La saga de Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer
Mi hermanastro
Resumen:
Su extremada arrogancia e individualismo hacían de él un ser amargado y apartado de la sociedad. Y a pesar de todo, algo sentía en mi interior, por él, por mi hermanastro. Porque él no es lo que aparenta, o eso quería creer.
ExB
¿Qué es lo mejor?
A veces lo obvio esta delante de nosotros y no nos damos cuenta.
Puse el tómate en la masa de pizza congelada, lo restregué con una cuchara, mientras abría el armario de arriba y cogía la latita de atún. Mi atención simplemente estaba en esa comida, y en lo buena que me saldría, después de un tiempo de no haberla preparado.
Un suave carraspeo a mi espalda, me llamó la atención, y giré levemente mi cabeza.
- Tranquila, Alice – dije con una leve sonrisa en mis labios – Estará de aquí poco la comida… - y volví mi máxima atención a la pizza.
- Eh… Bella – esperó impaciente, pero al notar que yo no contestaba, prosiguió – ¿Estás bien? – dejé la vacía lata de atún en el mármol, y me dirigí a la nevera.
- Claro, ¿Debería estar mal? – pregunté indiferente.
- No, no. Me alegro de que estés así de… bien – dudó un momento – Pero… No sé… - vi como su perfecto ceño se fruncía, y negaba con la cabeza – Esperaré hasta que hayas echo la comida, de momento voy a llamar a Jasper, para saber que tal le ha ido el viaje… - se levantó de su silla, sin hacer el más mínimo ruido, y salió de su cocina.
Comencé a poner el queso rayado por encima de la pizza, tarareando una canción. Estaba viviendo temporalmente en casa de Alice, el día anterior, había ido, inconscientemente, a su casa andando. Ella al verme derrotada me dejó pasar, a sabiendas que ella se podría imaginar la razón. Mi hermanastra fue la que se encargó de ir a buscar todas mis pertinencias a casa de Edward.
Después de poner el orégano, comencé a calentar la pizza en el microondas. Esperé paciente a que Alice llegara, mientras me dedicaba a recoger todo lo que había ensuciado.
- ¿Le queda mucho a la comida? – preguntó la voz cantarina, pero triste, de Alice.
- No, casi ya esta – dije, mandándole una sonrisa. Ella suspiró, rascándose la parte de atrás de la nuca – Y, ¿Qué tal esta Jasper? ¿Ha llegado bien? – pregunté, mientras gratinaba la pizza.
- Si, cansado – se llevó una uña a la boca, nerviosa.
- ¿Ocurre algo? – negó con la cabeza, sin embargo su expresión me lo confirmaba todo. Me encogí de hombros, ya me lo contaría cuando ella quisiese. El pitido del microondas me avisó de que la comida estaba lista – ¡A comer! – exclamé, con auténticas ganas de comerme la pizza.
Cuando Alice se llevó un trozo de pizza a la boca, sus ojos se iluminaron y miró asombrada la improvisada pizza que había echo.
- Esta realmente buena – dijo, y a duras penas la entendí, su boca llena de comida era algo que me imposibilitaba que la entendiera.
- Se nota quien es la persona que cocina en esta casa – deduje en el primer momento, al darme cuenta, de la poca comida comestible que se hallaba en su nevera y/o armarios.
- Jasper es muy buen cocinero. La última vez que entré a la cocina, casi la quemo, desde ese momento me obligó, literalmente, a no entrar a la cocina sin su vista puesta en mí – sacó a relucir sus pequeños y brillantes dientes, en una sonrisa encantadora.
Seguí comiendo los trozos que me pertenecían de la pizza, llevándomelos gustosamente a la boca. Alice ya había terminado, sin embargo no se movió de la mesa, y miraba fijamente sus manos, entrecruzadas. Algo rondaba por la pequeña cabeza de mi hermanastra, no obstante intentaba disimularlo, y algunas veces, conseguía que me olvidase de lo que la atormentaba día y noche. Cuando acabé de comer, recogí el plato, y lo llevé al fregadero, dispuesta a limpiarlo.
- Yo lo haré, Bella – las manos de Alice se encerraron en mis muñecas y las apartaron ligeramente del lavavajillas – Ya me has hecho la comida, creo que fregar si que puedo – me sonrió gentilmente.
- Bueno, debo ir a comprar unas cosas. No vendré muy tarde, ¿De acuerdo? – dije, saliendo de la cocina a por mi abrigo y mi bolso.
- ¡Ten cuidado! ¡Y no llegues tarde! – exclamó desde la cocina. Sonreí, y me fui de la casa de Alice.
Lo que debía de comprar eran cosa sin importancia para la universidad, en estos casos, la gente normal, la que de verdad tiene cosas que hacer en las vacaciones, piensa en otras cosas que no sean estudios, pero, como he dicho, eso solo lo hace la gente normal. Mi prioridad día a día, era mantener ocupada todo el día mi cuerpo y mi mente, así cuando cayera exhausta sobre el mullido colchón de mi cama, no podría pensar cosas indeseables, a causa de que el sueño me vencía.
Caminaba escuchando a todo volumen las canciones de mi mp4, escuchando y atendiendo a cada letra, palabra o significado que decían. Solo para mantener la mente ocupada. Intentaba por todos los medios no escuchar canciones románticas, sin embargo las parejas que veía por la calle, me dificultaba mucho mi tarea.
Cuando hube acabado todas mis compras, volvía a paso lento a casa de mi hermanastra. Seguramente ella estaría esperándome, nerviosa. No había tenido la intención de tardarme tanto, pero el mero hecho de entrar a una biblioteca me había consumido casi toda la tarde. Me quité los auriculares, dejando descansar un poco a mis maltratadas orejas de aquella estridente y para nada romántica música. Alcé mis ojos, y el corazón me dio un vuelco, un coche plateado, se veía a una larga distancia aparcada. Sabía que debía darme la vuelta y huir, llegar a casa de Alice, y hacer como si no hubiese nada. No obstante, mi cuerpo –siempre contradictorio a las conclusiones sensatas–, comenzó a caminar a paso rápido hacía aquel coche plateado que iluminaba la calle oscura. Mis piernas comenzaron a ir más rápidas, hasta llegar a correr.
Estaba desesperada, había estado dos semanas sin ver su rostro, me había obligado a mi misma a no pensar en él, a no llorar, a no hacer preocupar a Tony y a Alice, a sonreír en ver de derrumbarme. Pero, el simple hecho de ver el coche de ese característico color, me hacía desear volver a estar dentro de él, y respirar ese único aroma, en el cual me dejaba la mente totalmente en blanco, y me alejaba de la cruel realidad.
Sin embargo, mi vista me había fallado, me había querido auto engañar a mi misma, a sabiendas que luego pagaría las consecuencias por haberme saltado la primera regla de no pensar en él. No era su coche, no era el Volvo que él tanto quería. Apoyé mis fríos dedos en el tapizado de aquel auto, y sentí, como mi corazón se rompía, de nuevo, y mis ojos se humedecían. Dejé caer mi mano, y cerré los ojos, tratando de contener mis lágrimas antes de que cayeran.
No iba a llorar.
Me lo había prometido a mi misma.
Después de calmarme, y darme cuenta de que ninguna lágrima había caído, me di la vuelta sin mirar el coche aparcado, y comencé a caminar, sin embargo, mi traicionero cuerpo, se giró para asegurarse de que no era un Volvo, su Volvo. Mis manos se hundieron en los bolsillos de la chaqueta, enfundándose calor. Una vez estuve en frente de la casa de Alice, entré con la llave que ella había querido darme, y oí el murmullo sonido de la televisión. Allí estaba ella con una manta cubriendo sus piernas, sus brazos cruzados sobre su pecho, y la mirada fija en la pantalla, pero casi podía jurar que apenas le hacía caso.
- Hola – dio un pequeño bote en el sofá, y me sonrió.
- No te he escuchado llegar – repuso, volviendo su vista al aparato que transmitía imágenes.
Asentí, mientras me desprendía de mi abrigo y bolso, dejándolos en el sillón. Me fijé que Ali se había preparado un improvisado bocadillo, y decidí seguir su ejemplo. No me apetecía preparar nada exuberante, así que un pequeño bocadillo con jamón, estaría bien para saciar mi hambre. Me lo comí en la cocina, tratando de no pensar en el coche que había visto, habiéndome llevado una gran decepción. Fallé. Pensé en el coche, en su Volvo, en su lindo rostro, en sus cabellos desordenados, en su perfecta sonrisa, en como su ceño se fruncía cada vez que veía algo que no le agradaba, en sus hermosos ojos verdes, en su delicada y recta nariz. Pensé en su perfección, y entendí por qué me había dejado, ¿Qué tenía yo para que él se quedara a mi lado? No era bonita, ni especial, ni divertida, ni ingeniosa, ni nada. Era una simple chica normal, con su vida normal, y su estúpida monotonía persiguiéndola a todas partes.
Entendía porque él me había dejado. Era algo tan sencillo como saber decir tu nombre.
- ¿Estás bien?
Hasta que las palabras de Alice no inundaron el ambiente, no me había dado cuenta, que el bocadillo reposaba en la bandeja que había sobre la mesa, mi mirada perdida en algún lugar de su cocina, y como la tristeza me estaba consumiendo en esos momentos. Apreté los puños, y negué con la cabeza.
No podía seguir viviendo como si nada me pasara.
No podía mentir a unos ojos que veían la verdad.
No podía protegerme de los recuerdos.
E hice lo único que sabía hacer bien.
Me levanté de la silla, y alcé la cabeza, para ver a Alice con su rostro compungido de tristeza, y frunció los labios, cuando, posiblemente, vio mis ojos rojos e hinchados a causa de aguantarme el llanto.
- No estoy bien, Alice – se me quebró patéticamente la voz, y las lágrimas se hicieron presentes. No hice nada por aturarlas.
Mi hermanastra, estuvo a mi lado en seguida, y me enrolló en un abrazo protector y cariñoso. Hundí mi cabeza en el hueco de su cuello, y lloré. Las lágrimas salían sin poderlas aturar, y mis sollozos inundaban el reciente silencio que había estado en la casa.
- Me preguntaba cuando llorarías descargando todo el dolor que vivías sola – apreté mis ojos, sabía que no era una buena mentirosa, pero, pensé que quizá podía haber engañado a todos los ojos ajenos, intentando no preocupar a nadie. Sin embargo, lo único que había conseguido era que su preocupación y sus ansias de saber si estaría bien sola aumentaran.
- Le echo de menos Alice – sollocé aún más fuerte, al recordar como, la vez que había estado llorando en mi habitación por culpa del regreso de Jacob, él había venido a reconfortarme con sus grandes y musculosos brazos.
- Lo sé, Bella, lo sé – acarició suavemente mi cabeza, sin embargo eso no me calmó, cada movimiento, cada paso en falso me acordaba de él.
- No puedo evitarlo – me apreté más a ella, queriendo saber que alguien estaba a mi lado, entendiendo el dolor que residía en mi pecho – Cada cosa que hago, veo o escucho me recuerdan… a él… y… no sé qué hacer… - Alice apretó más sus brazos en contorno a mi cuerpo, y apoyó su cabeza en la mía.
- Yo estoy contigo, tranquila – su voz era terriblemente tranquilizadora. Me alegraba saber que en cierta manera, alguien estaba conmigo, no obstante, me sentía sola sin sus abrazos, besos y demás. Una parte de mí, se había quedado con él, y parecía no querer volver. Mi corazón se había ido con él, para no volver a mí, nunca.
- Alice… Le amo – sus brazos se apretaron más aún a mi alrededor, y me condujo hasta el sofá, mientras mis lágrimas y sollozos no cesaban. Sabía que esto haría daño a Alice, pero, no podía parar, debía liberar una pequeña parte del gran dolor que sentía concentrado en mi pecho.
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OoOoOoOoO
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Mis lagañosos ojos, se fueron abriendo poco a poco, me sentía incómoda, pero no podía moverme, más bien, no quería, sabía que si alzaba la cabeza, recordaría el porque de la posición incómoda, y mi dolor crecería. Volví a cerrar los ojos, no quería despertar, así que, el sueño volvió a vencer mis párpados, y me volví a dormir.
No hubo pesadillas, ni sueños, solo veía oscuridad, ¿Eso contaba como pesadilla? Ya que no sentía miedo ni dolor ni agonía, se sentía bien. Ya dicen, a veces la oscuridad es la mejor aliada.
Mi cuerpo se comenzó a zarandear cuidadosamente, y volví a abrir mis ojos con cierta molestia. Se estaba demasiado bien en la oscuridad para ver una luz que cegara mis ojos, y me recordara todo el dolor que se concentraba en mi pecho, y negaba a soltarlo.
- Bella, ¿Estás despierta? – la voz cantarina de Alice, produjo que abriera los ojos, y moviera mi cuerpo sintiendo un desagradable dolor en mi cuello y espalda.
- ¿Alice? – me sorprendió bastante ver a mi hermanastra con vestimenta de trabajo. Recordaba que ella estaba de vacaciones – ¿Dónde vas?
- Una urgencia de trabajo – suspiró – Volveré después de comer, ¿Vale? – asentí con la cabeza, demasiado aturdida para hablar – Así que come sin mí.
- Que tengas suerte en el trabajo – puso los ojos en blanco, para luego depositar un pequeño beso en mi mejilla, y se marchase dando pequeños saltos.
Me volví a recostar, soltando un pequeño gruñido al notar el dolor de mi cuello y espalda. Mi vista se quedó perdida en el techo, con la mente en blanco. No sabría decir cuanto tiempo estuve mirando el vacío de la pared blanca sobre mi. Sin embargo, el sonido de mi estómago reclamando algo de comer, me trajo al mundo humano, y me levanté aún con ese estúpido dolor, invadiendo mi cuello y espalda.
El sonido de la cuchara contra el cuenco de cereales, y mis constantes mordidas de dicho alimento, era el único sonido que se escuchaba en toda la cocina. Aún así, podía sentir todo el silencio y soledad que aquella casa emanaba. Dejé mi cuchara dentro del cuenco, ahora, vacío, y apoyé mi cabeza entre mis manos. De repente, el frío invadió mi cuerpo, y mis ojos se desviaron a la ventana de la cocina abierta. Con un pequeño gruñido, la cerré.
En el momento en que me di cuenta que aún llevaba la ropa de la tarde de ayer. Con un largo suspiro, me dirigí a la ducha. Estuve bastante rato en ella, sintiendo como el agua caliente hacía bien a mi maltratada espalda. Después de asearme, me puse unos cómodos jeans, desgastados, y una ancha sudadera verde fuerte con un extraño graffiti dibujado en medio.
Fui bajando lentamente las escaleras, hasta que mi vaga vista se fijó en un portarretratos, me acerqué a él, y lo cogí entre mis torpes manos. La foto debería tener más de un año, allí se encontraban Alice y Jasper sonriendo. Y, entonces, me di cuenta, no podría seguir viviendo en casa de ella por mucho tiempo, Jasper regresaría y ellos querrían pasar tiempo junto. Yo solo sería una molestia, una carga más.
Suspiré. Recordé como Renée me había exigido que volviera a Phoenix, en cuanto se enteró de mi ruptura con… Edward, incluso me había mandado el billete de avión. Me negué rotundamente, poniendo de excusa la universidad, sin embargo, los estudios estaban en segundo plano, lo que deseaba, y aún deseo, sería ver como él viniera a mí, pidiéndome perdón, y dándonos una segunda oportunidad. Y Renée lo sabía porque no me quería ir de Forks. Pero, en esos momentos, lo entendí, yo no pertenecía a ese pequeño pueblo, donde rara vez sale el sol, y siempre llueve.
Debería volver. Iba a volver. Me alejaría de Forks, y de él. Y volvería a mi cálida Phoenix, donde siempre el sol resplandece dando los buenos días, y allí, no habría mal, no habría un dolor desgarrándome el pecho, o eso quería creer. No volvería a ver a Edward, y él me tendría lejos de su vida, ¿Eso era lo que mi hermanastro deseaba, no? Mantenernos lo más lejos posible el uno del otro. Suspiré, pero, ¿Cuándo armaría todo ese coraje para huir?
Mi vista se dirigió a otra foto, donde aparecían todos los hermanos, mis mejillas comenzaron a humedecerse, y mis ojos derramaban lágrimas sin control. Cogí el pequeño marco entre mis patosas y temblorosas manos, y ahogué un sollozo. En la foto se encontraban sonriendo, Alice con Jasper, Rosalie con Emmett, y Edward solo, sentí un pequeño dolor dentro de mi pecho, sabía que no podía permanecer mucho tiempo allí. No podía seguir aprovechándome de la hospitalidad de Alice, y tampoco esperar a que Edward viniese.
Porque, ¿Sino ha venido estas dos semanas, por qué debería hacerlo ahora? Dejé el marco donde estaba segundos antes, y me giré sin un pizca de valor. Iba a volver a Phoenix. Sin despedirme. Alice lo entendería, y Tony, bueno, con él debería decir unos varios perdones, pero todo sería por teléfono. Porque lo que en ese momento quería, era huir sin mirar el pasado.
Miré la hora, me quedaba bastante tiempo antes de que Alice llegara. Subí las escaleras con rapidez, sin caerme en el intento, y metí de forma descuidada toda la ropa en la maleta –agradecía no tener casi ropa. No me tardé mucho en hacer esa tarea, cogí todo lo que me pertenecía de aquella casa, y luego escribí una nota a Alice. Sabía que ella no se merecía una mísera nota donde le comunicaba que me iba a Phoenix, que ya no podía soportarlo más, y le agradecía todo lo que había echo. Pero, sabía que si le dijera adiós cara a cara, ella sería capaz de convencerme de quedarme, o en todo caso, llamar a Edward para que se viniese a despedir. Eso era lo último que quería.
La dejé sobre la mesa de la cocina, esperando que la viese. Y me fui. Volvía a Phoenix, y dejaría los malos y buenos momentos en Forks, un pequeño pueblo en el que me obligaría a no pensar, ni si quiera a regresar.
Pedí un taxi, para que me llevara al aeropuerto, mientras llamaba a mi madre, lamentablemente ésta no me cogió el teléfono, así que le dejé un mensaje de voz, esperando que lo escuchara. Apoyé mi cabeza contra el cristal, mirando las personas de la calle, queriendo, anhelando verle, aunque sea por última vez, para poder recordarlo con nitidez. Para saber que si sentía ese dolor, era porque había habido unos momentos perfectos en lo que sentí felicidad, para darme a entender a mi misma, que si había existido ese momento, donde, en lo más profundo de mi ser, estaría guardado como mi más preciado tesoro.
Para mí, era obvio que no existiría en mi vida otro hombre que me llenase tanto como Edward. Quizá sentiría afecto, incluso cariño por alguien, pero, ese sentimiento de amor, ese puro sentimiento, me lo habían robado y quedado, sin mi permiso. Y ahora no tenía un corazón que me palpitara dentro del pecho para poder regalar a otra persona, me lo había quitado sin remordimientos y no había vuelto al lugar correspondiente.
- Señorita, ya hemos llegado – desperté de mi ensoñación al ver que habíamos llegado al aeropuerto. Asentí débilmente, mientras le pagaba y salía del coche. Cogí mi maleta, arrastrándola junto a mi. Saqué de mi bolso el billete que Renée me había enviado, y se lo agradecí interiormente.
Debía esperar dos horas a que saliese mi vuelo, suspiré, podía soportarlo. Había estado aguantando arduamente esas dos semanas, unas simples horas no harían mal a nadie. Me senté en uno de esos asientos del aeropuerto, esperando. Mi mente comenzó a divagar lejos de mi cuerpo, pensando en el único ser que devolvía paz y felicidad a mí, pero a la vez, me rompía en mil trocitos.
Mi móvil sonó varias veces, sin embargo sabía quién era y qué quería, Alice seguramente exigía una explicación lógica a esta repentina decisión, y la verdad, esa explicación era de todo menos lógica. Lo que más deseaba era quedarme en Forks, sabiendo que él estaba en el mismo lugar que yo, sin embargo me iba a Phoenix, separados por miles de kilómetros, sabiendo que nunca lo iba a volver a verlo, él no vendría a Phoenix, y yo no regresaría a Forks. Todo estaría bien así, ¿No?
Me levanté cuando me di cuenta de que apenas quedaban unos diez minutos para irme. Y el miedo me invadió, me quedé paralizada, de pie mirando a las personas ajenas a mí pasar sin reparar en mi repentino shock. Volví mi vista al exterior del aeropuerto, llovía, como siempre. Me di cuenta que echaría de menos la lluvia, el olor a húmedo, todo lo verde que aquel pequeño pueblo poseía, y sobretodo le echaría de menos a él. Intenté tranquilizarme, no había por qué ponerse nerviosa, volvería a mi casa. Caminé lentamente, las dudas se amontonaban en mi cabeza, sin saber qué hacer, si quedarme o no. Me pellizqué con el dedo pulgar y índice en puente de la nariz, y cerré los ojos.
Me iba. Volvía a Phoenix. Nada podía aturar mi huida, nada ni nadie. Porque sabía que era lo mejor y lo mejor era…
- Bella…
Lo mejor era quedarme, pero me iba.
Y entonces, mi mirada café se chocó con la verde de él. Y mi corazón volvió a latir.
¡Hasta aquí! ¿qué pensáis de este capítulo? ¿Bien? ¿Mal? ¿Normalito? xD
Había pensado, y comenzado a escribir, que fuese Edward quien se fuera y no Bella, pero, no se por qué, en un momento arrebatador, borré esa parte y escribí esta.
Como siempre, agradezco los reviews y alertas, de veras :)
Mmm.. Había pensado que cuando acabase este fic, y adelantar un poco los otros, subiría otro fic. Tengo varias ideas, pero, las que tengo ya escritas el primer capítulo son dos, y no sé cual subir primero xD. En fin, solo quería avisarles de eso, que cuando este fic se finalice, y avance un poco los otros, subiré otro.
Bueno, ya me voy, que he de hacer un trabajo -.-'
¡Nos leemos!
Cuidenseee.!
Marinilla14
