11
Gabrielle
Hermione creyó que era un sueño, pero no, salir del bosque fue real ¿pero cómo? Despertó y se vio dentro del tren con el que había soñado, tapada y entre los brazos de Harry. Todo parecía igual que aquel sueño ¿y esas palabras que escuchó también lo eran? «No, debieron ser sólo de un sueño—pensó ella».
Al quedarse dormida, no pudo saber que había pasado y como había llegado hasta ese tren, se asustó en el momento que abrió los ojos y se encontró en un lugar desconocido y en movimiento. Pero al sentir los protectores brazos de Harry la tranquilidad se apoderó de ella.
Él, siempre él. Seguramente fue Harry quien la llevó hasta allí, ¿quien más? Todos estos años siempre ha sido Harry Potter, el mismo que la protegió desde que entró a Hogwarts, el mismo que la protege ahora y está ahí sin necesidad de hacerlo. Quien iba a ser si no, porque siempre es y siempre será Harry.
El chirrido de los frenos del tren llenaron los oídos de Hermione, indicándole que habían llegado.
Harry, que dormía tan pesadamente, no se dio cuenta que el tren se había detenido. Hermione, la cual estaba despierta, comenzó a sacudirlo para levantarlo. Apenas unos cuantos sacudones bastaron para que él entreabriera los ojos.
—Harry, llegamos—dijo Hermione pegándole una última sacudida—, levántate.
Los ojerosos parpados de Harry no querían abrirse, una fuerza mayor, llamada cansancio, los cerraba cuando éste intentaba abrirlos.
—¿Qué?— se quejó Harry mas dormido que despierto, para luego se cubrirse la cabeza con la manta—No puede ser.
—Vamos Harry—dijo Hermione, quistándole la manta.
A regañadientes, Harry consiguió levantarse. Aún se veía muy cansado, eso le preocupaba un poco a Hermione, porque tal vez no durmió bien. Ella no podía decir lo mismo ya que descansó sobre el cálido cuerpo de él.
La estación a la que llegaron se llamaba Noertzange. Allí no se veían personas yendo de un lado a otro como en King's cross. La estación se veía desolada, allí no había ni un alma, pero si había grandes galpones, unos llenos y otros completamente vacios. Sin volver la vista atrás Hermione, Bubu y Harry, con un bostezo, salieron de la estación Noertzange.
En cielo, como cada día desde su llegada, se encontraba cubierto de nubes grises. Fuera de la estación el viento soplaba con tanta fuerza que les impedía avanzar con tranquilidad. Harry, que llevaba a Bubu en sus brazos, seguía adormecido, aunque la ventisca lo despejaba poco a poco con sus ráfagas y Hermione tenía una dura pelea entre su cabello y el viento que le cubría la vista una y otra vez.
De repente se oyó un grito a la distancia que se iba acrecentando poco a poco. En ese momento Harry y Hermione se quedaron petrificados al ver a una anciana siendo arrastrada con su paraguas por el viento. La señora delgada, de cabello gris vestía con un sobretodo rosa y sostenía con una mano un paraguas negro y con la otra sujetaba una bolsa de compras.
La viejita iba y venía a merced del ventarrón a gritos de —No te lo lleves viento—. Se negaba a soltar el paraguas que le hacía de vela y si era necesario volaría con el por los aires.
Repentinamente la dirección del viento cambió, haciendo que le anciana se aproxime velozmente hacia Harry y Hermione, impactando inevitablemente contra ambos consiguiendo que el paraguas se pierda en la ventisca y que los tres caigan de un golpe al piso.
—Lo siento—dijo la anciana poniéndose de pie—, lo siento mucho. Era un paraguas bonito no quería perderlo.
Harry y Hermione le imitaron.
—No importa—contestes Hermione—, ¿se encuentra bien señora?
—Sí, si tranquila niña— pero cuando quiso dar un paso, la señora casi vuelve a caerse—sólo me doble un poco el tobillo, pero voy a estar bien.
Harry que había recogido la bolsa de la señora, que cayó con ellos, se acercó para ayudarla a andar y devolverle la bolsa.
—¿Seguro que se encuentra bien señora?—dijo—, Deja que la ayudemos.
—No quiero hacerle perder el tiempo señor Potter.
En ese momento, Hermione miró con impresión a Harry.
—¿Me conoce?—pregunto Harry con extrañeza.
—Como no conocer al gran Harry Potter—respondió la anciana—, todos los magos sabemos quién es y qué gran hazaña hizo usted.
Harry sabía que era mundialmente conocido por derrotar a Lord Voldemort, pero encontrar a una bruja en un lugar tan remoto lo sorprendió mucho al joven mago. Sin dudas la fama era algo a lo que jamás se acostumbraría.
—¿Se dejará ayudar?—inquirió Hermione a su lado.
La señora la miró y luego miró a Harry y dijo:
—De acuerdo. Ayuden a esta vieja a encontrar su casa.
La ancianita les indicó a ambos donde vivía y fueron hasta allí.
Caminaron a paso lento porque la señora no podía caminar muy rápido con el pie torcido, de vez en cuando se apoyaba en Harry para descansar un poco o para no caerse. Hermione junto a él llevaba la bolsa de compras con Bubu caminando a su lado.
La casa de la señora se encontraba sobre una colina a unos cuantos metros de la estación. Ella les contó que había ido al pueblo de allí, llamado Keel, para hacer sus comprar diaria.
«—Estas nueves grises no quieren irse—les había dicho a Harry y Hermione—, por eso llevaba mi paraguas nunca se sabe cuándo se puede largar la lluvia.»
La casa de la anciana era una sencilla construcción de ladrillos, con dos pisos y techo de tejas en punta, en ella sobresalía una chimenea en un extremo. No era una vivienda exageradamente grande pero tampoco pequeña.
—Muchas gracias—les agradeció la señora—, apreciaría mucho que acepten mi invitación de almorzar en mi casa.
Por un momento a Hermione y Harry, se le apareció la imagen de los señores Bremen. Esto los hizo retroceder un poco.
—¿Pasa algo?— preguntó la anciana—Se siente usted bien señor Potter.
—No, no— respondió vacilante Harry.
—No podemos— agregó Hermione, no quería pasar por otro situación igual a la que habían pasado anteriormente.
La anciana se entristeció, a ella le hacía mucha ilusión hospedar al gran Harry Potter dentro de su casa. Esto Hermione lo percibió, que, a pesar de sus dudas, decidió aceptar la invitación. Harry no la reprochó, se sentía muy débil en ese momento para decir o hacer algo. Sólo se limitó a entrar junto a Hermione y a Bubu en la casa.
Dentro el interior era totalmente blanco, las paredes estaban cubiertas por muchos cuadros, en las cuales se veían imágenes móviles de hombre y mujeres en tonos sepia. Encima de una mesa de madera encerada se encontraba el diario El Profeta y sobre una pared un sillón de cuero marrón.
—Siéntense, se ven cansado—dijo amablemente la anciana—. Déjenme presentarme, me llano Gabrielle Parker.
A Harry ese nombre le pareció conocido, como si ya lo hubiera escuchado nombrar. Hermione también se dio cuenta de eso, ella miró a Harry para hacérselo notar, tenía una vaga idea de que Gabrielle, tenían frente a ellos.
—Soy Hermione Granger, un placer.
Amas se estrecharon las manos.
—El gusto es mío.
Harry, estiró su mano para preséntese ante Gabrielle (aunque ella sabía quién era, lo creyó necesario). Pero no puedo hacerlo, en ese momento la visión se le nubló y casi se desmaya delante de la señora y de Hermione. Puedo apoyarse sobre la mesa de madera lustrada para no caerse, en ese momento Hermione con preocupación corrió hacia él y lo tomo del brazo.
—Harry, ¿estás bien?—preguntó afligida al verlo tan desmejorado— ¿Qué te está pasando?
—Estoy bien Hermione— le respondió Harry—, sólo estoy un poco cansado.
Gabrielle se acercó al muchacho. Lo que vi en él no le gustó mucho. Primero se vía muy pálido, sus ojeras delataba su falta de sueño y además de eso tenía algunos raspones en la cara y la ropa sucia con manchones de barro.
—¿Qué te ha ocurrido mucho?—preguntó alarmada Gabrielle perdiendo la compostura.
Harry lanzó una débil risita y le respondió:
—Tuve un pequeño accidente. Tropecé con una piedra y me caí.
—Y lo dices tan tranquilo—reprochó Gabrielle—y esas ojeras ¿No has dormido?
—Si— dijo— bueno un poco. Muy poco.
Hermione se sobresaltó ante lo dicho por Harry. Se acordó del bosque y de su sueño, en el cual Harry la cargaba en su espalda y la sacaba de allí. Ella en el tren había descansado bien, pero él parece que no tuvo la misma suerte.
Gabrielle pudo ver en la mirada de Hermione preocupación y algo más, algo especial, algo que sólo una persona que ama pude exteriorizar atreves de sus ojos, algo que ella algunas vez sintió, o creyó sentir. Gabrielle colocó una de sus manos en el hombro de Hermione para tranquilizarla.
—Descuida— dijo —, estará bien. Sólo necesita una ducha y descansar.
Harry hizo ademán de reproche, pero no sirvió de nada. Cuando se quiso dar cuenta estaba colocando su cabeza bajo el chorro de agua caliente de la ducha. Se sentía gratificante, todos sus músculos se relajaban al contacto del agua, todos sus pensamientos se acomodaban estando allí, él solo y sus pensamientos.
Todo lo que le estaba ocurriendo era causado por Snape, la palabras dichas cuando se apareció en el lago no lo dejaron tranquilo en toda la noche. Le hacían eco en su cabeza, quería encontrar una respuesta a ello, pero no la tenía. Todo era nulo. Además estaba Hermione, si seguía resistiendo todo esto era por ella, para que vuelva a ser la de siempre, él quería verla sonreír junto a las personas que amaba y que había perdido por la guerra, por acompañarlo a él y para luchar juntos. El gesto más grande que alguien había tenido por él. Eso era impagable.
Cerró el grifo y secó su cuerpo. Se vistió con una camisa a cuadros y unos vaqueros.
Se sentía bien, no del todo, pero mejor que antes. Al salir por los pasillos de la casa vio una foto colgada, ya la había visto antes. Allí había un chica, joven y muy linda. La chica de la foto era la misma que el ebrio del Caldero Chorreante le mostro a él y a Hermione el día que les dio el mapa y el libro. Podría ser casualidad, o sólo el destino; pero estaban en la casa de Gabrielle, la Gabrielle que una vez amo a Roger Brown.
Llegó al comedor, allí estaba Gabrielle Parker con la mesa lista para el almuerzo. Ella tenía una sonrisa de satisfacción en su rostro que se la contagió a Harry.
Él se sentó, miró a los lados buscando a alguien pero no la halló.
—¿Y Hermione?—preguntó Harry.
Gabrielle lanzó una sonrisa picara.
—Tranquilo—dijo—, ya viene. Ella también necesitaba relajarse con una ducha.
Al término de esas palabras, Hermione entró por la puerta vestida con un buzo de lana y unos pantalones de jean.
Ella se sentó al lado de Harry, al tiempo que su anfitriona servía el almuerzo que había preparado.
La comida avanzaba bien, la rica pasta cocinada por Gabrielle tenía un sabor exquisito, mucho mejor que la comida enlatada que llevaban ellos; Bubu también podía disfrutar de ese manjar en su plato debajo de la mesa. Hermione hablaba con Gabrielle acerca de Harry, la anciana parecía tener interés en el salvador del mundo mágico y que mejor ella para contarle lo conseguido tiempo atrás. Ella que lo vivo en carne propia. Ahora las historias de la batalla eran anécdotas, pero entonces fue algo muy duro y difícil de sobrellevar. Gabrielle escuchaba atenta los relatos de esos obscuros días pero Harry no, él estaba un poco desconectado, lejano. Su mente divagaba entre el cansancio que tenía su cuerpo y en una pregunta nueva que se le vino a la cabeza al caminar por los pasillos y ver la foto de Gabrielle cuando joven.
Él no dudó en hacerla interrumpiendo la charla.
—Disculpe señora Parker— dijo cortésmente —¿Conoce a un tal Roger Brown?
Hermione quedó ojiplática, no se esperaba una pregunta tan directa de él, ella casi se atraganta con el bocado cuando Harry soltó la pregunta. Lo miró sorprendida, pero él no la vio, estaba expectante a lo que la señora podría decir.
Gabrielle meditó unos momentos.
—Mmm… no lo sé—dijo finalmente— a mi edad la memoria falla ¿Por qué lo preguntas?
—Sólo— hizo una pausa—, creo conocer a alguien que la conoció, se llama Roger Brown.
—Tal vez lo conocí—dijo la anciana—, he conocido mucha gente a lo largo de mi vida —suspiró—. La memoria es traicionera, todo recordamos lo mismo pero de distintas manera —Suspiró nuevamente tratando de recordar—Quizás el se acuerde de mí, yo no recuerdo en este momento a Roger Brown, como ya estoy vieja la memoria la voy perdiendo día a día. Ya lo haré, o quizás no.
—Gracias por la respuesta— dijo Harry
—Si lo ves al señor Brown, dale mis saludos. Aunque no le recuerda tal vez le haga feliz saber de mi.
Harry bajó la mirada, Gabrielle decía esas palabras en un tono muy alegre, pero para él, que sabía la historia entre ella y el señor Brown, le parecía triste que la persona a la que alguien una vez amo, fuera sólo un recuerdo desvanecido.
—¿Que intentabas hacer?—le susurró Hermione por lo bajo
—Nada— respondió él—, solo confirmar que era ella la persona que amó el señor Brown.
Hermione simulaba leer El Profeta junto al sofá donde Harry había sido vencido por el sueño. Ella lo observaba con la mirada tranquila pero preocupada, por una parte le tranquilizaba que haya podido dormir, pero estaba inquieta creyendo que estaba así por su culpa. Él se había embarcado a este viaje por ella, para poder recuperar la memoria de sus padres. En este viaje Harry se había llevado la peor parte de todos los problemas.
Al verlo dormir sobre el sofá de cuero, no podía evitar sentirse culpable por su estado.
—¿Preocupada?—le preguntó Gabrielle, poniendo una mano sobre su hombro.
Hermione se sobresaltó y se volvió hacia la anciana.
—Un poco— dijo apenada—, la ha pasado mal en estos días. Espero que esté bien.
—Dime ¿Ya se lo has dicho?
—¿Qué?—Hermione se vio confundida ante la pregunta.
—Que lo amas ¿ya se lo has dicho?
Las mejillas de Hermione quedaron completamente rojas. No podía creer lo que le decía la señora Parker.
—Que… que… yo— vaciló ella — ¿Amar?
—Tranquila—dijo Gabrielle—, él no te oye, está dormido.
—Yo… yo…
—No lo amas, ¿hay algún problema?
Hermione se tranquilizó, los nervios no la estaban ayudando. Hablar de eso con una extraña no le parecía muy normal.
—Dudas—dijo finalmente.
—¿De él?—Preguntó Gabrielle.
—No— aclaró Hermione—, mías.
—Cuéntame.
Era extraño lo que Hermione sintió en ese momento, la incomodidad que sentía desapareció y se sentía capaz. Sentía que podía contarle todo a esa señora.
—Hace mucho tiempo amé a Harry y creo que aun lo amo— confesó Hermione. Anoche tuve un sueño, soñé que él me decía «te amo», fue tan real que no lo podía creer. Pero eso me asusta un poco.
—¿Por qué?—inquirió Gabrielle con intriga.
—Tal vez él no me ame, quizás me quiere como amiga únicamente. O tal vez ,si Harry siente algo mí, y no llego a ser la mujer para él. Siendo sincera no me siento capacitada para amar. Lo intenté una vez y no fusionó, solo me causo dolor. No puedo arriesgarme a perderlo.
—Capaz él esté pasando por lo mismo ¿no lo has pensado así?— Gabrielle posó su otra mano sobre el hombro de Hermione—Quizás lo tuyo con alguien mas no funciono porque no era el hombre indicado ¿no te lo has preguntado?
Hermione negó con la cabeza.
—El ejemplo de esta vieja tal vez te ayude. Nunca me enamoré de verdad, creo que alguna vez lo hice, si fue así ya no lo recuerdo. Siempre soñé con encontrar el amor de mi vida, pero este nunca apareció. Hace treinta años me casé con un señor, lo apreciaba pero no lo amaba, por eso nos divorciamos luego de seis o siete años, ya no lo recuerdo, de habernos casado.
Hermione vio la tristeza en los ojos de Gabrielle.
—Ah! El amor joven—suspiró la señora—desde que entraron vi una conexión en sus auras. Si lo que sientes por él es real no dejes pasar la oportunidad. No quiero que te quedes solo como esta vieja.
—¿Qué debo hacer?—preguntó Hermione
—Deja que tu corazón te guie—aconsejó la anciana—. Tengo que salir un momento, los dejaré solos—. La anciana abrió la puesta si se marchó.
Solos. El corazón de Hermione latía como nunca en su vida lo había hecho. Se giró hacia Harry y lo vio dormir. Su rostro reflejaba la imagen del niño que fue una vez, ese pequeño, escuálido y entrometido niño del cual se enamoro desde que lo vio en aquél tren rumbo a Hogwarts por primera vez.
Bajo la sombra de ese hombre adulto dormí Harry Potter, el mismo de siempre. El dueño de su corazón, ahora y siempre.
Hermione caminó hacía el sofá y se arrodilló junto él.
Lo observó dormir, sonrió, le acarició el cabello, esos rebeldes pelos azabaches siempre le fascinaron. Acarició su frente, allí estaba su cicatriz, la cual recorrió suavemente con el dedo índice calcando su peculiar forma.
Acarició su mejilla. Harry abrió los ojos.
—Hermione—dijo en un susurro.
—Harry… despertaste
—Y de la mejor manera.
Hermione inspiró profundo.
—Sabes Harry— comenzó diciendo Hermione—, tengo que hacer algo. Espero que me comprendas.
—¿Qué?
Y Harry lo supo.
Hermione lo tomó del rostro y comenzó a besarlo. Tierna y suavemente rozó sus labios con los de él, saboreando cada centímetro de su superficie, degustando el placer único que le hacía sentir su contacto.
La comisura de sus labios se abrió, el beso, poco a poco se llenó de pasión inundando con su ola todo el cuerpo de Harry, dejándolo ardiendo. Impregnado por la calidez y el perfume de Hermione.
Ella se separó de él. Harry intentó decir algo, pero ella colocó su índice en la boca de él y lo cayó.
—Harry—dijo—, no quiero que esto sea un beso más, un beso de eso que nos damos y queda todo en silencio. Quiero que dure para siempre y sea uno de mucho que quiero darte.
—Dime que esto no es un sueño—expresó incrédulo Harry.
—No lo es.
Harry, con sus manos la tomó del rostro y beso a Hermione nuevamente.
—Ahora y siempre—dijo.
Y volvieron a besarse, pero esta vez con una sonrisa en sus caras. Felices como nadie en el mundo. Con la sensación de pertenencia en ellos. Una lágrima de alegría rodó por una mejilla.
Gabrielle, que los observaba por la ranura de la puerta, no pudo evitar emocionarse. No tardó en aparecer en la sala haciendo que los dos chicos separen dejando una estela de afecto en el aire. Y dos sonrisas de complicidad la miraron.
Al finalizar la tarde Harry, Hermione y Bubu estaba listo para continuar con su viaje.
Gabrielle desde el portal de su casa se despidió de los chicos y su encantadora mascota. Ellos le agradecieron por su hospitalidad, la anciana les guiño el ojos. Dijo que fue un honor para ella haber recibido al gran Harry Potter en su casa.
—Se que deben seguir con su camino—les dijo Gabrielle—. No sé a dónde va, pero tenga cuidado señor Potter.
—No se preocupe—dijo Harry—Lo tendremos—.Miró a Hermione y le agarró la mano.
—Adiós.
La colina donde viva Gabrielle quedó atrás. Harry miró el mapa intuyendo que sería la última vez que lo haría. Fue como lo imagina.
—¿Llegamos?—preguntó Hermione comprendiendo la situación.
—Si— respondió Harry. Después de todo, el tren al que los llevó el ciervo, (tal como lo pensó Harry) los había llevado directamente a su destino.
Solo caminaron unos trescientos metros al sur y lo vieron.
Frente a ellos un puente le daba la entrada a un bosque donde los árboles tenían hojas azules. Debajo del puente un arroyo pasaba con fiereza erosionado duras rocas a su paso.
—¿Lista Hermione?
—Si
Ella estrechó fuertemente su mano con la de Harry y cruzaron el puente.
…
Gracias por leerlo, espero que les haya gustado.
Esta vez subo el capitulo un día mas tarde acordado que llegó el miércoles y no lo había terminado. Entre subir el capitulo en dos partes o subirlo un día después, decidí subirlo hoy completo.
amestoyLo bueno es que las uñas crecen. Si, Snap molestaba vivo y también lo hace muerto. Él estaba ahí y no creo que deje morir a Harry jajajja.
Muchas gracias por hacerlo leído, un saludo.
Aleksast La aparicion de Snape causo revuelo por lo que veo. A mi me gusto agregarlo :) Si, espero que a todos le valla bien. Muchas gracias por tu Review, un saludo.
AlePotterGranger Nunca es tarde para comentar. Aunque me gusta leer lo mas rápido posible para ver si gusto o no el capitulo. El final el final, me gustó dejarlo asi. Un beso gracias por leer.
Pd: No me quiero librar la verdad, me alegra que te guste. Vos comoamestoy están desde que empezó el fic. Ya me encariñé. Un saludo.
Un saludo a todos...
