FELIZ CUMPLEAÑOS, KUON

A partir de ahí, todo fue más fácil.

Con el cambio que lentamente se había venido obrando en la dinámica de su relación, cada día más íntima y cercana, más real y menos fingida, y con sus miradas cada vez menos encubiertas, mostrando más y más su alma enamorada, simplemente era cuestión de tiempo.

Y un día ocurrió.

Era 10 de febrero y el Presidente había celebrado una fiesta por todo lo alto, con ocasión del cumpleaños de Ren. En cuanto tuvo la posibilidad, tomó a la pareja en un aparte, para darles noticias de última hora. Sus entrevistas (habían sufrido otra, en más o menos las mismas condiciones) habían sido satisfactorias, pero lo más importante es que habían aparecido los dichosos documentos originales extraviados. Todo apuntaba a que en breve le sería restaurada la nacionalidad a Ren. Pronto podrán volver a sus vidas. Cada uno por su lado. Pero Lory les deja muy claro que en ningún caso puedan divorciarse legalmente. Al menos todavía. Si se separan al poco de casados su popularidad caerá en picado y sus carreras se verían seriamente perjudicadas. Ya habría tiempo…

Con el fantasma de la separación cerniéndose sobre ellos, su ánimo en la fiesta decayó y se retiraron pronto. Para todos los demás, solo parecían las ansias de una pareja por estar a solas. Pero realmente estaban pensando en qué harían sin el otro. Cómo iban a vivir sin el otro… Y ya en casa, en pijama y preparando un té antes de dormir, ocurrió.

Están de pie, en la cocina, juntos, mirando sin ver el agua al fuego. Silenciosos, callados. Kyoko vierte el té en sus tazas, y justo antes de ofrecerle la suya a Ren, lo mira. Y lo que quiera que sea que ve en sus ojos, la hace temblar. Ella está aterrorizada, pero da un paso al frente. Y a Ren no le hizo falta más. Simplemente se besan. Se besan de verdad. Se besan queriendo besarse. Sin mentiras, sin ficciones, sin falsedades. Se besan porque aman al otro. Porque necesitan al otro. Se besan. Él mueve hacia atrás las tazas de té y, sin dejar su boca, la alza por la cintura para sentarla en la encimera, para poder seguir besándola a gusto, ahora lentamente. Ren está situado entre sus piernas y sus brazos la esconden del mundo. Kyoko se aferra a él como si temiera perderlo. Tiempo después, quién sabe cuánto…, cuando al fin se han saciado de la boca del otro, apoyan sus frentes juntas y suspiran. No dicen nada. Permanecen así, en silencio, con los ojos cerrados y las manos entrelazadas, apoyados el uno en el otro, sintiendo en la piel el cálido aliento de la persona amada.

- ¿Ren?

- ¿Sí?

- Tengo miedo…

- Yo también…

Y esa noche, con la luz apagada y antes de que les alcance el sueño, Kyoko, abrigada por el abrazo de Ren, susurra:

- Feliz cumpleaños, Kuon…

Él sonríe y su sonrisa se filtra en su voz cuando contesta:

- Tú eres mi mayor regalo…