Capítulo 25: Tiempos felices, nunca son eternos.
Por muy extraño que fuera el lugar, si hay una palabra que definiera el estilo de vida de las personas que vivían en la plataforma era rutina, nada especial ocurría allí, y la presencia de ellas.
Kalami había sido muy generosa al dejar a Korra y Asami vivir en su local a cambio de trabajar allí, estas pronto encontraron un lugar tranquilo allí, ahí nadie sabía que eran los maestros, que era el Avatar y cuales eran sus funciones, ahí el nombre de Korra no significaba nada, por lo que pudieron adaptarse rápido.
Tras una semana en la plataforma, y varias horas de explicaciones y conversaciones con Kalami y los diferentes clientes, Korra finalmente tuvo una imagen clara de su situación, cuando Kalami le describió del líder de la plataforma y dirigente de uno de los bandos de la guerra, la imagen del Centinela se le apareció a instante en la cabeza y un escalofrío le recorrió el cuerpo, había algo en él, algo... extraño, indescriptible que hacía que su presencia te pusiera de los nervios, entre eso y sus poderes Korra estaba convencida de que no era humano.
Ahora al menos sabía su nombre,'Aurum Argentia', lo cual significaba en diferentes idiomas de diferentes universos 'Oro y Plata' y ella tendría que prepararse para cuando él fuera asegurarse de que no estaba muerta.
Solo que él no vino nunca a por ella, los problemas la alcanzaron, como llevan haciéndolo toda su vida, pero esta vez su portador fue otra persona.
Asami se encontraba limpiando la barra cuando la campanilla de la puerta sonó, Asami se giró para ver quien era.
Un hombre entrado en los cincuenta se sentó cerca de ella en la barra, llevada un traje militar completo, su traje tenía varias medallas y una ushanka sobre la cabeza.
Asami le tomó nota de lo que pidió, le sirvió y siguió limpiando, intentando mantenerse ocupada.
Luke, el cual estaba en su sitió, como casi siempre se levantó y se acercó al hombre, que bebía el licor que Asami le había servido, en silencio.
"Perdone." Le dijo Luke para llamar su atención. "¿Viene usted del frente de la Tierra?"
El hombre asintió sin dejar de mirar la bebida.
"¿Podría decirme como va la cosa? Tengo familia allí y estoy preocupado."
El militar suspiró.
"Perdemos terreno a cada día, la costa oeste ha sido casi consumida y lo que sea que nos enfrentamos se dirige a Moscú desde Nueva Delhi y no hay forma de pararlo, estamos jodidos, hijo mío, jodidos, y yo lo único que puedo hacer es beber, pensando en que se podría y no podría haber hecho."
Se bebió medio vaso de un trago.
"¿Quieres ayudar a tu familia? Diles que vayan a Siberia si están en Europa o a Canadá si están en América, el frío parece ser lo único que detiene a ese cabrón."
Asami decidir interrumpir.
"Perdonad que pregunte esto." Ambos la miraron. "¿A qué os enfrentáis exactamente?"
"Una enorme bestia de metal, cuyos tentáculos y apéndices parecen no tener fin, esta devora todo lo que toca, transformando los animales y humanos en bestias sanguinarias, que solo ansían devorar."
"Zombís." Dijo Luke. "Solo me topé una vez con ellos y no se lo desearía a nadie más, el hecho que puedes distinguir como debían de ser antes de eso, me pone de los nervios."
"Le llaman Deus, un nombre herético si me preguntáis, no hay nada deítico en el en mi opinión, es un monstruo que solo pudo haber salido del más profundo de los infiernos."
Alzó un poco la voz.
"Aunque no todos son tan pesimistas." Continuó el militar. "Un viejo amigo afirma que puede que haya salida a esto."
"¿Cómo?" Preguntaron los dos a la vez.
"Antes de llegar aquí, le ayudé a llevar un barco a Norte América, tenía que llevar a unos pasajeros quienes afirmaba podían solucionar esto.
"¿Quienes eran?" Preguntó Luke.
"Dos adultos y cuatro jóvenes, uno de ellos me salvó la vida y casi no me lo pude creer cuando le vi."
Antes de que pudieran preguntar este continuó.
"Estaba rodeado de esas cosas junto a mi hombres, todo estaba perdido cuando estos cayeron ante su fuerza, llamadme loco, pero este chico vaporizó en fuego a sus enemigos."
"¿Cómo se llamaba?" Preguntó Asami casi gritando, sobresaltándoles.
"Me dijo que necesitaban un barco, y que se llamaba Mako."
Asami saltó de la silla y salió corriendo escaleras arriba, un, dos, tres, entró en la cuarta puerta a la derecha del pasillo, ahí estaba la habitación en la que vivía con Korra.
Esta se encontrada en la cama que compartían (tendrían que ganarse la segunda, les había dicho Kalami) leyendo un libro tumbada boca arriba, lo cerró al verla respirar profusamente.
"¿Qué ocurre?" Le preguntó Korra.
Asami se intentó calmar y le contó lo que había descubierto, mientras lo decía podía ver como una sonrisa se iba dibujando en los labios de Korra.
"¿Qué hacemos ahora?" Le preguntó Asami.
"¿Qué que vamos a hacer? Vamos a donde esté Mako y seguramente Bumi y vamos a buscarles."
En ese momento llamaron a la puerta, el corazón se les paró en seco.
"Asami." Era la voz de Kalami, ambas respiraron aliviadas. "¿No deberías estar abajo? Luke me ha dicho que has subido a toda hostia"
"Lo siento." Dijo Asami. "Ahora bajo."
"No pasa nada, lo digo porque tenéis visita."
"¿Quién?" Preguntó Korra. "No lo sé, pero quiere hablar con vosotras. Dice que es importante."
Oyeron como los pasos de Kalami se alejaron por el pasillo.
Korra respiró hondo y abrió la puerta, avanzó por donde se había ido Kalami y bajó las escaleras esperando a que veinte hombres armados la emboscaran.
Abajo la cosa parecía normal, Luke seguía delante de su portátil, Kalami le acababa de servir otra copa al militar, un par de clientes hablaban en una esquina con calma.
Y delante suya una chica les esperaba.
Esta les miró y lanzó una risita, nada más oírla Korra sintió los escalofríos de nuevo, su cuerpo reaccionó como si un rayo la atravesara, al ver que Korra no se movía la joven se acercó a ellas.
"Encantado de conoceros." Dijo extendiendo la mano. "Me llamo Shuali Argentia, encantada de conoceros."
Una regla que era siempre más cierta que falsa, los problemas siempre vienen de dos en dos.
