Capítulo 5: El frente Norte.

La batalla había durado demasiado, tras seis horas de enorme tensión, era ya noche cerrada cuando se dio orden a los tanques de disparar contra la base de la muralla, tras quince minutos de artillería constante, esta cayó.

Los maestros de la Tierra del ejército retiraban con cuidado los restos de lo que era la muralla exterior de Ba Sing Se para poder franquear el paso al grueso del ejército de la invasión, tanques y soldados avanzaban en perfecta formación hacia el interior del país, los soldados, muchos de ellos entrenados en duras batallas, otros simples civiles a los que les habían dado un uniforme, todos apartaban la mirada al ver lo que había al otro lado.

Una masacre.

Decenas de cadáveres estaban tirados en el suelo, sangrando, a algunos les faltaban partes del cuerpo, las cuales se encontraban chamuscadas a metros de lo que quedaba de su cuerpo. Los valientes y habilidosos hombres cuya misión era proteger la frontera no eran partido ante la vasta y avanzada aviación de la Sacra Unión, la cual desde el cielo con sus bombas y sus rifles repartieron muerte y destrucción en el campo de batalla hasta que no quedara nadie para proteger la muralla, mientras afuera los soldados esperaban nerviosos mirando al muro con el sonido constante de disparos y explosiones que a algunos les seguían retumbando en los oídos.

Kiln había ordenado y organizado que enterraran en fosas a los soldados del bando enemigo, recuperaran las avionetas caídas mientras los del suyo serían enterrados en casa.

Azula mientras estaba encargándose del transporte de los supervivientes a los diferentes campos de trabajo, donde usarían sus habilidades como mano de obra a la hora de expandir la Sacra Unión por el continente.

Una vez todo el ejército hubiera reagrupado al otro lado de la muralla exterior, los soldados muertos habían sido enterrados y los vivos trasladados, los dirigentes montaron un campamento a menos de un kilómetro de la muralla, en el centro de él, una tienda más grande que las demás servía como sala de operaciones.

Azula entró en la tienda, excepto en ella, a todos los ocupantes del lugar se les notaba el peso del sueño en la mirada, muchos llevaban horas sin dormir, y aunque derribar el muro exterior era una proeza que solo había ocurrido en tres ocasiones, nadie estaba de humor para celebrarlo.

Se sentó enfrente de Kiln, este mira con escrutinio el mapa de Ba Sing Se, había tachado el punto por el que habían entrado y estaba montando planes en la cabeza.

"Deberías descansar." Le dijo Azula. "Apenas te mantienes en pie y así no me sirves."

"Las sequías han provocado un dramático descenso en el campo fértil de la ciudad." Dijo Kiln ignorando su consejo. "Por lo tanto apenas podían permitirse tropas en el muro y las habían reducido a la mitad. Al menos es lo que los prisioneros que hemos apartado para interrogar decían."

"Entonces dudo que podamos usar sus campos para alimentar a los nuestros." Respondió Azula.

"Por desgracia, no nos quedará mas remedio que montar una red de abastecimiento antes de avanzar hacia el núcleo y eso podría tardar semanas, tiempo de sobra como para que ellos se preparen. Va a ser duro."

Azula ya había pensado sobre el tema y analizado las posibilidades, y creado una solución hipotética, ahora era el momento de presentarla.

"¿Cuál es la población de Ba Sing Se, Kiln?"

Este se extrañó por la pregunta, pero se puso a buscar la respuesta rápidamente.

"Bueno, pues, déjame pensar, unos... unos dos millones de personas, seguramente algo menos. ¿Por qué?" Dijo Kiln inseguro de la respuesta.

"¿Cuántos de ellos lucharían en la defensa de la ciudad?" Azula preguntaba de forma agresiva, tenía que mostrar bien sus puntos.

"Bueno, teniendo en cuenta la barrera ya atravesada, y según la información que tenemos, unos sesenta mil militares más a saber cuantos criminales, civiles y voluntarios que metan en el campo. Podrían llegar sin problema a los cien mil." Él ya estaba empezando a entender que buscaba Azula.

Ella hizo la pregunta clave.

"Por nuestro lado ¿Cuántos hombres tendríamos disponibles, no sólo aquí, sino también los que el Centinela nos enviará como apoyo, más los que logres racanearles a Sang del frente sur, más todos, y digo todos los civiles que podríamos permitirnos armar?"

'Menos de los que necesitamos' Pensó Kiln. 'Lo importante se lucha en el frente sur, y es allí donde están la mayoría de los militares de la Unión.'

"Treinta mil, cuarenta mil máximo." Dijo Kiln. "La posibilidad de una victoria rápida y aplastante existe, pero yo no contaría con ello. No con solo un tercio del ejército."

Azula sonrió, lo estaba consiguiendo.

"Esta parte del ejército es la que mantiene leal a los de carácter disidente, imagina que la perdiéramos." Le dijo en un tono nervioso fingido. "¿Si hubiera alguna manera de llegar al cetro de la ciudad sin bajas de nuestra parte?"

Kiln suspiró.

"Te escucho."

Azula lo había conseguido.

"Tu prepara todo como si fueras a la gran batalla. Prepara las redes de suministro, consigue todos los hombres que puedas y colócalos ante la puerta de la ciudad lo antes posible y espera ahí por mi."

"¿Tú que vas ha hacer?" Le preguntó Kiln. "Quizás tengas más rango que yo, pero el Centinela se fía más de mi."

Azula dijo en una voz baja para que se le quedara en la mente pero lo suficientemente alta para que le oyeran todos.

"Voy a conquistar esta ciudad por ti."

Todos los que estaban en la sala, los oficiales que habían observado la conversación, los operadores de radio e incluso el soldado que estaba limpiando la tienda se giraron hacia ella. El único que no había reaccionado era el mismo Kiln.

"Sabes que nuestro objetivo no es conquistar la ciudad ¿Verdad? Solo queremos ir al punto asignado y buscar lo que sea que el Centinela necesite allí."

Azula se encogió de hombros.

"Si la ciudad está bajo nuestro control, podremos buscar sin que nos molesten."

"¿Cómo se que lo conseguirás?" Kiln solo buscaba una respuesta.

"Porque ya lo hice una vez." Dijo Azula sonriendo.

Era la que él buscaba.

"Pues no se hable más, partirás mañana por la noche en avioneta, te dejará cerca de las puertas, te traeré ropa e identificaciones falsas y tu harás lo que necesites hacer."

Azula marchó por la entrada de la tienda. Todos los presentes se quedaron mirando a Kiln el cual se había quedado sentado en el sitio. Este miró a los operadores de radio, se levantó y se dirigió hacia ellos.

"Ponedme con el Centinela, he de comunicarle que hemos atravesado la muralla exterior y que vamos a atacar pronto." El se puso en silencio un segundo. "¡Ah! Y lo de Azula que se quede entre nosotros ¿De acuerdo?"

Todos en la sala se quedaron en silencio mientras que el se ponía ha mentir a su líder."