Chicos, si podéis dejar vuestra opinión, me haríais un gran favor, 14 capítulos sin apenas reviews no me ayudan a conocer vuestra opinión y de corazón que me gustaría saberla, así que si la dierais os lo agradecía muchísimo.
Capítulo 14: La Máquina
Las calles en la Antigua Ciudad República estaban tranquilas, sin ningún dirigente de importancia en la ciudad la policía militar y la Guardia podía relajarse un poco más de lo normal, era noche cerrada y un coche iba lentamente por las oscuras carreteras, ligeramente iluminado por las pocas farolas que no habían apagado como racionamiento.
"Es una locura." Dijo Tan, mientras conducía a los dos 'agentes'
"Lo sé." Respondió Mako.
"Vas a conseguir que os maten." Continuó Tan.
"Es una posibilidad." Respondió de nuevo Mako, sin mostrar emoción en sus palabras. "Y total, tu solo tienes que quedarte en el coche."
"Eso no quita que lo que vayas a hacer sea un suicidio." Suspiró. "Si la Guardiana tiene la mitad de hombres que cuando yo estuve asignada a ella, dudo muchísimo que salgáis con vida, son más, tienen mejores armas y maestros, y sin contar que su trabajo es proteger lo que vosotros buscáis."
"Solo será ver lo que es, obtener información sobre su funcionamiento e irnos." Dijo Bumi, cómplice de la operación. "No queremos tocarla, por lo que sabemos es un arma que podría destruir un país si no se tiene cuidado con ella."
"¿Y por qué no viene Lin con vosotros?" Dijo Tan.
"Lin se irá a Ba Sing Se." Le dijo Mako. "Me ha dicho que quiere ayudar a Korra, y será más útil allí. Al final prácticamente solo quedamos nosotros dos y tu 'organización' en la ciudad."
"Recordad." Dijo Tan, resignado. "Teniendo en cuenta su tamaño y su importancia, ha de estar en el sótano, bien protegida. "Si encontráis alguien que sepa sobre ella, interrogadlo, pero dejadlo ahí e ileso, no queremos atención indeseada hacia mis chicos."
El coche se paró.
"Vuestra parada, no puedo acercarme más aunque estáis a dos manzanas de la Guardiana. Ya conocéis el plan, buena suerte."
Ambos bajaron del vehículo y marcharon dirección a la Guardiana.
Llegaron a la plaza principal, delante el enorme edificio encogía todo a su alrededor. Tres soldados vigilaban la puerta con claro desinterés en su tarea.
Ambos caminaron hacia el lateral del edificio, por el camino tuvieron que pasar delante de un guardia, aunque se mostraron algo más nerviosos de lo habitual
en esas circunstancias, el guardia les ignoró y siguió como si nada. Mako y Bumi iban vestidos con traje y sombrero para ocultar su cuerpo lo máximo, y la noche haría el resto.
Llegaron a donde buscaban, una ventanita mucha más baja que las demás en la fachada, podría caber una persona por ahí, y con dificultades.
Miraron a los lados, el guardia ni sus compañeros estaban a la vista. Mako saltó y se agarró al borde de la ventana, hizo fuerza y saltó al otro lado. Bumi le siguió detrás, ya estaban en la Guardiana.
Aterrizaron al lado de una cesta de ropa. Vieron alrededor decenas de uniformes, algunos amontonados y sucios y otros pulcros y colocados en perfecto orden.
"Hasta ellos necesitan lavar la ropa." Dijo Mako sonriendo. "Venga, continuemos."
Salieron al pasillo, miraron a los lados mirando si había alguien, estaba desierto, continuaron avanzando en completo silencio, yendo por el itinerario que les había marcado y obligado a memorizar Tan, todo fue bien de momento, el lugar era enorme y en ese momento no había demasiados guardias activos. Llegaron a la sala enorme que sirve como recepción, pero dos niveles sobre el suelo, desde ahí podían ver la entrada principal, dos guardas estaban sentados en uno de los sofás de la con las armas a un lado, estaban charlando.
"¿Y al final las pillasteis?" Preguntó uno de los guardias. Era una voz de mujer, una muy joven.
"No." respondió su compañero también joven. "El avión fue demasiado rápido y me dieron órdenes a mi y mis camaradas de darnos la vuelta, ignorar a la chica y volver aquí."
Bumi y Mako sabían de quienes hablaban.
La chica se levantó.
"Bueno, voy a ver si Lao necesita algo. Sigue descansando, que todos aquí nos lo merecemos."
"Tendrían que irse más a menudo."
La chica se rió.
"No digas eso en voz alta, no vaya a ser que te oigan."
Se fue por una puerta al otro lado de ellos. El otro guardia se tumbó en el sofá y cerró los ojos.
"¿Pero dónde ha contratado el culto esa seguridad?" Dijo Bumi en voz muy baja.
"Deberías ver quienes están al mando." Respondió Mako pensando en su combate con Azula. "No creo que necesiten demasiada protección."
Mako miró abajo. Solo estaba el dormido.
"Tan dijo que habría más seguridad en la entrada."
"Según nos contó la entrada al sótano era por allí." Dijo Mako señalando la puerta por donde se había ido la guardia. Tan tenía preparado una manera sigilosa de bajar pero la situación había cambiado, Mako subió a la barandilla y saltó, usando su fuego para amortiguar la caída. Dio un golpe seco contra el suelo con los pies, pero el guarda ni se inmutó, Bumi le siguió, deslizándose con cuidado por el aire, y aterrizando sin hacer el mínimo ruido.
"Vamos, en silencio." Le dijo Mako, ya avanzando hacia la puerta agachado. Bumi le imitó.
Pasaron delante del guardia, que estaba claramente dormido y llegaron a la puerta, una vulgar puerta de madera, igual que cualquier otra del edificio, la cual la había usado su compañera menos de un minuto antes.
La abrieron con cuidado, delante había un tramo de escaleras que descendía hacia su objetivo. Tan había visto estado hasta ese punto, a partir de ahora iban ciegos hacia abajo.
Cerraron la puerta y avanzaron las escaleras a ritmo firme pero en silencio, no había puertas en los diferentes tramos, así que solo podían bajar.
Tras descender lo que parecían unos treinta metros llegaron al final de las escaleras, encontrándose una puerta metálica enfrente, al lado había una pequeña ranura.
Mako intentó abrir la puerta con mucho cuidado, pero estaba cerrada.
"¿Ahora qué?" Le preguntó Mako. Bumi se pegó a la pared al lado de la puerta, le indicó a Mako que hiciera lo mismo al otro lado. Esperaron unos
"Volveré en media hora." Oyeron al otro lado. "Si necesitas algo, avísame para entonces."
"Oyeron unos pasos y la puerta se abrió, Bumi se puso delante y empujó a la guardia de antes tirándola al suelo, Mako le siguió y cerró la puerta tras ellos.
"Suéltame." Intentó quitarse encima a Bumi, pero este logró quitarle el arma y dársela a Mako, oyó unos pasos a su derecha e instintivamente le apuntó con el arma, un hombre en la treintena con bata de laboratorio levantó las manos.
Bumi inmovilizó a la otra ocupante y la levantó, esta también levantó las manos.
"Por favor." Dijo el hombre de la bata. "No me gusta la violencia en mi centro de trabajo."
El hombre miró a Mako, ligeramente sorprendido.
"Yo ha usted le conozco." "Usted estaba al cargo de la investigación de los compañeros de mi padre." "Le vi en los informes."
Mako también le había visto en fotografías.
"Profesor Lao Feng." Dijo Mako. "El único hijo de Sun Feng. ¿Qué hace usted aquí?"
Lao le seguía mirando.
"Completar la investigación y el trabajo de mi padre. Eso es lo que hago."
Bumi empujó a la guardia al lado de Lao.
"Pues tendrá que enseñárnoslo."
Lao se dio la vuelta y se dirigió por el pasillo, los otros tres le siguieron.
Llegaron a dos puertas , una al lado de la otra, una enorme de doble capa, y parecía pesar una barbaridad y otra como la de la entrada al laboratorio, Lao introdujo una tarjeta perforada por una ranura y entró por la segunda puerta.
Llegaron a una sala alargada, llega de máquinas que ninguno de los dos habían visto, había también un pequeño panel de control, y una pared de cristal mostraba que había al otro lado.
Mako y Bumi pudieron ver con sus ojos lo que era la Máquina, y ambos se quedaron sin palabras.
Medía veinte metros de diámetro por lo menos, en el centro, vieron el armatoste metálico que Lai les había descrito, una especie de ataúd vertical, enorme, de el salían cientos de cables, a cuatro máquinas situados a los extremos, estas eran cajas transparentes, donde cientos de piezas se movían en armonía y pequeños diodo se iluminaban a un ritmo irregular.
"¿Qué es esto?" Preguntó Mako. "¿Para qué sirve esta cosa?"
"La Máquina, su nombre original era D.E.M. el trabajo al que se dedicó mi padre en carne y espíritu, algo tan avanzado que hace que lo demás parezca primitivo alrededor."
"Es ciencia encarnada." Dijo Lao. "Nos permitirá descubrir artilugios que solo existían en nuestros sueños o fantasías."
"El culto ha dedicado su existencia ha fabricarla. ¿Por qué?" Preguntó Bumi.
"La vida de todos nosotros depende de ella, si la máquina no se activa pronto, nuestro mundo tal como lo conocemos dejará de existir."
"¿Por qué?" Mako no se iba a ir sin respuestas. "¿Qué hace realmente esta máquina?"
"Esta solo es una copia de menor potencia y tecnología, hecha a órdenes del General Kiln" Dijo Lao. "Esta hecha a partir de la que destruyó Iroh hace seis años. La auténtica, la que buscáis está en otro sitio, ya terminada y lista para usar en alta mar."
"¿Dónde?" Le gritó Mako. "¿Dónde está?"
"En el único lugar donde podría instalarse de forma segura."
Todos lo entendieron.
"El Vigía." Dijo Bumi. "Está en el Vigía ¿Verdad?."
Lao asintió, mientras metía la mano dentro de su bata
"Me temo que habéis llegado demasiado lejos. Lo siento." Dijo mientras sacaba un arma y les apuntaba, Lao se puso andar hasta el final de la sala, tenía un panel a su derecha.
"Ven aquí." le dijo a la prisionera que fue hacia él.
Lao metió una tarjeta dentro del panel e introdujo un código.
Un panel de cristal se cerró, separando a ambos grupos.
"He activado la máquina, ahora verán en que consiste. La prueba con humanos era en dos días, pero se puede adelantar."
El centro de la máquina brilló en un color violeta muy brillante, los mecanismos exteriores empezaron a hacer un ruido metálico.
"Esto no va bien." Dijo Lao mirando el panel. "Estas coordenadas son contradictorias. A no ser." Se tapó la boca.
"La Máquina ha activado un protocolo único." Les gritó a Mako y a Bumi.
"Podéis parar esto." Les gritó. "Acabar con esta locura."
Mako se acercó al cristal y empezó a golpearlo.
"Para la máquina. Párala."
Lao negó con la cabeza.
"Buscad a Joseph Richards." Señaló un cajón. "Hay una tarjeta perforada en el. Cogedlo y dádsela. Podéis acabar con esto antes de que sea demasiado tarde."
Bumi corrió al cajón y la cogió.
"Os deseo suerte." Dijo finalmente Lao, la mujer les miraba sin mostrar expresión, estaba de piedra.
Lo último que vieron de su mundo fue un flash de luz violeta.
