PILLADOS

26 de enero. Ya llevan un mes de casados, y el acoso de la prensa se limita ya a los restaurantes de moda. La cena transcurre bien, cómoda y perfecta. Pero Ren no se deja llevar a engaño. Kyoko está rara. Cambiada.

En la calle, son siempre la pareja enamorada perfecta. Cualquiera que los vea no puede evitar decir que están verdaderamente enamorados. Se miran con tanto amor que no puede ser una mentira. Es amor verdadero. Y ciertamente lo es, porque dejaban caer sus máscaras en cuanto salían por la puerta. Una pareja recién casada, feliz y dichosa. Que celebra su primer mes de casados. Eso son Ren y Kyoko.

Pero bien, sí, algo ha cambiado. Más de una vez Ren ha sorprendido a Kyoko mirándolo. Mirándolo a él. Como si quiera ver a través suyo. Como si quisiera descifrarlo. Algo se agita en su pecho cada vez que la descubre así. ¿Podría ella estar pensando…? ¿Quizás por fin su corazón esté empezando a sanar? Sabe que realmente Kyoko está cómoda con él, pero… Por el amor de Dios… ¿Podría llegar a verlo como su marido algún día? ¿Como un marido de verdad?

Y para más tortura, esto… El perfume de Kyoko lo está volviendo loco… Culpa suya, porque él se lo regaló… Ese perfume en su piel lo seduce, lo embriaga, le roba la razón y le hace soñar con hacerle mil cosas a Kyoko. Y todas empiezan por su boca… Sí, el perfume de Kyoko lo está volviendo loco…

Ya es tarde cuando salen del restaurante. Caminan juntos hacia el aparcamiento, unidos de la cadera, igual que hacían los hermanos Heel. Hasta que Ren no puede más…

Ha intentado resistirse. Lo ha hecho. Pero sin éxito. "Al diablo con todo…", piensa un segundo antes de atrapar por sorpresa a Kyoko contra la pared y lanzarse a devorar sus labios. Sus manos en sus mejillas mientras su lengua entra en su boca. Las manos de Kyoko se agarran a sus solapas antes de perderse en su pelo. Los dos dejan salir un gemido ronco, necesitado y victorioso. Sus caderas se alinean, una frente a la otra, buscándose, sin darse apenas cuenta. Las manos de Ren viajan hasta sus nalgas para alzarla más hacia él. Kyoko se agarra con ambas manos a su nuca cuando la boca de Ren deja la suya para vagar por la curva tierna de su cuello. Pero es entonces cuando los flashes empiezan a brillar en la oscuridad, interrumpiéndolos. Ellos huyen al coche.

Una Kyoko sin aliento le pregunta:

- ¿Cuándo los viste? ¿Cómo sabías que estaban allí?

Ren está enfadado. No sabe si con los periodistas, por interrumpirlos, o consigo mismo por perder el control…

Y entonces Ren realiza el mayor acto de fe. Un salto sin red.

La verdad.

- No los vi.

- No los viste…

- No… -las manos de Ren aprietan el volante. ¿Entenderá Kyoko por qué la besó?

- Pero entonces…, ¿por qué tú…?

Aguanta un poco más, Ren.

- Pero sabías que andaban cerca… -dijo ella.

Tocado y hundido. La herida que le produce la falta de consciencia de Kyoko es dolorosa.

- Claro…

Mentira. No los vio. La besó porque quiso besarla. Necesitaba besarla. Dios, se moría por besarla. Y la besó. Y ella a él. El beso de Kyoko le arrolló, le puso del revés, pero ella se le entregó. No podía estar mintiendo. ¿Le estaba siguiendo la corriente con la actuación? No, no podía estar mintiendo tan bien… ¿Le quería? ¿O solo le gustaba besarse con él? Por favor, ¿le quería aunque fuera solo un poco?

Poco sabe él que ella está pensando más o menos lo mismo. Ambos querían romper la ficción del matrimonio. Pero no sabían cómo. Atrapados en su propia actuación. Enredados en sus propios sentimientos. No sabían cómo hacerlo.

Hasta que el destino decidió por ellos.