PASITOS DE BEBÉ Y NUEVAS COSTUMBRES 1
Lo que ocurrió a la mañana siguiente podría definirse como una confabulación del destino.
La alarma no sonó. Ni la del reloj despertador, ni la del móvil, sin batería. Nada.
Kyoko abre los ojos y se extraña de la cantidad de luz que entra por la ventana. Como si fuera mucho más tarde… Tarde…
- ¡REN! -exclamó quedando sentada en la cama.
- ¿Qué? -respingó alarmado, bruscamente sacado del sueño.
- La hora… ¿Qué hora es? ¡Vas a llegar tarde!
A partir de ahí, todo fueron prisas y carreras. Dando vueltas como pollos descabezados por la habitación, todavía dormidos. Luego, en lo que Ren se vestía más deprisa de lo que lo había hecho nunca, Kyoko va preparando el café como le gusta a él…
- Hoy te libras del desayuno -le dice absolutamente seria cuando le da la taza.
Él le sonríe, mientras se toma en dos tragos el café.
- Llegaré tarde. Nos vemos a la noche -dice él.
Muac.
- Hasta la noche -dice ella.
Treinta segundos más tarde, cuando Ren está en el ascensor y Kyoko está en el dormitorio, se dan cuenta de lo que han hecho.
Su primer beso sin cámaras, sin prensa, sin público, sin ensayos… Sin pretextos.
El beso de un marido que se despide de su esposa antes de irse al trabajo. Un piquito normal, de esos que son algo más que un roce, con mayor o menor presión, y acaban con la explosión de un sonoro 'muac'.
Pues uno de esos fue el de Ren y Kyoko.
El resto del día lo recuerdan borroso. Su pensamiento estaba lleno del 'beso'. La misma idea se les pasó a ambos por la cabeza. Si eso había sido un beso de despedida, debería haber un beso de 'hola'. El beso que le das a tu cónyuge cuando regresas a casa. Y ellos están casados… Así que sí… Debería haber uno de esos.
¿Y si él/ella alucinaba? ¿Y si lo consideraba un atrevimiento? ¿Y si la cabeza le empezaba a dar vueltas y lo/la arrojaba de su lado? Porque, decididamente, eso ya era salirse del acuerdo del matrimonio. Era ir más allá. Era empezar a convertirse en una pareja de verdad. A pasitos de bebé. Poquito a poco. Y justo al revés. Se supone que el matrimonio era el último paso. Es que bueno, las cosas entre ellos nunca fueron fáciles ni normales.
Pero alguna vez había que arriesgarse.
- Estoy en casa -dice Ren.
- Bienvenido -oye a Kyoko desde la cocina.
Él se acercó desde atrás. Ella giró la cabeza. Se miraron medio segundo.
Muac.
- En diez minutos cenamos, Ren.
- Me cambio enseguida y te ayudo a poner la mesa.
Ya está. No hizo falta más.
Instaurados oficialmente los besos de hola y adiós.
