DE COMPRAS Y LECCIONES

- Contesta con lo más parecido a la verdad…. Que pasamos mucho tiempo juntos, y que dejamos de vernos como senpai y kohai, y que fue así como nos enamoramos. El azul te queda mejor.

- ¿Tú crees?

- Sí. Nunca des una respuesta directa a una pregunta incómoda. Sortéala, rodéala. Pero que no huelan la sangre… Son como tiburones.

- Me tranquilizas mucho, Ren… Déjame esos zapatos.

- Toma. Sonríe. Sonríe siempre…

- Ya. ¿La falsa sonrisa caballerosa tuya?

- ¿Eh?

- La que pones cuando estás molesto… ¿Los dorados o los negros?

- Ah… ¿Tú la notas? Los dorados.

- Claro. Lo que me sorprende es que nadie más lo haga. Aparte de Yashiro-san, por supuesto.

- Entra y pruébate el naranja.

- Melocotón.

- Pues eso he dicho. Naranja.

- Te equivocas de fruta, Ren…

- Ya. Pero sobre todo, sé tú misma. Lo notarán. Siempre lo notan…

- ¿Y quién se declaró a quién?

- Yo a ti. Déjame al menos ese mérito, Kyoko…

- Ren… ¿Y si no estoy a tu altura? ¿Y si no les gusto?

- ¿Pero qué dices? ¿Cómo no vas a gustarles?

Kyoko sale del probador con el vestido melocotón (no naranja). "Una diosa del Olimpo caminando entre mortales", piensa Ren. El vestido tenía un aire griego, es cierto, y con una sola tira ancha sobre el hombro, se ciñe a su cintura y cae en vaporosos pliegues hasta sus tobillos. A Ren se le corta el aliento. La toma de los hombros desnudos (ella ya no salta a su contacto), y la lleva ante el espejo de la salita privada que tienen para ellos solos. Ren se queda detrás de ella.

- Mírate.

Kyoko no se reconoce. Esa no es ella.

- Es el vestido.

- No, eres tú.

- No.

- A ver, Kyoko. Escúchame bien. ¿Tú crees que Setsu y Natsu son sexys?

- Claro. Ellas son así.

- Pues bien. Ellas son sexys solamente porque tú las haces sexys. Ellas son parte de ti. Ellas son tú. Simplemente llevas esa parte de ti, que ya existe, a un primer plano cuando las interpretas. Personalmente, puedo decirte que tienes unas piernas de infarto…

- ¡Ren!

- ¿Qué? Es la verdad… Entiéndelo, Kyoko. Eres sexy… Eres hermosa… Los hombres te desean. No a tus personajes. A ti.

"¿Y tú, Ren? ¿Tú me deseas?", piensa Kyoko.

"Yo te deseo", piensa Ren.