Capítulo 12: Viaje

Eran cinco aviones, todos ellos bien armados, y recortaban la distancia que les separaban a un ritmo preocupante.

La noche era cerrada, y los aviones necesitaban luces para poder ver el avión, eso era lo único que tenían a favor.

"Intentaré mantenerme estable." Gritó Asami para poder oírse entre el sonido de las hélices. "Pero cuando empiecen a atacar tendré que responder, ten cuidado."

Korra asintió y se puso en posición de combate. Tenía que proteger a Asami costara lo que costara.

El primer enemigo se puso en la cola, Korra no le dio oportunidad de disparar y saltó al ala. El piloto se dio cuenta e hizo un giro brusco para hacerla caer Korra se agarró a la punta del ala, no cayéndose por los pelos, Korra miró a la cabina, el piloto había extendido su mano, Korra se giró y logró esquivar por los pelos la llama que le lanzó el piloto, este estabilizó el avión y siguió lanzando llamas, Korra corrió a la otra ala, cogió impulso y se lanzó contra el piloto. Este recibió el golpe en la cara, desorientándose, el avión perdió el control y Korra saltó impulsada con sus llamas hacia Asami, mientras que a la vez el piloto cogía el paracaídas y saltaba, el avión mientras cayó en picado en un llano, estallando en llamas.

Esta volvió a subirse a las alas, preparada para repetir el truco con los cuatro restantes, pero esta se sorprendió al ver como los cuatro aviones restantes se daban la vuelta y volvían a la ciudad sin luchar.

Korra miró a los lados, buscando una emboscada, una trampa, pero no vino nadie, estaban ellas solas, amparadas en la oscuridad, a lo lejos iban dejando la capital atrás y también podía ver como fuego de la avioneta derribada seguía vivo, quemando el combustible derramado del motor.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo, Korra con los nervios de la situación no se había dado cuenta del frío que hacía, así que volvió a la cabina del copiloto.

Asami se giró para hablarle.

"¿Te encuentras bien?" Le preguntó Asami preocupada.

"Si, ha sido fácil, aunque ten cuidado, puede que nos tiendan una emboscada en cualquier momento."

"Bueno, hasta entonces." Le respondió Asami, con una sonrisa. "Disfruta del viaje. Deberías dormir"

Korra reciprocó con otra sonrisa y cerró los ojos, Asami le preguntó si estaba cómoda, pero Korra ya se había dormido.


El Brigadier miraba con recelo la comida que le habían puesto delante, acababa de oír las noticias de la escapada del Avatar y eso, conociendo sus antecedentes, le ponía nervioso, al otro lado de la mesa, su jefe se encontraba también de rodillas, ojos cerrados y con una tranquilidad que resultaba molesta, en la tienda de tela que habían montado como uso personal para el Centinela estaban solos ellos dos, ni sirvientes ni guardias, y eso solo podía significar que había cosas importantes que discutir.

"Mi señor." Este abrió y le miró con esos ojos vacíos que parecían que podían absorber el alma de quien los viera, cosa que le incomodo aún mas. "¿No cree que habría que tomar medidas para que evitar que lleguen a Ba Sing Se."

"¿No dijiste que habías ordenado que las fuerzas aéreas de El Vigía les persiguieran?" Le preguntó.

"Mi Señor, quiero que sepa que tengo en gran estima a los soldados de la Unión, y no dudo de la capacidad bélica de nuestras armas, pero temo que cinco aviones no sean suficientes para parar a la persona destinada a equilibrar las Cuatro Naciones, bueno, lo que eran las Cuatro Naciones hará una década."

"¿Y que te hace pensar que yo no sé eso?"

Ka Tiam se sorprendió.

"¿A qué se refiere?"

"Cinco aviones, maldita sea, tu lo has dicho, he visto al Avatar, y sobre todo, he visto quien está detrás de ella, no sé como lo hará, pero la reunión será un fracaso, si algo he hecho, ha sido aprender de mis errores. Quiero que vayas a mandar un mensaje."

"¿A quién quiere que se lo mande?"

Ka Tiam veía un cambio progresivo en el comportamiento de su líder, se estaba volviendo progresivamente más nervioso. Se había puesto de pie y daba vueltas por la habitación.

"No lo sé, ¿A quién se lo mandarías tú?"

Este lo pensó durante unos instantes.

"Podría mandarlo a los que vigilan el muro exterior. Si ven una avioneta o algo por el estilo que la derriben."

Este paró en seco.

"Tengo una idea mejor."

Este buscó entre los cajones de su mesa, buscando papel y tinta, se puso a escribir algo, y se lo dio.

El brigadier leyó lo que ponía y abrió los ojos al ver las órdenes.

"Pero, Centinela, estas órdenes..."

"No hables con tantas formalidades, que aquí no es necesario. Dáselas a Kiln, el sabrá como ejecutarlas, mejor que nadie."

Este dio un saludo de despedida y se marchó de la tienda.

"Va a ser una masacre." Pensó el Brigadier para si.