LA BODA
Entraron los dos solos en el Registro Civil, de la mano. Cumplimentaron los formularios, firmaron y usaron sus sellos, presentaron sus cédulas de identidad, y el funcionario que los atendió fue el primero en llamar a Kyoko 'Hizuri-san'.
Ya estaban casados.
Afuera esperaban todos. Los Takarada, los Hizuri, Kanae y Chiori, Yashiro y el matrimonio del Darumaya. Había además dos fotógrafos escogidos cuidadosamente para inmortalizar el momento. La fecha de la boda se había mantenido en secreto para prevenir la avalancha de los medios.
Ante las puertas del Registro, en el oscuro umbral, Ren tomó su mano nuevamente. Entrelazó sus dedos en los suyos y preguntó:
- ¿Estás lista?
Ella asintió. Y una vez más Ren lo vio. Vio cómo aparecía la muchacha enamorada. Los ojos brillantes, la sonrisa feliz, el rostro resplandeciente, la mirada llena de amor por él. A Ren el corazón le dio un vuelco en el pecho. Ella le amaba… Triste mentira que le partía el alma, anhelando por que se tornara verdad. Poco sabía él que lo que hacía Kyoko era dejar salir al mundo sus verdaderos sentimientos, las emociones que sentiría si todo esto fuera real. Si fuera auténtico... Ren, el enamorado Ren, se permitió entonces dejar caer su propia máscara y mirar a Kyoko como siempre había querido mirarla. Rendido a ella. Y su amor por ella le llegó a Kyoko como una ola que la puso del revés. Sintió la adoración, sintió el deseo…, pero también el amor y la ternura. Tembló.
Tristemente, los dos actuaban que actuaban. Pobres tontos…
Salieron fuera.
Los recibieron los gritos de alegría y las felicitaciones. El arroz voló enredándose en el pelo de todos los presentes. Ren reía, Kyoko reía, mientras, correspondían a los saludos, pero no soltaban sus manos. Kyoko estaba feliz de ver allí a aquellos que quería y que la querían. Ren se rió amargamente para sus adentros. Siete años en Japón y no tenía más amigos que su mánager y su jefe… Das lástima, Kuon… Y sus padres estaban aquí, en su boda, pero por parte de la recién casada, no como sus padres. Das pena, Kuon…, se decía. Pero es lo que tú elegiste… Y así debe ser… Y ahora te has casado con el amor de tu vida. Deberías estar feliz. No. No puedes. Porque es mentira.
Pero debe hacerse.
Cuando los parabienes han cesado, la pareja enamorada se está mirando a los ojos. Los demás callan, expectantes. Ren retira con delicadeza algo de arroz del pelo de su esposa. Su mujer. Sus ojos buscan de nuevo los suyos. Kyoko se sobrecoge por la intensidad de su mirada. Como cantos de sirena a los que no puede resistirse. Sin palabras, reducen la distancia que los separa. Se besan. Se besan de verdad.
Ya es demasiado tarde cuando Lory intenta que su nieta no lo vea. Esa clase de beso no debería darse en público. ¿Pero cuándo han ensayado esa clase de besos?, se pregunta. Sí, porque más de uno de los presentes se ha ruborizado a causa de ese beso, interminable, fogoso y voraz, demasiado íntimo para ser visto por ojos ajenos, dejando a alguno (Yashiro) al borde del desmayo.
'El apasionado beso del matrimonio Tsuruga', dirían los titulares.
