La saga de Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer

Mi hermanastro

Resumen:

Su extremada arrogancia e individualismo hacían de él un ser amargado y apartado de la sociedad. Y a pesar de todo, algo sentía en mi interior, por él, por mi hermanastro. Porque él no es lo que aparenta, o eso quería creer.

ExB


Mi todo

EDWARD POV

Hacía días que no limpiaba, se podía ver la doble capa de polvo que residía en los muebles, en algunas esquinas de la casa se notaba la suciedad contenida, pero, eso, para mí, estaba en segundo plano. Mi mirada divagaba lejos de aquel presente, los recuerdos de Bella aún estaban fijos en mí, torturándome día a día, me había obligado a dormir todo lo posible, al parecer, la única manera de estar lejos de ella, era durmiendo. Mi subconsciente parecía sufrir conmigo, ya que, en ningún momento tuve un recuerdo, pesadilla o sueño de ella.

Desde que me había levantado, demasiado temprano, me había acostado en el sofá, hacía días que no salía de casa, Alice venía con frecuencia a verme, sin embargo, los últimos días venía enfurruñada consigo misma y por más que le exigiese que me contara lo que pasaba por su retorcida cabeza, se negaba y cerraba en banda. No me había querido decir el estado anímico de Bella, hasta lo que había podido sonsacarle vivía en su casa, e intentaba hacer vida normal. La admiré, yo, al contrario de ella, me había encerrado en mi casa, aprovechando los días libres de mi trabajo. Hundiéndome en mi propia miseria.

Sabía a ciencia cierta que yo sin ella no tenía camino, no tenía ese qué para seguir caminando sin pararte a descansar. Pero no podía negar lo evidente. La amaba más que a mi vida, comprendía y admitía que si un día me lo encontrara por la calle, le rogaría otra oportunidad. Era débil, pero, como antes he dicho, yo sin ella no soy nada. Me había podido recuperar, una vez, de una caída similar a esta situación, sin embargo, en esta ocasión sentía como ya no tenía corazón, y temía que Bella se lo hubiese quedado, tal vez, para nunca devolverlo.

La puerta de entrada se abrió, y cerró con ese sonido que en los últimos días había escuchado. Alice apareció en el comedor donde yo me encontraba muerto, sin vida, echado en ese sofá que tanto había vivido conmigo. El rostro de mi hermana era una mezcla perfecta de dolor, amargura y enfado, quise preguntarle, de veras, pero las fuerzas me fallaban al hablar, y mi cuerpo no reaccionaba para ponerme en pie. Así que me limité a mirarla, observando sus movimientos, pero, éstos eran escasos.

- Edward – saboreó cada una de las letras de mi nombre, y su ceño se frunció – Lo que vas hacer ahora mismo va a ser; levantarte, ducharte, montarte en tu Volvo, conducir hasta mi casa, y decirle a Bella lo mucho que la quieres y sientes. Y sino lo haces, conocerás la furia de tu hermana – no quería conocer la furia de Alice, sin embargo, ¿Cómo decirle que mi cuerpo y mi mente ya no estaban en el mismo lugar ni en el mismo bando? Mi cuerpo estaba apalancado en el sofá sin vida, y mi mente divagaba en los recuerdos que ella había dejado.

Los pasos suaves y rápidos de mi hermana se acercaron a mí, y se inclinó con sus pequeñas manos en su estrecha cintura.

- Edward Cullen. Levántate. Ahora – quería hacerle caso, pero mi cuerpo no me contestaba.

- Alice, no tengo fuerzas – cerré los ojos, y una triste sonrisa se instaló en mis labios – No puedo ir a ella y pedirle que vuelva conmigo, no después de… - cerré mi boca, acallando la verdad de la ruptura.

- ¿Qué pasa, Edward? – preguntó negando con su cabeza – ¿Eres demasiado cobarde, que te encierras en tu propia mierda para negar lo que le estas haciendo a Bella? – la pregunta salió tranquila de sus labios, sin embargo escondían ese matiz de ira que le brindaba el verme.

Suspiré. ¿Y qué si era cobarde? Ella debería habérmelo dicho antes.

- Si, Alice, soy cobarde – mi cuerpo reaccionó, levantándose, mientras me ponía frente a mi hermana – No sabes cuánto me gustaría estar con Bella, pero, hay cosas… en las que no se puede hacer nada… - esquivé a mi hermana, dispuesto a salir del comedor, y encerrarme en mi habitación, o como bien había dicho Alice en mi propia mierda.

- Edward ni se te ocurra huir de nuevo – me paré de espalda, sin voltearme a verla, mientras esperaba alguna palabra o frase que hiciera que mi mente y mi cuerpo trabajasen de nuevo juntos – Si tanto dices quererla, ¿Por qué no vas y la libras de este dolor? Esta sufriendo, Edward – me giré, pero Alice aún me daba su espalda, y pequeños temblores recorrían su cuerpo – Hace todo lo posible para mantener su cuerpo y mente ocupados, esta todo el día moviéndose para caer rendida en su cama, y no tener fuerzas ni para soñar, oculta su sufrimiento y dudo que llore cuando esta sola, no quiere que la veamos triste, sin embargo, ayer… - se giró y su rostro estaba acentuado con tristeza – Ayer no aguantó más, lloró todo lo que en estas dos semanas había aguantado, estuvo toda la noche llorando, y cuando estuvo dormida, aún lloraba. Me sentí frustrada y dolida, al ver que los dos tenéis un sufrimiento tonto, por un sentimiento que dijiste existir, y, en realidad, era para alejarla – cogió algo de aire, y me miró serena – Dime, ¿Por qué la dejaste?

Las palabras de Alice me habían afectado demasiado, yo le estaba proporcionando todo aquel dolor a Bella, yo era el culpable de sus lágrimas, y de que sus mejillas se humedeciesen, de que su corazón se partiera, de todo. Yo la había destruido. Casi por instinto me acerqué a uno de los cajones que contenía el gran armario del comedor, los saqué con cuidado y los dejé caer sobre la pequeña mesa situada enfrente del sofá.

- Ahí tienes mi respuesta a por qué la dejé – fruncí los labios, mientras me dejaba caer sobre el sofá, oculté mi rostro entre mis manos, mis codos estaban apoyados en mis rodillas, y cuando sentí el peso de Alice a mi lado, brindándome un abrazo, supe que había acabado de leer aquel papel.

- Ed-Edward, ¿E-Estás seguro de esto? – el papel se agitó en su mano a causa del temblor que le provocaron sus mismas palabras.

- Si, llamé a Carlisle para asegurarme si era cierto, y le hice prometer que no diría nada a Renée y sobretodo a Bella. Quizá ella este más feliz sin mí – esas palabras me causaban un mayor daño inexplicable.

- ¿Y… Y se va a casar? – la simple idea de que ella se casase, me ponía el bello de punta. ¿Cómo imaginar al amor de tu vida en el altar con un deslumbrante vestido blanco, y fijarte que en tu fantasía tu no eres que el lleva ese traje de etiqueta, sino otro? ¿Cómo imaginarlo? Saber que, por mucho que ella te diga que te quiere, no poder evitar pensar que pronto se irá.

- Carlisle me dijo que lo miraría sin que Renée se diera cuenta, pero… Las posibilidades que Bella no asista a esa boda concertada son casi nulas. Quizá su madre se olvidó de anularla cuando tuvo la oportunidad, y Bella seguramente ni se acuerde, pero él, Jacob, si que se acuerda, y sabe que se casara con ella. Ese fue un pacto entre sus padres, y ella no puede hacer nada – mis manos se apretaron fuertemente, aguantando el dolor que sentía en el pecho – Por eso, ahora me doy cuenta, quizá este más feliz con Jacob, es decir, fue su primer amor, y al parecer le quiso mucho. Seguramente no tendría mucho que hacer contra él… - Alice me abrazó más fuerte – ¡Lo tenía todo controlado!

Bella se iba a casar con Jacob en cuanto acabase sus estudios, ese era el pacto, un pacto del que ella, lo más probable, es que no supiera nada. Sin embargo, Jacob, si que lo sabía, él no había luchado por ella los días que la tuve entre mis brazos, porque sabía que, tarde o temprano, Bella volvería a los suyos, aunque fuese muy a su pesar. Y lo que más me dolía, era el calvario que por mi culpa ella estaba pasando. Yo solo quería que fuera feliz, y entendía que ella debería estar junto al primer amor, ya dicen que el primer amor nunca se olvida, sin embargo, era un dicho que jamás había creído, y ahora dudaba de si estaba en un caso erróneo.

- ¡No, Edward! – la exclamación de Alice, y el repentino vote que dio para ponerse en pie, me cogió desprevenido y la miré asombrado – ¡Debes ir a por ella! Bella seguramente no se acuerda de ese pacto, contrato o lo que fuese, pero, si algo sé al cien por cien es que ella te ama, y sería capaz de irse al otro lado del mundo para estar junto a ti – fijé mi vista en los papeles que se encontraban esparcidos sobre la pequeña mesa de cristal – Edward, confía en mí, y ves a por ella – asentí, mientras cogía los papeles de aquel matrimonio.

El viaje en coche, junto a mi hermana sentada en el asiento del copiloto, fue extremadamente corto, mi rápida conducción provocó que llegásemos antes que a una velocidad normal. Sentí como mi corazón latía desbocadamente dentro de mi pecho, y la sensación de poder volver a Bella, era algo inexplicable. Quería volver a abrazarla y besarla, poder oler su exquisito olor que su pelo desprendía, y decirle cuanto la amaba. Sin embargo, nada más entrar, mis esperanzas decayeron.

- ¡Bella! – gritó Alice, nada más entrar a su casa. Me quedé parado en la puerta principal, incapaz de buscarla o decir algo, al contrario que mi hermana, que chillaba y correteaba por todos los lugares – ¡Edward! – el grito de mi hermana provenía de la cocina, pero no podía moverme, teniendo esperanzas vanas de verla descender por las escaleras – ¡Edward, tienes que ver esto!

Mi cuerpo reaccionó y se dirigió a la cocina. Alice estaba apoyada en la mesa, y en su mano había un pequeña nota la cual temblaba a son de su pulso. Le arrebaté la nota y pude ver la caligrafía aniñada de Bella, comunicando que se iba, volvía a Phoenix, que no podía aguantar estar un momento más en Forks, porque le dolía demasiado. Arrugué la nota, y salí disparado de la cocina, con Alice pisándome los talones. Me subí a mi Volvo, y miré con el ceño fruncido a mi hermana, quien ya se encontraba con el cinturón de seguridad puesto y esperando a que el coche arrancase.

- Alice, bájate – le ordené, no quería que ella viniese.

- Edward la culpa de todo esto es tuya, si hubieses hablado con ella tal vez nada de esto hubiese ocurrido. Créeme me necesitarás – puse los ojos en blanco, y arranqué el coche marcha atrás, y seguidamente apreté el acelerador. Debía llegar pronto al aeropuerto, no quería que Bella se subiese para volver a su hogar, no todavía.

Y, en ese momento, en el que conducía como un verdadero maniático de la velocidad, pensé en varias formas de aturar a Bella; le explicaría la verdad, y si hiciese falta, le rogaría por otra oportunidad, y si, en todo caso, ella no me quisiese escuchar la seguiría y me iría a Phoenix con ella hasta lograr que me escuchara. Y, entonces, me di cuenta, si Bella no estaba a mi lado, mi vida no tenía mucho sentido, como bien había dicho Alice, si todos se opusieran a nuestra relación a causa del matrimonio –y si Bella quería– me iría lejos a la otra punta del mundo con tal de que aceptasen lo mucho que la amaba.

Aparqué el coche en doble fila, nada más llegamos al aeropuerto, y exigí a Alice que no me siguiera, y que aparcara mejor mi querido Volvo, nunca me habían puesto una multa, pero, no por ello, quería arriesgarme, dejándolo aparcado demasiado mal. Mis piernas comenzaron a correr por toda aquella enorme sala del aeropuerto, esperando ver aquel cabello castaño que tanto había añorado. Después de varios 'lo siento' y bastantes choques con maletas, la encontré, de espaldas a mí, parada con sus dos dedos en el puente de la nariz como si se tranquilizase o necesitase un respiro. Me paré a un metro de ella, y cogí el suficiente aire para que mi voz no me fallase, y por primera vez en mucho tiempo, mi mente trabajase junto a mi cuerpo.

- Bella – alzó la cabeza sorprendida, y dejó caer su brazo. Se fue girando lentamente, con el temor impregnado en cada uno de sus movimientos, y su mirada café chocó contra la verde mía.

- Ed-Edward – susurró con voz casi inaudible, en aquel bullicio, atestado de gente.

- Bella – repetí tontamente. Seguía igual de hermosa que la última vez que la vi, sin embargo, sus marcadas ojeras, sus mejillas rojas junto a sus ojos hinchados y cristalizados, provocó que me quisiera dar de bofetadas por haber provocado tal cosa en una criatura tan bella. Su cabello aún tenía ese brillo, sin embargo, ahora, estaba desarreglado, y la ropa que utilizaba estaba desacomodada.

- ¿Q-Qué haces aquí? – preguntó, mientras su labio inferior temblaba.

- Yo… - fruncí el ceño, ¿Qué me pasaba? Había llegado tan lejos para quedarme en blanco en un momento crucial. No. Tragué pesado, aclarándome la garganta – No puedo permitir que te vayas. No me hago a la idea de pensar que estás a muchos kilómetros de mí. Es algo… insoportable.

Bella frunció los labios, y desvió la mirada, queriendo ocultar las lágrimas que desbordaban de sus ojos, las limpió torpemente con la manga de su sudadera, en vano, ya que no paraban de salir.

- ¿Ahora vienes? – preguntó con la voz quebrada – Vienes ahora que por fin había comprendido que no significo nada para ti, ahora que huía de este inquebrantable dolor, apareces aquí, pidiéndome que me quede sin una explicación lógica, ¿No te haces a la idea de estar lejos de mí? – dijo sarcásticamente. Su ceño se frunció, mientras las lágrimas seguían cayendo – Demasiado tarde, Edward.

Fue en ese preciso momento cuando sentía como perdía el poco corazón que me quedaba, y se rompía en mil pequeños trocitos, incapaz de recuperarse. Mi rostro intentó contener una mueca de dolor, que fue sacada a la luz tras esas duras palabras. Bella frunció los labios y desvió la mirada.

- Vuélvete a casa, Edward – mi mirada se dirigió a su rostro, pero éste estaba desviado, mirando a la derecha – Yo… Me voy a Phoenix, donde de verdad pertenezco – era demasiado doloroso escuchar como la persona que quieres se va delante de tus ojos, y te sientes tan impotente por no poder aturarla – Adiós, Edward – se giró sobre sus talones, y fue andando despacio, moviendo su pequeño cuerpo hasta el avión que la alejaría de mí... y quizá para siempre.

- No – susurré, sabía que ella no me escuchaba, estaba demasiado lejos para oír mis susurros, vi como buscaba por donde tenía que ir y lo encontraba. Se iba, de verdad, se iba. Y mi cuerpo no reaccionaba. Se estaba alejando de mí, para siempre, por una estupidez. Algo que, en estos momentos, me parecía tan insignificante, que podía hasta borrarlo de mi mente.

Y la seguí mirando, como, poco a poco se iba, lejos de Forks, de sus estudios y de mí. Y mi estúpido cuerpo no reaccionaba. ¿Iba a dejarla ir así como así?

BELLA POV

Me giré sobre mis talones, dejando atrás a Edward, él pertenecía a mi pasado, me había echo demasiado daño para volver a sus brazos, cayendo rendida a sus encantos. En una parte de mí, se había alegrado al escuchar que para él la distancia sería igual de dolorosa que para mí, sin embargo, no era suficiente.

El amor no son palabras, son hechos.

Miré por donde debía ir, mientras esperaba que Edward me cogiera del brazo, me abrazara, me dijera que me amaba y me diera una lógica explicación del por qué de la ruptura. Mis pasos iban disminuyendo la velocidad, estuve tentada en girar mi cabeza para ver que hacía, pero me contuve. Había sido demasiado ilusa al haberlo visto en el aeropuerto, y no lo puedo negar, había visto su rostro, su desordenado cabello, sus orbes verdes, sus lindas facciones, y la felicidad había inundado por unos breves momentos mi cuerpo cuando él apareció, susurrando mi nombre.

Pero era una falsa felicidad, ahora mismo, todo era un verdadero lío. Me estaba a punto de ir, y, con esto, Edward, demostraba cuan falsas habían sido sus palabras hace pocos minutos. Suspiré antes de entregar mi billete. En fin, volvía a mi cálida Phoenix, allí no habría nada por lo que sentir dolor, allí no había nada con lo que me recordase su hermoso rostro, su voz, incluso su olor. Nada. Porque Forks y Phoenix no eran compatibles. Sin embargo, no me arrepentía de haberme ido de casa, para vivir temporalmente en Forks. Sino, podría hasta jurar, que nunca hubiese encontrado sentimiento tan puro como estar enamorada.

Un fuerte agarre cogió mi brazo, alejándome de mi próximo futuro. Levanté la mirada, encontrándome con la verde de él. Sus ojos estaban opacados de tristeza y dolor, y todo él sufrimiento que podía percibir a través de sus orbes y rostro, su dolor se instaló en mí remplazando el que yo sentía desde hace tiempo, y, claramente, este era mucho más fuerte y doloroso que el mío. Nuestras miradas aún estaban entrelazadas, transmitiéndonos todo el dolor que habíamos estado sufriendo en silencio, hasta que el aviso de abordar al avión destino a Phoenix, se escuchó por todo el aeropuerto.

- Edward, tengo que irme – susurré casi sin despegar los labios, y perdida aún en el mar de sus ojos.

- No te puedes ir – negó con la cabeza – Y si te vas, da por seguro que te seguiré hasta que me escuches. No voy a perderte, no de nuevo.

El aire entraba a duras penas por mis labios entreabiertos, mis ojos miraban con incredulidad, y culpé a mis oídos por hacerme creer una cosa irreal. Negué con la cabeza, incapaz de hablar, humedecí mis labios con mi lengua, mientras negaba a creer lo evidente.

- N-No... No se que pretendes decirme, pero... - su mano acarició mi mejilla, y el simple roce provocó que olvidara quién era, dónde estaba y por qué sentía ese dolor inexplicable. Cerré los ojos, disfrutando del tacto, ¿Qué más daba el por qué de nuestra ruptura en estos momentos? Nada importaba. Respiré acompasadamente, y por primera vez en mucho tiempo, me sentí en paz y feliz conmigo misma.

Esta vez, sonó el último aviso para las personas que teníamos que abordar al avión de Phoenix, abrí los ojos encantada, había regresado al tiempo donde si fui feliz y el dolor era algo sin significado en mi diccionario. Pero, el último aviso, me trajo a la cruda realidad, me iba, debía irme. Miré los ojos de Edward, por última vez, guardando en mi memoria cada uno de sus rasgos, facciones y demás. Estaba tan cerca de él que podía aspirar su olor, y así lo hice, guardé aquel exquisito perfume en mi cabeza, y me alimentaría de él en cuanto me separara para irme de allí, lejos de él.

- No te vayas, Bella – susurró y su aliento chocó contra mi rostro. Parpadeé varias veces, encontrándome a mi misma.

- Dime una razón para que no me vaya – mi voz sonó más firme de lo que me hubiese imaginado, los ojos de Edward denotaron sorpresa ante mi petición. Pero a mi me bastaba un gesto, una palabra o algo, para detener mi huída, quería que Edward me retuviera a su lado. Obligándome a no subir a ese avión.

- Te amo demasiado para dejarte marchar – y me besó. Y de pronto, no me importó nada, ¿Qué más daba si perdía el avión? Estaba con Edward, y nada podía salir mal. Sus labios moviéndose rítmicamente a son de los míos, hizo que el dolor desapareciera, ese dolor que había estado residiendo en mí, dejara de existir. Las mariposas que tanto había añorado se hicieron presente en mi estómago.

Mis brazos se enrollaron en su cuello, hundí mis manos en sus cabellos, masajeándolos, mientras Edward apretaba su cuerpo al mío, atrayéndolo, sus manos dibujaban pequeños círculos en mi piel expuesta, y pude volver a sentir el cielo con la punta de los dedos.

Se fue separando lentamente de mí, nuestros ojos se encontraron, y quedé encantada por su expresión, y su tan añorada cercanía a mi cuerpo. Realmente, le había echado de menos, sin embargo, no podía borrar del todo aquella conversación, el día que rompimos.

- Edward… - puntualicé lentamente, no obstante, el puso un dedo en mis labios para acallarme, y sonrió levemente.

- No te preocupes, te lo contaré todo, pero, por favor – le miré esperando que continuara – No te alejes de mí.

¿Eso era lo que me pedía? Era demasiado fácil de cumplir. Le abracé y hundí mi cara en la curvatura de su cuello, inhalando ese aroma que tanto le caracterizaba. Unos aplausos a nuestra derecha, me asombraron, y levanté mi cabeza para ver a Alice aplaudiendo emocionadamente, mientras se ganaba algunas mirada incrédulas de la gente de su alrededor.

- Francamente perfecto – dijo, con su hermosa sonrisa – Pero, ahora – sacó un sobre de su bolso, y Edward apretó el agarre a mi cintura; algo me decía que ese sobre iba a decirme demasiado – Bella, abre esto.

Alice se acercó a nosotros, notando como Edward no iba a soltarme ni si quiera aflojar su agarre. Cogí el sobre, y lo abrí, sacando la única hoja que guardaba. Lo leí con detenimiento, sentí como mi respiración se tornaba irregular, y mi cara cambiaba de expresión. ¿Yo? ¿Casada? ¡Eso no podía ser! No sé cómo llegué a los asientos del aeropuerto, y me senté antes de que pudiera caerme. Edward estaba a mi lado, con su mano firmemente sujetando mi cintura.

- ¿Ca-Casada? – pregunté casi sin voz. Mi cabeza comenzó a negar, por eso Jacob había dicho que volvería a él. Sentí mis ojos humedecerse, y fruncí mis labios intentando aguantar el llanto. Edward me quitó el papel de las manos, y me acunó contra su pecho – ¿P-Pensaba que me iba a casar… por eso me dejaste? – cerré mis ojos, y me apreté contra su pecho.

- Pensé que sería lo mejor… - sus brazos me apretaron más y no me quejé. No sabía cuanto tiempo podría estar así con él, debería aprovechar esa ocasión, como si fuese la última.

Alice soltó un bufido cuando se dejó caer pesadamente al lado de Edward. Sus piernas a duras penas llegaban al suelo, mientras nos miraba con los ojos entrecerrados, buscando algo en nuestros rostros. De pronto, se impulsó con sus pequeñas manos y dio un salto, para colocarse frente a nosotros.

- ¡Tengo una idea! – la miramos confusos – Sino encuentran a la novia no puede haber boda, ¿Cierto?

- Si, y llamar a la policía para arrestar al secuestrador, también – dijo Edward sarcástico.

Alice negó con su dedo y una sonrisa de autosuficiencia se instaló en sus delicados labios.

- Que poco confías en mí, hermanito. Tengo todo bajo control – sus manos se pusieron en su estrecha cintura, dispuesta a contarnos esa magnífica idea – He llamado a Carlisle y Renée, y les he contado todo, por supuesto, tu madre, Bells, no se acordaba de nada, casi estaba tan perpleja como tu lo has estado, Carlisle quien ya estaba informado, me ha dicho que os diga esto – se aclaró la garganta, e intentó imitar la voz de su padre – Dile a Bella y Edward, que no se preocupen, en el contrato de la boda, hay una pequeña laguna – levanté un ceja, ¿Laguna?

- Explícate, Alice – ordenó Edward con su hermoso rostro crispado por lo lenta que explicaba los hechos mi hermanastra.

- Tranquilo, hermanito. En fin, como iba diciendo, hay una laguna, tu padre, Bella, que fue la persona que firmó el contrato, puso 'Se casará con él a no ser que encuentre a una persona a quien amar y sea correspondida'. Así que, ese contrato no es válido. Tu ex, Bells, lo que había pensado, seguramente, era enviarle esos documentos a Edward, y como mi querido hermano es una persona que tiende a exagerar, solo era cuestión de tiempo que te dejara, y así el tal Jacob salirse con la suya – puso su mano bajo su mentón – No lo niego, es un chico astuto, pero la lastima es que tu Edward, tienes a una hermana demasiado lista – sacó la lengua juguetonamente, y él gruñó molesto.

- Así que… no hay boda – dije temerosa, Alice negó con la cabeza, y el alivio inundó mi cuerpo. A partir de ahora, nada ni nadie podría meterse en mi relación con Edward.

- En fin – soltó un suspiro – Voy a llamar a Jazz para contarle el final de esto, ahora vengo – su figura se fue dando pequeños saltos, hasta perderse entre la multitud.

- Edward… - miré al chico que se encontraba a mi lado, quien tenía una sonrisa en su rostro. Le correspondí el gesto y acaricié su mejilla con mi temblorosa mano. Nuestras mirada se encontraron, y el dolor que tenía opacado antes el hermoso brillo de sus ojos, ahora solo podían irradiar felicidad.

- Bella – su mano se colocó en mi mejilla, y fue atrayendo mi rostro al suyo, quedando a escasos milímetros de su cara.

- Te amo, Edward – susurré, y pude sentir como mis mejillas se sonrojaban tenuemente. Él sonrió torcidamente, y mi corazón, en ese instante, comenzó a latir estrellándose contra mi pecho.

- Yo también te amo – dijo en el mismo tono en el que yo había hablado.


Nuestros rostros fueron acercándose hasta que los labios de cada uno chocaron contra los del otro. Y lo sabía, jamás dejaría escapar a Edward, porque él era mi todo.

Y este es el finaal del fic. Lo he echo lo mejor que he podido xD. Y, bueno, después de tanto pensarlo, voy ha hacer un epílogo, pero, luego, si algo sale mal o meto un poco la pata, no me digáis que no os avisé -.-

En fin, ¿Qué os pareció el último capítulo? Aixx.. por un momento pensé que Bella se suba al avión, pero luego dije, mejor noo, que sino la lío xD.

He estado pensando varias historias nuevas, y los resumenes están puestos en mi profile, no pondré ninguna encuesta ni nada. Solo quería avisar para que veais como las subiré ya que están en orden, solo que no sé cual subir antes si la primera o la segunda, estoy debatiéndome interiormente xD

Bueno, como siempre, agradezco favoritos, alertas y reviews :)

Cuidenseee!

Marinilla14