Capítulo 21: La hacker.
Mako, Bumi y sus dos nuevos compañeros subían en ascensor de un edificio de apartamentos al piso del que podría ser su mayor aliado según Alla, por el otro lado, Grisha no había parado de quejarse durante todo el viaje, sin parar de afirmar que era mala idea.
"Es mala idea." Dijo Grisha.
"¿Tienes otras ideas mejores?" Le respondió Alla.
"Quedarse en casa y golpear mi cabeza contra la pared es la primera que se me ocurre." Le respondió.
"Fuisteis pareja durante dos años, ¿Acaso todas las parejas no tienen baches?"
"Que un día a las cuatro de la madrugada un equipo de las Spetsnaz te saque de la cama y te espose en el suelo es un bache demasiado grande. Alla."
Mako decidió interrumpir.
"¿En qué puede ella ayudarnos?"
"Es una hacker, se dedica a robar y vender información de ordenadores de forma fraudulenta. La declararon inocente por falta de pruebas, pero yo se como va eso." Respondió Grisha.
"Pero si alguien que puede averiguar que hay en esa placa, o quien es Joseph Richards y como encontrarlo es ella."
El ascensor se paró en el duodécimo piso, los cuatro salieron de allí.
"¿Y nos ayudará?" Preguntó Bumi que había estado callado hasta ahora.
"Por intentarlo." Dijo Mako. "A lo mejor podemos hacer que se interese."
"Eres capaz de lanzar fuego de las manos, por el amor de Dios. ¿Cómo no se va a interesar?"
Se pararon ante una de las puertas y Alla tocó el timbre, una cámara en la esquina del marco les observaba, quince segundos después una voz sonó al otro lado lado de la puerta.
"¿Qué haces aquí, Grisha? ¿No dijiste que no querías volver a verme?" Dijo una voz de mujer al otro lado.
"No vengo por lo nuestro, vengo por tus habilidades."
"Tengo mucho trabajo, no me molestes."
"Mako." Grisha se giró hacia Mako. "Dame la tarjeta. Rápido."
Mako metió la mano en el bolsillo y sacó la tarjeta dorada que Lao le había confiado.
Grisha la puso ante la cámara.
"¿Sabes que esto? ¿Podrías al menos decirnos que es?"
Unos diez segundos de silencio.
"¿De dónde has sacado eso?"
"Abre la puerta y hablaremos de eso."
Oyeron el pasar de las cadenas,, y el sonido del cerrojo, finalmente la puerta se abrió.
Una joven de unos veinticinco años les abrió la puerta tenía el pelo rubio y largo y estaba a un más pálida que Grisha. Tenía cara de estar enfadada
"Hola Leyna." Dijo Alla.
"Hola Alla. Grisha." Suspiró. "Pasad."
Los cuatro pasaron por el piso, y se juntaron en un salón que ella había llenado de cables y piezas de ordenadores, se sentaron donde pudieron.
Les sirvió un café caliente, de fondo sonaban las noticias de la mañana.
"Empezemos por el principio." Dijo Leyna. "¿Quienes son el hípster y el viejo?"
"Me llamo Mako." Dijo este sin conocer el significado de 'hípster'. "Y el es Bumi, somos los dueños de la tarjeta."
Leyna se sorprendió.
"Bonito ruso te marcas, bien, dime, como llegó a tus manos."
Mako pensó como decir la historia sin que le tachara de loco inmediatamente.
"Me la dio un hombre, un científico, me dijo que tenía que hacérsela llegar a alguien llamado Joseph Richards, y no se para que sirve o como se utiliza."
"¿Nada más?" Le preguntó.
"De momento, no."
Leyna se levantó y empezó a dar vueltas por la habitación para pensar en la situación, Mako se fijó como esquivaba los cables sin mirarlos ni pararse un segundo.
Volvió a sentarse.
"Lo que tienes en la mano es básicamente un dispositivo de memoria de alta tecnología, se inserta en una máquina específica y puedes básicamente recrear el Internet en ella, para ser exactos, en una tarjeta como la que tienes puede haber hasta 100 Zettabytes de capacidad.
Mako apenas se enteraba de lo que hablaba.
"Yo y un grupo de amigos nos topamos con el experimento cuando era u tema civil, luego ocurrió la 'Incisión Europea' y prácticamente perdimos nuestra conexión con el tema."
Bumi interrumpió.
"¿Incisión Europea? ¿Qué es eso?"
"¿Dónde habéis estado los últimos tres años, si se puede saber?"
Esta vez fue Mako quien habló.
Hasta hace tres días hemos estado en otro mundo diferente, fuimos transportados aquí por una máquina en contra de nuestra voluntad y ahora estamos intentando volver.
"¿Qué?"
"Dicen la verdad." Se interpuso Grisha.
"Estáis todos locos."
Mako se levantó y con las dos manos hizo una bola de fuego del tamaño de su cabeza. Cuando la apagó, la hacker se había quedado sin palabras.
"¿Cómo has hecho eso?"
"Simplemente lo hago, dime, tengo una tarjeta que supuestamente es alto secreto, hablo ruso como si fuera nativo aunque no lo soy y puedo invocar llamas a placer, ¿Qué te parece si me crees en lo de venir de otro mundo?"
Leyna se quedó callada.
"Está bien, déjame que te cuente lo que sé, algo me dice que nos incumbe a todos."
Tomó aire y empezó a contar la historia.
"Hace cuatro años se descubrió en un páramo de la isla de Islandia un yacimiento de un material con unas propiedades jamás vistas, la tarjeta está hecha de dicho material."
Mako recordó como el Centinela podía crear a voluntad dicho material, y se preguntó si el culto tenía algo que ver en esto.
"Era una substancia extraña, líquida al vacío y sólida en contacto con el aire, poseía superconducción perfecta, y otros términos científicos que no entendía bien. De momento era solo eso, una curiosidad científica, años de avance en electrónica y bla, bla, bla, nada raro fuera del ámbito científico.
"¿Qué ocurrió?" Preguntó Alla. Los cuatro escuchaban con toda la atención del mundo.
"Parece ser que no solo encontraron esa substancia, encontraron un aparato enorme que usaba el líquido como principal componente, no he visto ninguna imagen, pero los archivos que mi grupo y yo ojeamos mostraban la perturbación de los dos investigadores jefe, uno Soviético y otro Estadounidense. Decían que era algo tan alien a la humanidad que lo mejor era enterrarlo y olvidar que existía. Cosas que el hombre no debe entender y mierda como esa. De los experimentos descubiertos lo único que pudimos sacar parte de datos sobre la investigación de estas tarjetas, pero había más, mucho más."
Leyna pensó lo que iba a decir ahora y continuó con su relato.
"Pero luego vino la Incisión Europea y en pocas palabras, cada país quería a sus científicos de vuelta, así que volvieron a su país, sy yo y mis compañeros perdimos el rastro de la investigación y tuvimos que dejar de espiar hasta que hoy habéis venido vosotros."
"Gracias." Dijo Bumi, esto creo que nos ayudará.
"Ah, si, hay algo más. Me falta por deciros lo que queríais saber"
"¿El qué?" Preguntó Mako.
"El nombre del investigador americano era Joseph Richards."
