Capítulo 6: El frente Sur.

La guerra en el frente Sur, al contrario que en el Norte, estaba mucho más igualada que en el Norte, la Nación del Fuego al mando del Señor del Fuego, luchaba encarnizadamente contra las fuerzas de las Sacra Unión al mando del comandante Sang, el ejército de Iroh se concentraba en ese frente y aunque las bajas eran numerosas, siempre que había un hombre que caía muerto por las balas, otro ocupaba su lugar, mientras, en el otro lado de la batalla, el ejército estaba dividido y a la defensiva, Sang apenas perdía hombres comparado con Iroh, pero su número era menor, y esperaba cada día a que los refuerzos vinieran del Norte.

La noche era cálida, el cielo estaba claro y con luna llena por lo que se podía ver sin problemas, en el suelo, cientos de hogueras daban calor a los soldados de ambos bandos

Iroh se encontraba en uno de los balcones del Palacio Real, observando con uno de los prismáticos la vanguardia del ejército enemigo, la cual se había fortalecido en las montañas al Oeste de la ciudad-estado, dos enormes dirigibles vigilaban el campamento y decenas de soldados patrullaban la zona circundante,además de vez en cuando se oía el fuerte sonido de la artillería que oculta en la base enemiga, intentaba acertar al campamento enemigo, casi siempre sin éxito.

El Gran General Xian Pi, el más anciano de su clase estaba al cargo del trabajo de campo de la guerra en el frente; este se acercó a Iroh el cual estaba tan centrado en observar el campo de batalla que no se dio cuenta que este se había puesto a su lado hasta que le dirigió la palabra.

"¿Ha visto algo interesante, Iroh?" Le preguntó el General en voz baja.

Iroh bajó los prismáticos y se pasó los dedos por los ojos.

"No se han movido de su posición, aunque hay que estar en alerta, podrían lanzar una ofensiva e cualquier momento."

Xian Pi suspiró.

"Señor, Iroh, tenemos una ciudad como trinchera y cinco veces más hombres, si atacan no tendrán oportunidad y todos los sabemos, incluso los soldados. No van a atacar, no con sus recursos actuales."

"¿Y que nos impide atacar? ¿Como es que cada vez que atacamos nos echan para atrás?" Iroh mostraba enfado y nerviosismo e su tono de voz. Si he venido hoy aquí es porque tras varias ofensiva fallidas habéis decidido montar una tregua sin mi permiso explícito ¿Y quiero saber por qué?"

"Escúchame Iroh, cada vez que nos enfrentábamos ambos mandos acababan peor de lo que empezábamos, nuestras bajas se cuentan a miles, y el miedo a que en el Norte Ba Sing Se caiga, si fuera por mi, negociaba una tregua con el Centinela mismo."

Nada más oír eso Iroh se enfureció con el anciano.

"¿Con el asesino de mi madre, tu Señor? No les atacamos hace seis años para que ahora decidamos rendirnos en la ofensiva."

El aciano se acarició su larga barba la cual le llegaba a la cintura.

"No." Dijo Xian Pi. "Ese día hicimos lo correcto, si hubiéramos esperado al final de la tregua su ejército habría sido imparable, ahora incluso si tuvieran a Ba Sing Se en sus manos la cosa seguiría más o menos igualada, pero los números, los soldados, los tanques, las fortalezas, los dirigentes esta guerra, nada de esto importa, por que si tú lo quisieras Iroh, podrías parar esta locura en cualquier momento."

Iroh se giró hacia él.

"¿A qué te refieres?" Le preguntó Iroh, el General le estaba confundiendo.

"En la guerra hay que ser pragmático y nunca dejarse llevar por el orgullo, si atacamos ese día fue por que era la mejor opción, si quiero dejar de atacar ahora es porque también es la mejor opción, no hay que tener en cuenta las decisiones pasadas ya que estas se tomaron en diferentes circunstancias."

Ahora el General se giró hacia Iroh y la miró con una dura mirada.

"Dime Iroh, ¿Cuál crees que es la meta de los Remanentes? ¿Qué crees que quieren conseguir con esto?"

"El Centinela habla de una extraña máquina, una máquina sobre la que está obsesionado, y sin duda, nuestros espías afirman que la está construyendo, incluso uno la ha visto casi en su totalidad."

Xian Pi asintió, ya había visto la máquina en las fotos, el sabía la respuesta a las preguntas, y Iroh también, pero él no lo sabía.

"Por las fotos que viste, te parecía un arma que podría ser usado contra nuestra nación."

Iroh negó con la cabeza, no sabía lo que era, pero no parecía un arma, ni nada parecido a una."

Xian Pi volvió a asentir.

"Última pregunta. ¿En qué frente está la Sacra Unión más interesada?"

Ahora fue Iroh quien suspiró, veía las cosas más claras.

"Cada día salen decenas de hombres del campamento de Sang hacia Libertad, y de allí van hacia Ba Sing Se, no sé porque, pero ellos están interesados en la ciudad, la única razón por la que hay hombres luchando contra nosotros es porque nosotros atacamos primero." Iroh se apoyó en el balcón con os brazos, el cansancio le estaba ganando terreno.

"Ahora que tienes más clara la situación ¿Qué piensas hacer?" Xian Pi se apoyó también en el balcón, él con sus manos, en ese momento otro obús de artillería impactó en el suelo cincuenta metros del campamento más cercano.

Iroh miró al campamento.

"¿Crees que saben que estoy aquí?"

"Lo dudo." Dijo el anciano. "Si lo supieran habrían hecho algo, cualquier cosa."

Al oírlo, Iroh se dirigió dentro del Palacio Real.

"¿Qué alguien se ponga en contacto con el campamento de la Sacra Unión ya? Decid que yo quiero hablar con Sang en persona."

Un oficial que se encontraba allí se fue corriendo al interior del Palacio. Iroh se sentó y esperó.

No tuvo que esperar mucho, cinco minutos después, el mismo oficial volvió corriendo y pidió que lo acompañara.

Iroh le siguió escaleras hasta que llegaron a una espaciosa habitación que habían rediseñado como base de operaciones.

Una operadora de radio le señaló la entrada del dispositivo, Iroh se sentó y se puso el aparato en el oído.

"Aquí El Señor del Fuego." Pasaron un par de segundos sin oír nada hasta que al otro lado escuchó una voz familiar.

"Hola Iroh, ha pasado mucho tiempo." Dijo Sang en un tono tranquilo. "Han pasado seis años. Voy a ser directo. ¿Qué es lo que quieres?"

Iroh pensó con calma lo que iba a decir.

"Primero, respuestas. Luego ya veremos."

Ahora fue Sang quien se encontraba en silencio.

"Muy bien. ¿Qué quieres preguntar?"

"¿Por qué?" Preguntó Iroh.

"Llevo casi cincuenta años en el ejército, Iroh, mas de lo que tu llevas vivo. He servido a Zuko en la Nación del fuego, luego al anterior Avatar y su consejo,, a su hijo, al presidente Raiko, y finalmente a los Remanentes, todos tenían el mismo objetivo en mente, cuidar de su Nación y de sus gentes, hacer del país un lugar mejor."

"¿Qué hizo que cambiaran tus lealtades?" Preguntó Iroh, cada vez le costaba más enfadarse con el hombre, no sabía porque.

"La Convergencia Harmónica, cuando los espíritus y las cepas invadieron la ciudad como si fuera suya, y ni el Avatar, ni Raiko, ni nosotros pudimos hacer nada para evitarlo. El agua escaseaba, las casas se derrumbaban, el caos invadía, nos habíamos quedado por nuestra cuenta, hasta que un día dos semanas después, vino él hacia mí.

"¿Hablas del Centinela Dorado?"

"Dijo que quería invitarme a mí y a otros altos cargos a una exposición que podría cambiarlo todo, fue en un almacén, a las afueras de la Ciudad, una vez estuvimos allí, el joven puso las manos en las cepas y estas se disolvieron, como por arte de magia. Nos prometió que la ciudad estaría limpia en semanas y que la llevaría hacia un futuro brillante, pero que necesitaba nuestra fidelidad."

"¿Y vosotros le hicisteis caso?" Dijo Iroh.

"Fieles a la ciudad, no a sus dirigentes." Le respondió Sang. "Por desgracia, es algo que tú no entendiste."

Iroh se quedó callado.

"¿Qué más quieres?"

"Una tregua, una de verdad." Le respondió.

"Eso deberías hablarlo con el Centinela no conmigo."

"Son tus hombres los que están aquí, y tú el que dirige esta batalla, me he dado cuenta que no quiero luchar, no de momento, y viendo a las tropas creo que vosotros tampoco queréis. Por eso propongo un alto al fuego indefinido, para acabar con esta estupidez."

Iroh pudo oír como Sang produjo un enorme suspiro.

"No has recibido la noticia. ¿No?" Sang parecía haber envejecido al otro lado de la línea.

"No." Dijo Iroh preocupado. "¿De qué estás hablando?"

"Recibimos un mensaje hará media hora, las tropas del Norte han atravesado la muralla exterior y se dirigen a las puertas de Ba Sing Se, si ganan irán hacia aquí con fuerzas aumentadas, mis tropas son un tercio del ejército actual de la Sacra Unión, el resto le son ciegamente fieles al Centinela. Me temo que la situación está por encima de los dos." Sang cortó en ese momento la línea.

Iroh se quedó sentado en la silla, Xian Pi se acercó a él.

"¿Y bien? ¿Qué piensas hacer?"

"Envía un mensaje a la Nación del Fuego, dile que envíe un contingente a Ba Sing Se, hay que evitar que la capturen a toda costa."

Xian Pi le hizo el saludo con las manos, se inclino y se fue de la habitación.

Mientras en el otro lado de la línea.

El Comandante Sang se había puesto de pie estaba dando vueltas en la tienda de campaña mientras que sus oficiales se encontraban en fila, y le miraban nerviosos.

"Mi Comandante." Dijo uno de los oficiales. "¿Cuáles son sus órdenes?"

Sang se volvió a sentar.

"Llamad al Centinela, decidle que la Nación del Fuego va a atacar nuestras tropas en Ba Sing Se."

"Está seguro de eso, mi Comandante, no ha dicho nada de..."

"¡Estoy seguro, maldita sea!" Sang le interrumpió "Le conozco desde que era un crío, avisadle ya, y dile que envíe tropas inmediatamente."

El oficial dio una orden a uno de los soldados, el cual se preparó para enviar el mensaje, no querían arriesgarse a enviarlo por radio.

"Si creíais que esto era la guerra." Dijo Sang a los ocupantes de la tienda. "Aún no habéis visto nada."