Gracias, kotoko-98.


FISIOLOGÍA

Son casi las dos de la mañana cuando Ren vuelve a casa de un rodaje nocturno. Le recibe la luz del salón encendida y su esposa dormida.

Kyoko duerme sobre la mesita, con los brazos de almohada, rodeada de libros y apuntes, preparándose los exámenes de acceso a la universidad. Debería haberlos hecho ya, justo al terminar el curso anterior, pero la revelación personal de su amor por Ren y más tarde la aparición televisiva de su madre la rompieron por la mitad. Tiene además la autoescuela y la academia. Y Natsu y su debut… Bueno, piensa Ren, no cobrará como yo (todavía), pero tiene la agenda hasta arriba igual… Sí, la pobre Kyoko siempre estaba con la nariz enterrada en papeles o corriendo de acá para allá. Pero ya no era aquella chica de secundaria de la que se descubrió enamorado. No. Era su mujer. Su esposa. Toda una señora universitaria… Ren la mira con dulzura y se permite el regalo personal de contemplar su rostro dormido sin reservas. Solo un momento más.

Con mucho cuidado para no despertarla, la alza en volandas para llevarla a la cama. Ella se deja llevar como un niño, y se acurruca contra él, metiendo la cara en el hueco de su cuello e inspirando con fuerza. Sonríe… Ren también… Sigue dormida… Con el rabillo del ojo, ve su cena dispuesta en la encimera de la cocina. Más vale que la coma, piensa, o las miradas de Kyoko mañana llevarán puñales…

Horas más tarde, la alarma del despertador lo saca de un sueño agradable. No recordaba qué, sino solo cómo se sentía. En paz. En ese sueño no había preocupaciones ni remordimientos. Solo paz. Serenidad. Se dio la vuelta y enterró la cara en la almohada. Olía a ella. Inspiró. Se giró de nuevo, destapándose con el movimiento. Cruzó sus manos sobre el pecho, abrió los ojos, miró al techo y volvió a cerrarlos. Podía oír a Kyoko trasteando en el baño. Una sonrisa se arrastró por su rostro somnoliento. Su mujer. Su doncella esposa. Si tan solo ella supiera… Pero el grito espantado de ¡TSURUGA-SAN! lo arrancó de cuajo de ese estado placentero que precede a la vigilia, cuando seguimos dormidos y todavía no estamos del todo despiertos. Se sentó de golpe en cama, con las manos a sus costados.

- ¿Qué sucede? -preguntó alarmado.

Kyoko estaba ahí de pie, junto a la cama, con una mano tapándose los ojos y la otra señalándolo a él.

- Tú… tú…

- ¿Yo, qué?

Ella agitó el índice, apuntando a una parte más baja de su anatomía. Él miró. Se miró…

-Ah… -dijo él.

Kyoko seguía con los ojos cerrados con fuerza, aunque ya no usaba la mano. Sus puños, cerrados prietos frente a ella.

- Erección matutina, Kyoko. Se llama así. Y es natural. Los hombres solemos despertarnos así. No significa nada.

Ella abrió los ojos espantada.

- Solo es biología, Kyoko. Un hecho fi-sio-ló-gi-co. Así que no estés pensando cosas raras…

- Pero Ren…

- Ni que yo lo controlara. Me despierto así, y ya está… Además…, tú roncas y yo no te digo nada…

- Yo no ronco.

- Sí que roncas.

- No.

- Bueno, no, es cierto… Pero sí que haces un ruidito adorable cuando estás dormida…

- ¡REN!