Disclaimer; Todos los personajes de Stephanie Meyer son, como ya indica la frase, de Stephanie Meyer. xDD
Solo uno de ellos me pertenece. Seguro que veis claramente qual. =D
Aclaración y agradecimientos; un trozo del primer capítulo ha sido INSPIRADO ( que no quiere decir plagiado ni copiado xD) de la novela;
La Gárgola (de Andrew Davidson)
:)
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Vulnerata et Vstio
Los accidentes de tráfico parecen durar una eternidad. En el momento más crítico tus instintos toman las riendas y obligan a tus brazos a girar el volante, no importa la dirección.
- Sí - piensas - me estoy despeñando montaña abajo dentro de un coche de tonelada y media, pero seguro que si giro el volante todo se soluciona- Una vez le has dado la vuelta en todas las direcciones posibles al puñetero volante y compruebas que no ha pasado nada, te sobreviene un claro y preciso pensamiento - Oh mierda! -
Al contrario de lo que nos hacen creer las películas, en los accidentes, no pierdes la consciencia hasta el último momento. Todavía peor, la adrenalina se disparara por tu organismo y te permite oír y sentir todo. Oyes claramente los agudos chillidos de tu vehículo al practicar su macabro yoga despeñadero abajo, el crujir de tus cerbicales al chocar contra el asiento, el sonido de los gases que se escapan del motor... Y de pronto llegas a un punto entre el tiempo y el espacio en el que tu mente y tu cuerpo se fusionan con la no-materia y yaces en un estado de consciencia parcial en el que crees que ya se ha acabado todo. Ese mismo instante que los filósofos orientales se pasan la vida buscando en apartadas y congeladas montañas asiáticas, tú lo descubres en un intento de suicidio. Que irónico...
Pero no pasan ni dos segundos cuando tu coche vuelve a precipitarse contra el siguiente tramo de calzada o de montaña (vete tú a saber) y entonces lo sientes; esos gases dándose a la fuga de la cárcel del motor de tu vehículo combustionan y estallan en llamas que lamen el coche. Tu mente abandona ese estado bendito de paz oriental y se convierte en un súper ordenador que te permite calcular la velocidad del coche, multiplicarlo por tu masa corporal y dividirlo por el ángulo de descenso y aplicar el resultado a las leyes de Newton en menos de dos segundos para llegar a una conclusión espeluznante - esto va a doler -
El coche gana velocidad por el súbito descenso y se convalida tu hipótesis; es, en efecto, muy doloroso. Puedes sentir perfectamente como las llamas acosan tu brazo derecho pero lo que no puedes hacer es apagar ese fuego con tu otra extremidad ya que tu cacharro metálico (ya no se le puede llamar coche...) no te lo permite. Entonces llegas a la más dura de las conclusiones - todo se ha acabado, ya no puedo hacer más que esperar la muerte- Y lo intentas, vaya que intentas hacerlo. Pero, dígame querido lector, ¿cómo se puede ir en contra de las leyes naturales de la física? Tu mente sigue divagando entre la angustia y el dolor hasta que, de pronto, sin previo aviso... para.
Sí, simplemente para.
En los pocos minutos de caida te has hecho a la idea de que nadie sobrevive a una cosa tan bestial como esa misma y, resignado, esperas la muerte pacífica. Pacífica, ya que tus sistemas corporales de alerta no catalogan el dolor a estas alturas debido al shock. Cierras los ojos. Los vuelves a abrir. Estás boca abajo sujeto por el cinturon, eso sí que lo puedes distinguir a pesar de la poca luz. Tus brazos cuelgan a ambos lados de tu cabeza.
Cierras tus parpados de nuevo. Para volverlos a abrir.
A través de las sombras ves una figura humana de pié al lado de tu destrozado coche. Debe ser una mujer por su complexión delgada y su pelo largo. - ¿La Muerte? - Ella respira entrecortadamente debajo de la lluvia, parece que ha estado corriendo. Que curioso, la Muerte en pijama...
Los cierras. Respiras. Los abres.
Al lado de la figura de la chica aparece otra, esta vez la de un hombre.
Oscuridad.
- ¡Edward, sácalo!
CRAAASSHHHH! ÑIIIIIICCCC!!!
Identificas los graznidos del metal de tu vehículo al romperse. ¿Porqué?
Oscuridad.
Notas como unas frías manos te sacan del vehículo y te devuelven a tu sistema gravitatorio original: dejas de estar boca abajo.
Oscuridad.
- Tres, dos, uno, arriba! - El cielo se abalanza sobre mí y luego se aleja. ¿Un ataúd? - ¡Morfina! - ¿De verdad es posible que el techo del Infierno esté hecho de madera y que te den morfina?. Diviso a Caronte* vestido con una bata blanca. Me está hablando pero no lo entiendo.
Oscuridad.
*
Abro los ojos, ya no me cuesta tanto. Lo primero que logro ver al acostumbrarme a la luz solar es a una chica. - Esto no puede ser el Infierno - pienso, - es imposible que una persona que duerme con tanta paz sea perteneciente a él -. Intento sentarme sobre la cama a la que he ido a parar, Dios sabe como, y en el proceso intento no despertar a la chica que duerme con la cabeza recostada en ella. Me apoyo sobre mis hombros para sujetarme bien y...
JODER...
Jamás había experimentado tanto dolor - ¡El brazo!. ¡El brazo!. ¡El brazo!. ¡El brazo! - Solo podía pensar en el sitio del que provenía esa sensación. Creo que volví a desmayarme de puro dolor pero el mismo me despertó para seguir torturándome. Grité con toda mi alma, me supo mal por la chica durmiente la qual se despertó sobresaltada y alarmada ante mi desgarro auditivo. Era mil veces peor que cuando me rompí la pierna. Miré hacia él, aunque no esperaba encontrar nada, pero cuando lo ví lo comprendí todo. Toda la superficie de mi brazo izquierdo estaba cubierta por vendas y por bolsitas de un líquido azul. Pero pude ver trozos al descubierto de carne chamuscada como si se tratara de una salchicha. Estaba completamente roja desde la muñeca hasta el hombro.
BellaPOV
Me volví a despertar sobresaltada. Llevaba dos semanas soñando que saltaba desde un barranco de respetuosa altura en contra de mi voluntad, como si me empujaran. - Que asco!
- Mi amor, ¿te encuentras bien? - Mi corazón volvió a su freqüencia normal en cuanto oí la voz de Edward a mi lado en la cama. Se sentó a mi lado para estar a mi altura y me abrazó contra su pecho - ¿Otra pesadilla? - asentí demasiado asustada como para hablar. En respuesta, Edward besó mi pelo y comenzó a tararear mi nana. Volví a caer en un profundo sueño debido al cansancio.
A la mañana siguiente le expliqué mi sueño a Edward con todo lujo posible de detalles y su respuesta no pudo reconfortarme más.
- Tonta Bella - me besó con cariño - yo jamás dejaría que hicieras, o te hicieran, daño. Sí, definitivamente Edward era todo lo que quería y necesitaba. Lo quería por encima de todo y aún me sorprendía cuando comprovaba que él también a mí.
El resto del día pasó tranquilo y "normal". Tan normal como puede pasar a partir de que tu novio le pida (ordene) a su hermana que comprueve tu futuro diecisiete veces hasta que ella salté furiosa chillando
- ¡Edward Anthony Cullen! - casi echaba espuma por la boca - ¡¡Si no confías en mí, lo haces tú mismo!! - chilló Alice provocando que todo el comedor se girara en nuestra dirección.
- No es que no me fie de tí, Alice - intervino rápidamente Edward - solo es que ya sabes que las decisiones de las personas cambian muy rápidamente y... - Alice enfadada, de verdad daba miedo. Lo pude ver en la cara de Edward intentando calmarla. Se me escapó la risa ante esa ridícula situación.
- Bueno chicos, creo que deberíamos calmarnos - Dijo Jasper con una sonrisa en su rostro sujentando a Alice por los hombros. Así lo hicimos, todos nos calmamos inmediatamente. Jasper me encantaba por dos motivos; 1. por su capacidad de controlar las emociones y 2. por su imparcialidad delante de los problemas. En la segunda característica me recordaba vagamente a Carlisle, el "padre" de todos ellos.
- ¿Pero no era Alice la psíquica? ¿Porqué te preocupas de un sueño de Bella? - preguntó Emmet con ganas de burla. Rose le dió un codazo para hacerlo callar y él, sin inmutarse, agarró a su novia por las muñecas y la besó apasionadamente.
- Bueno! Bueno! Ya está bien! - Estalló Alice en risas al verlos tan "acaramelados". - ¡Emmet no te la comas! Jajaja!- Todos nos reimos con ganas de su comentario, y como ya he dicho, el resto de la mañana pasó tranquilamente.
*
- Buenas noches, papá - Besé la mejilla de mi padre, Charlie, en un signo de cariño.
- Que descanses cielo - Me devolvió el beso y el saludo sin apartar la mirada de la tele. No me molestó en absoluto, sabía lo concentrado que se ponía al ver el fútbol por la tele. Esos pequeños detalles me hacían gracia y, realmente, me provocaban mucho cariño por él.
Subí las escaleras despejándome las ideas y me tiré en la cama, aprobechando que ya llevaba puesto el pijama, al lado de Edward el qual ya me esperaba como cada noche. Después de hablar un rato y hacerme perder el aire diversas veces al besarme por sorpresa, Edward, decidió que ya debía echarme a dormir. Comenzó a cantar mi nana a pesar de mis quejas y, sin poderlo evitar, caí dormida a los pocos minutos.
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Me encuentro de pié, en medio de la carretera. Es de noche y comienza a llover débilmente. Me preguntó cómo habré llegado hasta aquí...
Escucho el sonido de unas ruedas al derrapar en el asfalto a lo lejos. Quiero apartarme, sé lo peligroso que es quedarse en mitad de la carretera, pero no lo consigo. Mis pies no reaccionan.
El vehículo se oye cada vez más cerca, pero al comprobar que no podía moverme, ni siquiera me inmuto. No temo que me pueda hacer daño. ¿Porqué?
Las luces del coche que se aproxima me ciegan. Doce segundos para el impacto...
Un voluptuoso Opel antara negro sisea hacia mí con una velocidad desorbitada. Me preocupo por su conductor. No lo distingo muy bien pero entreveo que se trata de un chico de mi edad, sino más, de ojos y pelo marrones que no parece darse cuenta de las violentas combulsiones de su auto.
Acelera de golpe. Aparta las manos del volante y yo me alarmo, ¿qué pretende? Un sentimiento de angustia me invade de repente, como si se tratara de un conocido.
El coche me embiste que con furia... pero no me toca. Al contrario, veo las cosas desde dentro, no soy materia. Ahora puedo ver al chico, almenos los pocos segundos que tardo en atravesar todo el coche. Vuelvo al exterior y giro sobre mis talones para ver en primera fila como el coche sale dispararado de la carretera por una pronunciada curva, rompiendo la valla de madera que se supone "ha de detener a los coches" en este tipo de situaciones y comienza a dar mortales vueltas de campana montaña abajo chirriando como si lo mataran.
Me asusto mucho. No puedo hacer nada por él, a pesar de haberlo visto en primera persona. - ¡Necesito que alguien me ayude!-
Empiezo a hiperventilar. - ¡Edward! ¡Necesito a Edward! Porfavor!!-
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- ¡Bella! ¡Reacciona Bella! - Abrí los ojos de golpe.
- Eh? - Edward me zarandeaba con cara de pánico ¿Había vuelto a mi habitación? - ¿Edward? ¿Qué pasa? - me sentía desorientada.
- Dímelo tú, has dejado de respirar y derepente has comenzado a chillar mi nombre.- me acarició el cabello, ahora enmarañado, con delicadeza- ¿Qué estabas soñando? - pasó su fría mano por mi sudorosa cara. Se veía preocupado de verdad. Las imágenes de el "accidente" chocaron en mis neuronas una y otra vez haciéndome perder la poca cordura que una tenía a las tres de la mañana. Sin pensármelo, salí de un salto de mi cama y abrí la puerta para bajar rápidamente las escaleras de mi casa. Hice tan poco ruido como pude, no era cuestión de despertar a Charlie.
- Bella... mi amor, me estás asustando... - Edward intentaba tranquilizarme - ¿qué pretendes? - Yo ya me había colocado la chaqueta y me disponía abrir la puerta cuando me detuvo su hercúleo brazo.
- Edward, porfavor, necesito que me ayudes. Porfavor, quizá estoy loca pero... - no sabía lo que hacía, como si alguien hubiera cogido el mando de mi cuerpo.
- Porsupuesto que te ayudaré, mi Bella - me aplastó contra su pecho y yo le abracé asustada - Pero para hacerlo necesito que me digas lo que te pasa.... - pidió en un susurro.
Le expliqué mi sueño tan rápido como pude y accedió ha llevarme al bosque pero que no creía que encontraramos nada. Volamos por los árboles gracias a su vampírica rapidez hasta la única curva de Forks que yo recordaba tan cerrada como la de mi sueño. Me dejó en el suelo algo mareada (debo mejorar eso) y busqué con la mirada intentando encontrar algo, que no podía ver.
Pasaron los minutos,
el quarto de hora,
la media hora...
- Bella... - comenzó Edward pero lo callé con un gesto de mano como si oyera alguna cosa.
Nada. Me sentí exageradamente tonta por haberle hecho caso a un sueño sin ninguna base científica ¿Acaso me creía Alice? Suspiré y me rendí.
- Lo siento Edward, he sido una tont...
- Shh! - me cortó en seco colocando un dedo sore mis labios e hizo cara de oír algo. Yo también lo oí.
Un sonido de gases al salir de algún lado en el que estaban retenidos. Y de golpe... una explosión. Edward se puso en posición defensiva delante mío pero enseguida se pudo ver que no llegaría tan lejos.
Salí corriendo como si fuera un caballo al que le hubieran dado un latigazo. Esquivé árboles, salté las piedras y lo encontré...
El mismo coche de mi sueño boca abajo y con el motor en llamas. Salía mucho humo.
¡El chico! - Pensé y me tiré al suelo para ver si conseguía divisarlo ya que las llamas no me permitían hacercarme más. Colgada boca abajo, como el coche, yacía una figura humana sujeta por lo que supuse sería el cinturón de seguridad. Edward ya estaba a mi lado y, al obligarme a salir del shock en el que estaba, comprendí que si no lo sacábamos rápidamente de ahí, moriría.
- ¡Edward, sácalo! - le supliqué tirándome contra él. Sabía lo duro que debía de ser para él hacercarse tanto ya que, hasta yo, podía notar que el chico sangraba mucho. Con un chasquido de mandíbula, Edward dejó de respirar y rebentó la parte baja del coche que chirrió grotescamente como un animal mítico. Sacó el cuerpo de dentro y nos alejó de allí justo para esquivar la fuerte explosión (provocada por la gasolina) que seguro hubiera acabado con su vida.
Antes de que mi cerebro pudiera asimilar tantas cosas a la vez, ya estábamos en casa de Edward. Él nos cargaba a los dos y yo no podía evitar sorprenderme por el mínimo, por no decir nulo, esfuerzo que realizaba.
Alice, a sabiendas de el "regalito" que traíamos, avisó a toda la família y Carlisle ya tenía preparado todo el material médico a nuestra llegada. Se puso su blanca bata de médico y el chico abrió los ojos agonizante.
- ¿Chico? Chico, ¿me oyes?¿puedes decirme tu nombre? - Carlisle intentaba mantenerlo consciente y me pareció ver que el chico hacia una mueca de disgusto ante sus palabras antes de volver a desmayarse.
Edward, que no había abierto la boca hasta entonces, propuso a Carlisle de ayudarlo con las quemaduras y él acepto. Entraron los dos a la habitación contínua al comedor empujando la metálica camilla.
CarlislePOV
Esto no puede ser...
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Xan xan!
xD
Quería haber abanzado más la historia pero se me hacia el capítulo muy largo. No sé por qué siempre tengo el mismo problema con todos los Fics.... 0.o
xDajaja
* Caronte; según la mitología griega, Caronte, era el barquero del Infierno. El encargado de guiar a las almas errantes de los difuntos recientes de un lado a otro del río cobrándoles algo a cambio. En su combalescencia, el chico, confunde a Carlisle con Caronte creyendo que ya está muerto. Es un chiste malo mío. Perdonadme!! xDD
aja aj!
Buenooo, espero que os vaya gustando. En el próximo capítulo se descubre porfin quien es el misterioso chico y por que Bella sueña con su acccidente. También continuaré con el CarlislePOV, que es el primero en darse cuenta de todo.
= )
Un besazo a todo el mundooO!
:)
Muchísimas gracias por todos los GO y por los REWIES!!!
os adoroo!!=D
