NOCHE DE BODAS

Terminado ya el convite brindado por Lory, a solas en el coche, vuelven a ponerse sus máscaras. Se dirigen al hotel en el que les han reservado la Suite Nupcial como regalo de bodas, antes de tomar un avión que les lleve a su destino de luna de miel.

La habitación es enorme. La cama es enorme. Kyoko sabe lo que tiene que hacer, pero no puede evitar ruborizarse. Ren, a su lado, se le adelanta.

- Dormiré en el suelo.

- No.

- ¿No?

- Eso es una tontería, Ren. Dormiremos juntos. La cama es enorme. Además, piénsalo bien. ¿Quieres arriesgarte a que el servicio de habitaciones o la señora de la limpieza te encuentren durmiendo en el suelo? Yo no. Se sabría enseguida y todo esto no habría servido para nada…

Ren asiente porque tiene razón. Para variar…

- En fin, mejor irnos recogiendo, porque mañana madrugamos.

Kyoko se pone a buscar algo en su maleta, Ren entra en el baño, y cuando sale, dos minutos después, Kyoko está de espaldas a él. Ren está nervioso.

- Kyoko… Hay una cosa que no te he dicho…

- ¿Sí, Ren?

Entonces ella gira y lo ve. Se queda como hipnotizada por los ojos verdes que la miran con temor. Sí. Son como… los de Corn. Sí… Los ojos de Corn. Pero no, no puede ser… Kuon no es Corn.

- Tú… ¿Lentes de contacto? ¿Todo… todo el tiempo? -ella sigue en shock- ¿Verdes? -suspiró y movió la cabeza con resignación-. Tienes los ojos de tu madre… -dijo finalmente.

Ren asintió, pero no dijo nada… Si Kyoko se enteraba que él era Corn y que la había engañado, no le perdonaría jamás.

- Bueno, ¿quieres pedir algo de comer antes de dormir? -dijo después él, con la esperanza de que la comida la distrajera de pensar demasiado en ojos verdes.

Ella asintió, pero añadió después una frase más.

- Estás lleno de secretos, Hizuri Kuon.

Kuon sintió cómo un escalofrío le recorría la espalda. "No te haces una idea, Kyoko… Y el mayor de todos eres tú…", pensó.

Cuando terminaron el refrigerio nocturno, se prepararon para acostarse. Ren tenía uno de esos pijamas de caballero y Kyoko salió del baño, con la mirada baja, toda pudorosa ella, llevando un pijama de botones de manga larga. De ositos. De ositos con globos de colores. De ositos con ramos de flores.

"No es que esperara lencería fina ni camisón de encaje, nooo, porque no iba a pasar nada de 'eso', pero ¿ositos? ¿De verdad?", pensó Ren.

Nada sexy. Nada erótico. Pero muy mono. Muy muy mono... O quizás era su usuaria. Claro. Esa noche seguro que iba a soñar con ositos...

Finalmente se acostaron, cansados, cada uno pensando en los acontecimientos del día. En su boda. En sus besos. En cómo sería su vida a partir de ahora. Casados. Espalda con espalda. Tan cerca, pero separados por un mundo de mentiras de distancia.

"Hmm, ositos…", pensó Ren antes de que le alcanzara el sueño.