Capítulo 3: Hola, Libertad.

Tras una semana de viaje Korra divisó la ciudad a lo lejos, parecía que apenas había cambiado nada pero todo era diferente, hace siete años cuando llegó a ella por primera vez, se encontró una ciudad desconocida, ahora se encuentra una ciudad hostil, estaba entrando en la base enemiga, ambos habían hablado largo y tendido sobre lo que hacer, pero no tenían nada con lo que empezar, solo tenían una sospecha y la suerte de haber podido llegar allí sin ser interceptados.

El barco se acercó lentamente al puerto de la ciudad, el sol empezaba a ocultarse por la ladera y la ciudad empezaba a encender sus propias luces.

"Será de noche en menos de una hora." Le dijo Bumi a Korra. "Nos ayudará a ocultarnos."

"¿Tienes algún plan sobre que hacer ahora que hemos llegado?" Dijo Korra. "Tenemos que buscar a Lin y su grupo pero no tengo ni idea de donde pueden estar y cualquier mensaje que podamos enviarles podrían interceptarlos los del culto.

Bumi se puso a pensar en las posibilidades.

"A mi hermano lo han llevado al templo del norte y la isla como acabamos de ver la tienen muy vigilada."

"Podríamos ir a las zonas pobres pero estas se han llenado de criminales y podríamos meternos en una pelea indeseada."

El capitán del barco se les acercó.

"Vamos a tomar puerto. Vuestro amigo se ha encargado de sobornar a las aduanas, así que no registrarán el barco, pero escondeos dentro mientras tomamos puerto." El hombre se llevó la manos a los bolsillos buscando algo. "También me pidió que les diera esto cuando llegáramos."

El hombre sacó una llave con el número 210 grabado.

"La llave de un hotel." musitó Korra. Esta cogió un pequeño pinchazo al tocarlas, se miró los dedos y no vio nada así que ignoró el tema y guardó las llaves.

"Me pidió expresamente que esperara a decíroslo. No sé porque."

"Gracias." Dijo Bumi. "Vamos Korra." tenemos que entrar."

Se metieron en el compartimento de carga y esperaron durante media hora a que la costa estuviera limpia."

Salieron del barco hacia el puerto, los únicos que estaban allí, parte de ellos, era la tripulación que descargaba su carga en el puerto.

Korra le dio las gracias al capitán y ella y Bumi marcharon hacia el interior de la ciudad, rumbo al hotel Nuevo Día.

Era noche cerrada cuando llegaron, el hotel aunque parecía decente era muy pequeño y parecía muy discreto, estaba en el centro de una calle ocupada entre dos edificios residenciales, la palabra hotel estaba pintad a lo largo del edificio.

Entraron dentro y se dirigieron a la recepción. La entrada estaba casi vacía con un par de clientes sentados en un sofá charlando y una recepcionista a la entrada

"¿Puedo ayudarles?" Preguntó la joven recepcionista.

Korra le enseñó la llave a la mujer que con su perpetua sonrisa le señaló las escaleras que les llevarían al piso donde estaba su habitación.

"Nada más subir a la izquierda." Les dijo.

Bumi y Korra fueron hacia la escalera, Korra no pudo evitar mirar como los clientes del sofá les miraron cuando pasaron a su lado.

"¿Crees que me han reconocido?" Le preguntó Korra a Bumi.

Este negó con la cabeza.

Les sorprende ver a un hombre de mi edad con alguien de la tuya en un hotel a medianoche. Tu ignóralos.

Korra asintió. Avanzaron y entraron en la habitación.

Era relativamente grande, tenía dos habitaciones, baño y una pequeña cocina, estaba claramente diseñada para familiares que estaban de turismo.

Korra se fijó en algo sobre la cama y encontró una pequeña nota en ella.

"¿Qué pone?" Preguntó Bumi.

Korra se puso a leer.

"Si estáis leyendo esto es que habéis llegado sin problemas, siento no estar ahí para hablar con vosotros pero otros temas me urgen y no voy a estar en la ciudad, tengo ropa limpia y discreta, además de documentación falsa para que paséis desapercibidos guardada en una maleta en el armario de la habitación principal, además he pagado al hotel hasta un mes después del día que salisteis del templo, está todo pagado por lo que no os preocupéis." Bumi se dirigió al armario y lo abrió, encontrando dicha maleta, la sacó y la puso sobre la cama.

Korra continuó leyendo.

"Dentro encontrarás también informes que uno de mis contactos logró sacar de La Guardiana. Tenéis que Dárselos a Lin, ella sabrá que hacer con ellos, ahora dirige al grupo rebelde en la ciudad, yo no sé como encontrarla, pero ya se os ocurrirá algo. Firmado Shuali."

Korra se aseguró que no quedaba nada por leer y quemó la carta.

"¿Te fías de él?" Preguntó Korra a Bumi.

"Me sacó de allí y un interés común sigue siendo un beneficio mutuo." Dijo Bumi hojeando el informe.

"¿Qué pone?" Preguntó Korra.

Son informes militares desclasificados de hace cuarenta años, yo aun era un teniente en ascenso cuando estas operaciones ocurrieron. No conocía ni la mitad de estas." Bumi cerró el informe y lo guardó consigo.

"Vale, ahora debemos contactar con Lin, ¿Pero cómo?"

Korra miró a una radio en la mesa enfrente del sofá.

"Según tengo entendido." Dijo Korra. "El programa de Hiroshi Sato sigue siendo muy popular en la ciudad."

Bumi pilló su plan en el acto.

"Un mensaje en clave para encontrarnos en el hotel. Podría funcionar, sin duda." Dijo Bumi

Sintonizaron la frecuencia hasta oír la voz de Shiro Shinobi.

Bumi se dirigió al teléfono mientras que Korra se sentaba en el sofá.

Esperaron a que llegara el momento.

"Llevamos ya seis horas ininterrumpidas, queridos oyentes." Dijo Shiro Shinobi por la radio.

"Ya estéis en el coche en un largo viaje con la noche como acompañante, en casa disfrutando del programa en la familia, o simplemente en un restaurante con los amigos a altas horas de la noche nos unen las ondas y por eso y como cada dos horas ha llegado la hora de las llamadas al programa, si tenéis algo que decir, cualquier cosa a cualquiera, llamad sin dudarlo.

"Y ya tenemos la primera llamada desde Libertad, hola, bienvenido al programa de Shiro Shinobi.

"Hola, Shiro, soy Toph y llamo desde aquí, desde el centro. Verás, he tenido problemas con mi hija, Lin... Lina y me gustaría enmendarme usando tu programa." dijo Bumi.

"Es una pena, Toph." Dijo Shiro. "¿Cómo podemos ayudarte?"

"Hoy estaré en el hotel Nuevo Día, habitación 209, si esta está dispuesta a perdonarme, me gustaría que se reuniera conmigo y pudiéramos hablarlo." Dijo Bumi fingiendo que sollozaba.

"Ya lo has oído Lina, tu padre está aquí y dispuesto ha hablar contigo desde el programa te pedimos que al menos lo hables con él. Pasamos a la siguiente llamada."

Bumi colgó el teléfono, ha ambos les costaba aguantar la risa.

"Si el culto no nos pilla y mata, Lin lo hará antes." Le dijo Korra.

"Era un riesgo que tenía que asumir. Por eso he dicho la habitación de enfrente, esperaremos y miraremos por la mirilla."

Korra asintió y esperaron.

No tuvieron que esperar mucho. Su piso estaba casi desierto y pudieron oír pasos en las escaleras.

Korra y Bumi apagaron las luces y se apoyaron contra la puerta, Korra miró por la mirilla y esperó a que se pusieran en su campo de vista.

Dos personas aparecieron iban con ropas civiles y con dos gorras, era un hombre y una mujer, ambos jóvenes, Korra levantó dos dedos para indicárselo.

Llamaron al timbre, no hubo respuesta, llamaron varias veces, no hubo respuesta de ningún tipo, el hombre empezaba a perder la paciencia y golpeó la puerta.

Este se dio la vuelta y Korra pudo ver con horror como su mejilla izquierda y parte de su cuello tenía rastros de una enorme quemadura, la cual la intentaba tapar con una mata larga de pelo. También pudo fijarse que ambos llevaban un bulto en el costado izquierdo, bajo la chaqueta, casi con toda probabilidad un arma.

"No se de que bando son, atacamos primero y preguntamos después." Dijo Korra en voz muy baja, casi inaudible. Bumi asintió. "A la de tres atacamos." Dijo Bumi.

"Una, dos, tres."

Korra tiró de la puerta hacia atrás lo más rápido que pudo, los visitantes reaccionaron lo más rápido que pudieron, Korra no se demoró ni un segundo y se lanzó contra el hombre, lanzándolo contra la pared, usando su brazo para empujar su cuello e inmovilizarlo, la mujer sacó el arma e intentó apuntarla, pero Bumi apareció por la puerta y usando una ráfaga de aire controlada la dirigió a su estómago empujándola contra la pared, Bumi intentó atacarla de nuevo pero esta logró sacar su pistola y apuntarle, parándolo en seco.

"Bumi y Korra ¿Verdad?" Dijo la mujer. Guardó el arma. "Me envía Lin, no tenemos mucho tiempo, vuestro mensaje no ha sido precisamente discreto."

Korra soltó al hombre el cual cayó al suelo, este se puso a frotarse el cuello.

La chica se acercó a Korra y le dio la mano.

"Soy Lai y este es Tan, encantada."

Korra le dio la mano, por alguna razón confiaba en ellos.

"Venga." Dijo Lai. "Tenemos que irnos.

Los cuatro bajaron las escaleras y pasaron por recepción donde un coche aparcado los llevaría hacia Lin.