—Au—
Día V
Universo alterno*
Resumen: Ever siempre viajaba cuando menos lo esperaba. A un mundo diferente... ¡Y qué mundo! Pero jamás, jamás, se lo contaría al albino.
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Ever sacudió la cabeza, asegurándose de que su cabello continuara en el lugar correcto. Y miró de reojo en el espejo que el escote estuviera en su mejor forma, una uve perfecta llamativa y atractiva que mostrara sus generosos senos. Las caderas bien prietas y la falda del uniforme lo suficiente ancha y vaporosa para que se viera el comienzo de su ligero.
Sí. Perfecta.
Lo necesitaba. Al fin y al cabo, él era caprichoso.
Cargó la bandeja cuidadosamente y empujó la puerta con las caderas. El primer gruñido llegó cuando la luz entró, bañando la mitad de la habitación. El segundo, cuando ella dejó la bandeja en la mesita de noche y se sentó en el borde de la cama.
Después, sus manos la buscaron, atrapando hábilmente sus caderas casi con ambas manos. Era tan grande…
Se lamió los labios y subió sus gafas, asegurándose de facilitarle cualquier acceso. Sonrió divertida, brillándole los ojos cuando sintió el tirón. Era tan caprichoso.
Buscó con la mano sus cabellos y tiró hacia atrás, arqueando su cuerpo con un gruñido sordo. Su boca abriéndose y mostrando unos pequeños colmillos.
Ella se estremeció, apretando sus muslos, soltando una risita erótica. Él desvió su mano de sus caderas hasta la curva en su trasero, empujándola contra su cuerpo, dándole patadas a las mantas para apartarlas de su camino y de un simple movimiento, la sentó sobre sus caderas.
Enrojeció terriblemente al sentir la masculinidad del hombre contra su propio sexo. Tragó extasiada. Inclinó la cabeza, mordiendo la barbilla, subiendo hasta sus labios y chupando su lengua.
El hombre gruñó nuevamente y meneó sus caderas como respuesta, moviendo gentilmente las femeninas en una increíble fricción.
—Ever…
Un rugido sensual de sus labios que casi surcó los terrenos más interiores de su alma. Respiró con fuerza, sintiendo su nariz aletear y perderse en el aroma masculino.
—Ever…
Su voz retumbando deseoso en sus oídos, acariciándola como pequeñas caricias de algodón. Delicioso. Deseó beberse cada sensación, disfrutarla al cien por cien.
—¡Oye, mujer!
Abrió los ojos de golpe, tensándose, jadeante, mirando a su alrededor. Elfman estaba frente a ella, pero de un modo diferente. No era el apuesto galán que se encontraba en la cama con aquellos deliciosos colmillos. Ni mucho menos tenía ese gesto de deseo por ella, más bien la miraba con gesto enfadado y con el labio torcido.
—¿En qué mundo estás, mujer? — gruñó Elfman cargándola con un solo brazo.
Ever maldijo entre dientes.
—¡En uno donde eras un orangután en celo, idiota! — gritó sacudiéndose.
Por supuesto, ella jamás le contaría que solía tener esa clase de sueños húmedos. Donde ella era otra persona y él era un completo galán capaz de enamorarla y excitarla de un modo totalmente increíble. Especialmente, jamás le contaría que él era el causante de sus noches más húmedas.
Ni hablar. Aquello quedaría completamente a resguardo para sus noches mágicas, en las que dejaba de ser una maga de Fairy Tail y decidía viajar a otros lugares más… increíbles.
N/A
Listo. Casi no llego de nuevo. Ains. Pero llegué, creo...
En fin, rápido termino.
*= Ya sé que con Au se espera que sea de otro modo, pero elegí este modo curioso de hacerlo.
¡Ojalá que os gustara!
