7

Al final del pasillo

No supo cuanto tiempo había estado inconsciente, no debió ser mucho, pero al abrir los ojos se encontró atado a una silla en el comedor de los señores Bremen. Harry estaba sujeto de pies y manos con una cuerda fuertemente atada a los bastones de la ésta.

Frente suyo puedo ver a Hermione, que se encontraba al igual que él, atada por los pies y las manos a la silla. Ella estaba amordazada, su boca había sido tapada por una ancha cinta color gris. Aunque intentaba hablar, sólo emitía un ruido poco entendible.

—Por fin despertaste hijo—dijo el señor Bremen que se encontraba junta a Harry—, lamento mucho que ella este con la boca tapada, pero no se quería callar. No nos quedó de otra.

Harry que se sentía aún muy aturdido para hablar, sólo miraba con los ojos desorbitados al señor Bremen que llevaba una obscura risa bajo el bigote.

—¿Te encuentras bien?—continuó diciendo el hombre—Te vez un poco pálido hijo ¡Margaret van!—. El señor Bremen propinó un gran grito. Luego de unos segundos la señora Bremen apareció por la puerta con unos gustes de látex amarillo y la cinta gris en sus manos.

—¿Qué sucede Vestían?—interrogó la señora Bremen.

—Ven Margaret —la llamó el señor—, mira si se encuentra bien, lo veo muy pálido a nuestro muchacho.

La señora acercó sus enormes ojos hacia la cara de Harry y lo inspeccionó cuidadosamente y dijo:

—Estará bien, ya se le pasará.

La señora Bremen se marcho nuevamente.

Harry agitado y con las pocas fuerzas que tenía en su cuerpo intentaba zafarse de aquellas ataduras, pero era inútil. Con dificultad inclinó su cara hacia el señor Bremen y le dijo;

—Q-q-que quien d-de nosotros.

—¿De ustedes?— espetó el señor Bremen —Nada, estamos aquí para cuidarlos hijo.

—¿De qué estás hablando?—preguntó Harry ya sin dificultad.

—Cálmate muchacho, aquí vivirán bien—Una sombrea cruzó a la cara del señor Bremen al decir estas palabra. Había algo obscuro tras esas gruesas gafas.

La señora Bremen ingresó nuevamente ya si sus guantes amarillo y le hizo con la cabeza a su marido una seña de resignación. Luego negó. El señor Bremen asintió tibiamente, dando a entender que lo dejara así como esta.

—¡Que quieren! ¡Que están buscando!— vociferó Harry.

—Tranquilo, hijo—le dijo la señora —¿O quieres terminar como ella?—La señora con su estática sonrisa que se obscurecía cada vez más señalaba a Hermione, que se encontraba histérica con la boca sellada.

—Suéltala—ordenó Harry —, suéltenla, ¿Por qué nos tienen atados?

—Podríamos quitarle la cinta— dijo la señora Bremen acercándose con los ojos fuera de órbita a Hermione, ignorando la pregunta de Harry—, pero ella nos tiene que prometer que será buena niña y se quedará tranquila en silencio.

Hermione negó, no pensaba cumplir esa promesa. De igual manera y en contra de sus palabras, Margaret Bremen le quitó de un solo tirón la cinta gris de su boca.

—Hija, ¿cómo te sietes ahora? —dijo ésta

—Suéltenos, están locos— Hermione lo decía en tono de reproche.

La mano de la señora Bremen comenzó a temblequear de manera constante, las palabras de Hermione causaron un vendaval de nervios en ella. Parecía estar perdiendo la paciencia, perdiendo la cordura y perdiendo la humanidad.

—¡Hija! —Dijo de un grito el señor Bremen —No llames así a tu madre.

La cara de Hermione palideció, estas personas estaban locas de verdad. No solo los habían secuestrados, sino que creían que Harry y Hermione eran sus hijos. Era eso, o los habían adoptado a la fuerza como hijos suyos.

Esta situación aterraba un poco a Harry, pensó en aquellas habitaciones, la primera llena de muñecas y creyó entenderlo. Allí jamás vivió una niña, allí vivió y vive el deseo de estos ancianos de tener una hija viviendo ahí. Lo mismo imaginó que ocurriría en el cuarto de la solitaria cuna. Entonces ¿qué ocultaba la última habitación?

—¡Suéltennos! —gritó Harry.

—¿Para qué hijo?—preguntó el señor Bremen.

—No somos de aquí y no somos sus hijos — dijo —, tenemos que irnos.

La señora Bremen se volvió hacia Harry con la vista perdida, son la cara sombreada y con una vos grave y distorsionada le dijo:

—¡Ustedes no se irán!—ya no parecía ser la amable anciana de la ruta— Ustedes se quedarán aquí por siempre.—Y luego de estas palabras volvió a dibujar su gran sonrisa. Regresando a la normalidad.

—Porque no te calmas hijo —aconsejó el señor Bremen con actitud pasiva—, no me obligues a…

Pero Harry no estaba dispuesto a seguir atado, y mucho menos a quedarse allí. Comenzó a moverse de manera bruscas en su silla para tratar de soltarse o aflojar sus nudos. Esta actitud de él, pareció no agradarle al señor Bremen que levantó su mano y abofeteó fuertemente a Harry dejándole el labio roto y una marca roja en su mejilla.

Hermione gritó. Harry empezó a sentir el sabor de su sangre dentro de la boca cuando su labio comenzó a sangrar. El señor Bremen no contentó con este castigo y la actitud de Harry, sacó de un rincón una escopeta de doble cañón y la apuntó directamente hacia él.

—¿Te calmarás ahora?

Harry quedó paralizado, totalmente frio al ver los dos tubos de acero frente a él. «¿Dónde había quedado su varita?»Se preguntaba. Frente a él, Hermione se encontraba pálida. El terror la invadió; y es que la opaca expresión, en los ojos del señor, había un tinte muy obscuro.

—Los niños de hoy son cada vez más irrespetuosos— dijo el señor Bremen bajando el arma.

—Vestían llévalos bajo las escaleras— sugirió la señora Bremen, con un tono de reprimenda —, tal vez recapaciten y se comporten.

Vestían Bremen propició una sonrisa maliciosa, volvió a levantar el arma y golpeó la nuca de Harry con la culata para dejarlo nuevamente inconsciente.

Cuando Harry volvió en sí, estaba siendo arrastrado, completamente atado, por aquél loco señor. Cuando se detuvieron éste abrió la puerta que había bajo las escaleras y, como si arrastrara una pesada bolsa de papas, lo arrojó sobre un montón de cajas y trapos viejos que había allí. Seguidamente y encima suyo cayó Hermione, que también se encontraba atada.

La puerta se cerró de un fuerte golpe dejándolos en la obscuridad total. Solo se veían las tenues luces que se colaban por las ranuras que dejaba la puerta.

—Harry— llamó Hermione.

—Sí.

—¿Cómo saldremos de aquí?

—No lo sé— respondió— ¿Tiene tu varita?

—No, ¿Y tú?

Harry chasqueó la lengua frustrado, estaban atrapados allí sin alguna forma de salir.

En ese momento puedo sentir el rostro de Hermione apretándole fuertemente el pecho, él besó tiernamente su cabeza para tranquilizarla. Estaba asustada y era lógico, toda la situación era completamente desconcertante.

Harry con sus caricias logró calmar los temores de ella. Haciéndoselo notar cuando Hermione aparto el rostro de su pecho y colocó la cabeza en sus hombros.

—¿Sabes?— Dijo Harry— Hace casi ocho años que no me metían bajo la escalera como castigo.

Hermione rió levemente, y golpeó a Harry con la cadera.

—Auch!

—No es momento para bromas.

—No era una broma —se defendió Harry riendo.

De repente se empezó a escuchar una serie de rudos que venían de la parte superior. Tal vez los uno de los señores se encontraba arriba, pensaron. Pero no, ellos estaban allí, cerca de las escaleras porque veían las sombras de sus pasos por la ranura que había bajo la puerta del almacén. Enseguida se les vino a la mente aquella puerta al final del pasillo del piso superior al cual no podían acceder.

Harry y Hermione hicieron silencio para escuchar mejor. Los ruidos sonaban lejanos, parecía el sonido que se hace cuando los muebles son movidos de un lado a otro.

—¿Qué fue eso?—preguntó Hermione.

—No lo sé.

Aquél ruido cesó. Harry buscó en la ranura bajo la puerta la sombra de los Bremen, pero estas habían desaparecido. En su lugar la sombra de unas diminutas patas apareció allí. Luego empezó a sonar un rasqueteo sobre la parte inferior de la puerta y un ladrido.

—¡Bubu!

El cachorro parecía haberlos buscado por todo el lugar hasta hallarlos. Al encontrarlos dentro del almacén bajo las escaleras comenzó a ladrar y rascar la puerta constantemente. Hermione trataba de callarlo, no quería que los ladridos alerten al señor y a la señora Bremen y lo atraparan a él también.

—Shhh! Bubu —decía ella —, vete, vete.

En ese momento la sombra de Bubu desapareció con sus ladridos, pero luego de pocos minutos apareció nuevamente por ahí.

En ese momento el cachorro empujo algo con su pata delantera por la ranura que había bajo la puerta. Con la poca luz que tenían fijaron su vista en el objeto que ingresó, y lo que vieron les iluminó la esperanza.

Bubu había buscado la varita de Hermione, la misma que curó su pata rota, y se la llevó a hasta ellos para que pudieran usarla y salir de allí.

Harry se inclinó para tomar la varita con los diente y dejársela a Hermione en sus manos. Una vez la tuvo en su poder hizo que las cuerdas que rodeaban sus manos se desintegraran, para luego liberar sus pies y finalmente desatar a Harry de un solo hechizo.

Al salir del almacén sacudieron el polvo de su ropa y de su pelo y arrancaron algunas telas de araña que se les habían pegado estando ahí dentro. Inmediatamente Harry tomó a Bubu, que se encontraba saltando de felicidad, por el pecho y lo alzó para besarlo y decirle:

—Eres el perro más inteligente de mundo Bubu— Y luego lo bajó.

Hermione contempló el panorama, por suerte ni el señor ni la señora Bremen estaban por allí merodeando. De igual manera tenía su varita para poder defenderse. Al mirar sobre el sillón floreado del recibidor, Hermione encontró sus cosas. Allí estaban, las mochilas de ambos y los mas importante, sobre la mesita de cristal, la varita de Harry.

Rápidamente tomaron sus cosas para poder marcharse de allí lo más rápido posible y no tener que cruzarse con esos ancianos locos que los tenían secuestrados.

Iban directamente hacia la puerta de salida cuando, de improviso, Bubu empezó a subir las escaleras con dirección a la última puerta, al final del pasillo. Detrás de él llegaron Harry y Hermione. Allí Bubu comenzó a ladrarle efusivamente a aquella misteriosa puerta.

Era el momento para averiguar que se ocultaba tras ella. Harry intentó abrirla, pero ésta se hallaba cerrada. Entonces, sacó su barita y dijo: «— Alohomora—» Y esta vez sí se comenzó a abrir. Pero repentinamente cuando estaba por despegarse del marco, la puerta se trabó; se trabó como si una persona muy fuerte la estuviera deteniendo de otro lado.

Harry miró a Hermione con intriga, ella se acerco a él y empujó la puerta también. Su sorpresa fue mucha al notar lo trabada que estaba. Ella le indicó con la vista que los dos empujaran fuerte al mismo tiempo, pero cuando tomaron envión la puerta se abrió lentamente sola.

Todo era muy extraño, Hermione tomo a Bubu entre sus brazos y junto a Harry entraron a la habitación.

Dentro parecía sólo un cuarto lleno de basura, cajas viejas, maniquíes sin cabeza, otros sin brazos y muebles rotos empolvados. Pero en esa habitación había algo más. Una vez que pisaron las rechinantes tablas del piso, se sintieron dentro de un gran congelador. Allí la temperatura parecía ser más baja que en el resto de la casa, a simple viste se podía ver la respiración de ambos como en las noches de invierno. Además algo los incomodaba, y no era aquél frio, ellos se sentían observados allí, sentían unos ojos grandes y amarrillos clavándose en sus nucas.

Se escuchó caer algo. Bubu ladró.

Harry y Hermione empezaron a buscar por todos lados pero no se vía nada. Entonces escucharon una suave risa aguda y una de las grandes vigas de madera, que sostenía el techo de la casa, cayó frente a ellos. Esquivando la muerte por unos escasos milímetros.

Del cielo cayó un rayo sobre el molino de viento fuera de la casa. Este fue el detonante para que Hermione, Harry y Bubu huyeran a toda velocidad escaleras abajo.

Una vez fuera, se encontraron un cielo obscuro y relampagueante. Allí también, vieron a los señores Bremen con cara estupefacta al ver que estaban desatados fuera del almacén. Eso no le impidió frenar su huída, y mucho menos cuando el señor Bremen empezó a disparar su escopeta gritando:

—¡Regresen hijos! ¡Regresen!

Pero ya era muy tarde. Harry, Hermione y Bubu se perdieron entre los altos y profundos maizales de la granja.


Gracias por leerlo, espero que les halla gustado.

Muchas gracias, también, a los que siguen en fic. A los desde el comienzo y a los que se van sumando. =)

amestoy por Merlín que te vuelvan a crecer rápido las uñas. Es ovio, si lees esto, que subi el new capitulos jaja. Un saludo y gracias por pasar.

AlePotterGranger sinceramente me alegra mucho que te tenga enganchada esta historia. Gracias por leerla cada semana. A mi tampoco me gusta esperar, pero... u.u

pd: El día que no pongas una posdata te voy voy a preguntar si esta bien o no...

anita675 a mi las muñecas no me asusta, pero si veo muchas, solo y todas me miran, salgo corriendo. Gracias por leer y comentar. Un saludo

Saludos a todos...