—Día libre—
(Grandes)
Elfman estaba seguro. Sus ojos no le fallaban. Veía claramente y como hombre, reconocía que era una mala vista lo que tenía delante. Aunque dos de ellas quedaran descartadas rápidamente y se lo guardara para sí silenciosamente. Hasta que Gray soltó aquella frase que lo encendió y los pensamientos dejaron de ser pequeños secretos para su grande corazón.
—Los hombres de verdad no se guardan las cosas dentro— repitió la frase de Gray, apretando los músculos con fuerza y mirando hacia el frente.
Las mujeres habían formado un corrillo, entre risas y cuchicheos, pasteles, revistas y alcohol. Los hombres habían sido rápidamente descartados cuando Natsu, ajeno, había intentado colarse y fue expulsado por una Erza claramente desinteresada en que conocieran de qué se trataba aquella reunión.
Con el dragón Slayer del fuego fuera de juego, los demás ni intentaron averiguar de qué se trataba. Incluso empezaron a formar su propio corrillo, con los ojos fijos en ellas. Elfman se había acercado con curiosidad a ellos justos cuando Makao soltó la primera idea.
—Menudas mujeres tenemos. Con esos traseros y esas pedazo de tetas— sin cortarse un pelo, mirando a su alrededor para asegurarse de que ninguna chica estuviera atenta.
Repentinamente, dos golpes llegaron hasta su cabeza. Al levantar la mirada, pudo distinguir a Gray y Natsu mirar hacia otro lado.
—Demonios, dejad de comportaros como cerdos marcando terreno y reconoced que es cierto— gruñó el dolorido hombre.
Todos miraron hacia las mujeres del gremio reunidas.
Sí. Eran pivones*. Mujeres de quitar el hipo, pero algunas con tan malas pulgas que era mejor ni mirarlas dos veces si no querías recibir. Además, la gran mayoría tenían pareja. Elfman comprendía que tanto Gray como Natsu desearan reafirmar su posición como hombres, y si él no hubiera estado tan concentrado en sopesar qué debería de hacer, lo primero, habría sido castigar al al cuarto con un buen sopapo también, pues sus hermanas estaban ahí.
Sin embargo, sus ojos no cesaban de irse hacia una parte del grupo, donde una mujer embutida en un traje verde meneaba las caderas de un lado a otro, dando una buena impresión de su trasero en forma de corazón, mientras señalaba algo incesantemente en la mesa a sus amigas. O, como de vez en cuando, se movía para subirse la parte delantera del vestido, que al parecer no parecía caerle muy bien que sus senos pesaran tanto.
Y demonios, eso era una buena cualidad como para despistarle.
—Oídme. — Makao volvió a meter cizaña, mirándoles con suma diversión—. ¿Cuál de ellas creéis que las tiene más grandes?
Elfman frunció el ceño.
—¿Más grande el qué? — cuestionó.
—Pues qué va a ser, tío…— empezó a responder Makao antes de congelarse.
Todos tragaron al, parecer, recordar que él se encontraba ahí. Los ojos fijos en su persona, como si acabaran de ver aparecer un fantasma. Elfman tragó, preguntándose si realmente había hecho una pregunta tan estúpida. Pero parecía ser que era otra cosa la que preocupaba a los chicos.
—Ni de coña— empezó Gray poniéndose en pie a la par que se desnudaba—. Con éste aquí la hemos cagado. Cuando esa mujer se entere, nos cruje a todos.
Natsu se levantó a su par, cruzándose de brazos.
—Aunque no importaría una buena pelea. Igualmente— añadió guiñando los ojos y sonriendo como estúpido—, ¿qué tienen que tener más grande? ¿La fuerza? ¡Erza gana por goleada! — Se animó.
Alguien le dio un puñetazo.
—Dejaros de tonterías— intervino Loki subiéndose las gafas—. Con Elfman aquí no podemos seguir.
EL hombre empezó a sentirse ofendido, frunciendo el ceño y levantando cada vez más el mentón.
—¿Queréis pelea o qué? ¡Porque es de hombres pelearse! ¡No me echaré atrás!
Makao levantó las manos, sudoroso.
—No se trata de pelearse, Elfman. Es que simplemente no podemos ponernos los dientes largos con tus hermanas mientras tú estés aquí.
Elfman detuvo sus palabras antes que salieran, intentando comprenderlo. Miró hacia las chicas y de nuevo, sus ojos se fueron a la mujer del vestido verde, sintiendo una punzada en el vientre de deseo. Pero, en su visión se interpuso una albina. Lissana interrumpió su perspectiva y entonces, todo cambió.
Sus ojos brillaron de furia y antes de que ningún otro pudiera calmarlo, empezó a repartir a diestro y siniestro. Natsu se despertó en menos de un momento, todo se convirtió en un caos de testosterona masculina, gritos y atropellos.
Las mujeres quedaron calladas al instante, observando el panorama. Tan solo podían distinguir frases cortas.
"Lucy… grandes… más…" de Natsu.
Alguien salió repentinamente volando y terminó sobre la mesa que ellas tenían todo montado. Un pastel rebotó contra una armadura.
"Culo… Juvia… mejor…", Gray apareció repentinamente, congelando sin más a su rival.
Algunas estacas de hielo cayeron justo sobre el cabello de la camarera del gremio.
Elfman estaba demasiado concentrado en pelearse como para percatarse de lo que estaba sucediendo, hasta que salió disparado en dirección a las mujeres, llevándose algunas por delante. Desgraciadamente, su mano terminó sobre dos formas suaves y hinchadas que su cuerpo reconoció como algo correcto.
Giró los ojos en busca de sus respectivas dueñas. Kana había quedado sin sentido, pero en su otro lado, Ever, preparaba el látigo. Elfman sonrió como un estúpido. Sí. Eran grandes. Muy grandes.
Supo que por eso valía la pena morir.
Dias después, la gran mayoría del género masculino de Fairy Tail estaba ingresado con graves dislocaciones, roturas y partes de sus cuerpos que necesitaban encontrar por el suelo de un gremio manchado de sangre.
Sí, señores y señoras, eso era Fairy Tail.
