DEL HOGAR Y SU GESTIÓN

Ren tuvo que contener el impulso de cargar a Kyoko en brazos para cruzar el umbral de su hogar en común… El apartamento le parecía un lugar distinto simplemente porque ahora Kyoko viviría allí. Con él. No a ratos para una cena improvisada, no. Mañanas, tardes, noches, y fines de semana incluidos…

- No voy a ser tu criada, Ren… Estoy segura de que lo entiendes… -le dijo.

- Me ofende, Kyoko, que pienses así de mí. Jamás te rebajaría.

- No, no… Ni mucho menos… Nunca pensaría eso de ti, pero solo quería dejar clara mi postura -Ren pareció apaciguarse. No le gustaba nada que lo compararan con el cucaracha-. Si no tienes inconveniente, creo que debemos repartirnos las tareas de la casa.

- Te iba a proponer lo mismo.

- Obviamente tú no cocinarás.

- Obviamente… -concuerda él-. Yo me encargo de la ropa.

- No. Solo de la tuya.

- ¿Y eso?

- Prefiero lavar yo la mía… Y tú la tuya… -"Ni loca te voy a dejar que andes con la mía… Que andes tocando mis… Ni yo tus… No-no-no…"-. Bueno, además está la loza, la ropa de cama y de baño, planchar, barrer, fregar, regar las plantas, porque pondré plantas, Ren, limpiar el polvo, las alfombras, limpiar la cocina y los baños, hacer las compras, sacar la basura… Puff, es mucho… -y lo mira con los ojos entrecerrados como preguntándose si Tsuruga Ren, el ex-soltero más codiciado, sería capaz de hacer esas cosas. Más bien, se preguntaba si alguien como él era capaz siquiera de hacer cosas tan mundanas… Ren, que la conoce, inspira y le replica:

- Kyoko, ya yo vivía solo antes de casarme, ¿sabes? Sé hacer las cosas…

- Ya. Y se nota...

Él arquea una ceja, cuestionándola.

- Te alimentas fatal… -le responde.

- Oh, bueno… -le responde con una carcajada-. Pero eso cambiará, ¿verdad?

- Tenlo por seguro -pero Kyoko no bromea.

- ¿Y si hacemos un cuadrante y establecemos los turnos?

- Me parece bien.

Y luego Kyoko añade:

- Ah, ¿te parece y hablamos de cómo compartimos los gastos?

- No.

- Pero Ren…

- No. Recuerda lo que dijo Lory, Kyoko… Cuenta conjunta. Mañana vamos al banco y abrimos una cuenta para los dos. Tendrás dinero a tu disposición.

- Pero Ren, yo no puedo aportar mucho a la cuenta. Mis ingresos no son muy altos.

- ¿Y…? Estás empezando, Kyoko. Es normal. No te preocupes. En un par de años tu sueldo será igual al mío. Ya compartiremos los gastos entonces. Hasta que llegue ese día, déjame a mí.

Oh, Ren… Pobre Ren… Se te ha olvidado... Por un momento se te olvidó. No habrá un 'entonces'. Solo un año. Tu matrimonio es de mentira, ¿recuerdas?