FIN DE AÑO

Volverían a Tokyo al día siguiente. Habían sido invitados formalmente por la dirección del hotel a la fiesta de Fin de Año que se celebraría esa noche.

Kyoko llevaba como podía todo el asunto de los besos, besitos y caricias fingidas con el hombre que amaba. Era difícil, muy difícil, no dejarse llevar y decírselo todo… Liberar su alma del tormento en el que vivía… Especialmente cuando él la miraba con los ojos llenos de amor. ¿Cómo lo hacía? ¿Cómo el mismo hombre que tantos problemas tuvo para encarnar al enamorado Katsuki ahora la dejaba con las rodillas temblando cuando sus ojos se reflejaban en los suyos?

Porque todo era una actuación. Y Tsuruga Ren es el maldito actor nº 1 de todo Japón…

En fin, se puso para la fiesta otro de los vestidos de noche que había comprado con su marido (qué raro se le hacía aún decirlo…). Mientras se maquillaba, notó la mirada apreciativa de su esposo.

- Estás espectacular, Kyoko…

- Sí, ya… Bueno, el vestido lo escogiste tú…

- Pero eres tú quien lo lleva… Que no se te olvide…

Y la fiesta fue como se supone que deben ir las fiestas… Gente riendo, charlando, el alcohol fluyendo libremente, las lenguas soltándose bajo sus efectos… El caso es que hubo un tipo que puso sus ojos en ella. La encontró sola un momento y 'atacó'. Kyoko intentó ser educada al deshacerse de él. Pero de todos es sabido que el alcohol disminuye y/o retarda la capacidad de respuesta automática (llámense reflejos o instinto básico de supervivencia) del perjudicado.

- Una preciosidad… Sí… Eso es lo que eres… -le decía el tipo entre hipidos-… Las hermosuras como tú deberían estar prohibidas…

Kyoko de veras que intentó quitárselo de encima… Y cuando el equilibrio del susodicho perjudicado colapsó (tal como acaba colapsando siempre…), una mano enorme lo agarró por el cuello de la chaqueta y lo sacó de su vista.

Ya estaba el tipo protestando por haber sido apartado del bomboncito pelirrojo cuando le dio por alzar la vista y se encontró con los ojos más fríos y letales que había visto nunca. Tal mirada atravesó las brumas de su estupor alcohólico, recobró la sobriedad de golpe, y con un farfullado 'Si me disculpan…', huyó para ponerse a salvo.

Kyoko se reía por lo bajo…

- Deberían haberse visto las caras. Asustaste al tipo…

Empezó la cuenta atrás.

- Kyoko…

- Salió corriendo como alma que lleva el diablo…

- Kyoko…

- ¿Sí, Ren?

- Feliz Año Nuevo…

Y allí, solo una más entre todas las parejas de la sala, Tsuruga Ren felicitó a su esposa a la manera occidental. Con un beso. Con todo un señor beso.

Y mientras la orquesta tocaba el Auld Lang Syne, cortesía para su clientela extranjera, Tsuruga Ren continuaba 'felicitando' a su esposa… Por un buen rato…