono.
- Soy tu madre y lo sé – ya dicen por ahí que una madre lo huele todo, y en este caso, no se equivocaba – Estoy muy feliz por él y por ti. Oh – rió acompasadamente – Sabía que te preocuparía lo que Carlisle y yo pensáramos, por eso me he adelantado. Estamos muy felices por vosotros, no sé que tenías en tu cabeza, pero mejor, olvídate de que yo me interponga en vuestra relación, hija.
Mis ojos estaban fijos en un lugar de aquel gran comedor, mientras la información era rebobinada en mi cabeza, y la estudiaba en cuestión de segundos. Una parte de mí, se alegró de que Renée y Carlisle apenas le afectara nuestra relación, sin embargo, el shock de saber que tu madre había adivinado en un momento lo que a mí me había costado aceptar en varias semanas, era algo extraño.
- Bella, hija, ¿Sigues ahí?
- S-Si, m-mamá – balbuceé, aún sin comprender – E-Entonces, ¿No os importa? – pregunté una vez recuperé algo de cordura.
- ¡Que va! Solo espero que vengas ha hacerme una visita, no quiero volver a ir a Forks, y pillaros en un mal momento – repuso con cierto reproche.
- De acuerdo, de acuerdo. Prometo que cuando tenga un fin de semana sin nada que hacer, iré a visitaros – dije con la felicidad plasmada en mi rostro.
- Lo has prometido, Bella – dijo, y pude imaginármela con el ceño levemente fruncido, y las comisuras de sus labios para a bajo.
- Si, si – sonreí – Bueno, mamá, ya que me has interrumpido mi siesta, me iré a duchar, así que, mejor hablamos en otro momento.
- A la ducha… - dijo con cierta desconfianza – Bella, la ducha no significa la habitación de Edward.
Gruñí por lo bajo.
- ¡Te he dicho que no esta en casa! – exclamé con el rostro sonrojado, mientras me levantaba y me dirigía a mi habitación.
- Lo sé, lo sé – dijo con burla en su voz – ¡Llámame pronto! Cuídate, te quiero.
- Y yo, mamá – colgué el teléfono.
Sonreí como una tonta enamorada, mientras cogía una toalla y me dirigía a la ducha. Renée había sido más comprensiva de lo que me había imaginado, me había echo a la idea de un enfado temporal, hasta que ellos lo asumieran, y lo aceptaran, tal y como era. La ducha se llenó de agua, y me adentré en ella con lentitud.
La ducha, realmente me sentó bien. No sé cuanto tiempo estuve allí, solo que cuando me enfundé en mi caliente pijama y recogí el baño. Edward volvió, cerrando la puerta con un ruidoso portazo.
Bajé las escaleras rebosando felicidad por todas partes de mi cuerpo. Cuando llegué al recibidor, lo vi dejando su chaqueta tranquilamente en el perchero. Me lancé a sus brazos, literalmente, cogiéndolo desprevenido, y a causa de ellos, caímos al suelo. Me sonrojé furiosamente, al darme cuenta de lo que había hecho.
- Edward, lo siento, es que estaba contenta y no sé… - callé al ver la divertida sonrisa de Edward en su rostro.
- Te ves adorable cuando no sabes como justificar un hecho – fruncí los labios, mientras los suyos me tentaban precipitadamente.
Me volví a sonrojar, más aún, cuando me di cuenta de la posición en la que estábamos. Él tenía sus manos en mi cintura, mientras las mías estaban en su pecho. Y mi cuerpo estaba dejando caer todo su peso sobre el suyo. Y más aún cuando sus carnosos y sabrosos labios estaban a centímetros de los míos. Y estar así de cerca me había dado cuenta de la falta que él me hacía en el día a día, en mi vida, conmigo.
- Te he echado de menos – susurré inconscientemente. Cuando, a los segundos después de darme cuenta de lo que había confesado, sentí mi cara arder.
- Yo también – su mano se alzó para tocar mi roja mejilla. Quedé hipnotizaba por sus ojos verdes, y apenas me di cuenta cuando sus labios hicieron contacto con los míos.
Fue un beso lento y profundo, con amor y cariño. Su lengua se adentró en mi húmeda cavidad, y se fue tornado en uno pasional. Cuando nos separamos, nuestras respiraciones eran más irregulares de lo normal. Fijé mi vista en la suya, y un extraño sentimiento cubría el cariño que rebosaba de sus orbes cada vez que me miraban. Pero su hermosa sonrisa, me obligó a desechar cualquier estúpida teoría que se estuviera formando en mi cabeza en esos instantes.
- Tengo buenas noticias – dije con una sonrisa adornando mi rostro, mientras nos levantábamos, y dirigíamos a la sala de estar. Donde nos sentamos en el sofá, y cuando Edward me abrazó lo hizo con un extraño sentimiento, negué con mi cabeza. Seguramente las palabras de Renée me estaban afectando más de lo debido.
- ¿Qué buenas noticias son? – preguntó, depositando un pequeño beso en mi frente.
- Digamos que Renée es mucho más observadora de lo que jamás pensé y a descubierto… bueno,… lo nuestro… - bajé la mirada – Y no les importa, es más se alegran de lo nuestro – levanté la mirada, para ver su rostro indestructible.
- Mejor – fue todo lo que dijo, antes de poner la televisión y quedarnos allí durante todo lo quedaba de tarde.
Reposé mi cabeza en su pecho, sin embargo notaba que algo iba mal. Volví a prohibirme a pensar que a Edward le pasaba algo, seguramente estaría cansado de trabajar, y lo único que quería era no hacer ni decir nada. Si, eso era lo más lógico.
- Duerme conmigo – dije, a la vez que le rodeaba la cintura y me apegaba más a su cuerpo.
- Mejor que no. Mañana tengo que ir a trabajar temprano, y es sábado y no quiero despertarte – pronunció con lentitud. Sonreí deliberadamente y negué con la cabeza.
- Por ti ni dormiría – sus manos estaban firmes en mi cintura, hasta que una me soltó y me acarició la mejilla con extremo cariño.
Sus labios se volvieron a poner sobre lo míos, dándome un largo y profundo beso. Cuando se separó apretó sus labios contra mi frente, y sus brazos me estrecharon con fuerza, y no me quejé.
- De acuerdo, dormiré contigo, pero luego no te quejes si te despierto – sonreí ante sus palabras y me dejé embriagar por su exquisito olor.
Esa noche dormí terriblemente bien. Estar en brazos de Edward, era como vivir un cuento de hadas, donde las princesas son rescatadas por sus príncipes azules. Y podía decir con seguridad, sin temor a nada, que él era ese príncipe azul que había estado soñando de bien pequeña, siempre pensé que el príncipe se había perdido, mientras me iba a salvar.
Abrí los ojos, cuando sentí que el calor que irradiaba algo a mi lado, se movió, y se fue de mi lado. Me moví perezosamente con un pequeño gruñido. Vi la silueta de Edward acercarse a mí, y dejar un pequeño beso en la comisura de mis labios.
- Sigue durmiendo, cariño – volvió a dejar un casto beso en mis labios.
- No vuelvas tarde – sonrió cariñosamente, y volvió a dejar un rápido beso.
- Volveré cuando me dejen libre – sonreí feliz – Bella… - abrí cuanto pude mis lagañosos ojos, y miré como su rostro se volvía impasible.
- ¿Qué pasa, Edward? – pregunté con voz adormilada.
- Te quiero mucho – su mano acarició mi mejilla – No lo olvides, por favor.
- Yo también te quiero – volví a sentir como dejaba otro beso en mis labios, y se marchaba con paso grácil y único.
.
OoOoOoOoO
.
Pasé tranquilamente la página de aquel libro, releído bastantes veces, que hasta me sabía bastantes diálogos de memoria. Aunque aquella lectura me llevara lejos de la realidad, no podía evitar sentir ansias y anhelo de que Edward llegara por la puerta cuanto antes. Deseaba tener ese sábado para nosotros.
Mi móvil sonó un mensaje, y lo abrí con desesperación. Me enfurruñé cuando vi que el mensaje era de Tony, donde me decía, como siempre, que tomara precauciones. Él era el único que sabía que no había tenido relaciones, aún, con Edward, y a raíz de que se lo comenté no paraba de decir comentarios de ese tipo.
Cerré mi móvil con fuerza, no sin antes borrar el bonito mensaje de mi amigo, enfadada con Tony, por enviarme tales mensajes, ¿Qué pasaba si un día Edward lo viera? Primero, yo, moriría de vergüenza, y luego mataría a Tony. Suspiré, cuando oí la puerta de entrada abrirse, dejé el libro sobre la pequeña mesa enfrente del sofá. Y fui trotando hacía allí.
Cuando vi en el rostro de Edward un extraño sentimiento, y eso me provocó temor, y el miedo nubló todos mis sentidos. Él me miró, y me sonrió, pero sabía, sentía, que algo iba mal. Algo caía en picado, y no era capaz de verlo, de descubrir antes de que chocara contra el frío suelo.
- ¿Estás bien, Bella? – preguntó con el semblante preocupado, y su ceño ligeramente fruncido, mientras una mano se colocaba en mi hombro y la otra en mi mejilla.
- S-Si, es solo que… - me interrumpí, e hice un intento de sonrisa – No pasa nada. Son tonterías.
Sabía que Edward no lo dejaría pasar tan rápido, con esa mísera excusa, y ese intento fallido de sonrisa, sin embargo, su rostro se relajó, y me dio un pequeño beso en la frente.
- Espero que solo sean tonterías – se dio media vuelta y comenzó a subir las escaleras – Voy a darme una ducha.
Miré como desaparecía piso arriba, y sentí un extraño vacío, algo, cada vez, me decía con mayor claridad que algún asunto iba mal, no obstante no sabía que hacer o decir. Respiré hondo, relajándome, seguramente serían estúpidas paranoias, solo eso. Cuando Edward salió de la ducha, y nos encontramos en el pasillo, él simplemente me sonrió, y se adentró a su cuarto.
Y cada vez lo sentía con mayor claridad, algo se rompía enfrente de mí, y no me quería dar cuenta.
Giré sobre mis talones, y entré al cuarto de Edward, sin pararme a picar, lo vi guardando ropa en su armario, tranquilamente. Eso al menos, era normal.
- ¿Quieres algo, Bella? – preguntó con cautela, y mis labios se fruncieron hasta formar una línea delgada.
- ¿Qué te pasa? – se giró confundido, y respiré con profundidad – No sé que te pasa, llevas unos días extraño, ¿T-Te ha pasado a-algo? – pregunté con temor impregnado a cada palabra que decía.
- Bella…
Se acercó a mí, quedando a pocos centímetros de distancia, y de un momento a otro me besó. Con deseo, con pasión, con un sentimiento extraño. Llevé mis manos a su enredado cabello, mientras sentía como debajo de mi cuerpo se interpuso un colchón suave y mullido. Sus manos recorrieron mis costados por encima de la ropa, sin que sus labios se separaran de los míos. Edward nunca me había besado con tanta pasión contenida, y las mariposas en mi estómago no tardaron en aparecer.
Se fue separando lentamente, pero mis ojos seguían cerrados disfrutando el calor y el gusto que había quedado en mi boca.
- Bella – abrí los ojos, para ver como él se incorporaba y me ayudaba con cuidado a levantarme – Te amo – volvió a presionar sus labios con los míos, pero esta vez dulce y lento.
Cuando nos separamos, supe que todas aquellas sospechas e inseguridades habían sido una tontería, si algo le acechara desde hace tiempo, seguramente ya me lo habría dicho.
- Yo también te amo – susurré tocando su suave mejilla.
Vi cerrar sus ojos ante mi contacto, y se vio terriblemente adorable, su rostro descansaba sobre la palma de mi mano, y su respiración era acompasada.
- Bella – le miré, sin embargo el mantuvo sus ojos cerrados.
- ¿Qué pasa, Edward? – susurré mientras una dulzura se apoderaba de mi cuerpo al verlo allí tan vulnerable.
- Nunca olvides lo mucho que te quiero, por favor – su ceño se frunció, y abrió los ojos. Yo sonreí.
- ¿Cómo quieres que lo olvide si me lo estás diciendo siempre? – su rostro no se relajó, y me preocupé.
- Lo sé – fue desfrunciendo su ceño, y suspiró – Pero, nunca lo olvides – me abrazó con fuerza, como si no me quisiera soltar nunca, como si no hubiese un mañana – Eres lo mejor que me ha pasado – cerré los ojos y enrollé mis brazos a su cintura – Te quiero mucho, Bella, más de lo que te imaginas.
.
OoOoOoOoO
.
Volví a mirar mi reloj de muñeca, con nerviosismo. Hacía más de quince minutos que Edward tendría que haber estado aquí, hoy Tony no había podido quedarse conmigo ya que operaban a su hermana y debía de estar allí. Así que esperé sentada en un banco, sin embargo no había ningún Volvo a la vista. La sensación de vacío volvió a mí, sintiendo un extraño dolor en el pecho, cerca del corazón.
Solté el aire por la boca con desesperación, cuando vi aparecer su coche a toda velocidad por la curva de la carretera. Me levanté con rapidez, sin embargo, él fue más rápido y bajó del coche, para colocarse frente a mí. Y esa sensación de vacío inundó todo mi pecho, y el miedo se hizo dueño de mi mente. Algo malo iba a pasar.
- Bella – la forma en que pronunció mi nombre, me acordé del primer día, donde se mantuvo frío e indiferente, para ese entonces no me hizo daño ni si quiera me importó, pero ahora, las cosas eran diferentes, y un dolor extraño en el pecho volvió a llegar.
- ¿Q-Qué ocurre? – pregunté con un ligero temblor en la voz.
Me miró deliberadamente por un momento, debatiéndose interiormente, y después desvió la vista a un punto lejano a mis espaldas, con el ceño marcadamente fruncido.
- Es mejor que dejemos lo que tengamos de relación. No puedo evitar verte como una hermana, como si viera a Alice o Emmett, o alguno de mis hermanos – suspiró – Pensé que tu eras la indicada, de verdad, pero, todavía quiero a… Tanya – miré a Edward, buscando rasgo de broma, pero, lamentablemente hablaba en serio, y sentí como mi corazón se encogía, queriéndose proteger de sus palabras.
- A-Ayer… - mi voz estaba estúpidamente quebrada, y Edward seguía sin mirarme – M-Me dijiste q-que me querías… - susurré.
- Las cosas cambian – Fruncí el ceño, las cosas no cambiaban de un día para otro, quizá si, lo había notado extraño, distante, pero entonces, ¿Por qué me decía que me quería, y me besaba con toda esa pasión contenida? – Es mejor así, créeme.
- Me niego a creer algo que duele tanto - murmuré, acercándome débilmente a él. Edward retrocedió un paso, con la mirada fija en el suelo, a caso, ¿Era tan cobarde que no se atrevía a mirarme a los ojos? Tragué saliva pesadamente – ¿Y-Ya no m-me quieres? – pregunté en un susurro quebrado. Edward frunció más aún sus labios, y negó con la cabeza.
- Eres mi hermanastra, Bella. Te veo como una hermana. Yo no soy para tí – cerré mis ojos con el dolor retorciéndose dentro de mi pecho, mientras sentía como éstos me escocían, comenzaron a salir incontrolables lágrimas de ellos, haciendo un recorrido húmedo en mis mejillas. Abrí los ojos, y a través de la borrosidad en la cual veía, pude divisar el rostro preocupado y desencajado de Edward.
– Lo siento – fue todo lo que pude oír antes de echar a correr, sin importarme mucho en que podría caerme en cualquier momento, o que él me siguiera.
No, él no me siguió. Él quería a Tanya. Él me veía como una hermana.
Y entonces, me di cuenta, el príncipe azul que me había venido a recatar se había vuelto a ir, dejando a la princesa completamente enamorada de él, y sin otra meta que estar a su lado en la vida.
Mi cuento de hadas se había desgarrado completamente, y ahora, solo podía llorar.
Porque todo lo que empieza siempre tiene que acabar.
Todo principio tiene un final. Una final demasiado triste.
Aixxxx. Pobre Bella. Solo pido que no odies a Edward, él no ha tenido toda la culpa, bueno, en parte si, pero no xD. Solo quería avisar que a este fic solo le deben quedar dos capítulos, si mis cálculos no me fallan. Y aún me debato si hacer o no epílogo, suelo meter la pata con ellos :S.
En fin, espero que os haya gustado. Y lo siento por no haber subido capítulo antes. T, como siempre, agradezco todos vuestros reviews y alertas y todo, de veras :)
¡Nos leemos en el siguiente capítulo!
Cuídense.! :)
Marinilla14
