A escondidas
Hace una semana que encontramos a papá. Y él y Sam están resolviendo sus diferencias, otra vez. Al principio se estaban intentando pedir perdón pero esa disculpa no ha llegado, ha tomado un gran desvío y ahora están discutiendo de nuevo. Estamos en plena calle.
Me han hecho parar el Impala en un rincón de la vía y han bajado para pelear. Yo he preferido quedarme dentro, fuera hace demasiado frío. Sam grita con todas sus fuerzas, con rabia y con ira hace salir palabras de su boca que hieren a papá, sé que mas tarde se arrepentirá de eso pero prefiero no intervenir. Prefiero quedarme neutral porque si me pongo de parte de Sam papá se sentirá desplazado y después me mirará con esa cara de decepción que me rompe el alma, y si ayudo a papá...bueno, me quedo sin Sam, sin sexo a medianoche, escondidos en algún lugar fuera del alcance de papá.
Llevamos toda la semana así, y me esta matando. Odio tener que esperar todo el día para poder empotrar a Sam contra algo y besarlo y devorarlo a mi antojo. Ahora debo controlarme todo el día, no tocarlo más de lo necesario, nada de ir al baño juntos, ni dormir en la misma cama...todo porque papá podría enterarse. Sam me despierta cada día a la madrugada y nos vamos a algún lado, a un bar, al baño del bar, al Impala para follar como locos. Preferiría poder tomarlo cuando me apeteciera, al llegar a la habitación, antes de salir a cazar en el coche...pero no puede ser.
Debemos tener cuidado de que papá no sospeche nada y eso me pone enfermo. Quiero salir del coche y tirarlo al suelo, bajarle los pantalones y enterrarme duro y profundo dentro de su cuerpo. Llevo dos días sin tocarlo porque papá padece insomnio y no puedo más. Lo necesito esta noche sin falta.
La última noche que estuvimos juntos Sam me levantó a las 2 de la madrugada y cogimos el Impala. Conduje lejos para aparcarlo en medio de unos matorrales y lanzarme sobre Sam, pero él tenía otros planes. Me tomó de la cintura y me sentó sobre su regazo, comenzando a quitarme la camiseta y lamiendo mi pecho.
Yo también quería tocar su pecho desnudo así que le quité también la camiseta y comencé a pellizcarle los pezones con suavidad. Sam comenzó a devorar mi boca, mordiendo mis labios y recorriéndome con su lengua ansiosa. Me cogió de las caderas y me acercó más a él acomodando mi trasero sobre su erección. Gemí ante el esperado roce y me abrace a él mientras movía sus caderas contra mí.
- Saaaammy...- gemía desesperado mientras mis manos trataban de bajarle la bragueta.
- Ansioso, Dean?- preguntó excitado. Mis manos me temblaban y no era capaz de bajarle la cremallera de los pantalones.
- Sí...y lo sabes...- al escuchar esas palabras Sam hizo un ruido y bajo su bragueta sacando su erección, después hizo lo mismo conmigo y comenzó a masturbarnos a la vez con una sola mano, juntando nuestras erecciones. Era un roce infernal y delicioso.
Sam me hizo levantar un momento para bajarse los pantalones hasta las rodillas y después elevó mis piernas y recostando mi espalda en la guantera me los quitó. Por fin estábamos completamente desnudos rozando piel contra piel. Intenté levantarme pero Sam me lo impidió. Dejé mis piernas al lado de sus caderas y me volví a recostar hacia atrás.
- Hoy quiero así...- dijo mientras se relamía mirando mi trasero, en esa posición me sentía totalmente expuesto, él lo quería así...
- Sam...Hace días que no me follas...últimamente lo hacía yo...ten cuidado...- advertí, sinceramente tenía miedo de no relajarme y que me doliera pero Sam comenzó a trazar círculos en mi entrada después de lamer sus dedos y metió dos de golpe. Un quejido escapó de mis labios y gruñí cuando los comenzó a mover en círculos dentro.- Bestia...- gemí mordiéndome los labios...estaba demasiado estrecho...
Sam sonrió y pasándose la lengua por los labios me miró fijamente antes de comenzar a meter y sacar sus dedos más rápido. Abrí la boca y gemí, más bien maullé como un gatito, pero no importa. Sam me cogió de la nuca y me acercó a su boca para que pudiera lamerla. Pensaba que en esa postura al mínimo movimiento me ropería pero no fue así, me acerqué y comenzamos a besarnos y a mordernos. Volví a recostarme y Sam elevó mis piernas colocándolas sobre sus hombros. Ya me penetraba con tres dedos...no hacía falta porque ya estaba bien dilatado pero prefirió hacerlo, sabe que me gusta que lo haga y él quería oírme suplicar...no podía negárselo...
Mientras enterraba sus dedos en mí se puso a lamer mis muslos recorriéndolos con la lengua y dando suaves mordidas. Entonces supliqué. Gemía y le rogaba que me penetrara ya...Sam dejó escapar un sonido gutural de su garganta, como esos que hacen los animales en celo y de enterró en mí de una sola estocada. Grité, no se si de dolor o de la impresión de placer que me provocó Sam al entrar...es extraño lo a menudo que coinciden esos términos...
Sam me elevó y me senté bien encima de sus caderas. Comencé a subir y bajar empalándome rudo y hondo. Él también movía las caderas tratando de profundizar la penetración. "Saaam...ahhhh" gemí cuando Sam comenzó a masturbarme. Lo sentía profundo, golpeando contra mi próstata con cada embestida. Esa conocida sensación se acumulaba en mi vientre y mis músculos se tensaban, igual que los suyos.
Estábamos sudando y con mi mano recorrí el pecho de Sam. Sus músculos estaban muy duros, su cuerpo es una verdadera delicia. Lo miré a los ojos y sonreí, ahí es donde perdió el control. De repente me encontré apoyado contra la guantera y a Sam de rodillas en el asiento. No se como siendo tan grande puede hacer esas cosas. Rodeé su cintura con las piernas y comenzó a embestir duro.
Me excitaba muchísimo el sonido de su cuerpo chocando contra el mío y el hecho de verlo arquearse para embestir era sencillamente increíble. Sam me miró a los ojos, gemía, se mordía los labios y fruncía el ceño intentando aguantar. Acaricié su mejilla y lo besé. Entonces comenzó a embestir realmente duro y ambos nos corrimos gimiendo abrazados. Después recuerdo que llegamos a la habitación y papá estaba despierto. Ambos nos temimos lo peor pero solo era insomnio, le dijimos que habíamos estado en un bar de carretera y nos metimos en la cama a dormir, por desgracia cada uno en la suya.
Bueno, ahora pensando en eso creo que tengo una erección. Cierro los ojos intentando concentrarme en alguna cosa para que baje pero solo veo a Sam gimiendo debajo de mí o a Sam penetrándome a cuatro patas sobre la cama...Toco la bocina y grito. No lo soporto más, quiero que se suban, que vayamos al hotel y que papá se duerma para poder coger a Sam y hacerlo gritar de placer.
Ambos se sorprenden de mi repentino malhumor y entran en el coche. En cinco minutos llegamos a un nuevo motel y Sam va a pagar la habitación mientras papá y yo vamos a la gasolinera. Él compra algo de comer, tiene hambre, y sale de allí. Yo aprovecho para ir ala sección de farmacia y comprar unos somníferos. Papá tiene que dormir, o sino no podré soportarlo más, necesito sexo y esa es la única manera, si papá duerme podré follar con Sam.
Entro en la habitación y cuelo una pastilla en su vaso de agua. Sam me mira con los ojos como platos y me pregunta moviendo la boca que qué estoy haciendo. Sonrío y elevó una ceja. Él entiende y sonriéndome de manera provocativa se sienta en el borde de la cama y comienza a desudarse sin parar de mirarme. Noto como mi pene da un respingo y comienza a endurecerse. Papá sale del baño, pega un buen sorbo a su vaso de agua y se mete en la cama a dormir.
En unos minutos esta dormido profundamente y Sam sale de su cama desnudo y me abraza.
- Dean...házmelo...-me gime al oído y lo beso devorando su boca.
- Pero papá...
- No se va a enterar...esta dormidito...- dice provocándome mientras lame mi oreja...
- Eres un pervertido Sammy...- gimo mientras lo tiro en mi cama y comienzo besarlo.
