Capítulo 1: Reencuentros.

El invierno azotaba el Polo Sur con su fuerza habitual, la nieve cubría el terreno hasta donde alcanzaba la vista, en la Ciudad de Korra, los refugiados realizaban sus tareas habituales para evitar que la nieve les enterraran, gente de todo el mundo colaboraba para hacer que la ciudad funcionara, Korra había dedicado mucho esfuerzo para convertir esta ciudad en lo que Ciudad República llegó a ser en su mejor momento.

El miembro del Loto Blanco llegó de incógnito a la Ciudad, tras pagar a un aldeano de la Tribu del del Sur, este le llevó a la Ciudad de Korra.

El hombre paseó por las calles de la pequeña ciudad, sin duda le recordaba a Ciudad República, los edificios no eran tan bajos, las calles no eran tan estrechas, pero esa ciudad rezumaba en el aire algo, algo que una ciudad como la irónicamente llamada Libertad, no tendría.

El hombre llegó al centro de la ciudad, donde el ayuntamiento se encontraba, un pequeño edificio de dos plantas, que se encontraba en la plaza de la ciudad.

el hombre entró por la puerta principal y se encontró inmediatamente a Korra, la cual estaba sentada hablando con un anciano que él supuso que era el alcalde, el hombre se acercó a Korra, esta se giró al verle, el hombre cogió una ficha del Loto Blanco de su bolsillo y se la enseñó a Korra, la cual entendió el mensaje al instante, se disculpó al anciano, y pidió al miembro que la acompañara.

Esta le llevó al segundo piso, donde se encontraba su despacho personal, esta se sentó en el suelo y le pidió a él que lo hiciera, el cual se sentó también.

"Hace cinco años desde que no veía a un miembro del Loto Blanco por aquí." Dijo Korra. "Corté el contacto con vosotros al negarme a formar parte de esta estúpida guerra. Debe de haber una buena razón para que hayáis decidido hacerme una visita." Korra adoptó una postura hostil ante el invitado, no quería tener que ver nada con el Loto Blanco tras que este decidiera enviar reclutas del aire para frenar el avance de las fuerzas cultistas hacia Ba Sing Se.

El hombre esbozó una pequeña sonrisa.

"Entonces te alegrará saber que esos viejos no tienen nada que ver con esto." Le respondió.

"Explícate." Le exigió Korra, que empezaba a tener curiosidad.

El hombre metió la mano dentro de su uniforme y sacó un pequeño sobre, el cual se lo entregó a Korra.

Korra lo abrió y se puso a leerlo.


Hola Korra.

Siento contactarte de esta forma tras tanto tiempo, pero necesito tu ayuda.

Creo tener información sobre la guerra que está destrozando el mundo,

información que el Loto Blanco no quiere que salga a la luz.

Llevo retenido durante años, mientras usan la excusa del adiestramiento,

Hasta hace unas semanas no tenía ni idea de que había una guerra a escala global,

Búscame en el templo del aire del este, y te prometo que hablaremos de todo esto.

Shuali te ayudará a entrar y a nosotros a salir.

Firmado, Bumi.


Korra volvió a leer la carta de nuevo, no había oído hablar de Bumi (siendo precisos, había perdido contacto con casi todos tras decidir fundar la ciudad) que no podía evitar alegrarse por recibir noticias suyas. Korra dobló la carta y la guardó en un cajón.

"¿Eres Shuali?" Le preguntó al miembro del Loto Blanco. Este asintió.

"Si es cierto que el Loto Blanco esta evitando que lo que quiera que sepa Bumi. ¿Por qué me estás ayudando?"

Shuali se encogió de hombros. "Cada uno tienes sus motivos y problemas en este mundo. Simplemente estoy cansado de esta guerra, y si hay alguna forma realista de pararla, bienvenida sea."

Korra suspiró.

"Esta bien." Dijo levantándose. "Llévame hasta el templo."

Shuali y Korra se levantaron.

"Nos espera un barco en la tribu del Sur, desde ahí partiremos hasta cerca del templo, sacaremos a Bumi y volveremos a tu Ciudad."

Korra asintió, odiaba pensarlo, pero estaba de nuevo de lleno en una guerra de la que no quería tener nada que ver.


Mientras, en el corazón de Libertad.

Lin había conseguido finalmente seguir el rastro de uno de los proyectos más importantes de los cultistas, habían usado como laboratorio de pruebas y fábrica de ensamblaje un viejo almacén que de coches que pertenecía a Industrias Col, Lin sabía que llevaban años en el proyecto y que probablemente le quedaba muy poco para ser completado, si querían saber si era algo que era realmente peligroso o un acto de locura o vanidad del Centinela, era algo que había que averiguar.

Por eso Lin ha contratado la ayuda de una banda de mercenarios para su ayuda.

El almacén no era demasiado grande, estaba cerca del puerto, tenía dos pisos y estaba rodeado por una verja con dos hombres armados en cada lado.

Infiltrarse iba a ser difícil y tanto Tan como Lai lo sabían, pero por lo que iban a cobrar por el trabajo, merecía eso y más.

se acercaron a dos de los guardias, iban disfrazados de soldados cultistas por lo que no iban a sospechar nada, al menos de momento. Los hombres los miraron y se llevaron las manos a las armas en un claro signo de desconfianza, ambos intrusos se acercaron sin mostrar signos de terror o otras emociones que pudieran delatarles.

"¿Si?" Dijo uno de los guardias.

"Traemos un mensaje de La Guardiana, lo firma Huang en persona." Dijo Lai, con naturalidad.

"A ver, enseñalo." Dijo el otro guardia.

Tan cogió el papel que tenía guardado y se lo pasó al guardia.

El hombre bajó la mirada para leer el falso mensaje Tan aprovechó y le golpeó un puñetazo al cuello, cortándole la respiración y dejándole inconsciente. El tro intentó sacar su arma pero se encontró en el objetivo de la patada de Li, dejándolo también fuera de juego.

"Esto ya está." Dijo Tan, llámales.

La mujer se puso en pie y formó dos pequeñas llamas en sus manos para llamar al resto del grupo.

El camión se acercó, dentro estarían varios de sus hombres, todos armados.

Dos hombres, ya disfrazados como guardias, saltaron de la parte trasera y apartaron a los hombres inconscientes, para ponerse en su lugar.

Los demás se montaron en el camión y tomaron rumbo al almacén.

Pudieron pasar los siguientes controles sin problemas, en cinco minutos estaban descargando cajas vacías supuestamente llenas de material importante.

Cinco de sus hombres bajaban las cajas, mientras que Lai firmaba todo.

"Muy bien." Dijo el supervisor del almacén. "Todo parece en orden, por aquí."

Los intrusos atravesaron diversas habitaciones donde diferentes objetos extraños y máquinas de extrañas formas iban siendo guardadas con cuidado.

Llegaron a una sala bastante más grande que las que habían visto, varios hombres estaban montando una enorme máquina, esta medía siete metros de alto, mas una planta de cinco metros cuadrados, era una especie de caja de metal con decenas de cables del grosor del brazo de un adulto saliendo de ella, uno de los mercenarios sacó una cámara y le hizo unas fotos cuando nadie miraba, guardó la cámara.

Tras terminar, salieron por donde vinieron, pasando los tres perímetros defensivos, montando en el camión y desaparecieron en la noche.

Tras viajar por la ciudad, llegaron a una vieja base en las alcantarillas que había pertenecido a los Igualistas, ahora era una de las bases de los rebeldes de Lin, repartidas por el territorio cultista.

Se aseguraron que no les seguían y metieron el camión por el hueco.

Tras pasar el control de los guardias, Lin les recibió en persona.

"¿Tienes las fotos?" Preguntó Lin.

"¿Tienes el dinero?" Preguntó Lai.

Lin le tiró a Tan una bolsa con el dinero dentro, este contó rápidamente.

"Cien mil yuanes, de nueva cuña, es todo el pago acordado." Confirmó Tan.

Lai al escuchar la confirmación, avisó a uno de sus hombres, el cual cogió la cámara y se la dió a Lin.

"Oí por encima a uno de los trabajadores que era la penúltima fase del proyecto y que estaba casi acabada, no se lo que era pero parece peligroso." Dijo la líder de los mercenarios.

Los mercenarios se subieron al camión, listos para irse.

"Y por cierto." dijo Tan que se paró un segundo. "Su seguridad daba asco."

El camión arrancó, abandonando la base rebelde.