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El viejo del libro
Harry contemplaba la manera en que Hermione dormía entre sus sábanas, como descansaba dulcemente con una pausada respiración y como sus cabellos se confundían con la almohada. Acarició la frente de ella y suspiró, llevaba quizás entre diez y once horas profundamente dormida, Harry pudo entender lo agotada que debía estar, seguro no ha dormido en días o no ha dormido lo necesario. Cuando la noche anterior se encontraba en la entada del número 12 de Grimmauld Place y vio aparecer delante de él a Hermione con la cara pálida y los ojos enrojecidos sombreados de ojeras, dio un salto para ponerse de pie y caminar hacia ella. La tomó por los hombros, Hermione levantó levemente su cabeza para mirarlo a los ojos, intentó decirle algo pero se desmayó en los brazos de Harry antes de articular cualquier palabra.
Desde entonces hasta ahora no había vuelto a abrir los ojos, eso lo tenía un poco inquieto a Harry, Miró su reloj, este marcaba las once de la mañana, suspiró otra vez profundamente e inclinó su cabeza hacia atrás mirando al techo. Hermione comenzó a moverse entre las sábanas, Harry se volvió hacia ella para ver que sucedía, poco a poco los ojos de Hermione comenzaron a abrirse hasta quedar completamente abiertos de par en par.
La emoción de Harry se hizo presente, no sólo porque despertó de su letargo, también porque su cara se vía recuperada; las ojeras habían desaparecido y su piel recuperó su color normal.
Al despertar, Hermione vio a su amigo sentado al lado de ella y trato de recordar cómo había llegado hasta allí. Pero solo tenía un recuerdo vago de caer en los brazos de Harry y nada más.
– ¡Harry! –dijo sentándose en la cama sobresaltada.
Hermione volvió la mirada hacia su amigo, ésta se veía confundida.
– ¿Qué pasó? –preguntó tratando de recordar algo.
–Te desmayaste anoche – le respondió serenamente Harry.
– ¿Me desmayé? –Incrédula comenzó a mirar a su alrededor, por la ventana entraban rayos de sol – ¿Cuánto tiempo permanecí dormida?– pensó. De inmediato reconoció también que se encontraba en la habitación de Harry en Grimmauld Place, y que llevaba la misma ropa que tenía puesta la noche anterior. Sus observaciones se vieron interrumpidas por la voz de aquel chico a su lado.
– ¿Te sientes bien Hermione?
–Sí, gracias por…
Harry la interrumpió pellizcándole la mejilla suavemente.
–No tienes que agradécemelo, lo sabes de sobra.
Este gesto sacó en ella una pequeña sonrisa, un de esas que hace tiempo no salía de sus labios. Aunque por desgracia volvió a curvarse de forma negativa en un abrir y cerrar de ojos. Una lágrima volvió a escaparse de ellos, la mezcla de sentimientos la convertían en una persona muy vulnerable. Una vez más sintió la mano de su amigo secar esa amarga lágrima. Los ojos de Harry le pedían que se tranquilice, le decían que todo iba a estar bien, pero para ella eso rozaba lo imposible.
–Harry –dijo con un tono de voz disminuido, –crees que podremos encontrar una solución a este problema.
–No estoy seguro… hay que intentarlo.
– ¿Cómo?
–No lo sé, luego de almorzar te mostraré algo que nos puede servir.
La intriga invadió a Hermione, solo le quedaba esperar y desear tener suerte. A pesar de haber dormido por horas se sentía algo débil, tal vez se debía a al hecho de no haberse alimentado por bien en días. De igual manera la idea de almorzar que tuvo Harry fue perfecta para recuperar todas sus energías.
Por las dudas Harry le llevó el almuerzo a la cama, temía que cayera al momento de levantarse por falta de fuerzas, por eso ambos comieron sobre el acolchado de la cama. Empezaron bebiendo sopa, la cual, pese a las dudas de Hermione estaba bastante rica, para luego deleitarse con exquisitos espaguetis cortesía del cheff Potter "Especialidad de la casa" y finalizaron con una barra de dulce chocolate que Hermione tenía guardada en su bolso. Sintieron flotar sobre nubes cuando aquel dulce chocolatoso se deshizo en sus bocas.
Ese reconfortante almuerzo renovó las energías de Hermione que ya se encontraba lista para ver lo que Harry tenía que mostrarle.
–Bien Harry, ¿Qué quieres mostrarme? –dijo Hermione saliendo de la cama.
–Se encuentra en El Caldero Chorreante, debemos ir allí.
Pese a la intriga, no preguntó de qué se trataba, igualmente ya lo vería con sus propios ojos luego.
–De acuerdo, déjame cambiarme de ropa –dijo la chica.
Harry la esperó fuera de su cuarto durante cinco minutos hasta verla salir con un nuevo atuendo compuesto por un pantalón de jean con una blusa rosa y una campera del mismo material que su pantalón. Harry se quedó viéndola por unos breves segundos casi hipnotizado al sentir su hermoso perfume.
–Vamos –dijo Hermione, y en un pestañeo aparecieron en El Caldero Chorreante.
Aquel lugar se encontraba casi vacío, solo tres personas adornaban el lugar. En una mesa al fondo se encontraba un ebrio zaparrastroso con la cabeza apoyada sobre en ella aparentemente durmiendo y en la barra el cantinero junto a un cliente de aspecto depresivo.
Con un gesto hecho por Harry al cantinero se dirigieron a la trastienda, un lugar lleno de barriles de cerveza, vino y ratas. Aquel lugar medía aproximadamente ocho metros cuadrados y la humedad lo invadía completamente, eso se percibía por el hedor a mugre y agua estancada que despedían las paredes.
– ¿Qué hacemos aquí Harry? –preguntó Hermione con ganas de irse.
–Aquí es donde Snape ocultó sus mejores libros de hechizos y pociones –contó buscando un punto en la pared.
– ¿Estás seguro?
–Sí.
Pareció encontrar lo que buscaba y caminó en línea recta hasta la pared que tenía en frente y con su mano sacó un ladrillo, Hermione miraba estupefacta las acciones de Harry. Del hueco que dejó la ausencia de aquél ladrillo, él sacó tres libros de un grosor aproximado de tres dedos puestos de manera horizontal.
– ¿Cómo sabías que estaban ahí? –preguntó Hermione tratando de despejarse las dudas.
–Me enteré de muchas cosas al ver los recuerdos de Snape –le respondió Harry de manera seria.
– ¿Y crees que en esos libros esté lo que necesitamos?
–Esperemos que si…
Sin perder ni un segundo salieron de la trastienda para sentase en una masa de allí y dar comienzo a la lectura de esos interesantes libros esperando encontrar algún hechizo o algún tipo de poción para regresarle la memoria a los padres de Hermione.
Pasaban páginas tras páginas, leían todo lo relacionado a memoria, recuerdos y olvido. Las horas pasaban también como las hojas de aquellos libros, pero su concentración no los dejaban ver más allá de esas páginas entintadas de negro. Cada negativa se asemejaba al apagón de una vela en la penumbra, pero pese a eso no querían darse por vencidos, estaban convencidos que entre tanto texto algo útil iban a encontrar.
Llegando a las siete de la tarde su búsqueda seguía nula, solo encontraron hechizos para curar amnesias o pociones para retener información, pero no pudieron encontrar ningún método para recuperar recuerdos que fueron borrados. Al cerrar el último libro supieron que todo había terminado.
Harry quedó cabizbajo, frustrado por el tiempo perdido en vano.
– ¡Tiene que haber una manera para regresar los recuerdos a alguien! –dijo Hermione en forma de un grito que hizo eco por todo el lugar.
Harry intentó decirle que bajara la voz pero era demasiado tarde, aquel grito despertó al borracho que dormía en la última mesa. Este se levantó y comenzó a acercarse hacia ellos lentamente. Aquél ebrio caminaba de manera extraña, su pie izquierdo avanzaba hacia adelante, mientras que el derecho era arrastrado, daba la impresión de tener su pierna diestra dañada. Además en su mano derecha tenía una botella de vino a medio tomar y en la otra una jarra de metal vacía. Sus ropas eran lamentables, al pantalón minado de parches había que agregarle un cinto hecho de cuerda, sus botas despegadas parecían una marioneta hablando a cada paso y un pulóver gris manchado de tierra y vino le completaban la vestimenta. Además por encima una gran campera marrón descolorida llena de remiendos lo envolvía. Su rostro arrugado delataba su avanzada edad, unos setenta y ocho u ochenta años parecía tener encima. Su largo pelo era cubierto por un gorro de landa negra y una enorme barba grisácea le cubría la mitad del rostro.
Ante la atenta mirada de Hermione y Harry, el señor se acercaba más y más. Cuando estuvo lo bastante cerca de ellos pudieron percibir con sus narices un aroma rancio, una mezcla de vinagre y vino echado a perder salía del cuerpo de aquél ebrio.
El borracho llegó ante ellos y torpemente, debido a su estado, se sentó frente a ambos. Hermione abrió la boca para disculparse por el grito, pero éste se le adelantó.
–Así que quieren regresarle la memoria a una persona –dijo el borracho dejando la botella sobre la mesa.
Ambos, Harry y Hermione, quedaron estupefactos ante las palabras de aquel señor. Se miraron extrañados ¿Qué podía saber aquel extraño personaje acerca de ese tema?
– ¿De qué está hablando? –pregunto con recelo Harry.
El ebrio se acerco a ellos para hablarle en vos baja;
–Si eso es lo que quieren, puedo decirles algo que les interesará.
Aquél señor comenzó a buscar entre sus bolsillos y sacó de ellos un libro, el cual se veía muy maltratado, su tapa se encontraba seca y resquebrajada, sus hojas amarillentas y desgastadas, parecía desarmarse con solo mirarlo.
– ¿Conocen a Veira Lewis? –preguntó el borracho.
–Solo he visto su nombre en algún libro, pero nada mas –dijo Hermione.
– Es lógico –dijo el señor – él fue el alquimista más grande que ha existido. Él consiguió hacer cosas maravillosas que nadie pudo emular. Las esencias más prolíferas, las sustancias más exactas, capaz de crear un mundo en un frasco. Fue único en su campo. Pero como todo genio fue tratado de loco y abominable, lo persiguieron hasta matarlo y quemaron toda su biblioteca, casi todos los libros de su obra quedaron hechos cenizas y jamás fue reconocido.
– ¿Y qué relación tiene ese tal Lewis con nuestro problema? –inquirió Harry de manera inquieta.
El ebrio abrió el libro por el centro, donde la foto en sepia de una hermosa mujer hacía de marcador. Éste acercó a ellos el libro.
–Elixir del Recuerdo –leyó Hermione.
–Sí, –dijo el ebrio mirando con anhelo la foto –hace muchos años cometí el error más grande de mi vida.
El señor acongojado tomó con ambas manos la fotografía, limpió las lágrimas que derramó sobre ella y continuó con su relato.
–La memoria es traicionera, fue hace tanto que no recuerdo el año exacto, pero hace uno cincuenta o sesenta años la hermosa mujer de esta fotografía fue mi prometida. Nos llevábamos muy bien juntos, no amábamos; pero un día me encontró en la cama con su hermana mayor. Ella intentó suicidarse al ver que la engañé, quiso arrojarse de un acantilado, por suerte pude impedírselo, pero pese a mis súplicas, no quiso saber nada mas de mi. Entonces para curar el dolor que le cause, use el hechizo Obliviate y desaparecer de su vida para siempre.
Hermione le entregó un pañuelo al harapiento señor para que seque sus lágrimas, las cuales viajaban entre los pliegues de su rostro y llegaban a la fotografía.
–Pasé años de soledad. Entré en la bebida para clamar mi dolor, pero éste regresaba cuando la botella se acababa. Un día le compre este libro a un vendedor ambulante, al leer sobre el Elixir del Recuerdo y su ubicaciónse iluminó en mi la esperanza de poder recuperar a mi querida Gabrielle, pero nunca pude descifrar la clave del mapa.
– ¿Del mapa? –preguntó Harry.
El ebrio volvió a buscar entre sus bolsillos y esta vez sacó un pergamino amarillento y lo colocó sobre la mesa.
–Esto vino junto al libro –dijo – ábranlo.
Al abrirlo se encontraron con un pergamino totalmente vacío, pero con una extraña inscripción en la parte inferior que decía:
Plaisctteiteft aedntheriniMe"
rgeoeimaconas aas,hzora"ent lrteeosámIria
Era imposible no creer en las convincentes pablaras del viejo ebrio, lo que antes parecía un disparate, ahora se veía tan real. Pero si todo esto era cierto ¿Cómo descifrarían ese mensaje de letras extravagantes? Harry y Hermione se vieron analizando la situación.
–Llévenselo –dijo el viejo –si consiguen encontrar la llave les servirá mas a ustedes de lo que me sirvió a mí.
– ¿Seguro? –preguntó Hermione.
Aquél hombre asintió con la cabeza y dejó en manos de la chica el libro junto al papel en blanco.
–Muchas gracias señor…
–Brown, –dijo el viejo –Roger Brown.
–Muchas gracias señor Brown – concluyó Harry.
–Suerte muchachos –dijo el señor Brown y se fue lentamente a dormir en la mesa del fondo.
…
Muchas gracias por haberlo leído, también muchas gracias por las reviews. La verdad que animan mucho para escribir una historia.
También a los que la siguen, me alegra saber a la gente les gusta este fic.
Gracias a los que lo agregaron a favorito.
Un saludo...
Reto: ¿Alguien será capas de descifrar ese mensaje?
Tengo curiosidad...
