AVISO: este capítulo está clasificado M por su contenido.
FEMÍNEO
Femíneo. 1. Propio de mujeres. 2. Perteneciente o relativo a ellas.
Eso le pasa por meter las narices donde no le incumbe. Por pensar en lo que no debe.
Sí. Su cuarto de baño había perdido esa apariencia fría y aséptica propia de la vida de un soltero y se había feminizado. Tras la puerta, un albornoz azul cielo, pequeñito, junto al suyo gris oscuro, enorme por comparación. Los dos colgando juntos de la puerta, como si fueran el esbozo incompleto de una pareja. Más cerca los albornoces que sus cuerpos cuando dormían. Hmm… Envidió a su albornoz…
Había muchas más toallas, por descontado. Y jabones. Y variedad de geles de baño y champús. Y peines y cepillos para el pelo. Y una maquinilla desechable que no era suya… Y cosas de maquillaje, botitos de perfumes… Su perfume…
Las cosas de Kyoko están por todas partes…
Hay en la repisa una caja de madera, rosa con lunares blancos, de la que no puede apartar la vista. Ha intentado durante días resistir la curiosidad. Mirar o no mirar. Saber o no saber… Eso sería una invasión de su intimidad, lo sabe bien, pero es inútil. Todo lo suyo le interesa. Acaba mirando. Upss... Vamos, Kuon, en algún sitio tenía ella que guardar sus… sus productos de higiene íntima…
Pero es que las cosas de Kyoko estaban por todas partes. Toda la casa olía a ella. Y él… Él olía a ella... Llevaba su olor, su aroma, grabado a fuego… Cerró los ojos, y se dejó llevar... Y mientras el agua caliente le caía sobre la espalda, su mano ya se estaba moviendo sobre su erección. Movimientos suaves primero, lentos, como los que haría para que Kyoko se acostumbrara a tenerlo dentro… A la vez que enterraba su rostro en su cuello para llenarse de ella, mientras sus caderas se movían juntas. Y luego mirarla a la cara. Para ver en sus ojos el placer que él le daba, y buscar su pecho, para lamerlo lentamente y saborearlo. Suyo. Solo suyo. Luego, cuando ella ya estuviese al borde, gimiendo bajo su cuerpo, aceleraría sus embates, y la llenaría de él. Más aún. Se hundiría en ella. Una y otra vez. Más y más rápido. Enterrándose en ella. Fundiéndose con ella. Rindiendo su alma y su cuerpo a Kyoko. Solo a ella. Su Kyoko. Suya. Suyo. Hasta que el mundo estallase en luz a su alrededor.
Kuon, con el brazo extendido y apoyado en la pared, y la cabeza caída sobre el pecho, suspira. Luego se da vuelta para orientar el flujo de la corriente y limpiar con el agua clara los vestigios que manchan la pared de azulejos.
No, no iba a sobrevivir a esto…
Es que las cosas de Kyoko están por todas partes…
Mientras, ella duerme más allá de la puerta.
