ROTOS
La llamó mil veces. Al final ya le saltaba directamente el buzón de voz. La buscó. Sabía su agenda y sus horarios, pero siempre llegaba tarde, porque Kyoko se acababa de ir. Preguntó en el Darumaya, en Love Me, en sus lugares habituales, miró en los parques… Él tenía además sus propios compromisos. Todo el día fingiendo las sonrisas de San Valentín, cuando por dentro estaba roto. Quería gritar, pero el grito se le atascaba en la garganta, sin poder dejarlo salir, ahogándolo. Quería que alguien le explicara por qué le habían permitido conocer el cielo para después robárselo. Quería romper sus puños contra la pared hasta hacerse sangre, porque así al menos podría empezar a pagar por lo que le había hecho a Kyoko. La había roto. Había roto su bien más preciado. Su Kyoko.
No, no podía dejarla ir. No al menos sin que le dejara explicarse. Sin que supiera por qué hizo lo que hizo. Por qué la engañó. Porque ciertamente la engañó… Tenía que escucharle. Al menos una vez. Se moriría sin ella. Se iría su luz. La luz que Kyoko trajo a su vida. Y sus días volverían a ser grises, fríos y apagados, tristes copias de sí mismos. Sin vida. Sin luz. Sin Kyoko.
Al final no pudo soportarlo más, y Yashiro canceló sus últimos compromisos sin hacer preguntas. Volvió a su apartamento con la esperanza de que ella estuviera allí. Vio luz en el salón.
- ¿Kyoko? -sí, la angustia teñía su voz.
La encontró en el dormitorio. Estaba haciendo las maletas. El corazón de Ren se volvió a partir. ¿Cuántas veces podía soportarlo una persona?
- ¿Kyoko?
Ella inspiró, todavía dándole la espalda. Su voz, aún fría, le respondió:
- No se supone que estuvieras aquí.
- Kyoko… -la forma en que pronunció su nombre era una súplica.
- Me marcho. Vendré a por el resto de mis cosas cuando tú no estés.
- No.
Y cerró la puerta de la habitación y la bloqueó con su cuerpo.
- No hasta que hablemos, Kyoko…
- ¿Qué hay que hablar, Ren? ¿De cuánto te divertiste alimentando mis fantasías de hadas? ¿Fue divertido, Ren?
- Kyoko, escúchame…
- Y luego en la cena, yo, tonta de mí, te lo conté todo… TODO… Tiene que haber sido desternillante… Yo hablándote a ti de ti… Claro… Vamos a reírnos de la pequeña Kyoko…
- Kyoko, yo…
- Claro, estarías aburrido… Tantos días sin tu hermanita… Venga, vamos a reírnos de esta pánfila…
- Eso no es así…
- Me dan ganas de vomitar…
- ¿Me dejarás hablar?
- ¿Hablar? Sí, claro… Cuéntale a esta crédula estúpida por qué la besaste, Corn…
- Porque quería besarte. Demonios, sí. Quería besarte, me moría por besarte…
- Y yo que pensaba que tú… Da igual… No te entiendo, Ren…
- Kyoko, por favor…
- ¿Querías besarme estando enamorado de otra?
- ¿Qué otra? ¿Qué estás diciendo?
- Eso no habla muy bien de ti, no señor… Playboy… Siempre lo supe…
Ren se muerde la lengua y aparta la vista para no soltarle algo que pueda lamentar más tarde, más aún de lo que está lamentando no haberle contado la verdad en su momento…
- ¿Por qué, Ren? ¿Por qué me besaste en Guam? Porque lo que tenías con ella no funcionó, ¿verdad? -el tono cínico de la voz de Kyoko hace daño-. Tanto que estabas empezando a quererla, por Dios, Ren, si hasta te dije que la sedujeras…
- ¿Qué? ¿Cómo sabes tú…?
- El pollo, Ren…, el pollo era yo…
- El pollo…
- ¿Ella no te quería? ¿Te abandonó? ¿Te cansaste de ella?
- No es eso… Nunca me atreví a decirle nada…
- Y dejaste escapar a tu primer amor… Y luego jugaste conmigo. Claro, yo estaba cerca… Me tenías a mano. Ingenua, crédula y estúpida… El juguete perfecto… Me hiciste creer que tú eras distinto…
- Kyoko, yo nunca he jugado contigo.
- Oh, vamos, Ren. La querías a ella y la dejaste escapar. Dime. Cuéntame cómo fue. Dime cómo fue tu primer amor. ¿La perseguiste? ¿O fue demasiado lista para ti? Ah, ya sé... Te reíste de ella. Igual que conmigo. Jugaste con las dos. ¿Jugaste con ella también, Ren?
- No, Kyoko… Me casé con ella.
