DE OTROS ARREGLOS

A Ren aún le quedaban un par de días libres, cortesía de su factótum Yashiro. Era su idea ocupar esos días en las gestiones pertinentes a su nuevo estado civil. De su asunto con Inmigración se encargaban los abogados de Lory, pero de Kyoko se encargaba él. Así que lo primero que hicieron a la mañana siguiente fue conseguirle un duplicado de las llaves del apartamento, y lo segundo, ir al banco. Puso la tarjeta de crédito a su nombre entre sus manos. Ella se quedó mirándola como si fuera un bicho que pudiera morderla.

- ¿Estás seguro de esto, Ren?

- Ya te lo dije.

- No me siento muy cómoda con esto. No, no me gusta…

- Pues menos te va a gustar lo que voy a hacer…

Tsuruga Ren liquidó los préstamos de su mujer. Pagó el resto de su matrícula en la academia de artes escénicas y la inscribió en una autoescuela. Ella protestó por supuesto. Pero Ren se impuso. En calidad de esposo y compañero, le dijo, no podía permitir que Kyoko pasara estrecheces pecuniarias.

- Pero Ren…

- Sin discusión. No. De ninguna manera.

- No quiero que…

- Ni una protesta, Kyoko. Te lo he dicho ya. No quiero que mi mujer pase apuros por cuestiones de dinero. No quiero que tengas que estar haciendo cálculos para ver cómo te las arreglas. No quiero que tengas ni una preocupación más. Eso se acabó.

- Claro, porque eso te avergonzaría…

Ren suspiró, molesto.

- No, Kyoko, no es eso… Cómo se supone si no, que pueda cuidar de ti si no me permites hacerlo… Déjame cuidar de ti…

Ella resopló.

- Está bien…

La sonrisa con que la obsequió casi la deja ciega…


El resto del tiempo libre que les quedaba antes de reincorporarse lo pasaron comprando cosas para la casa. Y las plantas, por supuesto. Si ella quería plantas, plantas tendrían. A su pesar, reconoció que el salón parecía otro. De un apartamento de soltero pasó a parecer un hogar. Un sitio en el que vivía gente. Gente real. No las cuatro paredes vacías a las que solo se iba a dormir.

Mucho menaje de cocina, todo al gusto de Kyoko, por supuesto. Esos serían sus dominios. Mil cositas, chismes y aparatejos de los que Ren no tenía ni la más mínima idea de para qué podrían servir, pero que a Kyoko la emocionaban hasta límites insospechados. Como una niña con juguetes nuevos, pensaba él. Le gustaba verla así. Con los ojos brillantes de emoción…

También abastecieron la nevera. La verdad sea dicha, su frigorífico nunca había lucido tan… ¿cuál es la palabra?... ¿Provisto? No. ¡Ah! Sí… Abarrotado. Nunca había visto la capacidad de almacenaje que tenía su nevera hasta que Kyoko empezó a 'surtirla'.

- ¿No pretenderás que nos comamos todo eso?

- Esa es la idea.

- Pero Kyoko, aquí hay comida para dos meses.

- Oh, no, Ren… Creo que solamente nos alcanzará para dos o tres días nada más…

Ren se puso verde.

Y entonces, y para su sorpresa, Kyoko explotó y se rió en su cara.

Se rió de la cara de Tsuruga Ren.