Posiblemente el capítulo ás importante del libro. A partir de aquí, la narrativa cambiará drásticamente.

No olvidéis que, si queréis podéis dejar una review.


Capítulo 18: Juntas hasta el final.

El agujero tenía unos 15 metros de profundidad, los soldados habían colocado unas antorchas para que se pudiera ver en la noche cerrada, delante suya se encontraba el portal del que hablaban, un enorme portalón de hierro, este estaba marcado por unos grabados que tanto a Korra como a Asami le parecían extraños, este estaba abierto de par en par, y detrás de el, una plataforma servía de ascensor para bajar aún más abajo, al lado, un hueco de similar tamaño, el cual mostraba la que el Centinela ya había bajado. Ambas se subieron, tiraron de la palanca, los engranajes, los cuales debían llevar incontables años quietos se pusieron en marcha y la arcaica máquina empezó a bajar a un ritmo constante.

"¿Nerviosa?" Le preguntó Korra a su compañera.

"¿Contigo al lado?" Le respondió Asami. "Estando tu aquí es el Centinela quien me preocupa."

Ambas se rieron, mientras el ascensor seguía bajando hacía quien sabía donde.

"¿Sabías algo sobre esto?" Le preguntó esta vez Asami.

"En mi vida, y estoy seguro que en ninguna de las anteriores." Dijo mientras negaba con la cabeza. "Esto es muy extraño."

Asami emitió una leve sonrisa.

No hablaron durante el resto de la bajada, pasaron un par de minutos hasta que vieron finalmente que había bajo Ba Sing Se.

Lo que descubrieron las dejó boquiabiertas.

En medio de la bajada enfrente suya apareció ante sus ojos una enorme ciudad, esta parecía residir en un hueco semiesférico de medio kilómetro de radio, ellas se encontraban en lo más alto, e iban bajando al centro de esta.

Asami golpeó en el hombro a Korra.

"¡Korra, mira!" Señalando a un extremo de la ciudad.

Korra se fijó donde ella señalaba, era el edificio más grande de la ciudad, este se erigía varias decenas de metros sobre las casas alrededor, y se adaptaba a la pared circular a la que estaba pegada, su diseño, y el de todas las edificios del lugar les recordaba a la arquitectura de la Guardiana, Korra se fijó en las escaleras que subían hacía el enorme portal de entrada. pequeñas figuras en movimiento se distinguían avanzando hasta este. El Centinela y sus hombres le llevaban ventaja.

El ascensor finalmente bajó del todo, ambas salieron corriendo en dirección al edificio.

Cientos de farolas iluminaban la ciudad, mientras que ambas corrían Asami no pudo evitar fijarse que estas funcionaban en perfecto estado, a pesar de que la ciudad parecía completamente abandonada, era un lugar extraño, sin duda.

Parecía que el edificio se alejaba cada vez que ellas avanzaban, como si no tuviera fin, era una sensación claustrofóbica.

Finalmente, tras lo que parecía una eternidad, llegaron finalmente a las escaleras, subieron por ellas a toda prisa y atravesaron el enorme portal de entrada.

El enorme edificio por dentro parecía una cáscara, una enorme máquina estaba incrustada en el extremo del edificio y subía hasta una veintena de metros, diez pares de reclinatorios se situaban enfrente de esta, dándole un aire místico al lugar, y enfrente el Centinela toqueteaba con un pequeño teclado mientras que sus hombres observaban lo que hacían sin demasiado interés.

Korra se acercó a el, los pasos en la cámara resonaron con fuerza, indicando su presencia.

Los seis otros ocupantes se dieron la vuelta.

"Korra." El nombre del Avatar se ahogó en la garganta del Centinela. "¿Qué haces aquí?"

"Hace seis años no pude detenerte Centinela." Korra avanzó hacia él, a paso seguro, los guardias se pusieron en medio para protegerle. Estaban nerviosos y parecía que temblaban. "Hoy se acaba tu racha."

"Eres una auténtica molestia. ¿Lo sabes? Además, me temo que el cargo de Centinela ya no me corresponde."

"Explícate."

"Mi dimisión debe de estar en este momento retransmitiéndose a todo el mundo, a partir de hoy, el cargo de Centinela Dorado le corresponde a Azula."

"¿Estás loco?" Gritó Korra. "Le has dado el control a esa psicópata. No sabes lo que has hecho."

"Se muy bien lo que hago Korra." Se dio la vuelta y continuó toqueteando en el teclado.

"Que no me molesten." Los soldados se lanzaron hacia ella.

Korra dejó que se acercaran, el primer soldado intentó lanzar una bola de fuego directa hacia su pecho, Korra se giró a un lado y usó su propia inercia para golpearle en la cabeza de una patada tirándolo al suelo, el siguiente tampoco tuvo oportunidad de reaccionar

Los demás se pararon en seco y decidieron rodear a Korra, manteniendo una distancia prudencial.

Korra se puso en posición, esperando al primer ataque.

Uno de ellos se dio la vuelta al oír algo a su espalda y no llegó a ver el golpe que le desplomó.

El cuarto soldado intentó reaccionar ante Asami, dejando fatalmente su guardia baja ante Korra la cual pegó un pisotón levantando un trozo de suelo que lanzó directamente contra su costado.

Solo quedaba uno, ambas se dirigieron a por el, este dio tres pasos para atrás y sacó el rifle que llevaba a la espalda.

"Quietas." Gritó el soldado. "Si os movéis os disparo."

El Centinela suspiró y se dio la vuelta, sacando su propia arma.

"Os dije que no molestaran." Se giró hacia Korra. "Es demasiado tarde Korra, yo gano."

"No lo permitiré, esta vez no." Korra se lanzó contra el soldado restante, este levantó el arma y disparó a bocajarro contra Korra. El disparo le alcanzó en el pecho, está lo ignoró y agarró al hombre por el arma le pegó una patada en el estómago y otra en el pecho, sacándole el arma de las manos, apuntó al Centinela y disparó una tres balas contra él.

Las balas lograron impactarle también en el cuerpo, dejándolo de rodillas, este apuntó a Korra y vació las sis balas de su revolver contra ella antes de desplomarse en el suelo.

"¡Korra!" Gritó Asami mientras que se lanzaba hacia ella,se arrodilló y la colocó con cuidado en sus brazos. "Korra. ¿Estás bien? Dime que te encuentras bien."

"Asami."Dijo Korra con una voz casi inaudible, Korra levantó la mano y acarició la mejilla de Asami, secándole las lágrimas. A su alrededor, los soldados se levantaban y huían de la catedral

"Te sacaré de aquí, te buscaré un médico, todo ha terminado Korra, has ganado, no tendrás que luchar más."

Mientras en en el fondo, el Centinela se levantaba a duras penas, intentó ponerse de rodillas pero se cayó, buscó a tientas su bastón y cuando lo encontró lo utilizó para apoyarse.

"Esto podía haber terminado de otra forma, Korra." El antiguo Centinela perdía la fuerza por segundos. "Sé lo que crees que soy, un déspota, un loco, un monstruo. Pero pronto veréis lo que hay más allá de vuestro pequeño mundo. Verás mi verdadera cara."

Se giró al panel y apoyó la mano sobre el botón más grande que había.

"Lo siento." El Centinela pulsó el botón y se volvió a desplomar sobre el panel, sus fuerzas se habían agotado.

En ese momento todo a su alrededor desapareció, lo único que se veía eran los tres ocupantes del edificio, lo demás era el blanco más puro que jamás habían visto.

Asami miró al Centinela a los ojos, este sonrió antes de deshacerse en miles de motas de polvo que se esparcieron en todas direcciones.

"No me dejes." Dijo Korra, Asami veía como la vida se escapaba del cuerpo de su amiga. Su ropa estaba totalmente empapada en sangre, y de su boca salía un hilo constante.

"No pienso dejarte Korra, no voy a dejar que te mueras." Asami no paraba de llorar, no podía acabarse todo ahí, era imposible.

"Y yo no pienso... no pienso morir." Una de las balas le había atravesado el pulmón, Korra sentía un dolor innombrable solo con respirar, pero no podía dejar que Asami la viera, tenía que ser fuerte.

Korra le apretó la mano a Asami.

"¿Juntas?"

Asami se secó las lágrimas.

"Hasta el final, Korra."

En ese momento sintieron una sensación que jamás habían experimentado, la máquina estaba haciendo su efecto sobre ellas. Korra se permitió sonreír una vez más antes de que sus cuerpos se desintegraran en la nada blanca.