DEBES LLAMARME REN

- Esta será la última vez que te llame Mogami-san, Kyoko. Y tú debes llamarme Ren.

- No. No puedo…

- Debes.

Él levanta ante su rostro un dedo pidiendo silencio. Tono de senpai on.

- Siglo veintiuno, Kyoko. Las esposas ya no llaman a sus maridos por sus honoríficos. Así que ni -sama, ni -san, ni -kun… Solo Ren.

Kyoko calla, pero asiente.

- Si quieres, también puedes llamarme Kuon, pero solo aquí, en casa, donde nadie nos oiga.

"En casa…", piensa Kyoko, como si hubiera un 'en casa'…

- De acuerdo, Rr… -Kyoko resopla con frustración-, Ren.

- Dilo otra vez -le dice sonriendo.

- Ren.

- Otra vez.

- Ren… Ya vale…

- Tienes que practicar, Kyoko… -y su sonrisa es maravillosa… La de los dos.

Y cuando Kyoko y Ren están recogiendo los platos de la cena, Ren 'parece' acordarse de algo.

- Hablando de practicar…

Ren toma su mano por sorpresa. Kyoko da un respingo. Se ruboriza.

- ¿Ves? A eso me refería… No puedes espantarte cada vez que tu futuro marido te toque, Kyoko. La prensa te comerá viva.

- Pero-pero-pero…

- No hay peros que valgan, Kyoko.

- Pero R-Ren…

- Sin peros…

Kyoko resopla y extiende su mano hacia la de él. Él la tomó. Ella no hizo gestos raros más allá de ruborizarse un poco más. Pero luego él movió la mano y entrelazó sus dedos con los suyos.

Kyoko saltó.

Ren suspiró decepcionado.

- Así no vamos a ninguna parte, Kyoko. Demasiado lento. No tenemos tiempo…

- ¿Lento? ¿Tiempo?

- Yo entiendo que no estés acostumbrada a estas cosas. Pero dentro de nada se hará público lo nuestro. Y para entonces tienes que estar cómoda conmigo. Especialmente en público.

- Pero, Ts-Ren…

- Kyoko, perdóname, pero necesitas terapia de choque…

Un brillo maquiavélico destelló en sus ojos. Kyoko tembló.

- ¿T-Terapia de choque?

Él asintió.

Todo sucedió muy rápido.

Antes de darse cuenta ya lo tenía encima. Sus manos en las suyas. Sus manos en su cintura. Sus manos en su espalda. Su mejilla en la suya. Sus labios también. Su cara en su cuello. Él enterrándola en sus brazos.

Cuando por fin se separaron, los dos se sentaron, sin mirarse, sin hablarse.

En algún momento, Kyoko oyó la voz, lejana y ronca -¿por qué ronca?-, de Ren diciendo:

- Después de lavar los platos, repetimos. Las veces que haga falta. Hasta que salga bien.