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LUNA DE MIEL

A la mañana siguiente, cuando Ren sale del baño, después de una noche de sueños inquietos plagados de ositos con flores y globos, parece que en la cama hubiera habido una batalla campal. La colcha está fuera de sitio, las sábanas hechas un lío, y una de las almohadas está en el suelo. La otra parece que hubiera sostenido un combate mortal cuerpo a cuerpo y lo hubiera perdido.

- ¿Kyoko?

- ¿Sí, Ren?

- ¿Qué has hecho con la cama?

- Bueno… Tenía que parecer que tú y yo… -contestó Kyoko mirando hacia otro lado en el inútil intento de evitar ruborizarse.

Oh, eso… Ya.

- Ah.

- Tenemos el avión en cuatro horas. Pide el desayuno, por favor.

- ¿Y no bajamos al comedor?

- ¿Estás loco? Ninguna pareja recién casada abandona la habitación la mañana después de su boda. Así que no te quites el pijama hasta que venga el servicio de habitaciones. Y si estás sin camisa cuando venga, mejor… Si no te importa, encárgate tú. Yo tengo que estudiar…

¿En serio?

Pero Ren… ¿Qué esperabas? No es que fuera a caer rendida en tus brazos.

Ella solo está haciendo lo posible por que este maldito engaño funcione. Tampoco es que esté obligada a llenar sus horas contigo. No es como si fuera tu luna de miel… No, espera. Sí que lo es…

Cuando ya ha anochecido están en la otra punta del país, bien lejos de Tokyo, en otro hotel y en otra suite nupcial. En el avión los reconocieron y los tuvieron todo el vuelo firmando autógrafos y estrechando manos. Lo bueno es que parecía que la noticia de su boda ya se había dado a conocer y los recibieron con grititos de excitación y entusiasmo. Convidaron a toda su sección a diminutas botellitas de champán y licor. Si la gente ya los veía como un matrimonio, esperaban que en Inmigración también.

Los días de su luna de miel seguían el mismo horario. Desayunos en la habitación, Kyoko estudiaba un par de horas, Ren leía un libro que se había tenido que comprar, luego jugaban juntos a las cartas hasta la hora del almuerzo, y después hacían su aparición pública en el comedor del hotel. La típica pareja recién casada, todo besitos, jueguitos de manos, susurros al oído y mil carantoñas…

Luego disfrutaban de las actividades e instalaciones del resort. Lo que más le gustaba a ambos, y no es que se lo hubieran dicho al otro, eran sus paseos abrazados por la playa del hotel al atardecer. Cuando el sol empieza a declinar y la gente regresaba al hotel, ellos paseaban por la playa. De postal. Si no fuera porque a ambos les preocupaba estar tocando más carne de la que deberían… O quizás por eso… La primera vez, a Ren casi le da algo cuando la vio en biquini. Un modesto biquini, pero aún así. A Kyoko también cuando lo vio en pantalones bermudas. Solamente llevando bermudas.

Poco importaba que fuera invierno. No… El invierno no les afectaba…

Bueno, pues así pasaban las horas de su luna de miel, entre rutinas, fingimientos y verdades escondidas.

Sí, más o menos la misma rutina…

Hasta que llegó la noche de Fin de Año.