Capítulo 22: Una nueva era.
Hoy era un día silencioso en Ba Sing Se.
Las tropas de la Unión pararon cualquier escaramuza que estuvieran realizando por la ciudad, y volvieron a su zona segura en el anillo exterior, por el otro lado, el ejército de la nación del Fuego decidió hacer lo mismo. La razón estaba clara.
Un mensajero enviado desde el bando enemigo había dejado un paquete a las puertas del campamento base desde donde Iroh coordinaba sus tropas, el hombre, que conducía un camión, dijo que los contenidos eran un regalo personal de Azula, y que esperaba que ayudaran a Iroh a pensarse dos veces sus acciones.
Dentro había dos cajas alargadas que servían de ataúdes, dentro los cuerpos de Korra y Asami descansaban inertes.
Korra tenía los ojos cerrados, su ropa estaba empapada en sangre, debajo de ella, siete agujeros de bala le habían atravesado diferentes partes del torso, sin duda no paró de luchar hasta el final. Aunque ahora su cuerpo daba la impresión que Korra estaba en paz.
A Asami, en cambio le habían cortado el cuello limpiamente con un cuchillo, habían limpiado la sangre, dejando una enorme hendidura que dolía solo verla. También tenía los ojos cerrados pero el corta había dejado una extraña en su cara, Iroh ordenó que las taparan con una manta para que nadie las viera así.
"Mi Señor." Iroh se dio la vuelta, uno de sus soldados se encontraba en la puerta ante él.
"¿Qué ocurre?" Le preguntó Iroh. "No es el mejor momento."
"Es importante, un mensaje oficial de la Unión al mundo."
Iroh salió de la tienda con el soldado, una docena de sus hombres se había reunido alrededor de una radio, y escuchaban en completo silencio, al ver al Señor del Fuego, se apartaron para dejarle estar en primera fila, de la radio salía la voz inconfundible de Azula.
"...Ni un hombre que podía controlar el cuerpo de los enemigos a su antojo, ni el más poderoso de los espíritus oscuros, el cual habría sumido este mundo en una oscuridad infinita, fuimos nosotros, la inquebrantable Unión, la cual pronto se establecerá como el poder dominante en este mundo los que acabamos con el Avatar, ese tirano que controló el mundo desde los últimos diez mil años, por eso jamás olvidaremos al Centinela, nuestro valiente líder, el cual en su último aliento de vida, atravesó el pecho de Korra con su última bala cuando esta iba a rematarle, la muerte del Avatar ha sido la definitiva, hoy empieza una nueva era, y yo acepto humildemente el cargo de Centinela, dirijamos este mundo a uno del que estemos orgullosos, un mundo de humanos, para humanos."
Iroh cortó la radio, todos los soldados le miraban, Iroh miraba al suelo, perdido hacia el infinito.
Finalmente habló.
"Preparad un transporte, me vuelvo a la Capital."
Los hombres se miraron entre ellos, uno decidió hablar.
"¿Qué ocurrirá ahora, Señor?"
"Mi padre sabe más sobre ella que yo, dejaré que el se ponga al mando."
Iroh retrocedió a la tienda y dejó claro que no quería que le molestaran, los hombres volvieron a sus puestos, pensando en que iba a ser de ellos ahora.
Doce horas más tarde, en el Norte.
El perímetro que la Unión había colocado estaba formado por treinta barcos en varias líneas defensivas en arco respecto a la tribu del norte, era innegablemente impresionante, aunque su colocación había sido polémica, y, aunque muy pocos lo saben, la verdadera razón por la que el ex-presidente Raiko decidió dimitir de cualquier cargo de poder, sin embargo, el Centinela (El antiguo, claro está) insistió que la línea DEBÍA existir, no ofreció más razones, pero el resto de su círculo interior estaba de acuerdo y nadie estaba para rebatirles así que simplemente se colocó, todo gracias a la inestimable ayuda de los impuestos a los terrenos conquistados.
El Gran General Kiln se encontraba en la base que se había preparado para altos cargos dentro del barco principal, le enviaban a cada hora informes sobre la situación de la zona a investigar, de todo la guarnición, solo un par de docenas sabía lo de las mediaciones, de los cuales solo cinco sabía para que eran, de los cuales solo él sabía exactamente a lo que se enfrentaban.
Se puso a reflexionar sobre su situación, Korra tenía aliados bastante poderosos, ahora Azula tendrá que encargarse del Loto Blanco, la Nación del Fuego, el Reino de la Tierra, DEM y quien sabe quien más.
En ese momento se oyó un enorme golpe que sacudió su habitación.
Uno de sus guardias entró en su habitación.
"¿Qué ocurre?"
"Nos atacan, señor."
"¿Quién?"
La tribu del norte, mi General.
"Maldita sea." Dijo Kiln mientras salía de la habitación.
