—Flores—
VII
(Último día)
Resumen: Un regalo de aniversario, dos ancianos magos, cansados. Una felicidad adorable, dos recuerdos importantes.
Notas abajo = D
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Ever miró con curiosidad al hombre. Se encontraba frente a ella, con las manos en la espalda, mirando a su alrededor de un modo nada normal en él. Era un gesto que siempre que le ocultaba algo ejercía. Demasiados años juntos habían provocado que fuera capaz de entenderle con solo una mirada. Con sus más y con sus menos.
La mujer no comprendía bien cómo había empezado todo, pero simplemente sucedió. Una batalla, compañerismo, risas, abrazos, protección, besos… todo fue llegando poco a poco y a grandes cantidades.
Y así, el paso del tiempo surcó los días y acarició sus cuerpos con el peso de la edad. Y sin embargo, no se había arrepentido nunca de tenerlo a su lado. Bueno, quizás eso no fuera cierto del todo, porque durante los partos sí le odio. Con todas sus fuerzas, aunque luego le amo por ayudarla a crear a dos precioso niños rebeldes. Muy lejos de lo que todos creían, habían resultado ser hermosos. Con la belleza de su madre y tías, pero el carácter de su padre mezclado con un toque de mamá.
La primera vez que finalmente decidieron dar un paso hacia delante, él había tenido la misma pose que en esos momentos y las manos en la espalda del mismo modo. Cuando le había mostrado aquel anillo espectacular, pagado a base de misiones y más misiones, Ever no podía creérselo.
Y ese día, en el presente, era su aniversario. Cuarenta años juntos. Luchando codo con codo. Años de dudas sobre qué regalar o no y, desgraciadamente, muchos de los de los regalos habían sido catastróficos.
—Ever— murmuró frotando el suelo con la punta del pie. Un gesto tan adorable que le pareció verlo como cuando era joven.
—Suéltalo ya, Elfman. — Y ella continuaba con la misma impaciencia de siempre.
El hombre suspiró y mostró sus manos algo temblorosas. Después de tantos años, las ideas de regalos de aniversario iban menguando y en sí, era algo hasta natural. Ever lo comprendía, porque ella misma ya no poseía la belleza que la caracterizaba y podía darle una salvación a la hora de escoger regalo.
Ese año, ella le había regalado una cena romántica y una entrada al cine para ver una película de acción, de esas que a él le encantaban. Y por ende, habían terminado en ese puente de nuevo.
Había esperado su regalo impaciente, esperando, imaginándose muchísimas cosas. Cualquier tontería.
Pero esa era una tontería hermosa.
Las mejores flores, frescas y brillantes un ramo perfecto enrollado en un precioso papel verde con lazo blanco. Ever sintió las cosquillas de felicidad crecerle desde el estómago hasta la garganta, soltando una risa de satisfacción. Las tomó con cuidado entre sus manos y olfateo su aroma.
Elfman se llevó las manos a la nuca, sonriente. Si Ever no se las había tirado a la cabeza, significaba que era lo suficiente feliz.
Con una sonrisa triunfante, alargó la mano hacia su rostro, acariciándole la mejilla con ternura.
—Me gustan— dijo apretándole los dedos. Sus ojos brillaron con ternura—. Gracias, Elfman.
Él sonrió con orgullo, inclinando su cuerpo lo más que pudo para poder besarla. Una tierna sonrisa escapó de sus labios y al separarse, suspiró nuevamente y miró hacia la lejanía.
—¿Se las llevamos? — cuestionó. Él guiñó los ojos.
—Pero son tu regalo de aniversario.
—Lo sé. —Le miró con una sonrisa sincera—. Pero fue gracias a él que nosotros terminamos juntos.
Elfman sonrió entonces, y cabeceó afirmativamente. A cortos pasos, despacio, con el peso de los años, se dirigieron hacia el cementerio. Las flores en mano y tomados de la mano libre.
Se detuvieron frente a una tumba, con nombres gravados y uno de ellos, en particular. Elfman pasó los dedos por encima y luego la miró, dándole espacio. Ever se acercó y depositó las flores con cautela y afecto, con un mimo increíble sobre la barandilla las colocó.
—Gracias por todo... Laxus.
Elfman alargó una mano, mirándola en espera de su aprobación. Cuando la mujer sonrió afectuosa y confirmó su deseo, aferró una de las rosas, la más bonita y se volvió hacia otra de las tumbas, depositándola con el mismo cariño que Ever había efectuado.
—Tu hermana estará feliz, Elfman.
Él asintió, frotándose los ojos para disipar las lágrimas y ella le tomó del brazo.
—Los años no pasan en balde. Se fueron antes. Nosotros, iremos después. Solo un poco después.
Miró hacia el cielo. No hacía mucho que ambos se habían ido. Uno después de otro. Ever sospechaba que tampoco soportaría la vida sin él a su lado y aunque Elfman hablara de más, estaba segura de que tampoco.
—Elfman.
—¿Hm? — inquirió éste arqueando una ceja mientras abandonaba en cementerio.
—El año que viene, tráeme flores.
—Pero… Ever…
—¿Lo prometes? No podrás hacer otra cosa, nada más que traerme flores.
Elfman suspiró y le besó la coronilla.
—Lo prometo, Ever. Lo prometo.
Aunque un año después… Elfman nunca pudo cumplir su promesa.
n/a
Bien. Pues aquí termina la semana de Elfever. Habría un especial para el 14 pero no sé por qué es, pero yo cumplí con mi cometido y una semana de Elfever que les di nwn.
Aunque sea una despedida triste, es una despedida llena de sentimientos.
¡Muchas gracias por sus rw, follows y demás!
¡Ya nos veremos!
06. 06. 2015
Chia S.R
