Capítulo 7: Mensajería.
El soldado enviado por Sang entró escoltado por dos miembros de la guardia personal del Centinela en la sala del trono de la Guardiana, el lugar estaba impecablemente limpio, varias guardias se encontraban de espalda a las paredes de la sala, y en el centro el Centinela estaba de pie ante una mesa de madera mirando algo fijamente.
Los guardias indicaron en voz baja al soldado que se lo diera en persona, este se acercó lentamente al Centinela, viendo que estaba muy concentrado en su tarea y que no había percibido su presencia, se puso al lado suya, y vio que estaba viendo dos mapas de Ba Sing Se, uno general y el otro puramente topográfico, este finalmente se dió cuenta y le preguntó que quería.
"Tra... Tra... Traigo un mensaje de parte del Comandante Sang, desde el frente Sur, sigue ahí."
El Centinela estaba perdiendo la paciencia.
"Ya sé que sigue ahí, di en que consiste el mensaje, estoy ocupado."
El soldado respiró hondo y se tranquilizó.
"El Señor del Fuego Iroh, ha estado de visita en Omashu, y a decidido abandonar el frente y dirigirse hacia Ba Sing Se."
El Centinela no daba crédito a lo que oía.
"¿Qué?"
"El Comandante pide que transfiera tropas hacia Ba Sing Se inmediatamente, o la Pontífice y el Gran General verán sus fuerzas rodeadas."
El Centinela se sentó en la silla y hundió la cabeza entre las manos, el soldado se dio cuenta de que no llevaba la Corona y podía verle la cara completa, algo que poca gente había hecho, al dirigente no le parecía importarle demasiado.
"Está bien, está bien, esto se puede contrarrestar, dile a Sang que espere ahí hasta que la Nación del Fuego avance hacia el Norte y que conquiste Omashu, y monte ahí una base, luego que vuelva aquí, luego ya recibirá más órdenes en persona."
"Entendido, Señor." Dijo el soldado.
"Tienes permiso para irte, soldado." Dijo el Centinela.
El hombre se fue por donde había venido, acompañado por los mismos guardias, el Centinela se quedó mirando los mapas, intentando comparar puntos para hallar algo en el mapa reciente. Al ser incapaz de continuar decidió levantarse y pasear por la sala.
"Estamos entre dos ejércitos, maldita sea." Dijo al Centinela al aire, los guardias se quedaron quietos sin reaccionar, no era la primera vez que hablaba al aire.
"Necesito a otro ejército para igualar la situación, sin duda. Traedme a..." En ese momento el Centinela recordó que todos sus subordinados directos estaban fuera o desaparecidos.
"Traedme a quien tenga el rango más alto en esta ciudad, quien sea y traedlo aquí lo antes posible."
Uno de los guardias asintió y se fue a paso ligero por la puerta, el Centinela se sentó en el trono y esperó a que llegara quien fuera que iba a llegar.
Media hora después, un oficial engalanado en las vestiduras blancas que eran propias de los miembros militares del ejército de los Remanentes entró en la sala del trono y se puso enfrente del Centinela.
"Coronel Ka Tiam a su servicio, Señor Centinela."
El Centinela le vio, tendría cuarenta años y le sentaba bien el traje, le valía.
"Voy a mandar un batallón al Norte formado por diez mil hombres, quiero que tú lo dirijas."
El Coronel levantó la mirada y miró al Centinela Dorado a la cara, el cual solo mostraba seriedad en la cara.
"Pero, Señor, estoy seguro que hay gente más capacitada para ese puesto que yo. Solo soy un oficial."
"Pues no se hable más, quedas ascendido. ¿Cuál es el cargo que hay después de Coronel? ¿Alguien se acuerda?"
"Brigadier, mi Centinela." Dijo uno de los guardias.
"Pues eso, a partir de ahora eres el Brigadier Ka Tiam, felicidades por su ascenso, ahora necesito que se prepare para partir en una semana con los diez mil hombres."
El recién ascendido Brigadier suspiró.
"Entendido mi Señor."
El hombre se marchó y el Centinela se puso de nuevo en pie.
"¿Ha habido noticias sobre el paradero de Huang?" Volvió a preguntar al aire.
"No, mi Centinela, sigue sin haber pistas de su paradero." Dijo otro de los guardias.
"Maldita sea." Dijo el Centinela entre dientes. "Con hoy, lleva una semana."
"Seguid buscando, yo intentaré echar un ojo a mis fuentes."
"Entendido, mi Centinela."
"¿Habéis enviado el mensaje?"
"Si, mi Centinela."
"Perfecto."
El Centinela se puso en pie y se dirigió a la salida de la Guardiana, era hora de reunirse con 'la fuente'.
