Capítulo 10: Un secreto en Ba Sing Se.

'Reúnete conmigo en esta dirección. Ha ocurrido algo terrible. Firmado Lin.'

El mensaje era corto, conciso y venía con un punto marcado en el mapa que había junto a él.

Korra tenía que reunirse con Lin en el mismo edificio que él de la última vez, pero cuando llegó se encontró el piso hecho trizas, vacío y un mensaje escondido debajo del sillón para ella.

El punto ha reunirse era al otro lado de la ciudad, mucho más cerca de La Guardiana de lo que a ella le gustaría, Korra se ajustó la capucha, que le ocultaría la cara y se fue de la base destrozada.

Korra fue corriendo hacia el punto que le indicaron, mientras atravesaba corriendo las calles de la ciudad, Korra reflexionaba sobre la situación, y temía lo peor, que hubieran atrapado a Lin, ella era fuerte, pero si lo conseguían no la iban a dejar salir con vida.

"Aún hay esperanza." Pensó Korra. "No había sangre en el piso y las redadas del culto suelen ser muy sangrientas, no les atraparon, debieron escapar antes de que los matones del Centinela llegaran."

Tras quince minutos corriendo, el Avatar llegó al punto indicado, el sol estaba a punto de ponerse en el horizonte e iba a anochecer bastante pronto, la base era otro edificio de apartamentos esta vez situado en una zona peatonal, tenía dos pisos, y era muy pequeño, se notaba que fue construido antes de la Convergencia, y unos parches de cemento mostraba que no salio bien parado de ella.

La calle estaba estaba abarrotada así que Korra no notó que había un guardia en la puerta hasta que Korra intentó entrar en por la puerta y este le agarró la mano.

Este llevaba ropas de calle, y no había nada inusual sobre su aspecto, Korra levantó la capucha lo suficiente para que el guardia pudiera verle el rostro, el guardia la reconoció al instante y le abrió la puerta mientras decía 'primer piso, solo hay una puerta' en voz baja.

Korra subió lentamente las escaleras hasta que llegó al primer piso, se puso enfrente a la puerta y llamó.

Esperó un par de segundos y la puerta se abrió lentamente.

El mismo ritual de la última vez se repitió, un hombre armado vestido de civil le abrió y dos más se encontraban dentro, en el pequeño salón esperándola. Todos estaban muy nerviosos. Una pequeña radio emitía noticias.

"¿Dónde está Lin?" Preguntó Korra. "Me pidió que nos reuniéramos aquí."

Los guardias se miraron y estuvieron en silencio.

"Está en el baño." Dijo uno de ellos. "Saldrá ahora."

Korra se sentó en una silla que había libre, ciertamente oía el sonido del agua del lavabo fluir.

Dejó de sonar el sonido del agua y se oyó el sonido de la puerta abrirse y cerrarse al otro lado del piso.

"Ha pasado mucho tiempo. Korra." Dijo una voz familiar a su espalda.

Korra se dio la vuelta rápidamente, en ese momento sintió como algo impactaba contra su nuca.

La cabeza le empezó a dar vueltas, se intentó agarrar a algo pero acabó cayendo de bruces al suelo.

Lo último que vio antes de perder la consciencia fue ese ojo gris y vacío que la miraba fijamente.

"Despierta, Avatar." Dijo una voz en la distancia.

Korra sintió como agua fría le erizaba el vello de la piel.

Korra abrió los ojos, seguía en el mismo lugar, con la misma gente, pero ella se encontraba en el centro de la habitación, la habían encerrado en una especie de silla hecha de oro y solo pedía mover la cabeza con libertad, su torso estaba mojado y manchado de sangre, parecía que llevaban un rato intentando despertarla.

El Centinela estaba sentado enfrente suya, se había quitado su corona, pero, (para admitida decepción de Korra) no había nada que ocultar en su lado cubierto, su rostro era como el de cualquier persona.

"Hola Korra. Siento de corazón que nos tengamos que ver así, estas circunstancias no me agradan a mi tampoco." Le dijo en un tono tranquilo, el cual la crispaba aún mas.

"¿Qué le has hecho a Lin? Como le hayas hecho algo." Korra entonce le escupió, dándole en la cara. Este se limpió el escupitajo, Korra vió un atisbo de furia en sus ojos, pero este desapareció al instante.

"No te preocupes por Lin, la que está atada eres tú, debiste haberte quedado en tu ciudad, pero no ,siempre tenéis que venir a molestarme, sois todos iguales, tu, el calvo, el viejo, la psicópata, no hay manera de pediros que no os metáis en medio."

Ahora Korra se sentía confusa, cría que hablaba de los Avatares pasados, pero no entendía que tenían que ver con ella.

"¿De qué hablas?"

"Olvídalo, el tema es que he hablado con Lin y viendo que no nos hemos entendido. Quiero hacer un trato contigo, entre tu y yo. ¿Piensas escucharme?"

"¿Tengo otra opción?"

El Centinela sonrió y empezó ha hablar.

"Esta noche partiré hacia Ba Sing Se, no se si has oído las noticias, pero la reina Hou-Ting está dispuesta a hablar conmigo y yo estoy dispuesto a escucharla."

Korra intentó moverse en vano para intentar acomodarse en el sitio, además se preguntaba que intentaba decirle el Centinela.

"En una semana celebraré la reunión y en dos ya te podrás dejar de preocupar de mi o del culto, de la Sacra Unión, podréis seguir con vuestra sin preocupaciones por la guerra, lo único que tienes que hacer es no ir a Ba Sing Se, y no estar cerca de Ba Sing Se cuando la reunión comience. ¿Entendido?"

Korra no iba a irse sin respuestas aunque fuera la que estaba atada.

"¿Y por qué no me encierras durante esa semana o por qué no me matas directamente? Es más y si eso no funciona y estoy ahí durante la reunión y la destrozo?"

El Centinela seguía serio, parecía que el asunto le tocaba más de lo que parecía.

"Para lo primero, que sepas que matar no es algo tan sencillo, Avatar, uno ha de cargar un peso sobre los hombros el resto de su vida, un peso que no todos están dispuestos a soportar, no, Korra no voy a matarte, y encerrarte o no es irrelevante, pues la persona a la que le interesa que estés en Ba Sing Se, hará lo imposible para que lo estés, pero la decisión es tuya al final, y, si no lo haces, toda persona que conozcas, todo asqueroso espíritu con el que hayas interactuado tu y tus pasados Avatares, todo animal, todo, y digo todo lo que conoces desaparecerá sin dejar rastro. Espero que entiendas la graved..."

El Centinela se levantó de repente, sacó su arma del cinto y vació las seis balas contra la pared a la derecha e Korra sobresaltando a todos los presentes.

Este se ajustó el arma al cinto como si nada.

"El resto de los detalles te los contará ella, ya ha llegado y no está sola, pero recuerda, la vida de todo ser de ambos mundos está en tus manos Korra."

El hombre y sus guardas abandonaron el piso, dejándola atrapada en la silla de oro.

Pasaron horas y Korra seguía atrapada. Había intentado gritar o usar su control en vano, ni entrar en Estado Avatar funcionaba de momento, entones cuando el sueño empezaba a dominarla, oyó como la entrada se abría y Jinora entraba por la puerta.